Burn, burn…

28 mayo, 2012 § Deja un comentario


Walter Salles (dir.), On The Road, basada en la obra de Jack Kerouac “On the Road”, Sam Riley (Sal Paradise), Kristen Stewart (Lu-Anne Henderson), Garret Hedlund (Dean Moriarty), Tom Sturridge (Carlo Marx), Francia, Canadá, Brasil, MK2 Productions, Nomadic Pictures, VideoFilmes, 140 mins.

No puedo juzgar de la historia original porque, como muchas otras, no he leído el libro en el que se basa. Quizás este sea uno de los objetivos de las adaptaciones cinematográficas. Querido o no por el director o el productor, la obra original es difundida.

Jack Kerouac nació en 1922 y murió en 1969. Es considerado el padre de la generación beat, en la literatura norteamericana. Su obra más conocida es On the Road. En ella narra de manera autobiográfica una etapa de su vida que él mismo llamó como el título de su novela. Junto con Neal Cassady cruzó varias veces los Estados Unidos, desde Nueva York hasta San Francisco y de regreso.

Tras su presentación en el festival de Cannes, la adaptación de Walter Salles ha provocado opiniones encontradas. Hasta cierto punto es normal. Las adaptaciones al cine pocas veces provocan una opinión favorable generalizada. La cosa se pone más difícil para el director cuando se trata de una obra considerada “fundadora”.

La historia: Sal Paradise (Sam Riley), poco después de la muerte de su padre, conoce a Dean Moriarty (Garret Hedlund). Jóvenes escritores, amantes de las drogas, del sexo y de la literatura, parten en compañía de Lu-Anne (Kristen Stewart) a la búsqueda de un ideal de vida, siempre en movimiento, sin lazos materiales. Tras varios viajes, entre Nueva York y California, la que parecía una amistad a toda prueba, comienza poco a poco a fragmentarse.

Garret Hedlund (Dean Moriarty), Kristen Stewart (Lu-Anne Henderson) y Sam Riley (Sal Paradise)

Sin juzgar de la fidelidad entre la obra literaria y la cinematográfica, lo primero que hay que decir es que Walter Salles hizo un magnífico trabajo de cámara. Las locaciones son muy hermosas, estupendamente fotografiadas. En la ficha técnica de la Wikipedia en inglés, nos enteramos que las locaciones estuvieron no sólo en los Estados Unidos y Canadá, sino también en México, Argentina y Chile.

En segundo lugar, las actuaciones. El contexto histórico en el que Kerouac escribió su novela fue uno de los más interesantes. La sociedad norteamericana estaba claramente dividida en dos. Por un lado, el maccarthismo hacía estragos. Las pocas oportunidades que la izquierda estadounidense tuvo de florecer, fueron destruidas en este período. Por el otro, toda una generación de jóvenes artistas, filósofos y escritores, que buscaba experimentar nuevas técnicas creativas, nuevas drogas, nuevas relaciones. Para ello, todos los medios disponibles eran usados: sexo, música, drogas, literatura. Un grupo que el mismo Kerouac describiría así:

The only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones that never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes “Awww!”

Las únicas personas que contaban para mí eran los locos, aquéllos que están locos por vivir, locos por hablar, locos por redimirse, deseosos de todo al mismo tiempo, que nunca bostezan o dicen un lugar común, que arden, arden, arden como fabulosos cirios romanos chisporroteando a través de las estrellas y que en medio percibes el centro azul estallando y todo el mundo grita “¡Awww!”

En una escena, los dos personajes principales se encuentran en una fiesta. La música es jazz, bebop, que también inspiraría profundamente la técnica de escritura de Kerouac. Dean baila como poseído, sacudiendo todo el cuerpo, en una mezcla frenética de exorcismo, excitación sexual, convulsiones y éxtasis.

