Made in France
13 abril, 2013 § Dejar un comentario
Tenemos un pase anual al Museo del Louvre que solemos aprovechar los miércoles por la noche, por la simple razón de que ese día y los viernes el museo cierra más tarde de lo habitual.
Cuando terminamos nuestra visita, cruzamos invariablemente la Plaza del Palacio Real (Place du Palais-Royal) para tomar nuestra imprescindible línea 7, siempre accediendo por el gran Kiosco de los Noctámbulos (Le Kioske des noctambules) de Jean-Michel Othoniel, del cual les prometo subiré un par de fotos en estos días, una entrada de metro que tiene la particularidad de estar decorada con esferas de aluminio y vidrio de Murano. Es una chulada, se las recomiendo.
En fin, todo esto para decirles que la Place du Palais-Royal es muy viva. Siempre hay exposiciones de gastronomía regional, artesanías, chicos patinando de manera atípica, manifestaciones políticas – la plaza está justo frente al Consejo de Estado (Conseil d’État) – y el miércoles pasado abrió su espacio a un montaje publicitario muy creativo para visitar la exposición “Made in France, Salon de la Haute Façon, 10 ans“, que tuvo lugar el 10 y 11 de abril del 2013 en el Carrousel del Louvre.
En el Métropolitain
16 enero, 2013 § 1 comentario
Vivo a 15 estaciones de la Opéra Garnier de París, un trayecto que me toma unos 25 minutos. Para llegar a la Bibliothèque National de France site François Mitterrand (BNF), que se ha vuelto mi lugar habitual de trabajo, agreguemos otras 5 estaciones más (10 minutos).
En este “largo trayecto”, entre comillas porque estos mismos 35 minutos serían todo un sueño en la Ciudad de México, puedo hacer muchas cosas: leer, escuchar música, leer mi google reader, dormir, chechar mi tweeter, o… fotografiar a los viajeros del metro.
He aquí un par de fotos que se han ido acumulando en mi iPod a lo largo de todos estos trayectos.
b-I-ke protest
10 diciembre, 2012 § Dejar un comentario
Attention bicycles. The bicycle lanes were made (believe it or not) specifically for you. Use them!!!
In general, it is not encouraged to ride your bicycle on the sidewalk or in the wrong way on one-way streets. In a congested city such as Paris, your biggest enemy is the automobile, but this woman seems not to care at all. Hope she gets a huge fine.
Eiffelofília
28 noviembre, 2012 § Dejar un comentario
Cuando pensé en hacer este post, no me había acordado que nuestra última entrada era precisamente sobre la Torre Eiffel. Uno diría entonces que estoy en una etapa de Eiffelofília, pero es que no puedo evitar no compartirles esta foto. La tomé en mi última visita al Palacio de Chaillot, el 6 de octubre durante la fiesta de la Nuit Blanche. Había ido a ver la instalación de Christian Marclay: The Clock.
Entré al Palacio y ella estaba allí, tan elegante como siempre.
La tête dans les nuages
20 noviembre, 2012 § 1 comentario
… les hauteurs parisiennes se sont parées d’une couche ouatée samedi dernier (Nov. 17).

La Tour Eiffel dans le brouillard
Cambio de piel
12 agosto, 2012 § 1 comentario
Se Destetó Teté cambia de piel, pero no de estilo.
Desde nuestra primera entrada en el 2007, hemos sido fieles a los colores rojo y negro que adornaron nuestro blog durante casi cinco años. Esperamos que el nuevo diseño les permita una lectura mucho más agradable.
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Pintar la guerra
13 mayo, 2012 § Dejar un comentario
Castillo de Versalles, Les Guerres de Napoléon. Louis François Lejeune, général et peintre [Las Guerras de Napoleón. Louis François Lejeune, general y pintor], del 14 de febrero al 13 de mayo de 2012.
