¿Por qué ésto es arte?

26 diciembre, 2012 § Dejar un comentario


ImageMatthew Akers (dir.), Marina Abramovic: The Artist is Present [Marina Abramovic: La artista está presente], HBO, Estados Unidos, 2012, 106 mins.

El performance es una de las expresiones artísticas que más auge ha tomado en los últimos años. Algunos entienden el performance como “arte en vivo”, o como una puesta en escena más o menos planeada, más o menos improvisada, con referencias estéticas más o menos claras. O como lo explica Marina Abramovic: en el teatro, hay un cuchillo y salsa catsup; en el performance, hay un cuchillo y sangre real.

Matthew Akers es el director de un hermoso y emotivo documental sobre la artista serbia Marina Abramovic, quien se considera a sí misma como la abuela del performance. Esta artista ha sido una de las más controvertidas pues no duda en pasar los límites que muchos otros no osan sobrepasar. Marina ha puesto en peligro su integridad física e incluso su vida. No lo hace de manera gratuita. Lo hace, me parece, desde el más puro espíritu artístico.

Sus investigaciones artísticas la han llevado a preguntarse sobre el papel de la conciencia en la creación artística. Por ejemplo: en 1974 Marina creó Ritmo 2. El performance estaba dividido en dos partes. En la primera, toma una píldora reservada a los enfermos de catatonia. Al no sufrir este síndrome, la píldora provoca una reacción muy violenta. Marina perdió el control de sus movimientos aunque siempre estuvo consciente. Pasados unos diez minutos y los efectos del compuesto, Marina ingirió otra píldora, está vez reservada a personas agresivas. El efecto era el de la inmovilidad absoluta. Este proyecto le permitió probar sus capacidades físicas y sobre todo preguntarse sobre la conexión entre la conciencia del artista y la obra creada. Por ello, cuando se desmayó durante el performance Ritmo 5 de ese mismo año, su sensación al despertar era de enojo, pues había concluido que la conciencia es indispensable para la creación: “cuando pierdes la conciencia ya no estás presente, ya no puedes actuar”.

Ese mismo año, creó Ritmo 0, que es la culminación de una serie de piezas llamadas Ritmo y numeradas desde el 10 hasta el 0. En este performance pone a prueba la relación entre el público, la obra de arte y el creador. Para ello utiliza su propio cuerpo como objeto de interacción. Marina puso a disposición del público una serie de objetos que el público podía usar como mejor le pareciera durante seis horas. Entre los objetos, había algunos para provocar placer y otros para provocar dolor: una rosa, un látigo, una pluma de ave, un tarro de miel, un revólver, una bala y un bisturí. La experiencia fue impactante. Al principio, el público se comportaba más bien tímido. Pero tras un cierto tiempo la situación se volvió peligrosa. Alguien llegó a cargar el revólver con la bala y apuntarle en la cabeza, le cortaron el cabello, la hirieron con las espinas de la rosa y otras tantas lindezas. Cuando pasaron las seis horas y Marina comenzó a moverse de nuevo, todos los espectadores salieron corriendo de la sala para evitar cualquier confrontación.

Prácticamente la mitad del documental está centrado en un performance realizado entre el 14 de mayo y el 31 de mayo 2010 en el Modern Museum of Art (MoMA) de Nueva York. En él, Marina continúa su exploración de la relación público-obra de arte-creador, La “puesta en escena” es muy sencilla: en una amplia sala del museo, Marina se encuentra sentada detrás de una mesa. El público no tiene permitido atravesar una línea marcada en el piso, como sucede en todo museo. Sólo se permite que una persona se siente del otro lado de la mesa en la silla vacía que se encuentra en ese lugar. Marina y una persona distinta quedan frente a frente, silenciosas, observándose. Siete horas y media al día, durante tres meses, Abramovic permaneció observando inmóvil a cientos – ¿quizás miles? – de personas.

El fotógrafo Marco Anelli creó un blog y un libro titulado "Portraits in the presence of Marina"

El fotógrafo Marco Anelli creó un blog y un libro titulado “Portraits in the presence of Marina”.

El título del performance no podía ser mejor: El artista está presente. Las diferentes reacciones del público son impresionantes. Algunas personas intentaban apropiarse del momento y llegaban disfrazadas o con algún objeto. Otras reaccionaban como si estuvieran frente a una estrella de rock. Pero otras lloraban en silencio. Quizás era el ambiente, una especie de predisposición de una parte del público. Pero las imágenes del documental dejan ver una confrontación entre dos personas desconocidas en un plano de igualdad. Sólo que sabemos que una de ellas es una artista y su presencia será constante durante el desenvolvimiento del performance. La constante opuesta es la variedad de personas que se sentarán frente a ella.

Al cabo de algunas semanas del performance, Marina decidió deshacerse de la mesa y dejar sólo las dos sillas. Este gesto parece que no tiene gran chiste, pero observando mejor, la mesa ofrecía un punto de interferencia entre ambas personas. Su ausencia deja a Marina en una situación precaria y frágil.

