El fondo del Bósforo

11 noviembre, 2012 § 3 comentarios


Orhan Pamuk, Le livre noir [El libro negro]. traducido del turco al francés por Munevver Andac. París: Gallimard, 1995, 717 pp.

Cuando fui a Estambul en abril de este año, cuando finalmente estuve frente al Bósforo, tuve la sensación de estar frente a una parte olvidada de la historia. Miles de fantasmas desconocidos recorren esa ciudad. Y tenía el sentimiento que todos están ligados de alguna u otra manera a nuestra historia.

También me vino a la mente un episodio fantástico de El libro negro, de Orhan Pamuk. Cuenta la historia de cuando las aguas del Bósfor se retiran y dejan ver el fondo.

Quisiera hablar de los barrios nuevos que comenzarán a edificarse en el lodo de esa fosa que antes se llamaba el Bósforo, bajo los ojos de los inspectores municipales, corriendo de aquí a allá con sus multas en la mano. Quisiera hablar de los barrios miserables, de las barracas, los bares, los prostíbulos y otros lugares de ocio construidos con pedazos de todo y de nada, de las ferias con sus carruseles de caballos de madera, los casinos, las mezquitas, los conventos de derviches, los nidos de fracciones marxistas, las maquiladoras de vajillas de plástico o de ropa interior de nylon… En ese caos apocalíptico sobrevivirán las carcasas de los barcos, recostadas de lado, de la Compañía de Líneas Municipales, y campos de medusas y corcholatas de botellas de limonada. Descubriremos los trasatlánticos americanos, encallados el último día, cuando las aguas desaparecieron bruscamente, y entre columnas jónicas, verdes por el moho, esqueletos de celtas, licios, suplicantes, con la boca abierta, divinidades prehistóricas desconocidas.

Puedo imaginarme que la civilización que aparecerá en medio de los tesoros bizantinos tapizados de conchas, de cuchillos y tenedores de plata o de fierro blanco, de toneles de vino milenario, botellas de agua mineral y cuerpos de galeras de nariz puntiaguda, podrá procurarse la energía necesaria para iluminar sus hogares y sus lámparas antiguas, gracias a un viejo carguero rumano con la hélice atorada en el lodazal.

El Bósforo

El libro negro es la extraña historia de Galip, joven abogado, y de la desaparición de su esposa Ruya y de su primo y cuñado Celal, respetado periodista. Galip iniciará una búsqueda que se convertirá un juego de espejos y de mil historias.

El marco, como es costumbre en las novelas de Pamuk, es Estambul, sin duda una de las ciudades más hermosas del mundo. Miles de calles, plazas y jardines abrigan espacios ocultos o abiertos, secretos o públicos. Estambul es, en la obra de Pamuk, una gran Scheherezada muda, que cuenta sus historias cada día. Este planteamiento no es gratuito. Estambul goza de una ambigüedad única en el mundo: europea y asiática al mismo tiempo; fin y principio de dos civilizaciones grandiosas y aparentemente opuestas. La historia de Turquía aparece dividia entre oriente y occidente: dominadora y rechazada, Turquía es un elemento clave de la historia occidental y oriental y los turcos son reflejo de este conflicto.

Muerte y renacimiento constante, como las múltiples historias que se intercalan a todo lo largo del libro.

Por un lado, Galip, cansado de su vida, se compara implícitamente con su primo Celal. Probablemente esté celoso. Ruya es una mujer más bien misteriosa, indefinida. Pasa sus días leyendo novelas policiacas que Celal nunca leerá y rara vez habla en el relato. Y Celal, ausente por completo, pero dominándo la historia. Es el único personaje que nunca aparece en escena. Ninguna línea, ninguna palabra de las más de 700 páginas vienen de su boca.

Probablemente Ruya haya escapado con su ex esposo. O quizás con su medio hermano Celal. Igual que los personajes de los libros que lee, Ruya dejó pocas pistas. Galip decide seguirlas e intentar encontrarlos.

Galip decide que la mejor estrategia para encontrar a Ruya, es asumir la vida de Celal. Usar su ropa, vivir en su departamento, escribir sus columnas. En su oficina, Galip encuentra una serie de artículos sin terminar. Para ganar tiempo en su búsqueda, y evitar que sus colegas del periódico empiezen a sospechar sobre la desaparición de Celal, Galip los termina y los publica.

Así, la búsqueda de Galip y los reportajes escritos por Celal -que se alternan en el libro-  son en realidad mil y un vidas, todas distintas, pero al mismo tiempo idénticas. La búsqueda de Galip va perdiendo sentido o, si se quiere, cambia de sentido en la medida en la que descubre que buscar significa perder. Cuando camina por las calles de Estambul, Galip se da cuenta que la búsqueda es el mejor hallazgo.

Galip se encuentra en el centro del juego de espejos. Es cada uno de los personajes que van apareciendo en las historias de Celal: el artesano Béedi, fabricante de maniquís; el derviche Mevlana, amante de Shamz de Tabriz; el príncipe imperial Osman Djélalettine, que busca el conocimiento en todos los libros. Ya se trate de un amante, un maniquí o una biblioteca, todos esos personajes tienen en común su búsqueda constante.

Galip se da cuenta que su búsqueda es exactamente igual a la que debe emprender un derviche sufí para alcanzar la iluminación. Cada uno de los detalles que aparecen en el camino de Galip -la ciudad, los personajes- son otros tantos símbolos. La novela de Pamuk, más allá del misterio de la desaparición de Ruya y de Celal, se convierte en la reflexión sobre la existencia de Galip.

Leyó así páginas y páginas en el kanzi-i mahfi, el “tesoro secreto” de la naturaleza de Dios; todo el problema consistía en encontrar la vía que llevara a ese secreto, en comprender cómo se refleja en el universo; darse cuenta que el misterio se manifiesta por todos lados, en cada objeto, en cada cosa y en cada ser humano. El universo es un gran océano de señales, y cada gota de ese océano tiene el sabor a sal que podría llevar al secreto que se disimula en él. Galip estaba persuadido que podría adentrarse en los misterios de ese océano si continuaba devorando todas esas páginas con sus ojos enrojecidos por la fatiga.

Otras Estambul quedan al descubierto. Extraños lugares, hermosos y desconcertantes, a medida que Galip comienza a diluirse en sí mismo, en Celal y en el paisaje de la ciudad. Al final, el desaparecido Celal, la ausente Ruya y el desconcertante Galip, quizás no sean más que una misma persona.

Pause café

11 noviembre, 2012 § Dejar un comentario


Tous ces doctorants et futurs doctorants ayant l’accès au rez-de-jardin de la BNF Tolbiac, reconnaîtront sûrement l’endroit où cette photo a été prise. Il s’agit du Café des Temps, là où on prend un café chaque fois qu’on a envie de faire une petite rencontre, de se détacher un instant de l’ordi et de parler et rigoler avec d’autres thésards de notre souffrante vie de chercheur.

Café des Temps, Bibliothèque François Mitterrand, Tolbiac. Rez de jardin.

Café des Temps, Bibliothèque François Mitterrand, Tolbiac. Rez de jardin.

Erizos

2 octubre, 2012 § Dejar un comentario


Muriel Barbery, L’élégance du hérisson [La elegancia del erizo], París, Gallimard, 2006, 414 pp.