“La guerra es la experiencia de los últimos límites del hombre”
En este blog ya hemos tenido oportunidad de hablar de Napoleón aquí, acá, por acá, acullá y acá también. En una de esas ocasiones hablábamos de algunas novelas de Patrick Rambaud, y de los horrores de la guerra que tan bien describe y que tanto nos impactaron. Las escenas descritas por Rambaud son horrorosas, sobre todo durante la campaña en Rusia y por todo el sufrimiento que los soldados de la Grande Armée debieron soportar. Sólo de pensar los terribles fríos por los que pasaron me da escalofríos… Uno de esos soldados, fue Louis François Lejeune, quien obtuvo el rango de general de brigada durante la campaña de Rusia. Herido en varias ocasiones (incluso sufrió de congelación ocular), Lejeune participó prácticamente en todas las campañas de Napoleón. Recorrió a caballo toda Europa, desde París hasta Moscú, pasando por Alemania, Italia, Polonia, las provincias de Iliria y hasta España, donde fue hecho prisionero. Brillante militar, el general Oudinot lo nombró su Jefe de Estado Mayor, uno de los rangos militares más elevados y con mayores responsabilidades. El nombre de un militar de esta envergadura no puede faltar en el Arco del Triunfo en París, donde efectivamente se encuentra, más precisamente en el pilar Este.
Además, Lejeune fue pintor. Un buen pintor. Su formación original fue en los talleres del pintor Valenciennes. Pero a partir de 1792 se une a los ejércitos revolucionarios y no dejará la carrera militar hasta 1813. Cuando murió en Toulouse en 1848, había dejado una enorme producción pictórica. Sus años en el ejército le sirvieron para continuar pintando. Había aprendido la técnica paisajista que supo aprovechar muy bien. Un buen número de sus cuadros reproducen algunas de las batallas en las que participó. Su ojo militar le da un toque distinto a sus pinturas.
A diferencia de los pintores de historia, quienes pintan desde una perspectiva de abajo hacia arriba con el objetivo de crear un efecto “heroico”, Lejeune pintó las escenas militares con una perspectiva desde arriba, como si fuera a ojo de pájaro. Esto le permite no sólo abordar con mayor detenimiento un hecho de armas, sino también dejar de lado a los protagonistas y plasmar escenas que otros pintores no hubieran tomado en cuenta.
Un buen ejemplo de pintor de historia es Gros. En la exposición se encuentran algunos de sus cuadros, lo que sirve para comparar con Lejeune. Ambos pintores representaron la batalla de Abukir. Gros ubica al general Murat montado en un caballo blanco en el centro de la composición, a punto de derrotar a los mamelucos.
En cambio, en la versión de Lejeune, la perspectiva es la de un panorama. Se alcanza a ver toda la costa, hasta el baluarte, donde el ejército mameluco se lanza al mar tratando de alcanzar sus barcos. En primer plano se observan escenas protagonizadas por los soldados de ambos ejércitos. La exposición está organizada cronológicamente, según las campañas en las que participó Lejeune. Están representadas las más importantes: Austerlitz, Marengo, Lodi, Abukir, del Monte Tabor, Pirámides, Guisando, Somo Sierra, y Moscova.
En lo personal, me resultaron muy impresionantes dos episodios representados por Lejeune. El primero, en una de las primeras salas, se encuentra narrado en El Vivac de Napoleón a la víspera de la batalla de Austerlitz. Cuenta la historia que los soldado, habiendo reconocido a Napoleón entre ellos, y siendo un año exacto tras su coronación, los 70 mil soldados franceses encendieron antorchas. Los rusos y los austriacos, creyendo que los franceses quemaban su campamento para retirarse, pensaron que el ataque francés no tendría lugar o que sería muy pequeño.
El segundo episodio es el que tiene que ver con la campaña de España. La guerrilla española había logrado bajar la moral del ejército francés con su constante acoso. Se sabe y está documentado que, al igual que ocurrió en Rusia, buena parte del movimiento guerrillero español estuvo organizado e impulsado por el clero (en el caso ruso, por los popes y monjes ortodoxos). En los cuadros de Lejeune se puede observar este detalle. Pero además, la expresión de sus personajes es muy realista. Entre los personajes se reconocen reacciones completamente lógicas para la situación (o ilógicas, si fueran en un contexto pacífico): un soldado que toma entre sus manos una bayoneta, hiriéndose la mano; un tambor, de unos 12 o 13 años, empuñando un fusil para defender a un abuelo; una mujer lanzándose furiosamente bayoneta calada contra un soldado francés; un sacerdote masacrando a golpes de culata a otro soldado…
Las expresiones son furiosas, llenas de odio, miedo y terror. El fiel reflejo de la guerra. Me recordó mucho la novela de Patrick Rambaud, Il Neigeait (p. 231):
Cuando el pino cayó, los mujiks le quitaron las ramas con hachas. En un santiamén el tronco se volvió liso y los campesinos llevaron a los prisioneros desnudos, cincuenta hombres y mujeres heridos por el congelamiento, embrutecidos, dóciles. Una campesina sin dientes tomó a Ornella por el cuello, empujó su cabeza contra el tronco, mirando hacia el cielo. Todos los cautivos se encontraron acostados en la misma posición a uno y otro lado del tronco. La ceremonia podía comenzar.