Ese performance fue llevado a cabo en el marco de una retrospectiva organizada por Klaus Biesenbach, director del MoMA. La exposición incluía otros trabajos de Abramomic, entre los cuales, sus 10 performances más conocidos. Para realizarlos, Marina reclutó a 30 jóvenes artistas. Parte de esos performances fueron creados por Marina durante los años setentas, cuando trabajaba con su pareja, el artista aléman llamado Ulay. La relación entre Ulay y Marina fue muy intensa, duradera y, sobre todo, prolífica. Juntos revolucionaron el arte y lograron llevar el perfomance a su mejor etapa. Lograron tener un tal grado de complicidad, que no podían crear el uno sin el otro. Sin embargo, su relación se deterioró y cuando se dieron cuenta que su vida en pareja no podía continuar, decidieron hacer un último perfomance. Así, cada uno recorrió la Muralla China, empezando desde el punto opuesto, Ulay en desierto de Gobi y Marina en el Mar Amarillo. Tras caminar 2,500 kilómetros y encontrarse a la mitad de la muralla simplemente se dijerón adiós y dieron por terminada su relacion.

Uno de los momentos más emotivos del documental ocurre cuando Ulay se siente frente a Marina. Cada vez que un visitante se iba, Marina cerraba los ojos y relajaba el cuello. Esto tenía dos funciones: una física, para evitar el cansancio, y otra psicológica, para hacer un corte entre la persona que se acababa de ir y la que llegaba. Cuando Marina abre los ojos y se encuentra con su antiguo amante, con el que había hecho un performance similar, sus ojos se llenan de lágrimas y no puede evitar llorar. Es el único momento en el que rompe con su rutina, extiende los brazos y toma las manos de su interlocutor.

Este tipo de arte puede ser muy controvertido, Alguien dice por ahí que sólo falta que disparar en la cara a alguien sea considerado estético y alguien tira volantes a la multitud llamando a Marina “gran prostituta de Babilonia”. Pero creo que antes de juzgar debemos adoptar una actitud más humilde y admitir que el contexto del creador puede ser la clave para entender. En una de las primeras escenas ella le pregunta a un reportero que la entrevista: ¿por qué ésto es arte? La clave, pienso yo, de la obra de Marina Abramovic se encuentra justamente en la exigencia hecha al público. La clave está en que haya sido la artista misma la que formule esa pregunta: ¿por qué ésto es arte?

Los cortos son por acá:

a paso de caballo

26 febrero, 2012 § Dejar un comentario


Steven Spielberg (dir.), Cheval de guerre (War Horse, inglés; Caballo de guerraCaballo de batalla, como lo vimos por ahí), basada en la novela de Michael Morpurgo, Jeremy Irvine (Albert Narracott), Emily Watson (Rose Narracott), Peter Mullan (Ted Narracott), Benedict Cumterbatch (Mayor Stewart), EUA, RUGB, Touchstone Pictures, 2011, 146 mins.
Dentro de dos años, se cumplirá un siglo del inicio de la Primera Guerra Mundial. Ese conflicto armado provocó la muerte de algo así, 40 millones de personas y preparó el camino para la Segunda Guerra. una de las más recientes producciones cinematográficas que recrean este episodio, es la película Caballo de guerra (War Horse en inglés, o Cheval de guerre en francés), de Steven Spielberg, basada en la novela para niños del mismo nombre de Michael Morpurgo.
La historia trata de la relación de amistad entre Albert Narracott (Jeremy Irvine) y el caballo Joey. Recién estallada la guerra, Joey es vendido al ejército inglés y es despachado al frente, donde sirve con la caballería ligera y luego es capturado por el ejército alemán. Debido a su juventud, Albert no puede seguir a Joey, pero en cuanto cumple la edad requerida, se enrola en el ejército con la esperanza de encontrar a su querido caballo. Tras una infinita serie de aventuras, sobre todo de Joey, ambos personajes se encuentran y reinician su vida juntos.
Como la mayoría de las producciones de Steven Spielberg, Caballo de guerra cuenta con un enorme presupuesto. El vestuario, los efectos especiales e infinidad de detalles sólo pueden ser hechos con mucho, pero mucho dinero. Hay escenas muy hermosas y emocionantes, como una carga de caballería en medio de un campo de trigo. Sin embargo, la película es muy melodramática, rayan en lo cursi. Algunas críticas en Rotten Tomatoes tienen razón cuando afirman que Spielberg se esfuerza demasiado en llevar la película a un final feliz.
En seguida, me parece que debe haber un momento en el que, en aras del realismo, los directores estadounidenses deberían plantearse seriamente dejar su “gringocentrismo”. Afortunadamente para Spielberg, la historia se desarrolla en gran parte en Inglaterra, donde se habla inglés. Pero como si se tratara de una película de hace 30 años, los alemanes hablan… inglés. Los franceses hablan… ¡inglés! ¡Todo mundo habla inglés! ¿Con todo ese presupuesto y nadie pudo encontrar actores franceses y alemanes que hablen francés y alemán? Este asunto lo dejaría en paz, si no fuera por los acentos ridículos que intentan dejar en claro que los que hablaban eran alemanes o franceses.
Para terminar, también habría que decirle a Spielberg que la demonización de los alemanes ya es asunto de otros tiempos. Cuando Joey, el caballo estrella de la trama, está entre los soldados ingleses, la atmósfera recreada es de heroísmo, patriotismo, humanidad y sacrificio, mientras que el clima de las filas alemanas parece directamente sacado de las escenas de Mordor de El Señor de los Anillos. Que me perdonen, pero tanto los alemanes como los aliados eran humanos y puedo concebir perfectamente tanta humanidad como tanta crueldad en ambos lados.
En fin, una película que deja un sinsabor. El tema de los animales en la guerra no ha sido desdeñada por la historia monumental inglesa, como lo demuestra un monumento en Londres erigido en memoria de los perros, caballos, burros, palomas y cuanta fauna ha sido utilizada por el hombre (en este caso, el ejército británico) en los esfuerzos bélicos. Pero creo que si la intención de Spielberg también era rendirle tributo a estos “silenciosos mártires” se quedó muy corto; y si no lo era, sólo logró una historia cursi.