“Usted” en francés se traduce como “Vous” (pronúnciese casi con una efe: |fu|). Se usa en cualquier circunstancia. Es el trato que uno debe dar a una persona cuando se le conoce. A los desconocidos se les habla de vous. La mayoría de la publicidad está redactada con éste pronombre. Muchos amigos se hablan de usted entre ellos. Por supuesto, para los extranjeros como yo, esto le da un toque de frialdad a la interacción. Por éso, pasar al tuteo es algo serio. Cuando se pasa al tú, sólo hay dos posibilidades: un enfrentamiento o una confidencia.

Al final de la novela L’élégance du hérisson, de Muriel Barbery, una de las protagonistas, René, se despide de sus seres más queridos (dejaremos a los lectores descubrir por qué). Es uno de los capítulos más emotivos que he leído en una novela. René, que durante toda su vida habló de usted a su mejor amiga, Manuela Lopes, pasa al tuteo, como en una demostración de todo el cariño que se encontraba bajo la formalidad. Al pasar al tú, reafirma todos los años de compañía que se consagraron ambas mujeres.

L’élégance du hérisson fue la segunda novela de Barbery, por la que fue aclamada en Francia. Al año siguiente de su publicación, recibió el Prix des Libraires [Premio de los libreros] 2007, uno de los reconocimientos más importantes en el país.

El erizo es una metáfora que Barbery utiliza para describir a uno de los personajes principales: la conserje René. Lo hace por la boca de Paloma, otra protagonista. Paloma dice de René:

Mme Michel a l’élégance du hérisson : à l’extérieur, elle est bardée de piquants, une vraie forteresse, mais j’ai l’intuition qu’à l’intérieur, elle est aussi simplement raffinée que les hérissons, qui sont des bêtes faussement indolentes, farouchement solitaires et terriblement élégantes.

La Señora Michel posee la elegancia del erizo: por fuera, está armado con puntas, una verdadera fortaleza; pero tengo la intuición que por dentro, es tan sencillamente refinada como los erizos, que son animales falsamente indolentes, ferozmente solitarios y terriblemente elegantes.

Así, la historia se desarrolla a cuatro manos, René y Paloma alternándose en los capítulos de la novela.

Ambas poseen una visión crítica de lo que sucede a su alrededor, en particular de los habitantes del edificio en el que viven, en una zona adinerada del 6° distrito de París (7, rue de Grenelle). Son un par de inconformes, un par de erizos. Podría decirse que la única diferencia entre ambas es la edad: René tiene 54 años; Paloma tiene 12.

Paloma también es un erizo. Especialmente inteligente, a sus doce años es capaz de elaborar reflexiones filosóficas y juicios estéticos que su familia toma por extravíos mentales. Su mayor preocupación es encontrar un momento y un lugar pacíficos donde su creatividad pueda florecer. Pero decepcionada por la superficialidad que la rodea, planea suicidarse, no sin antes hacer una contribución mayor a la humanidad.

Erizos, entonces, observan desde su fortaleza. Si la novela trata sobre la amistad, la belleza y sobre todo, la soledad, la novela es otra variante del triunfo de los pequeños sobre los grandes; los jodidos sobre los favorecidos.

Como toda sociedad, la francesa está llena de clichés. Parte de la riqueza de La elegancia del erizo, radica en la explotación de esos clichés. Las familias ricas de París, que viven en grandes departamentos, las conserjes ignorantes y vulgares, las socialistas bien e instruidas, las estudiantes de filosofía, las sirvientas portuguesas; todos esos personajes pertenecen al imaginario parisino.

Al subvertir dos de ellos, la conserje y la hija de familia bien, Barbery logra una historia desequilibrada y, por ello, seductora. La novela habla directamente al lector, nos coloca del lado de los héroes, como lo señala Philippe Lançon en su crítica, y nos hace disfrutar de cada uno de los detalles. Es el secreto mantenido celosamente por René. Ella no es una conserje cualquiera. Es una conserje que aparenta ser conserje. René ama el arte, es unalectohólica, es curiosa por todas las expresiones de curiosidad y sobre todo, siente un profundo desprecio por aquéllos que pudiendo acercarse a la belleza, no lo hacen.

Pieter Claesz, Nature morte

Pero el punto fuerte de la novela, creo, es el detalle con el que Barbery describe los sentimientos de los personajes. La soledad, la amistad, el amor y, sobre todo, el encuentro con la belleza. Hay, por momentos, verdaderos capítulos sobre la belleza y lo que representa en la vida. Aquí les va el capítulo 11, “Una existencia sin duración”:

¿Para qué sirve el Arte?  Para darnos la breve pero fulgurante ilusión de la camelia, al abrir en el tiempo una brecha emocional que parece irreductible a la lógica animal. ¿Cómo nace el Arte? Nace de la capacidad del espíritu de esculpir el reino sensorial. ¿Qué hace el Arte para nosotros? Les da forma y vuelve visibles nuestras emociones y, al hacerlo, las marca con ése sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, que sepa encarnar la universalidad de los afectos humanos.

El sello de la eternidad. ¿Qué vidas ausentes sugieren a nuestro corazón esos manjares, esas copas, esos tapices y esos vasos? Más allá de los límites del cuadro, sin duda, el tumulto y el tedio de la vida, esa incesante y vana competencia, cargada de proyectos – pero dentro de sus límites, la plenitud de un momento suspendido, arrancado a la codicia de los hombres. ¡La codicia de los hombres! No podemos dejar de desear y eso nos magnifica y nos aniquila al mismo tiempo. ¡El deseo! Nos sostiene y nos crucifica, conduciéndonos cada día al campo de batalla donde fuimos derrotados el día anterior, pero que, bajo el sol nos parece de nuevo un terreno de conquistas, nos hace construir, aunque fallezcamos al día siguiente, imperios destinados a convertirse en polvo, como si la certeza de saber su próxima caída no importara frente a la sed de edificarlos ahora; nos infunde la fuerza para querer otra vez lo que no podemos poseer y nos lanza al día siguiente sobre la hierba cubierta de cadáveres, proveyéndonos hasta nuestra muerte de proyectos tan pronto terminados tan pronto nacidos.

Pero es tan extenuente desear sin fin… Pronto aspiramos a un placer sin búsqueda; soñamos en un estado de felicidad que no inicie ni termine, donde la belleza no sea el final ni el proyecto, sino donde se convierta en la evidencia misma de nuestra naturaleza. Pues bien, este estado es el Arte. ¿Debía yo pintar ese cuadro? ¿Debía desear esos manjares para verlos? En algún lugar, en otro lado, alguien quiso esta comida, aspiró a esta transparencia mineral y buscó el placer de acariciar con su lengua el sedoso sabor salado de una almeja con limón. Fue necesario ese proyecto, engarzado en cien proyectos más, haciendo surgir mil más, esta intención de preparar y de saborear un ágape de mariscos – ese proyecto del otro, el verdadero, para que el cuadro tomara forma.

Pero cuando observamos una naturaleza muerta, cuando nos deleitamos sin haberla perseguido con esta belleza que se lleva con ella la magnífica e inmóvil figuración de las cosas, entonces disfrutamos de lo que no tuvimos que desear, contemplamos lo que no tuvimos que desear, amamos lo que no debimos desear. Mientras que la naturaleza muerta, puesto que representa una belleza que habla a nuestro deseo pero que nació del deseo de otro, puesto que se acomoda a nuestro placer sin haber formado parte de nuestros proyectos, puesto que se nos ofrece sin el esfuerzo de desearla, encarna la quintaescencia del Arte, esa certidumbre de lo intemporal. En la escena muda, sin vida ni movimiento, se incarna un tiempo exento de proyectos, una perfección arrancada a la duración y a su hastiada avidez – un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad.