La actuación de Garret Hedlund es excepcional. Su personaje Dean Moriarty, es bastante complicado. Cuando Kerouac escribió su novela, para construirlo se basó en la personalidad de Neal Cassady. Cassady influyó a Kerouac y a muchos otros escritores de la generación beat. Según los biógrafos de Kerouac, fue la inspiración directa de la técnica de escritura “automática” utilizada y difundida por Kerouac. En todo caso, Cassady fue un seductor, muy inteligente y guapo, pero sobre todo disponía de una gran energía: durante varios días asistía a fiestas con amigos, visitaba a su novia y amante, y durante algún tiempo invertía tiempo en alguna que otra relación homosexual, escribía y discutía. Solía hacer viajes de Nueva York a San Francisco sólo deteniéndose a cargar gasolina. Un tipo hipnótico que también tenía un gran ego, lo que alejó de Kerouac.

Quizás la escena de “no retorno” tiene lugar en la Ciudad de México. Sal y Dean descubren la Ciudad de México, sus bares, su comida, sus prostitutas. Pero Sal cae muy enfermo. En menos de cinco minutos, Dean dinamita su relación con él.

Cassady y Kerouac en 1952

En conclusión, me tendré que leer la novela para poder aportar más. Lo que no será mañana (tengo una tesis que redactar), pero prometo que lo haré antes de irme de este mundo. Y en mi muy humilde opinión, si una película causa división, quiere decir que vale la pena amarla u odiarla.

Por cierto que esta novela lleva varios intentos fallidos de adaptación. El mismo Kerouac escribió a Marlon Brando en 1957 sugiriéndoselo. Francis Ford Coppola compró los derechos de la novela en 1979 y a lo largo de todo este tiempo estuvo ensayando algunos libretos. Incluso probó a Brad Pitt y Colin Farrell en el papel de Sal Paradise y de Dean Moriarty, pero nunco concretó nada. Gus Van Sant también estuvo coqueteando con el proyecto pero finalmente no lo hizo. Finalmente, Copola contrató a Salles debido a su experiencia con la película Diarios de motocicleta.

También, antes de que se nos olvide, hay que mencionar la aparición de Vigo Mortenssen y la excelente actuación de Tom Sturridge (Carlo Marx), cuyo personaje, fundamental en la historia, sufre la injusticia de aparecer poco.

Aquí el sitio oficial de la peli.
Los cortos son por acá:

Mamá Caribe

28 mayo, 2012 § 2 comentarios


Este post se publicó originalmente en nuestro blog El Concierto de mi viejo

Sucedió ayer, en el Sena. Fue uno de esos milagros que ocurren cotidianamente en las calles de París. Sólo que esta vez tuvo lugar en el río: la ribera parisina se transformó en una playa de Puerto España. En una de las innumerables peniches llamada Le Petit Bain - pequeñas embarcaciones que sirven para todo tipo de propósitos, desde casas hasta restaurantes – que están atracadas a lo largo del río, Calypso Rose, la leyenda de Trinidad y Tobago, dio un concierto, casi un concierto privado.

Confusión en la hora de la cita: en algunos sitios se advertía que iniciaría a las ocho; en otro, a las nueve. Nuestra ansiedad nos llevó ahí a las siete y media. A las ocho en punto sólo había tres personas delante de nosotros esperando a que se abrieran las puertas de la bodega del barco donde tendría lugar el concierto. Ocho y media: somos alrededor de diez personas y finalmente entramos. Efectivamente, se trata de la bodega de la peniche, acondicionada con una barra nada más bajar por las escaleras de metal y un escenario y un camerino al fondo. Nueve de la noche: aún nada. Estamos atrasados ya una hora; o no, dependiendo dependiendo de la hora marcada en los boletos.

A las nueve y media subió el artista telonero. Un petit chanteur, como él mismo se presentó. Habla tan rápido que no retuvimos su nombre. Viene del Senegal y su altura disimula un poco su cuerpo flaco. Guitarra a la mano, comienza a cantar. Tres, cuatro, cinco o seis preciosas canciones, como de cuna, en francés, en inglés y en wólof. Pero la guitarra falla. Los ingenieros de sonido suspenden un momento su actuación. Lástima. De nuevo la espera…

Diez de la noche y hay ya una treintena de personas. Calypso Rose envía a su vanguardia. Seis músicos que de inmediato toman posesión de sus instrumentos y la música inunda el lugar: tecladista, trompetista, saxofonista, baterista, bajista y guitarrista, en ese orden, de izquierda a derecha. La puerta de atrás se abre de nuevo y la diva aparece a un lado del escenario, vestida completamente de blanco, con toda su vida a cuestas y una sonrisa maliciosa en la cara. Le cuesta trabajo caminar y para subir los dos escalones del escenario necesita apoyarse en el brazo de alguien. Por un momento nos preguntamos si tendrá las fuerzas necesarias para dar el concierto.