"They Had No Choice", detalle del monumento a los animales usados por el ejército británico. Londres, Inglaterra. Foto Ratonet.

Por cierto, para la puesta en escena de la misma novela, pero en Londres, la compañía Handspring Puppet, creó unas maravillosas bestias mecánicas. En el magnífico blog de divulgación científica, Fogonazos, pueden leer una entrada, con toto y un par de videos: éste en Youtube y éste, que es una conferencia TED:

masacrad al prójimo

22 diciembre, 2011 § Dejar un comentario


Roman Polanski (dir.), Carnage [Masacre, esp.), basada en Le dieu du Carnage de Yasmina Reza, Jodie Foster (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christohp Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet), Estados Unidos, Sony Pictures Classics, 120 mins.

Está muy bien tratar de solucionar un diferendo de la manera más cordial y civilizada posible. Uno debe guardar las buenas maneras, el trato gentil y delicado para evitar una confrontación visceral. Hay que evitar a toda costa la violencia verbal (ni hablar de la física). Porque es muy fácil caer en la provocación, en el insulto.

Es lo que hace la gente bien, ¿no? Nice people. Aquella que tiene la conciencia tranquila, que tiene un buen trabajo, una casa propia, una buena educación en una buena universidad. Se preocupa por lo que pasa en África y al mismo tiempo se cultiva en el arte. Pero también está esa gente bien que trabaja en un gran despacho, de abogados en la ocurrencia. Es gente bien porque gana bien, viste bien, se conduce bien. Tiene muchos asuntos que atender: el teléfono en la oreja es de rigor, interrumpiendo una y otra vez la conversación.

Aquella gente exitosa (que lee la Biblia y libros cuyo título no recuerdo ahora), líder y que "ocupa posiciones de alta jerarquía", que posee "un alto nivel de académico", cuenta "con una trayectoria activa y exitosa", es una "persona enterada y consciente de la realidad nacional y mundial", "competidor, ambicioso, innovador y creativo" y, lo mejor, "buscar el éxito y la trascendencia"...

Pero a pesar de todos estos esfuerzos aparentes, en el fondo queda una violencia reprimida, lista a aflorar en cuanto la paciencia se agote. Lo que los hijos - los verdaderos protagonistas del problema - pueden resolver simplemente continuando su vida normal, los adultos lo resuelven en un mar de agresiones verbales disfrazadas de las más cordiales y burguesas mentadas de madre.

Roman Polanski adaptó la obra de teatro Les dieux du Carnage, de Yasmina Reza, para su última película, que tituló simplemente Carnage. En la obra original, la historia se desarrolla en París. Un matrimonio visita a otro, en su departamento chick, para hablar de la pelea que los hijos de ambos matrimonios tuvieron y por la que uno de ellos salió "gravemente" herido (que perdonen las buenas conciencias a aquéllos que duden de la brutalidad del ataque). Los originalmente civilizados padres de familia entran en una espiral de violencia verbal gracias a su desprecio e hipocresía.

Christoph Waltz y Kate Winslet interpretando los Cowan

Los cuatro personajes son el reflejo de esa clase acomodada que se encuentra en casi cualquier ciudad de occidente. Un grupo social aislado del resto del mundo, que se preocupa por las causas políticamente correctas para sentirse bien. Se les encuentra en todo el mundo: París, Nueva York, poco importa el contexto geográfico, los valores y la politesse son primero… Es decir, antes que la masacre. Uno a uno, los personajes se destrozan entre ellos, golpeando en su hipocresía, su cinismo y sus buenas maneras.

En algún momento, todos muestran su lado más débil, salvajemente frágil: un vómito, la descompostura de un aparato, el daño de un objeto precioso, el sometimiento… Los Longstreet (Jodie Foster y John C. Reilly), tan racionales, tan mundanos y sociales, tan abiertos al diálogo,  tan aprobatorios como censuradores; los Cowan (Kate Winslet y Christoph Waltz) tan refinados, tan elegantes; ellos tan machistas; ellas tan dependientes…

En resumen, la lectura que hice es que se trata de una sátira no sólo de la clase media alta, sino de una cierta parte de esta clase (quizá la gran mayoría de ella) que se mueve en lo políticamente correcto, con posiciones políticas y sociales basadas en la moral o movilizadas por el cinismo. Una oda a la hipocresía, vamos.