Porque el Arte, es la emoción sin el deseo.

El sitio de la autora, abandonadito, está acá.

La novela tiene una adaptación al cine. Los cortos aquí:

Le soleil, la plage, les bouquins

13 agosto, 2012 § 1 comentario


Institut Français pour l’Opinion Publique, Les Français et la lecture en vacances [Los franceses y la lectura en vacaciones], Estudio realizado para Feedbooks, [París], junio 2012

Hace algunos meses se publicó un estudio del IFOP (Institut Français d’Opinion Publique) sobre la lectura de los franceses durante las vacaciones. Ahora tenemos una copia en nuestro poder. Es un estudio realizado entre 1010 personas. La investigación compara los hábitos de lectura en tiempo de vacaciones y durante el resto del año. Las conclusiones son bastante interesantes:

En primer lugar, la cantidad. Los franceses leen 11 libros durante el año, tres de ellos durante las vacaciones. Los jubilados son los que más leen: 14 libros anuales. En lo que concierne al género, ellas leen más que ellos: 12 contra 10 libros. Al igual que en otros países, el promedio de lectura se eleva según el nivel educativo. Lo que sí me sorprendió es el nivel de lectura de los jóvenes de entre 18 y 24 años: 10 libros al año, prácticamente uno por mes, de los cuáles cinco son leídos durante las vacaciones.

“Número promedio de libros leídos durante el año y durante las vacaciones”

Para leer once libros al año, los franceses consacran 1 hora 49 minutos diarios a la lecturas. En vacaciones le dedican 2 horas 14 minutos. Este dato lo comparan con el tiempo dedicado a la televisión (4 horas 9 minutos durante el año/3 horas 10 minutos en vacaciones), a navegar en internet (3 hs. 41 mins./2 hs. 39 mins.) y a escuchar la radio (2 hs. 47 mins./2 hs. 33mins.).

La tradición de las tiras cómicas, o Bandes Dessinés, o simplemente BD, es fortísima. Recordemos que Francia es el segundo consumidor mundial de tiras cómicas, sólo después de Japón. En promedio, los franceses leen 3 tiras cómicas al año, una de ellas en vacaciones. En este tipo de lectura, son ellos los que consumen más: 6 BDs anuales. Los jóvenes entre 18 y 24 años consumen igual número, mientras que los adultos solteros consumen 3, y los adultos con hijos 5. Comprensible.

Para los que no estén familiarizados con el asunto, por tira cómica no nos referimos a las que salen en los suplementos dominicales; son verdaderos tabiques de algunos centenares de páginas, como el que se leyó hace poco Ratonet.

¿Qué tipo de libros consumen nuestros primos lejanos galos? El 79% lee libros nuevos. Nueva sorpresa, al menos para mí, en Francia se regalan y prestan muchos libros: 71% lee regalos y 62% préstamos. Además, 52% lee libros de doble uso. Entre éstos últimos, 65% son jóvenes de 18 a 24 años. Y, ¡auch geeks!, sólo 9% de franceses lee libros digitales.

“Tipo de libros leídos. Nuevos, regalados, prestados, de doble uso, digitales”

El hecho de que menos del 10% de los lectores lea libros digitales no quiere decir que el público francés no esté familiarizado con este soporte. Parece ser que no es el caso, por dos motivos: el gran consumo que existe entre los jóvenes (véase arriba), y porque el 47% de los encuestados han adquirido libros por internet. El 48% lo ha hecho en una tienda y el 46% en una librería (no se confundan sumando porcentajes, esta fue una pregunta con varias respuestas posibles).

A esto se agrega que el 93% de los encuestados prefiere el libro en papel, frente al 3% que prefiere la lectura en computadora, 2% en tablette y 1% en kindles. Y es que los franceses la única ventaja que le ven al libro electrónico es la del espacio: 56% opina que esa es la ventaja, frente a un lejano 36% que piensa que es la disponibilidad. En cambio 8% no encontró ninguna ventaja.

Por supuesto, son los más jóvenes los que se acercan a este formato: mientras que 93% en promedio prefiere los libros en papel, el porcentaje baja a 85% en los jóvenes entre 18 y 24 años.

Otra asunto interesante fueron las razones para comprar tal o cual libro. 51% dijo que eligió su libro por recomendación de amigos y familiares. Primera sorpresa en este renglón: 37% los compró por haber leído previamente una crítica literaria o un artículo de periódico. Segunda sorpresa: los consejos de los libreros son tan efectivos como la publicidad en el metro o en los puestos de periódicos: 16% de los encuestados decidió sus compras literarias por esos motivos.

“Factores externos que influencian las compras de libros”

¿Cuánto gastan los franceses en sus libros de vacaciones? En promedio, unos 32 euros. La mayoría (32%) gasta entre 10 y 20 euros, mientras que sólo 8% gasta más de 60 euros. Si no, se agregan otros datos simpáticos, como los lugares en los que los franceses prefieren leer: en el jardín (24%, lo que me resulta difícil creer, con el clima del nabo que hay…), en la cama (22%, ésta es más creíble), en la playa o en la alberca (20%), en el canapé (17%, pffff), “en la naturaleza” (9%, lo que quiera decir ésto), etc. En cuanto a los géneros más leídos son el policíaco (17%), de suspenso (10%), romántico (10%) y de historia (8%).

“Presupuesto destinado a la compra de libros durante las vacaciones”

“Catagoría de libros privilegiados durante las vacaciones”

En conclusión: los franceses leen mucho, leen más en vacaciones, prefieren el papel y poco a poco se acercan al libro digital.

Foto al inicio: Juan Pablo Macías, Biblioteca de anarquismo y anarquistas, 200 libros forrados con lija negra, 2009-2010, foto: Radinito

Fuentes

15 mayo, 2012 § Dejar un comentario


No puedo describir mi tristeza. Se murió Carlos Fuentes y siento una muy grande. A la sensación de haber sido testigo lejano de la muerte de alguien importante, se une la horrible sensación de haber dejado pasar el tiempo, de no poder revindicar recuerdos más viejos o largos.

No lo llamaré maestro, como algunos oportunistas se lanzan pedantemente a hacerlo. Seré sincero: Fuentes fue un gran desconocido para mí durante mucho tiempo, como la literatura en general, que sigue siendo un gran arcano. Avergonzado por ello, la literatura estuvo entre mis propósitos de Año Nuevo. Lo descubrí ya viviendo en Francia, durante un Salón del Libro dedicado a México. Descubrí que teníamos en común nuestro amor por Francia: nada más. Yo no soy escritor y él… bueno, él es Carlos Fuentes. Y empecé a leer cuanto libro me cayó entre las manos. Así desfilaron por mis ojos Gringo ViejoAuraLa CampañaLa Gran Novela Hispanoamericana.

Por mera coincidencia, hoy, durante mi seminario, su obra fue tema de discusión con mis colegas brasileños, chinos, franceses, españoles y argentinos. A Fuentes lo hemos imaginado así: como un escritor universal que se comparte entre brasileños, chinos, franceses, españoles, argentinos y mexicanos.