Ornella pensó que en esta postura el congelamiento daría cuenta de ella rápidamente, pero los mujiks alimentaban grandes fogatas con las ramas cortadas. Un dolor repentino la recorrió como si su cabeza estallara. El tronco vibraba. Las campesinas aullaban canciones acompañadas del ritmo de los bastones con los que golpeaban con todas sus fuerzas, con toda su rabia. Los golpes repercutían a todo lo largo del pino y sonaban en los cerebros de los prisioneros, y golpeaban, y cantaban como furias, y ese martilleo crispaba a Ornella extendida en la nieve, muda, refugiada en un punzante sufrimiento que añadía escalofríos a los escalofríos del frío. Los mujiks vigilaban la bacanal fumando una pipa, tranquilos como la gente que ejecuta la voluntad divina. Furiosos contra los franceses gracias a sus popes, los asesinaban lentamente en el nombre de Jesucristo, del Zar y de los santos de la iglesia ortodoxa. Y las harpías golpeaban, golpeaban con odio bramando cantos patrióticos.
El sitio oficial aquí.
momentos decisivos
15 abril, 2012 § 1 comentario
Henri Cartier-Bresson/Paul Strand. Mexique. 1932-1934, Fundación Henri Cartier-Bresson, París, del 11 de enero al 22 de abril de 2012
Los momentos, los eventos, cuando pasan, lo hacen para siempre. La dificultad de definir el presente radica en que es inalcanzable. Se escapa como si fuera agua entre las manos: cuándo aún no ha sido, ya fue o, en el mejor de los casos, el presente está siendo. Algunas expresiones de la fotografía y del cine son quizás las únicas artes que pueden capturar el presente. La pintura y la literatura se dirigen necesariamente al pasado, mientras que el resto se sitúa, en general, en el reino de lo imaginario.
El fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson (1908-2004), padre del fotorreportaje, había entendido perfectamente esta relación entre la fotografía y el presente, y afirmaba que “el momento decisivo” es aquél que queda plasmado en un cliché. Para plasmar este momento, el artista – el fotógrafo -si tiene suerte, cuenta con tan solo unos segundos. Unos minutos son una eternidad. Y más en el caso de Cartier-Bresson, quien impulsó la técnica de la photographie à la sauvette, o candid photo: fotos que se toman sin el permiso del modelo, a veces sin que sepan. Los modelos son retratados en su cotidianeidad, en su completa espontaneidad.
Paul Strand (1890-1976), fotógrafo estadounidense, afinó el concepto de “momento decisivo” al afirmar que éste no se limita al momento captado. Para Strand, consiste en el momento en el que el fotógrafo decide capturar la imagen que observa.
Ambos fotógrafos viajaron a México entre 1932 y 1935. Tras la invitación del entonces Secretario de Educación Pública, Carlos Chávez, Paul Strand pasa dos años en el país. Quedó fascinado por la artesanía indígena, las imágenes religiosas y los paisajes urbanos de la Ciudad de México y de Michoacán. El gobierno mexicano le confíó la realización de la pelicula Redes, docuficción sobre la explotación de los pescadores de Alvarado, Veracruz. Regresó a Nueva York en 1935, pero en 1949 debió exiliarse debido al mcarthismo. Sus días terminaron en Francia, trabajando intensamente.