En lo que concierne a la forma, la verdad es que me divertí mucho durante la película (primero encontrando similitudes entre gente que conozco y los personajes, luego entendiendo que el mensaje de Reza/Polanski aplica a todos, incluído yo). Hay algunos momentos en los que la secuencia parece quedar pendiendo en un hilo, pero las actuaciones de Christoph Waltz y Jodie Foster (sin quitarle mérito a las de Kate Winslet y John C. Reilly) son el plato fuerte de la película.

Una película para pensar en la anatomía y en la genética de nuestra sociedad capitalista.

El sitio oficial en francés, aquí.
El sitio oficial en inglés, acá.
Escenas de la puesta en escena estadounidense, acullá.

uno de tantos vicios

12 diciembre, 2011 § Dejar un comentario


Steve McQueen (dir.), Shame [Vergüenza], Michael Fassbender (Brandon), Carey Mulligan (Sissy), Estados Unidos, Fox Searchlight Pictures, 2011, 99 mins.

Todo  parece indicar que el director de cine Steve McQueen tiene al cuerpo humano como tema fetiche. Si en Hunger, que habíamos reseñado aquí, vemos cómo el cuerpo de Bobby Sands deteriorarse hasta morir, como consecuencia de su huelga de hambre, ahora vemos a Brandon Sullivan (Michael Fassbender) utilizar su cuerpo hasta el límite para procurarse placer sexual.

Porque Brandon casi no tiene vicios o, si se prefiere, sólo tiene uno: el sexo. Pero hay de vicios a vicios o, mejor dicho, de enviciamientos a enviciamientos. Brandon no lo puede evitar. Quizás ya dejó de intentar evitarlo. Empleado de una gran firma de Nueva York (no queda claro en qué), Brandon cultiva su manía sexual en todos lados. Gana bien su vida, lo que le deja tiempo para coleccionar todas las revistas pornográficas que le caen en las manos, para ver todos los sitios de hard core que se encuentra en internet, para acostarse con todas las mujeres que puede o, a falta de ligue, para contratar alguna prostituta. Simplemente es más fuerte que él: durante su jornada laboral tiene que hacer varias pausas para ir al baño y masturbarse; tiene que ser muy eficiente para poder tener tiempo de descargar los videos y las fotos porno incluso en la computadora de su despacho; tiene que ser reservado con su familia para poder recibir en su departamento a todas las prostitutas y amantes.

Y si alguno de estas medidas fallaran, Brandon cuenta con las mejores direcciones de Nueva York para poder echarse un polvo. La revista Trois Couleurs publicó un artículo titulado “Et toi, où tu NYC ?” (Que se puede traducir por algo así como “¿Y tú, dónde coges?” jugando con las iniciales NYC, que en francés se parece al verbo “niquer”, coger) en su número 96 de noviembre de 2011 una lista de los lugares que Brandon visita para saciarse, fuera de su departamento:

  • El club Quo. Ubicado en la 2a Avenida, n° 31. En realidad, se trata del bar gay Dtox, famoso por ser de los primeros bares gay de Nueva York y por sus cuartos oscuros en los que se encuentra, bueno, de todo.
  • Ten’s Gentlemens Club. Un strip tease tradicional, como los quieren los puristas. Ubicado en la 21st Street, n° 35, las bailarinas conviven con las pantallas de televisión en donde el cliente puede disfrutar la transmisión de los últimos partidos de la NFL, de la NBA o de las Ligas Mayores.
  • El Bunker Club, en el número 24 de la 9th Avenue. Una discoteca instalada en un sótano, frecuentada por una juventud tardo veinteañera o temprano treintañera, más bien hipster.
  • El hotel Standard. Ubicado en Washington Street, n° 848, este hotelito tiene la particularidad de ofrecer sólo cuartos con vista a la ciudad. De golpe, las parejas que lo frecuentan no tienen ningún empacho en mostrar sus acrobacias sexuales a los peatones. Incluso el administrador invita a los clientes a un concurso de de la foto más erótica.
  • Le Bain, en la misma calle y número que el hotel Standard, ofrece un jacuzzi con vista al Hudson. Digamos que es una declinación acuática del anterior.
  • Pandora’s Box. Ubicado en algún lugar de Chelsea, la dirección sólo es comunicada mediante una llamada telefónica. El lugar incluye una habitación arreglada para practicar la tortura china erótica y es la catedral del cuero.

Si Brandon pierde el control de la situación, las reacciones son imprevisibles. Su soledad alterada por su  hermana con tendencias suicidas, Sissy (Carey Mulligan), lo vuelve un hombre lleno de ira. La perspectiva de una relación duradera, lo vuelve impotente. En fin, la aceptación de que probablemente tenga un problema psicológico, lo vuelve vulnerable.