Su último libro fue el último que leí de él y el primero que compré tras la muerte de mi padre. Cuando lo terminé, decidí que sería mi guía de introducción a la literatura. En los ratos libres que el trabajo y la escuela me dejaron, comencé a hacer una lista de todos los títulos y los autores que menciona en sus páginas. Tras varios meses (el tiempo libre es poco y el metro un mal lugar para hacer una lista), salieron a la luz más de 600 autores. Ellos serán mi iniciación a la literatura, a la que nomás entrar, ya me duele tanto.

Se me fue Carlos Fuentes y apenas iba sintiendo sus palabras, sus líneas y sus maneras.

Se nos fue Carlos Fuentes y nuestro país no anda para tales pérdidas.

Se nos fue Carlos Fuentes.

http://www.dailymotion.com/embed/video/x8n13t_carlos-fuentes-conference-bnf_creation
Carlos Fuentes. Conférence BnF par slal

Adieu au fondateur de Shakespeare & Co.

16 diciembre, 2011 § 3 comentarios


Sadly, Whitman died Wednesday at age 98 in his apartment above Shakespeare’s. Mourners gathered at Shakespeare’s, bringing flowers and lighted candles. Whitman will be buried at Paris’s Pere Lachaise cemetery that also contains the graves of Oscar Wilde, Moliere and Honore de Balzac.

CULTURE Aujourd’hui à 0h00 (Libération Vendredi 16 décembre 2011)

George Whitman, adieu l’ami américain

Disparition . Le fondateur de la librairie parisienne Shakespeare and Company est mort à 98 ans.

Par EDOUARD LAUNET

Shakespeare & Co.

«Probablement la librairie la plus célèbre du monde», avançait mercredi le quotidien britannique The Guardian évoquant Shakespeare and Company, jolie échoppe posée sur la rive gauche de la Seine en face de Notre-Dame, dont le fondateur, George Whitman, vient de mourir à l’âge de 98 ans. «Paradis littéraire, aimant à écrivains et poètes», ajoutait le New York Times quelques heures plus tard, en rappelant ce propos de Whitman : «J’ai voulu une librairie parce que le commerce des livres est le commerce de la vie.»

Utopie. La disparition du plus célèbre des libraires américains de Paris a sans doute fait davantage de bruit au-delà des mers qu’intra-muros, c’est un peu injuste. Whitman ne se contentait pas du seul commerce de la vie, il défendait une utopie : accueillir tous les gens qui aiment les livres, quitte à leur offrir un lit s’ils n’en ont pas, un coup à boire s’ils ont soif. Ajoutons sans tarder que l’aventure commencée il y a soixante ans se poursuit aujourd’hui puisque, depuis cinq ans, la boutique est passée entre les mains de la fille de George Whitman, Sylvia Beach de son prénom, ce qui n’est pas tout à fait un hasard. En effet, l’Américaine Sylvia Beach fut la propriétaire de la première librairie baptisée Shakespeare and Co. Sis rue de l’Odéon, ce lieu fut jusqu’en 1941 le repaire des intellectuels américains et anglo-saxons qui fréquentaient ou habitaient Paris : Man Ray, Ezra Pound, Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Francis Scott Fitzgerald, James Joyce et beaucoup d’autres.

Natif du New Jersey, George Whitman débarque à Paris en 1948 à l’âge de 34 ans. Cet ancien étudiant en journalisme a un peu écrit et beaucoup voyagé. Dans la ville lumière qui renaît, il vendra des livres et des idées. D’abord dans un étal posé devant un modeste hôtel du boulevard Saint-Michel. Puis, à partir d’août 1951, grâce à un héritage, dans une vraie librairie qui s’appellera le Mistral avant d’adopter en 1964 le beau nom de Shakespeare and Company, peu après la mort de Sylvia Beach, avec l’accord anthume de celle-ci.

A son tour, l’échoppe de George Whitman devient le centre d’un cercle littéraire, avec de célèbres visiteurs ou habitués comme Anaïs Nin, Henry Miller, Lawrence Durrell, Samuel Beckett, James Baldwin, William Burroughs, Allen Ginsberg… Au 37, rue de la Bûcherie croît et embellit ce qui est à la fois une librairie, une salle de lecture (au premier étage) et une résidence d’écrivains (au troisième). C’est au deuxième étage que George Whitman est décédé mercredi d’une attaque.

«Magnétique». Les jeunes squatters restaient une semaine ou un mois, contre de menus services. Un poète anglais serait resté sept ans. Selon la correspondante du New York Times à Paris, d’anciens hôtes se souviennent de Whitman «comme d’une figure paternelle, magnétique et bienveillante, mais aussi comme d’un dictateur imprévisible, explosant de colère devant les résidents».

En 1967, alors fermé pour raisons administratives, Shakespeare and Co a lancé une revue littéraire, The Paris Magazine, qui a accueilli des textes d’Allen Ginsberg, Lawrence Durrell, Jean-Paul Sartre, Marguerite Duras. La parution fut très irrégulière, puisque le n°4 n’est paru qu’en juin 2010.

«Ne me fermez pas vos portes, fières bibliothèques, car ce qui manquait sur vos rayons bien garnis, et dont pourtant vous aviez grand besoin, je l’apporte», a écrit Walt Whitman, poète américain (1819-1892) avec lequel George Whitman a partagé le goût des livres et d’une prose sensuelle, mais nul lien familial.

Shakespeare & Co.

crudo amor

3 octubre, 2011 § Dejar un comentario


Laura Restrepo, La novia oscura. 2e éd. Bogotá: Alfaguara, 2005.

Laura Restrepo posee un estilo de escritura bastante particular. A una técnica emanada del periodismo, mezcla el de la novela. El resultado es una mezcla muy interesante de realidad y fantasía. Su estilo le ha valido ser traducida a varios idiomas y ha ganado premios en Colombia, España, México, Francia e Italia. Descubrí a esta autora hace algunos años, por casualidad. Por simple curiosidad, buscaba información sobre el arbitraje del rey Víctor Manuel III de Italia que dirimió la disputa entre Francia y México por la aparentemente insignificante isla de Clipperton, que se encuentra en medio del Océano Pacífico. Basada en información de principios del siglo XX, diarios y entrevistas, Restrepo escribió al respecto una novela brillante y conmovedora, de la cuál espero hagamos pronto una reseña.

Por lo pronto, nos quedaremos con la historia de Sayonara, de La Catunga, el barrio en la ciudad de Tora donde vivió y de los dos hombres de su vida: el Payanés y Sacramento. El relato de Restrepo es, en principio, atemporal: no hay fechas precisas, pero se sitúa en un pasado más o menos remoto. Todo el relato se va desarrollando a través la investigación de una periodista (que asumimos es Laura Restrepo misma), que llega al pueblo de La Catunga a investigar sobre los movimientos obreros de principios del siglo XX. Buscando en el revuelto archivo del lugar, da con la fotografía de Sayonara, una prostituta, casi niña, que atrae su atención. Tanto, que decide dejar su investigación original y dedicarle su tiempo  a esta mujer exhuberante, de ojos asiáticos.

