En el Barrio Latino se encuentra la universidad más conocida de Francia: la Sorbona. Caminando desde el Sena sobre la rue Saint-Jacques, se puede ver una de las fachadas del edificio que ahora la alberga, casi en el mismo lugar en el que se encontraba cuando fue fundada a mediados del siglo XIII, en 1253.
Tras varios proyectos que nunca se llevaron a cabo, la renovación de la universidad comenzó en 1884 con la demolición de los viejos edificios (demolición que duraría 10 años). El conjunto fue inaugurado hasta 1901. Las nuevas instalaciones incluyeron un observatorio astronómico, en lo alto de una torre, precisamente del lado de la rue Saint-Jacques y que todavía existe en nuestros días.

El observatorio de la Sorbona. (Foto: http://fr.wikipedia.org/wiki/Fichier:Observatoire_sorbonne.jpg)
El observatorio estuvo funcionando hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando fue sustitutido por el Observatorio de París. El local en la Sorbona fue entregado a la Sociedad Astronómica de Francia (Société Astronomique de France, SAF), la que organiza visitas guiadas dos veces por semana, en grupos máximos de cinco personas.
Pues bien, para festejar la Navidad de una manera diferente, el viernes pasado y tras dos meses de espera, fuimos los afortunados visitantes de este monumento. La cita era a las 20 00, en el número 14 de la rue de Cujas. Ahí nos esperaba nuestro guía, Romuald, profesor de primaria y miembro activo de la SAF y voluntario para dar estas visitas. Tras la presentación, nos condujo al interior de la Sorbona, completamente vacía. Caminando por los pasillos oscuros o medio iluminados, nos explicó que normalmente la entrada se realiza por la rue de la Sorbonne, atravesando el Patio de Honor frente a la capilla, pero debido a los trabajos en los que se encuentra actualmente la universidad, la entrada se realiza por Cujas.
Tras subir unas escaleras, a veces de piedra, a veces de madera, durante cinco minutos, nos encontramos en las puertas del taller de pulido de lentes. En el caso de la SAF, hay una comisión que se encarga de la fabricación a mano de los lentes. Impresionante. Los voluntarios compran sus propios lentes, sin pulir, y con arena de silicio de granos de diferentes tamaños, van tallando contra otro cristal. Tras unas 70 o 100 horas de trabajo, la parábola de la lente es verificada para detectar cualquier imperfección. Primero se hace con un esferómetro, que mide la curvatura del lente. Después se prueba con el “Aparato de Foucault” (del mismo científico que inventó el “Péndulo de Foucault”), que es un visor que refleja una imagen del lente para detectar las imperfecciones. Basta encontrar una imperfección para recomenzar todo el trabajo desde cero.
Tras curiosear un poco con los lentes y los instrumentos, subimos unos peldaños más a la habitación más impresionante de nuestra pequeña visita: la cúpula del observatorio, que se eleva a poco más de 40 metros sobre la calle. La cúpula alberga un telescopio de 153 mm., ideal para observar la luna y los planetas del sistema solar. Como no tuvimos mucha suerte porque llovía, lo que más llamó nuestra atención fue el funcionamiento de la cúpula. Completamente mecánica, se puede abrir una overtura jalando unas cadenas, y se la puede hacer girar mediante una manivela.
Como remate, la cúpula tiene un balcón al cuál se puede salir. La vista sobre París es impresionante. Toda una delicia poder visitar un sitio que, incluso para los parisinos, es poco conocido por dentro.

La cúpula del Panteón, desde el observatorio de la Sorbona. (Foto: Pablo Avilés Flores, a.k.a. Radinito)
Para mayor información, visiten el sitio de la Société Astronomique de France (en francés), aquí.
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Y más acá, sobre el taller de óptica.








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