Henri Cartier-Bresson
Fuente: http://www.henricartierbresson.org
Por su parte, Henri Cartier-Bresson, llegó a México en julio de 1934, formando parte de una comisión internacional para realizar la Autopista Panamericana. Debido a la falta de fondos prometidos por el gobierno mexicano, la comisión fue disuelta, pero Cartier-Bresson decidió quedarse en el país con sus propios medios. Cartier se interesó sobre todo en la gente: prostitutas, borrachos, niños y sobre todo familias indígenas.
Ambos fotógrafos se encontraron en 1935 en Nueva York, y Cartier-Bresson inició su aprendizaje cinematográfico con Strand. Seguro compartieron experiencias de sus viajes por el país. De esos viajes, la galería de la Fundación Henri Cartier-Bresson, en París, logró reunir 90 fotografías en blanco y negro provenientes de colecciones francesas, mexicanas (Fundación Televisa, quienes, por cierto, acaban de adquirir 250 fotografías del trabajo de Paul Strand en México) y españolas (colección IVAM-Valencia).
Organizadas por autor, en dos salas, podemos admirar retratos, paisajes desérticos, figuras religiosas y escenas cotidianas de un gran dramatismo, que reflejan la cruda pobreza que desde entonces azota a nuestro país o la sencillez de las familias indígenas. En una de las fotografías de Paul Strand, que desgraciadamente sólo está disponible en el catálogo, se observa a una vendedora que espera sentada en la banqueta, mirando hacia su costado izquierdo, quizás buscando a su marido, a su hijo o a algún marchante. Su ropa corresponde a la de las clases más necesitadas: huipil y falda. En su mano derecha se observa una sortija de matrimonio y de una de sus orejas cuelga un arete que seguramente tiene su par del otro lado, invisible para nosotros. Dentre de toda esa pobreza y sencillez, son precisamente esos mínimos detalles (de las que podrían ser sus únicas joyas o incluso el único patrimonio de su familia), los que revelan la dignidad y la elegancia de una mujer anónima, en un país para ese entonces lejano de todo.
Aunque no es la misma, la fotografía titulada Woman of Alvarado, muestra una mujer joven, casi una adolescente, cuya similitud con el cuadro de Johanes Vermeer es tentadora. La mujer de Alvarado mira hacia la derecha del espectador y deja ver todo su perfil, iluminado en parte por el sol. El huipil le cubre parte de la cabeza, dando una consistencia geométrica a toda su figura, y resaltando el color blando de su blusa. El fondo es prácticamente neutro, por lo que toda la atención se centra en el destello de luz del rostro de la joven, de la misma manera que Vermeer centra la atención del espectador en el destello del arete de su modelo.
En otra fotografía Henri Cartier-Bresson sorprende a parte de una familia asomándose a una ventana. Una mujer joven sostiene entre sus brazos a un bebé desnudo. Se encuentra rodeada por un grupo de tres niñas y un niño, que parecen ser sus hijos. Detrás, otra mujer, no mucho más vieja que la primera, observa toda la escena. Como si fuera el retrato por excelencia del matriarcado o una especie de genealogía de la Virgen María (Santa Ana al fondo, María cargando al Niño Jesús, y sus supuestas hijas María Cleofas y María Zebedeo, junto con el pequeño Juan Bautista y la Verónica), Cartier-Bresson ofrece en un istante un paralelo realista y lleno de pobreza de la familia mística cristiana.

Henri Cartier-Bresson, "Mexique",1934
© Henri Cartier-Bresson/Magnum. Collection Fondation Henri Cartier-Bresson
Vean por aquí el sitio de la exposición.
Un video informativo (en francés) por aquí:
http://www.dailymotion.com/embed/video/xp40cr
“Mexique 1932-1934″ Henri Cartier-Bresson et… par telerama
Y otras fotos exhibidas aquí abajo:
L’élégance d’une ville
12 marzo, 2012 § Dejar un comentario
Une des choses que j’aime le plus de Paris c’est l’élégance et la personnalité de la plupart de ses immeubles. La quantité “d’objets d’art” que l’on trouve sur la rue est impressionnant.