La periodista va recogiendo los diferentes testimonios de las personas que conocieron directamente a Sayonara. Los más importantes son la madrina de ésta, Todos los Santos, y su amigo, esposo y enamorado, Sacramento. El relato es cronológico, pues inicia cuando Sayonara – que aún no se llama así – llega a La Catunga y termina con su desaparición. Entre tanto, se van intercalando fragmentos de las entrevistas, relatos y reflexiones de los personajes entrevistados y a veces también fragmentos de la historia personal de algunos de los personajes.

Sayonara antes de llamarse así, sólo era nombrada La Niña. La Niña llegó a La Catunga para volverse prostituta. Lo tenía muy claro desde el principio. La descripción del carácter de La Niña es, al principio de la novela, fuerte. Pero a lo largo de la novela, a veces se desdibuja. Parece en ocasiones más tierna y simple. Al llegar a La Catunga, se encuentra con Sacramento, quien la conduce con Todos los Santos, vieja prostituta en busca de una ahijada que pueda asegurarle su vejez. Este será uno de los momentos clave de la novela: Sacramento se sentirá culpable toda la vida, pues recibe de Todos los Santos siete monedas (referencia a las 30 monedas recibidas por Judas Iscariote) a cambio de La Niña, monedas que no puede evitar gastar en alcohol a pesar del remordimiento de haberla conducido (o quizás precisamente por esto).

Inicia entonces la educación de La Niña en las artes de la prostitución. Su limpieza personal, ayudar en la casa, saber comportarse son las primeras cualidades de una prostituta profesional. Todos los Santos no es cualquier prostituta, y las maneras son la primera lección que La Niña aprende de ella. Incluso la manera de hablar: La Niña hablaba a gritos; había entonces que agotarle la voz pero sobre todo, que apreciara la tranquilidad. Todos los Santos, cansada de corregirla, la lleva entonces al lado de la carretera:

Después de tanto fragor, al regresar a casa la niña agradecía el reencuentro con los imperceptibles sonidos del silencio, nunca antes atendidos: el mínimo canto del colibrí, el silbo de la luz al atravesar el ojo de la cerradura, el cuchicheo de vecinas al otro lado del muro, el roce de pies descalzos contra las baldosas del patio. Había logrado quebrar el imperio del ruido y en recompensa le era dado el don sosegado de la intimidad, que permite rezar en secreto, canturrear boleros, recitar sonetos y susurrar frases al oído con ronroneo de tigre de peluche. (p. 44)

Sayonara será educada por Todos los Santos, vieja prostituta ella, de pasado incierto, íntimamente ligada a la historia de La Catunga. La Catunga aparece como un pueblo en medio de la selva, cuya existencia depende de la Troco, o Tropical Oil Company, que explota los pozos petroleros cercanos. El barrio se llama “La Catunga” porque así lo bautizaron las mujeres “en honor a santa Catalina – la Santacataca, la Catica cariñosa, la Catunga compasiva” (p. 11).

En La Catunga, la jerarquía de las prostitutas está definida por lo exótico de su apariencia o de su origen. Las prostitutas europeas tenían derecho a cobrar más caro por sus servicios, y la escala iba disminuyendo hastas las indígenas metidas al oficio, que eran las que menos cobraban y las que se encontraban en los tugurios más alejados. Cada origen/tarifa ponía un foco de distinto color para indicar a los clientes el costo. La Niña, de origen incierto pero que bien podía pasar por japonesa, fue la primera en poner un foco color violeta, para indicar su “origen” lejanísimo, su tarifa más alta que la de cualquier otra. Su nombre, que tenía que estar de acuerdo con su nueva identidad, fue elegido por ella misma, sin saber ni interesarle su significado.

Todos los Santos y La Catunga constituye una especie de identidad. A ella vuelve Sayonara, y ambas envejecen al mismo tiempo. Todos los Santos parece uno de esos personajes que conocen todos los detalles de los demás porque siempre ha estado ahí. Como la santa y como la ciudad, recibe a la ahijada tras muchos años de ausencia y la viste, y la alimenta. Y las referencias religiosas no se detienen ahí, como se puede comprobar por los nombres de los personajes. Lo que no es casual, porque Restrepo es atea. Sayonara desarrolla un culto personal muy fuerte por el Sagrado Corazón de Jesús, ante cuya imagen del corazón desnudo, herido y sangrante, la Niña – que luego será Sayonara – se angustiará obsesivamente.

La Troco atrae a obreros y prostitutas. Sacramento, que con el paso del tiempo se enamora de su

José Luis Fuentetaja, El Cansancio. Esta podría ser una imagen de los obreros petroleros al final de su jornada

compañera de juegos, decide partir para hacer fortuna y poder sacar de la prostición a su prenda amada. En el campo petrolero conoce a su mejor amigo, el Payanés – que se llama así por ser natural de Popayán. En el campo petrolero participarán del movimiento sindicalista, huelgas y, por supuesto – un poco previsible -, de las aventuras de la amistad entre el Payanés y Sacramento.

Otra parte importante de la novela la constituye el contexto histórico. Ignoro la historia de Colombia en general y en particular – lo que no me enorgullece -, y creo que Restrepo hace referencia a eventos o personajes reales o específicos sin individualizarlos. La “Huelga del Arroz” descrita en uno de sus capítulos puede ser un resumen de los numerosos conflictos que han estallado por todo el mundo. Igualmente la vida de las prostitutas, su exlcusión de hecho de los programas de salud, la hipocresía de la clase acomodada y de la Iglesia.

El resto de los personajes también sería oportuno resumirlos. Sin embargo, son tantos, que mejor los dejamos para que los descubran los lectores. Restrepo continúa el juego entre realidad y fantasía, y algunas de las historias son realmente conmovedoras.

Por lo que respecta al final, creo que es muy poético… Quizás raya en el realismo mágico que Restrepo misma ha criticado, pero me parece que es un buen desenlace a toda la novela.

Un pequeño reproche que le haría quizás es que durante la mayor parte del libro, aunque Sayonara permanece como el personaje de referencia del resto, Restrepo asume en raras ocasiones su perspectiva. La mayor parte del relato se va desenvolviendo desde la experiencia de los demás. Pero es verdad que el estilo y sobre todo, la estrategia elegida por la autora justifica bastante bien este modo de escritura. Tratándose de una investagación periodística, es normal encontrar un alejamiento del personaje principal.

En resumen: La novia oscura es una novela cuya lectura recomiendo por el estilo (periodístico), el argumento (la posibilidad del amor entre las prostitutas, la pobreza y los movimientos sociales) y el contexto (Colombia a principios del siglo XX).

sin secretos

23 julio, 2011 § 3 comentarios


Steve Estes. Ask & Tell: Gay & Lesbian Veterans Speak Out. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2007

De las diversas maneras que hay de hacer la historia, la llamada “historia oral”, es una de las técnicas más antiguas. Los padres de la historia, Herodoto y Tucídides, seguramente utilizaron este método. Fray Bernardino de Sahagún escribió su Historia de las cosas de la Nueva España, a través de documentos orales. Hace poco, hablábamos aquí mismo sobre la relevancia que puede tener el testimonio oral para el derecho, en específico, en el caso de la defensa de los derechos de los indígenas.

En la actualidad, la historia oral ha recibido creciente atención, sobre todo en paises de habla inglesa. En los Estados Unidos, la técnica ha sido usada a todo lo largo del siglo XX para documentar la historia de diferentes grupos y minorías, como los indígenas, los militares y, quizás el proyecto más ambicioso, los descendientes de ex esclavos africanos. Debido a su inmediatez, no es extraño que esta técnica, que muchos equiparan al periodismo, sea utilizada para documentar movimientos sociales.