Todo el contexto y lo que rodea a Brandon parece tener un lugar preciso. Las primeras escenas plantean la historia perfectamente y, lejos de la vulgaridad, muestran el cuerpo de Brandon con desnudos frontales, sin ninguna inhibición y dejando claro cuál es el punto de toda la película. En un momento de la película, Marianne (Nicole Beharie), compañera de trabajo con la que tiene una cita romántica, le pregunta: “¿cuánto ha durado tu relación más larga?”. Brandon se queda pasmado un par de segundos, luego miente: “Cuatro meses”.

En resumen: la actuación de Fassbender y la hechura de McQueen son una gran combinación. Película provocadora y atrevida como pocas, McQueen logró con Shame atraer toda la atención sobre su película poniendo de relieve la banalidad de un vicio como cualquier otro.

prensa, puerto rico y alcohol

11 diciembre, 2011 § Dejar un comentario


Bruce Robinson (dir.). Rhum express [algo así como Expreso del ron, en español; Rum Diairy, originalmente]. basada en la novela de Hunter S. Thompson, Johnny Depp (Paul Kemp), Aaron Eckhart (Sanderson), Michael Rispoli (Bob Sala), Amber Heard (Chenault), Estados Unidos, Film District, 2011, 120 mins.

Esta película se trata de la adaptación de la novela The Rum Diary de Hunter S. Thompson. Escrita en los años sesenta, no fue publicada sino hasta 1998. Desgraciadamente, no hemos leído nada de este autor, así que no podemos comentar nada sobre lo que significa esta obra en su universo literario. Si quieren hacerlo, hay un buen artículo de The New York Times aquí. Y es de verdad una lástima, porque según este último artículo, la novela es autobiográfica, incluso si fue apenas la segunda que escribió cuando contaba con veintipocos años de edad.

Bruce Robinson (dir.). Rhum express. Johnny Depp, Aaron Eckhart, Michael Rispoli, Amber Heard, Estados Unidos, Film District, 2011, 120 mins.

La historia está situada en el año de 1960. Sirve como marco de referencia el debate entre Richard Nixon y John F. Kennedy durante las elecciones de ese año. El periodista Paul Kemp (Johnny Depp) llega a San Juan para trabajar en el periódico anglófono The San Juan Star. Ahí, conoce y se hace amigo inmediatamente del fotógrafo Bob Sala (Michael Rispoli). Más tarde conocerá al empresario Sanderson (Aaron Eckhart) y a su bellísima esposa Chenault (Amber Heard). Kemp es reclutado por Sanderson para ayudarlo en un negocio  inmobiliario que pronto se revela fraudulento e injusto (algo de lo que, por cierto, Ratonet ya nos habló hace algún tiempo aquí).

La historia está planteada más o menos de manera sencilla: Kemp, el héroe, debe medirse con su archi enemigo, Sanderson. Éste último representa a la vez el estadounidense exitoso y el empresario corrupto. Y Kemp cuenta con la ayuda de Sala y de un extraño e interesante personaje llamado Moberg (Giovanni Ribisi): periodista alcohólico de origen sueco y con afinidades políticas nazis (en el lugar que podría llamarse su casa tiene varios discos con los discursos de Hitler). Según los críticos de cine y de literatura, ambos personajes, Sala y Moberg, representan una posible disyuntiva del futuro profesional de Kemp. Puesto que el cigarro, el alcohol y el ron permean toda la vida en San Juan (y en general en todos lados, Mad Men dixit), Kemp puede convertirse en un ebrio alucinante irredento como Moberg, o en un mediocre periodista simpático como Sala.

Depp, Rispoli y Ribisi

Sin embargo, autobiografía obliga, Kemp no se convierte en ninguno de los dos, sino que toma su propio camino. Los problemas en los que se encuentra sumido el periódico, así como los negocios corruptos de Sanderson, así como la atracción que siente por Chenault, despiertan en él una vena social que le permiten confirmar su vocación y, más importante, su estilo de escritura.

La actuación de Depp nos gustó (es bueno verlo sin máscara o maquillaje) y nos convenció, aunque por momentos impostaba demasiado su hablar para parecer a los locutores de aquélla época. Es genial la secuencia inicial, grotesca y vulgar, en la que amanece de una terrible borrachera en la que poco sabemos qué pasó, pero sospechamos que hubo de todo. Otra escena bastante disfrutable, es una sesión de vudú en la que un gallo es convertido en una verdadera máquina asesina gracias al poder yoruba,

Rispoli y Ribisi nos parecieron que son una buena mancuerna, aunque en ciertos momentos parecían tentados por el cliché (sobre todo Rispoli como el latino buena gente del lugar). Y las poquísimas pero bellísimas tomas de San Juan valen mucho la pena.

En los cortos es ridícula la inclusión de reggeatón como música de fondo. El sitio oficial, aquí.

no existen héroes heroicos

2 julio, 2011 § 2 comentarios


Kelly Reichardt, (dir.) La dernière piste [Meek's Cuttof (en.), El atajo de Meek (esp.)], Michelle Williams (Emily Tetherow), Bruce Greenwood (Stephen Meek), Will Patton (Soloman Tetherow), Zoe Kazan (Millie Gately), Paul Dano (Thomas Gately), Shirley Henderson (Glory White), Neal Huff (William White), Tommy Nelson (Jimmy White), Rod Rondeaux (el indio), EUA, Evenstar Films, 104 mins.