Ici, un clair example : les lampadaires à proximité de l’Académie Nationale de Musique de Paris (Opéra Garnier). Les façades latérales de ce Palais sont entourées d’une vingtaine de statues-lampadaires en bronze représentant l’Etoile du soir et l’Etoile du matin accompagnent le promeneur.
el (otro) reino de Alejandro
5 diciembre, 2011 § Dejar un comentario
Au royaume d’Alexandre le Grande. La Macédoine antique, Sophie Descamps-Lequime, Maria Akamati, Lilian Acheilara et Polyxeni Adam-Véleni (comisarios), Museo del Louvre, 13 de octubre 2011 a 16 de enero 2012
En el Museo del Louvre se está llevando a cabo en estos días una exposición titulada En el reino de Alejandro Magno (Au royaume d’Alexandre le Grand). Se trata de una muestra de algunas centenas de objetos relacionados con las excavaciones arqueológicas en la Macedonia antigua. Una exposición pequeña y que hace un buen resumen sobre la situación de la investigación histórica y arqueológica de una de las figuras mejor conocidas de la Antigüedad.
La exposición inicia con un recuento cronológico del presente al pasado, de los principales hallazgos en Macedonia. Contrariamente a lo que alguien como yo, sin conocimientos en esta materia, Macedonia no era una tierra privilegiada por los arqueólogos. La historia macedonia era reconstruida a través de los textos antiguos, al contrario de lo que sucedía poco más al sur, con la historia griega, cuya historia ha sido investigada a través tanto de textos como de testimonios arqueológicos.
Esta situación duró hasta 1977, cuando entre otros descubrimientos, se halla, intacta, la tumba del padre de Alejandro Magno: Felipe (o Filipo) II. Hasta ese momento, Macedonia era sobre todo conocida por las diferentes técnicas militares inventadas. A partir de los espectaculares descubrimientos en Pella y otras ciudades, la civilización y el arte macedonio han resurgido poco a poco, confirmando el refinamiento y el avance de esta cultura. Baste como ejemplo las postales que nos llevamos de recuerdo:
Este medallón de 27.2 cms. de diámetro, exhibe de un lado el busto de Atenea sola, y del otro al mismo personaje pero coronado con la cabeza de Medusa (primera foto más arriba). Es una obra del siglo II antes de Cristo y fue descubierto en Tesalónica, en un edificio público, probablemente un palacio.
Este sarcófago es una de las piezas más impactantes de la exposición. Muestra a un matrimonio en un lecho funerario y fue fabricado en mármol pentélico hacia el 180 después de Cristo. Fue descubierto en 1837 en Tesalónica. No solo sorprenden sus medidas (230 cms. de alto, 281 de largo y 112 de lado), sino por la factura. La escena que se desarrolla en la parte de abajo represente un combate entre soldados griegos y amazonas.
De izquierda a derecha, se puede observar una amazona defendiéndose con su escudo del golpe de un jinete, mismo que galopa encima de otra amazona que golpea y somete a otro griego. Un soldado desnudo (recordemos que la desnudez es símbolo de fuerza) la toma por los cabellos y está a punto de atravesarla con una espada. El soldado no se ha dado cuenta que detrás de él hay otra amazona a punto de soltar un golpe sobre su cabeza. Hacia el centro de la composición, otra amazona es despojada de su montura, que ha caído herida, y se prepara para recibir el golpe de un griego. Finalmente, en el último tercio derecho de la escena, otra amazona a caballo es detenida del cabello por otro soldado desnudo. A los pies de este soldado, hay un herido y detrás de él, un soldado más viejo se prepara para desenvainar su espada.
Este mosaico es una réplica del original descubierto en la casa de Dionisio en la capital del reino de Macedonia: Pella. Representa la caza del león. Data del último cuarto del siglo IV antes de Cristo y mide 184 cms. de alto por 339 de ancho. El nivel de detalle es sorprendente; los artistas que realizaron este mosaico no le piden nada a los escultores. Todos los detalles anatómicos, de los cazadores y del león, están perfectamente representados.
Finalmente, para terminar con este post, infinidad de otros ejemplos de la orfebrería macedonia. Entre ellos destacan una corona de mirto hecha de oro que tan solo pesa 99 gramos. Se calcula que fue fabricada entre el 325 y el 300 a.C.
















