Justo hoy acabo de enterarme que el presidente Obama acaba de dar por terminada definitivamente la política Don’t Ask, Don’t Tell, implementada por la administración Clinton en 1993. Esta política es el resultado de una promesa de campaña. Durante su candidatura, Clinton había ofrecido la apertura del ejército a todos los ciudadanos estadounidenses, independientemente de sus preferencias sexuales. Sin embargo, Clinton tuvo que ceder a la fuerte oposición desde el mismo Estado Mayor militar, incluido Colin Powell. Para evitar un impasse, Clinton logró negociar una postura intermedia, por la que la homosexualidad sería causa de baja sólo en el caso de que los soldados en funciones declararan abiertamente su homosexualidad.

El general Hummer, junto con miembros del equipo que preparó el rechazo de la ley Don't Ask, Don't Tell, anuncia el final de esa política en una conferencia de prensa. Foto: New York Times

En su libro Ask & Tell, Steve Estes presenta una serie de entrevistas a veteranos, hombres y mujeres, de prácticamente todas las guerras en las que los Estados Unidos han estado involucrados a lo largo del siglo XX. El punto en común de todas las entrevistas, salvo una, es que esos militares son abiertamente homosexuales.

Las fuerzas armadas ocupan un lugar ambiguo en el imaginario popular: como institución fundada sobre la disciplina y la rigidez, es fácil suponer que exista una gran homofobia en su interior. Al mismo tiempo, el ejército es generador de toda clase de fantasmas y fantasías eróticas. Todavía es común encontrar personas que consideran que formar parte del ejército es una prueba de virilidad y la mejor demostración de ser heterosexual, y en el medio gay muchas de las fantasías están asociadas a los uniformados. En la realidad, ambos aspectos tienen lugar: el discurso homofóbico es frecuentemente implementado en las filas castrenses al mismo tiempo que puede ser constatada la presencia de soldados homosexuales.

La homosexualidad como causante de baja en el Ejército de los EUA, es una política instaurada prácticamente desde la fundación de dicho cuerpo, y los casos de bajas “deshonorables”, “generales” o con otros nombres según la época, no han cesado. Sin embargo, la actitud frente a los soldados homsexuales ha variado, sobre todo entre la tropa. Por ejemplo, Estes recoge el testimonio de algunos veteranos de la Segunda Guerra Mundial, en los que trasluce más bien una actitud tolerante y abierta.

A partir de los años cincuenta, la apertura se fue reduciendo, y una especie de “mínima tolerancia” le fue dejando paso a una franca hostilidad. Muchos reportes militares señalaban la incompatbilidad entre el servicio militar y la homosexualidad. Los reportes aducían que permitir el servicio de militares abiertamente homosexuales sería un riesgo a la unidad y camaraderia requerida en las filas, que no existiría confianza entre los soldados y que, en consecuencia, se pondría en riesgo la vida y la seguridad de las tropas. En realidad, los argumentos que se oponen a la admisión de soldados homosexuales, son idénticos a los que se habían impuesto contra la admisión de negros y de mujeres. Las experiencias europeas y canadiense, en contraste, proveen ejemplos en los que, tras levantarse la prohibición, las instituciones castrenses habían sufrido muy poco o ningún cambio.

Los veteranos entrevistados por Estes rinden, en general, dos tipos de testimonios. En primer lugar, los más numerosos, son aquellos que decidieron no dar a conocer sus preferencias y mantenerse en el ejército simulando una vida heterosexual. En segundo, se encuentran aquéllos que tras terminar su experiencia militar, se dieron cuenta que eran homosexuales y decidieron salir del clóset. Muchos de ellos se volvieron activistas. Algunos fueron dados de baja con deshonor. Prácticamente todos coinciden en el hecho de que su desempeño profesional como militares no se vio afectado debido a su orientación sexual, excepto cuando algunos de ellos fueron víctimas de acoso. Los casos de dos militares asesisandos son rápidamente evocados (Allen R. Schindler, asesinado en una base en Japón, y Barry Winchel, asesinado en Kentuchy) y puestos como ejemplo de la homofobia al interior de las filas.

Cabe decir que entre los entrevistados se encuentran oficiales de prácticamente todos los rangos, desde sargentos hasta generales y almirantes; de las tres corporaciones militares: la infantería, la marina y la fuerza aérea; de todos los oficios: secretarias, médicos, capellanes, pilotos aviadores, líderes de escuadrón y capitanes de submarinos. Finalmente, todos son veteranos de la Segunda Guerra Mundial, Corea, Viet Nam, la Primera Guerra del Golfo y Afganistán, cubriendo así prácticamente todo el espectro histórico militar de los Estados Unidos.

- Resulta que éste era gay - ¡Diablos! ¡No tuvimos tiempo de darlo de baja!

Si bien el acierto de Estes se encuentra en la gran variedad de entrevistas que ofrece, el punto débil se encuentra en los análisis, que son prácticamente inexistentes. Al principio de cada sección Estes ofrece un marco histórico general, a veces demasiado general, en los que señala algunos puntos relevantes que pueden ser encontrados en cualquier manual de historia. La contextualización proveída es pobre y prácticamente toda viene de parte de los entrevistados. En breve, Estes hace hincapié en el aspecto emocional de las entrevistas, más que en el aspecto teórico del tema.

Sin embargo, esta colección de entrevistas mantiene su interés, en un momento en el que la discusión en los Estados Unidos sobre la política Don’t ask, don’t tell, se encuentra en un momento muy álgido, y justo unas cuantas semanas tras la aprobación del matrimonio homosexual en el estado de Nueva York. El libro apareció como una contribución a la discusión sobre la permanencia y la pertinencia de esta política que, aunque pretendió en un principio beneficiar a la minoría homosexual, el resultado no fue tan alentador, pues, como dicen varios de los entrevistados, dichos militares se encontraban en la posición contradictoria por la cual se les exigía servir con honor, pero mintiendo sobre su situación personal.

Un sitio de activistas, sobre la suspensión de esta política, aquí.

otras pruebas

11 junio, 2011 § 1 comentario


 Christian W. McMillen. Making Indian Law. The Hualapai Land Case and the Birth of Ethnohistory. New Haven: Yale University Press, 2007.

Asumamos un postulado propio de la historia: todos los objetos e ideas tienen su propia historia. En el caso de éstas últimas es menos evidente y frecuenteñente asumimos posiciones ideas que parecen evidentes, pero que en realidad son errores transmitidos desde hace mucho tiempo. Entre los historiadores es frecuente señalar los diferentes significados de un concepto a través del tiempo. Es decir, lo que hoy llamamos de una manera puede ser que hace años se entendía de otra. Al hecho de definir o describir un fenómeno, objeto o idea del pasado en los términos del presente, se le llama anacronismo. Un buen ejemplo de anacronismo o de “idea recibida”, como dicen los franceses, es el concepto de “democracia”. Ese concepto lo usamos casi a diario y no dudamos en remitirnos a la antigua Grecia para señalar sus raíces. Sin embargo, hoy sabemos que la democracia, según la entendieron los antiguos griegos, dista mucho del ideal que nosotros tenemos. Hay muchos otros ejemplos que pueden citarse: la idea del “descubrimiento de América” fue criticada por Edmundo O’Gorman en su célebro libro La invención de América; el concepto de “genocidio” ha sido aplicado abusivamente por muchos historiadores para explicar la conquista española del siglo XVI. Sobre estos asuntos se ha escrito muchísimo y bastará señalar que las ideas, como las cosas, también tienen historia.