Caminar, caminar. Caminar durante días, semanas, quizás meses. Miles de personas han recorrido miles de kilómetros por diferentes motivos en todas las épocas de la historia. Y las caminatas han hecho la historia de muchos pueblos. La identidad israelita está fundada, en parte, en el mito de la caminata en el desierto durante 40 años. La historia mexicana tiene como mito fundador la caminata de los aztecas desde un lugar llamado Aztlán hasta el Valle de México. Más recientemente, la Gran Marcha constituye uno de los referentes históricos del régimen comunista chino.

La conquista del Lejano Oeste, en la historia de los Estados Unidos, se ha convertido en un mito fundador. Tras compras y guerras, la consolidación del proyecto expansionista debía seguir con el establecimiento de colonos. Esta período dio origen a todo un imaginario que aún hoy, nutre no sólo juegos infantiles, sino novelas, piezas teatrales y películas.

Pero el western sigue vivo. En los últimos dos o tres años hemos visto en el cine varios western, unos mejores que los otros: True Grit, de los hermanos Coen; la psicológica El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de Andrew Dominik, el remake 3 10 para Yuma de James Mangold, cómo no, el “nouilles western” del coreano Kim Ji-woon El bueno, el malo y el locoasí como la sublime There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson.

Durante varios años el cine hollywoodense se encargó de construir todo un universo de héroes del lejano oeste. Sólo las geniales producciones del “spaghetti western” italiano durante los años sesenta (y en menor medida el de otros países europeos), se dieron a la tarea de ofrecer otra versión de esas narraciones. Muchas de las películas de este género tienen una estructura similar. Están pobladas de personajes planos, que son o muy villanos (bandoleros, mexicanos o indios) o muy heroicos (un sheriff o un buen colono blanco), y el héroe termina por imponerse, la heroína rescatada, el malo ajusticiado.

Algunos de los directores que mencionamos arriba ya han entregado versiones bien elaboradas de este género. Kelly Reichardt se suma a esta lista con un western ubicado en 1845, un poco a lo Carlos Reygadas o a lo Terrence Malick, como ustedes prefieran: tomas lentas y largas, diálogos cortos, sonido ambiente privilegiado. A estas características de formato se agrega un tratamiento muy particular de los personajes. Como bien dicen en algunas críticas, en este western no hay héroes, la historia niega a los personajes el estatuto de héroe. No hay conquista feliz. El mito de los peregrinos que cantan y bailan mientras matan a tiros indios y búfalos está en las antípodas de este western.

Aquí se trata del cansancio, del sentimiento de estar perdidos, de la mugre y los accidentes por todos lados, y la angustia de encontrar a un hombre de otra cultura, un indio, que no pertenece en ningún aspecto a la misma cultura. Toda la trama se balancea entre la fragilidad humana de cara a las terribles distancias, a una naturaleza poco hospitalaria, y al hambre y a la sed. Cada día que pasa, cada hora que se consume, los personajes tienen menos oportunidades de sobrevivir.

El hecho que Reichardt sea capaz de contar una historia que representa un evento tan grande con tan pocos elementos en la puesta en escena, habla de la calidad de esta directora. Se puede apreciar una gran meticulosidad y casi una declaración de principios. Ella misma afirmó en una entrevista haber usado deliberadamente un formato cuadrado (1:33), lo que impide tomas amplias y centran la atención en el objeto de la toma. El efecto es realmente de intimidad.

En esta película la épica del western queda desposeída de su heroísmo fantástico y se convierte en una fiel recreación de uno de los momentos más fascinantes de la historia moderna. En fin, un gran trabajo para no perderlo en las salas.

Los cortos aquí.
El sitio oficial de la película, acá.

divina cosecha

25 agosto, 2010 § Dejar un comentario


Terrence Malick (dir.), Les Moissons du ciel (Days of Heaven, [Días en el paraíso, ingl.; Las cosechas del cielo, fr.]), Richard Gere (Bill), Brooke Adams (Amy), Linda Manz (Linda), Sam Shepard (el ranchero), Néstor Alemendros y Haskel Wezler (fotografía), Ennio Morricone (música), Estados Unidos, Paramount Pictures, 1978, 95 mins.

Por acá nos gustan las películas con tomas largas, colores intensos o, como nosotros nos los imaginamos, colores de una sola pieza. También nos gusta mucho si los diálogos son reducidos y se deja la mayor parte de la trama a la fotografía. Por eso nos gustó esta película.

En su reestreno en París, Days of Heaven causó cierta curiosidad, pero como en su estreno en 1978, no movilizó multitudes. Sin embargo, es otra de esas películas que nos llenaron la pupila, el corazón y el cerebro. La historia está situada a principios del siglo XX, en los campos del norte de Texas (otra vez Texas), en una zona conocida como la Panhandle (podría traducirse por algo así como Mango de la cacerola, pero evidentemente suena horrible en español). Bill (Richard Gere), obrero en una fundición de Boston, llega a esa zona con su novia Amy (Brooke Adams) y con su hermana Linda (Linda Manz). Los tres encuentran trabajo en el rancho de un rico texano (Sam Shepard), que sufre una enfermedad que no se especifica en la historia. Viendo una oportunidad de oro, Bill convence a su novia de enamorar al ranchero y se hacen pasar por hermanos también. Cuando Amy logran seducir al ranchero, los tres empiezan a gozar de los beneficios de formar  parte de su familia, pero Amy comienza a enamorarse. El desenlace se los dejo para que disfruten mejor la historia.