Pero en cuanto tomó su lugar, se operó el milagro: Calypso rejuveneció, Calypso bailó, cantó y bromeó con el público. “¡Tengo 72 años y les voy a dar mi cuerpo durante una hora y media!”, nos anunció a todo pulmón. Y en menos de un minuto sus zapatos salieron volando: la reina del calipso canta descalza, como lo hacía también la diva de Cabo Verde. Afuera la temperatura roza los 35 grados, adentro no tarda en igualarla. Calypso Rose abre su concierto con Summertime.

Esta mujer chisporrotea alegría, sensualidad e historia. Diva entre las divas, se compara a la norteamericana Aretha Franklin, a la mítica sudafricana Miriam Makeba, a la cubana Celia Cruz y a la caboverdiana Cesaria Évora. Ha escrito más de ochocientas canciones y es todo un ícono nacional en su natal Trinidad y Tobago. Las letras de sus canciones hablan, entre otras cosas, sobre el desarraigo de los esclavos negros llegados al Caribe. Es un tema que le viene como una obsesión. Ella misma es descendiente de esclavos: su tatarabuela, a la que conoció, fue atrapada en Guinea y vendida como esclava en Trinidad y Tobago. La segunda canción de la noche, Back to Africa, la escribió precisamente en recuerdo a su tatarabuela.

No es extraño, pues, que Miriam Makeba sea una de las constantes presencias en la música de Calypso Rose. Makeba, “Mamá África”, es todo un símbolo de la lucha anti apartheid en Sudáfrica. A ella le dedicó uno de los últimos números de la tarde, Voodoo Lay Loo:

Otra fuente de inspiración son las noticias diarias. Según cuenta ella misma, una noche, mientras veía las noticias, escuchó una noticia sobre judíos etíopes que llegaban a vivir a Israel. Calypso Rose quedó impresionada por la escena: una fila de judíos negros saludaban a la cámara con una enorme sonrisa en la cara en el aeropuerto de Tel Aviv. De inmediato, se levantó y compusó el que quizás sea el único calipso que habla sobre Israel (me gustaría ver a un público israelí escuchando esta canción) y uno de sus éxitos más grandes, Israel By Bus.

Calypso Rose se divierte en el escenario y, a juzgar por su actitud con el público, se divierte en la vida diaria. Sus letras contienen innumerables referencias sexuales y no tiene ningún empacho en imitar posturas eróticas. El micrófono que vuela entre sus manos de pronto aparece entre sus piernas como si fuera un enorme falo negro. Entonces ella grita el coro de una de sus canciones: I’ve got some sugar down there! A Man is a Man:

Poco antes de terminar volvió a su camerino para descansar. Entonces sus músicos se exhibieron. Cada uno paso revista a su instrumento, haciendo infinitas variaciones sobre el tema orignal de Nat King Cole, Calypso Blues.

En su sitio web, además, se pueden ver algunos extractos del documental The Lioness of the Jungle, dirigido por Pascale Obolo, dedicado a la carrera de esta gran artista.

Aquí abajo, una grabación del concierto (pero no se lo digan a nadie). Ella llega hacia el minuto 2’30”:

En la colección de mi viejo encontré el último disco de Calypso Rose, de donde salió la mayoría de las canciones que escuchamos ayer. Es un álbum que relanza su carrera, como lo hicieran en su momento Buenavista Social Club, con la ligera diferencia de que Calypso ya tenía un largo haber.

Calypso Rose, Calypso Rose, Puerto España, Maturity Music, 2009.

Pistas:

  1. Back to Africa
  2. Summertime
  3. Calypso Blues
  4. Israel by bus
  5. Sweet Brown Sugar
  6. Underneath the Mango Tree
  7. I Say A Little Prayer
  8. A Man Is a Man
  9. How Long
  10. Voodoo Lay Loo
  11. Rhum and Coca-Cola

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