¿Qué pasa cuando un anacronismo llega a una corte judicial? Muy frecuentemente, en las cortes de los países occidentales los jueces se encuentran ante fenómenos que nunca existieron o que son descritos mediante ficciones o artificios. El juez que se enfrenta a tal situacion tiene dos posibilidades: o declara que no hay materia que juzgar, o utiliza una descripción ajena pero que ofrezca una descripción aproximada del fenómeno. Parece que estamos hablando de un mundo kafkiano. Sin embargo, esta situación es más frecuente de lo que pensamos.

Christian W. McMillen nos relata la historia en las cortes estadounidenses de uno de estos anacronismos. Se trata de un asunto que tomó tal importancia que marcó para siempre los casos que le siguieron sobre la misma materia. Se trata de la reivindicación de la propiedad de la tierra por parte del pueblo hualapai, en un territorio que hoy se ubica en el estado de Arizona, en los bordes del Gran Cañón del Colorado. El problema consistía en la aplicación del concepto occidental de “propiedad” a un pueblo cuyo sistema jurídico no tenía la misma percepción.

El problema inició a mediados del siglo XIX. Con el descubrimiento de las minas de oro y plata en California, el paso de población blanca por territorio hualapai se hizo frecuente. En 1866 estalló una guerra de guerrillas entre el ejército estadounidense y los indígenas tras la muerte del jefe de éstos. Tres años más tarde, tras la firma de un tratado de paz, los hualapai fueron usados como exploradores en la guerra contra los apache. La tribu hualapai vivió entonces sus peores momentos. Muchos indígenas migraron, otros se enrolaron en el ejército y su territorio fue invadido por rancheros, ganaderos y por el ferrocarril. Tras la creación de la reservación en 1881, la compañía de ferrocarril Santa Fe comenzó a litigar la propiedad de la tierra por donde pasaba. La reservación quedaría partida en dos y el acceso a un manantial se volvería imposible.

Territorio hualapai original. Tomado de la "Making Indian Law", p. xix

Para las cortes norteamericanas, el uso de la tierra de los hualapai no podía ser equiparado a la disposición que hace un propietario. Durante mucho tiempo los hualapai, como todos los indígenas, fueron considerados como pueblos primitivos. Su retraso quedaba demostrado por su incapacidad de formar propiedad y mucho menos propiedad privada. Tampoco poseían registros históricos y su nomadismo confirmaba el grado de incapacidad en el que se encontraban.

Estos argumentos, de corte evolucionista, etnocéntricos y pro occidentales, fueron repetidos una y otra vez en la administración y la justicia estadounidense. Los jueces y los funcionarios quedaban rápidamente convencidos de que no valía la pena molestarse por salvaguardar los derechos de los indígenas en general, y de los hualapai en este caso. Historiadores, antropólogos y etnólogos apoyaban esta posición y muchísimas publicaciones especializadas afirmaban que el retraso cultural de los hualapai no permitía un adecuado provecho del territorio que ocupaban.

Sin embargo, algunos funcionarios y abogados insistieron en darle cabida a los argumentos de los hualapai. El problema central consistía en la aplicación de categorías jurídicas propias al sistema jurídico occidental a una realidad completamente diferente en el momento que los jueces y los abogados buscaban la propiedad privada entre las tribus indígenas, ésta no aparecía por una razón muy sencilla: la concepción de la propiedad entre los indígenas es radicalmente distinta. Los funcionarios y abogados estadounidenses buscaban una ocupación dentaria y una explotación de la tierra, mientras que a los hualapai Les parecía completamente natural usar la tierra conforme a las temporadas, en lugares distintos y con una concepción de la propiedad más cercana a la copropiedad que al exclusiva de un solo individuo.

A esto se suma otra concepción de la historia radicalmente distinta a la que hasta entonces se tenía en Europa y en los Estados Unidos. A finales del siglo XIX los registros escritos como los archivos y las bibliotecas así como otro tipo de testimonios tangibles (monumentos, edificios, esculturas, etc.) eran considerados por muchos especialistas la fuente exclusiva de la historia cualquier pueblo. El problema con los indígenas de la América septentrional era que no poseían ninguno de estos registros. Los historiadores, los antropólogos y otros especialistas los consideraban por ello pueblos primitivos de los que no valía la pena ocuparse.

Mapa de la red de la compañía Atchison, Topeka and Santa Fe, en la que se observa la estación Peach Springs, donde se encontraba el manantial reclamado por los hualapai. Vía Wikipedia.

De este modo muchas personas tanto en la administración estadounidense como al interior de la tribu hualapai, se dieron a la tarea no solamente debe reunir testimonios y pruebas históricas de la ocupación de la tierra por parte de la tribu, sino hacerlas valer en juicio. De esta enorme actividad surgió un cuerpo documental vastísimo y una nueva disciplina social fruto de la etnología y de la historia: la etnohistoria. En efecto tanto la administración como los jueces desacreditaban todas las pruebas históricas aportadas por los indígenas, bajo el argumento de que no podían consistir en una prueba puesto que no eran idénticas a las que la sociedad occidental había generado.

Sin embargo, cuando en 1941 la Suprema Corte de Justicia decidió a favor de los hualapai, lo hizo con base en las pruebas aportadas por los indígenas: artefactos, usos y costumbres, con lo que reconoció la convivencia de dos sistemas jurídicos distintos. Si continuaban confrontados, la aplicación de la justicia sería imposible por lo que era necesario reconocer que los indios hualapai no solamente contaban con un concepto de propiedad sino que éste era distinto, y que las categorías occidentales no describían necesariamente la realidad de los indígenas. Por ejemplo, el concepto de tribu era una cómoda descripción sobre la organización social indígena, pero la realidad es que, al menos en el caso hualapai, la organización de ese pueblo es mucho más compleja.

De esta manera la Suprema Corte terminaba con la opinión sostenida hasta entonces por las cortes de otros estados de los EUA, que los pueblos nómadas no reunían los requisitos legales necesarios para defender en un tribunal la propiedad de la tierra. Más notablemente, daba marcha atrás a criterios como los sostenidos en el caso Lobo Solitario vs. Hitchcock, en el que la Corte había establecido que no era necesario el permiso de los indígenas para abrir las tierras a explotadores no indígenas.

Felix S. Cohen (1907-1953) es considerado el padre del Derecho Indígena en los Estados Unidos.

Dos personajes son claves en esta historia. Fred Mahone, indígena hualapai, fue quizás el primero en comenzar no sólo un gran activismo político entre su pueblo, sino a reunir sistemáticamente testimonios orales de los ancianos y de las tradiciones relacionadas con la reivindicación del territorio de su pueblo. Félix Cohen, fue un abogado de origen judío polaco, cuya febril actividad de investigación reunió el material suficiente para crear la doctrina jurídica del derecho indígena en los Estados Unidos de América. Sin la actividad de Mahone y de Cohen, el derecho estadounidense hubiera seguido considerando a los indígenas como pueblos culturalmente atrasados respecto a los blancos occidentales, el derecho no hubiera reconocido la validez de las pruebas aportadas por ciencias como la historia la etnología y la antropología y en el resto del mundo, por lo menos en el mundo sajón, otras reivindicaciones del mismo tipo no hubieran sido posibles.