Lo que nos gustó de la película, como decía al principio de esta publicación, son las largas escenas. El director, Terrence Malick, al que no conocíamos, nos dejó un excelente sabor de boca. En su preocupación por no poder terminar con un buen trabajo y con cierta indecisión sobre el curso que debía tomar la película, decide hacer tomas lo más largas posible. De esa manera, podía posponer las decisiones y resolver los problemas en la sala de edición. Esto, en realidad, aunque resultó en un hermoso ensamble de escenas tranquilísimas, le causó problemas con los actores y con el equipo técnico. Malick fue duramente criticado, sobre todo por Richard Gere, y señalado como un tipo indeciso. Sin embargo, nosotros le agradecemos esos larguísimos silencios, sólo escuchando al viento mecer el trigo, o los grillos en la noche. De alguna manera nos recuerda la película de Carlos Reygadas, Luz silenciosa (2007), otra de nuestras favoritas.

Pero las tomas largas no son más que la forma. El contenido, el fondo, lo hace la fotografía. Y ahí también hay otra curiosidad y otra controversia en esta película. El fotógrafo original fue el español

Sam Sheppard, en el papel del ranchero adinerado

Néstor Almendros. Hacia la época de la grabación de Days of Heaven, Almendros estaba perdiendo la vista, así que uno de sus asistentes tomaba fotos polaroid que él examinaba cuidadosamente a través de gruesos lentes. Además, Alemendros decidió usar luz crepuscular, mejor conocida en inglés como Blue Hour, que es el momento del día en el que el sol acabó de esconderse, pero todavía hay luz. Ese momento no dura sesenta minutos, sino poco menos de treinta; podrán imaginarse los retrasos que surgieron en la grabación gracias a usar esta técnica. Al respecto, Almendros consideraba que si a principios del siglo XX no había luz eléctrica en los ranchos, las películas de época no debían usarla tampoco. Y siguió su dogma al pie de la letra: los interiores fueron grabados únicamente con la luz que entraba por las ventanas. La textura que adquieren las escenas es mágica, como si fuera ese momento en la mañana cuando todavía no acabamos de despertarnos.

El problema con la fotografía vino cuando Malick, tan cuidadoso como quería ser en su trabajo, comenzó a retrasar el calendario de filmación. Almendros debía partir a cumplir un contrato con el cineasta francés François Truffaut. La semana previa a su partida, el fotógrafo Haskel Wexler se unió al trabajo para asumir el estilo de Almendros. Sin embargo, una vez solo, no respetó completamente la propuesta de Almendros, y utilizó algunos métodos más ortodoxos. Wexler, que se sintió moralmente mal por ello (decía que era como violar a un colega), sólo fue reconocido en los créditos bajo el título “Fotografía adicional”, cuando en realidad había colaborado con poco menos de la mitad del rodaje. Lo peor llegó cuando la película se llevo el Óscar en este ramo y, por supuesto, Wexler no podía ser reconocido.

En fin, una película realmente para verse, verse, verse y verse. También para escucharse: la música fue compuesta por Ennio Morricone.

Richard Gere (Bill) y Brooke Adams (Amy)

Para ver los cortos, hacer click aquí.
Parte de la información la obtuvimos aquí y aquí.

ciudadano modelo

24 agosto, 2010 § 1 comentario


Michael Winterbottom (dir.), The Killer Inside Me, Cassey Affleck (Lou Ford), Jessica Alba (Joyce Lakeland), Kate Hudson (Amy Stanton), Estados Unidos, IFC Films, 109 mins.

En los años cincuentas, los Estados Unidos vivían una de sus mejores bonanzas económicas. El sueño americano se construía y alcanzaba a todos los habitantes del país. En el sur, más específicamente en Texas, la bonanza estaba impulsada por el petróleo, por los hallazgos de yacimientos petroleros y la consolidación de poderosos consorcios. En esta atmósfera, el ciudadano común y corriente ejercia un trabajo discreto, ya sea en una empresa privada o en el sector público. Era uno más de los ciudadanos. Sólo los delincuentes, en sus múltiples variantes, quedaban fuera. Cierto es que en este ambiente, negros y mujeres quedaban, en el mejor de los casos, marginados. El éxito estaba representado por el varón blanco que ejercía dia a día su trabajo.

En este remake de una película de 1976, Cassy Affleck interpreta a Lou Ford, sheriff de un pequeño pueblo texano, 29 años, bien parecido, con novia estable y conocido por sus vecinos: Lou encarna a la perfección al prototipo de ciudadano americano exitoso. Pero la realidad es que, lejos de formar parte de la sociedad americana, armoniosamente como parecen sugerir sus buenos modales, Ford es un criminal con impulsos irrefrenables y con una gran capacidad para escapar. Entre sus víctimas se encuentran una prostituta, Joyce (Jessica Alba), con la cual mantenía una relación sadomasoquista, su novia Amy (Kate Hudson), un adolescente amigo suyo y en una infancia oscura, una niña.