Efectivamente, en Australia, Sudáfrica, Malasia y Canadá el caso de los hualapai es frecuentemente citado en las cortes. Es, sin duda alguna, el precedente más importante y el que da origen a tales reivindicaciones. Desde un punto de vista teórico este caso demuestra la posibilidad de sustentar argumentos procedentes de disciplinas científicas alejadas del razonamiento jurídico y que en principio, no tendría ninguna relevancia. La interdisciplinariedad se revela no solamente importante a nivel teórico, sino esencial en el momento de proteger los derechos de minorías.

El único reproche que podría hacérsele a McMillen es la desparición, hacia la segunda parte de su libro, de los indígenas. Casi podría decirse que cae en lo que él mismo critica. Sin embargo, creo que es una importantísima contribución a la historia del derecho, a la discusión sobre la interdisciplinariedad y al derecho indígena en los Estados Unidos.

Les deux visages de l’Amérique latine

18 abril, 2011 § Dejar un comentario


18/04/11 | 07:00 | Thierry Ogier
DE THIERRY OGIER
Les Echos

Les deux visages de lAmérique latine

La récente crise financière mondiale a tordu le cou à un grand nombre d’idées reçues. L’Amérique latine ne fait pas exception. Les bons élèves d’antan, Mexique en tête, ont payé le plus lourd tribut à la crise, alors que le Brésil et ses voisins, moins dépendants des économies du G7, ont rebondi avec davantage d’aisance. Cela débouche sur une Amérique latine à deux vitesses, voire une surprenante division de type Nord-Sud. Une redistribution des cartes inattendue, fruit d’un nouvel ordre économique mondial.
Cette nouvelle donne à l’échelle planétaire a effectivement entraîné de profondes modifications en Amérique latine. La thèse est développée par les économistes Alejandro Izquierdo, de la Banque interaméricaine de développement (BID), et Ernesto Talvi, du Ceres, un centre d’études en Uruguay (1). Ils établissent clairement une distinction entre le « cluster du Brésil » (qui regroupe la plupart des pays d’Amérique du Sud), importants producteurs de matières premières et davantage tournés vers les autres marchés émergents, et le « cluster du Mexique » (qui regroupe la plupart des pays d’Amérique centrale), importateurs nets de matières premières, ayant des relations commerciales plus étroites avec Etats-Unis et les économies industrialisées, et dépendant davantage du tourisme et des transferts de revenus de la part de travailleurs émigrés aux Etats-Unis, en Europe ou au Japon.
Le fossé entre les deux groupes est illustré par la différence entre la croissance estimée en 2010-2011 pour le groupe du Brésil (4,4 %) et pour celui du Mexique (2,7 %). Qui plus est, le groupe du Brésil apparaît mieux placé dans la conjoncture actuelle, portée par le dynamisme de la Chine et des autres pays émergents, que le groupe des pays d’Amérique centrale (à l’exception de Trinité-et-Tobago, producteur de gaz naturel, que l’étude range avec le Brésil).
Le Brésil, qui s’est imposé au fil des dix dernières années comme la première économie de la région, se voit quant à lui récompensé pour avoir su diversifier son commerce extérieur. Non seulement la Chine est devenue son premier partenaire commercial, mais la part de ses exportations vers la Chine, l’Inde et la Russie a pratiquement doublé en quatre ans (passant de 9 % à 17 % du total entre 2006 et 2009). Dans le même temps, la part des pays industrialisés est tombée à moins de 50 %, alors qu’elle représente encore plus de 90 % en ce qui concerne le Mexique. La tendance est durable et devrait s’accentuer. « D’ici à 2013, le groupe du Brésil devrait destiner plus du quart de ses exportations aux BRIC, alors que la part destinée aux pays industrialisés devrait diminuer, à 42 % du total », lit-on dans le rapport de la BID.
Dans le nouveau contexte de l’économie mondiale, les pays de la côte Pacifique comme le Chili, la Colombie et le Pérou, naturellement tournés vers l’Asie, ont également su tirer leur épingle du jeu. Le « supercycle » des matières premières, qui se traduit par la hausse prolongée des cours des matières premières produites par les pays du groupe du Brésil, a dopé la croissance. Le PIB du Paraguay a ainsi effectué un bond de 14,5 % l’an dernier, celui de l’Argentine de 9,2 %, celui du Pérou de 8,8 % et celui du Brésil de 7,5 % (seul le Venezuela a du mal à sortir de la récession).
Le danger qui les guette, comme l’a souligné le directeur général du FMI, Dominique Strauss-Kahn, lors d’une rencontre avec les ministres des Finances de la région en marge de l’assemblée annuelle de la BID, à Calgary, fin mars, c’est la surchauffe. Face à la montée de l’inflation, la plupart de ces pays, sauf l’Argentine, qui devrait poursuivre une politique économique hétérodoxe jusqu’aux élections d’octobre, ont ainsi resserré leurs politiques monétaires. Dernier exemple en date : l’Uruguay, qui vient de procéder à un tour de vis de 1 point, en portant ses taux de base à 7,5 % par an. Mais il s’agit d’une arme à double tranchant. Le différentiel de taux d’intérêt avec les pays développés s’accroît, et les capitaux ne cessent d’affluer. Conséquence : le Brésil et d’autres doivent lutter contre les effets indésirables de la valorisation excessive de leurs devises.
Selon les calculs de la BID, l’Amérique latine a ainsi reçu le quart des flux dirigés vers les marchés émergents en 2009 (autant que la Chine), contre seulement 12 % en 2006. A première vue, l’abondance de ces capitaux, qui ont atteint le record de 266 milliards de dollars l’an dernier, est plutôt une bonne chose. Elle permet notamment de financer les déficits croissants de la balance courante. Mais, là encore, les contrastes sont saisissants. Alors que le Brésil attire un montant record d’investissements directs étrangers, les pays d’Amérique centrale et des Caraïbes sont de plus en plus dépendants de flux de capitaux à court terme, par nature plus volatils. Les pays d’Amérique du Sud sont également exposés, bien que dans une moindre mesure : selon le rapport de la BID, plus des deux tiers (69 %) des flux destinés aux sept plus grandes économies de la région (2) étaient constitués d’investissements financiers à court terme (sur douze mois) en septembre dernier, alors que la proportion n’était que de 37 % en 2006.
Malgré ces nouveaux déséquilibres, la zone dans son ensemble apparaît plus forte que par le passé, alors que l’économie mondiale reste soumise à de multiples défis. Dès lors, va-t-on assister à la décennie de l’Amérique latine ? Tout dépendra de sa capacité d’adaptation à la réduction éventuelle de la croissance chinoise et de l’impact de ce ralentissement sur les cours des matières premières. Mais si Pékin, Washington et Bruxelles resserraient simultanément leurs politiques monétaires, l’impact sur la croissance latino-américaine pourrait être beaucoup plus important que prévu. Tant pour le groupe du Brésil que pour celui du Mexique.

(1) « Une région, deux vitesses », rapport publié récemment par la BID. (2) Brésil, Argentine, Chili, Colombie, Pérou, Venezuela et Mexique.Thierry Ogier est le correspondant des « Echos » à São Paulo

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