La película está basada en una novela de Jim Thompson, del mismo nombre, publicada en 1952. Está redactada en primera persona y es una auto descripción psicológica del personaje principal. Si bien la actuación de Cassey Affleck es de una gran calidad, la historia se pierde en los personajes. El hilo conductor que debería ser el personaje de Affleck se pierde cada vez que los demás actores deben justificar la existencia de sus papeles. En otras palabras, una especie de desorden reina en la narración, lo que, agregada a la duración, puede llegar a hacer tedioso todo el relato. Los momentos de violencia son bastante fuertes y pueden causar más de un malestar. Las golpizas brutales que Lou Ford propina a sus víctimas son, además, presentadas en primer plano y con acercamientos. La sensación que deja es, en la boca de muchos (y yo supongo que agregada la atmósfera puritana de la sociedad americana de los años cincuenta), la de una película de una gran misoginia.

Y en el fondo, creo que lo es. Ciertamente no se trata de una alabanza, pero la sociopatía expresada por Ford es producto de un ambiente específico y cuya existencia tuvo lugar, y desafortunadamente continúa teniéndolo en todo el mundo. La actuación de Affleck no deja lugar a dudas: se trata de un personaje complejo, capaz de asesinar a sangre fria, leer los clásicos mientras escucha ópera y con una gran pulcritud en sus maneras. La esquizofrenia que refleja no puede ser mejor alegoría sobre la sociedad profundamente misógina de los años cincuentas.

El trabajo de Michael Winterbottom es, por le demás, excelente. La ambientación, las tomas, la elección musical, el vestuario, dejan a la vista un gran trabajo.

Para ver los cortos (en inglés, subtítulos en francés), hacer click aquí.

en tus sueños

23 agosto, 2010 § 1 comentario


Christopher Nolan (dir.), Inception (Orígen, esp.), Lenoardo DiCaprio (D. Cobb), Joseph Gordon-Levitt (Arthur), Ellen Page (Ariadne), Tom Hardy (Eames), Ken Watanabe (Saito), Dileep Rao (Yusuf), Cillian Murphy (Robert Fischer Jr.), Tom Berenger (Browning), Marion Cotillard (Mal), Pete Postlehwaite (Maurice Fischer), Michael Caine (Miles), Lukas Haas (Nash), Hans Zimmer (música), Estados Unidos, Warner Brothers, 142 mins.

Alrededor de un libro, de una obra de arte, de una película, puede surgir un debate sobre su mérito. No estoy seguro de haber seguido ese debate en torno a Inception, de Christopher Nolan, o de haberlo entendido bien, pero sí me consta que existe, lo que me lleva a prengarme más bien por los méritos de tal película para causarlo.

Trato de guardar la cabeza fría y no quedarme con la influencia de la publicidad que martilleaba sin cesar esta superproducción: el director, el reparto, los efectos especiales, todo hacen sospechar sobre la calidad de esta película y sobre si vale la pena invertir mi tiempo y mi dinero en esta película. Empecemos por el tema. No es un tema nuevo, pero tampoco se ha usado en muchas películas: los sueños como escenario principal en el que la trama se desarrolla. Además de Memento (2000) yInsomnia (2002), ambas del mismo Nolan, la única que me viene a la cabeza y que, con variantes, usa una trama parecida sea Mr. Nobody, de Jaco van Dormael, película que aquí ya hemos reseñado. En la película de van Dormael, cierto que no se trataba de los sueños tal cual, pero sí de las alternativas a la realidad. ¿No eso un sueño, una alternativa de la realidad? En el caso de la película de Nolan, se trata directamente de sueños, y lo que parecería hacerla más atractiva: sueños dentro de sueños. En breve, un tema bastante freudiano colocado en medio de una trama policiaca. Como si se tratara de matrioshkas, la profundidad o el nivel de estos sueños es deliberadamente dejado poco claro por Nolan. ¿Se trata de tres o cuatros sueños? ¿Qué significan los distintos ritmos temporales en cada uno de ellos?

Los actores son también un aliciente. Amo a Marion Cotillard (Mal). Pienso que es una de las actrices francesas más imporantes del momento, junto con Juliette Binoche. Sus actuaciones en Big Fish (2003) pero sobre todo en La Móme (2007) le quitan el aliento a cualquiera. En Inception tiene a su cargo un papel difícil, casi mudo y que además está a merced del desarrollo de otro de los personajes, el de Leonardo di Caprio. En seguida, la producción. No conozco el presupuesto con el que contó Nolan, pero es obvio que fueron varios miles. Los efectos especiales se llevan, sin lugar a dudas, gran parte del espectáculo.  Escenario tras escenario (sueño tras sueño), son de un detalle infinito.

Pero es justo aquí donde encuentro el punto débil de la película. Esa riqueza de detalles me parece bastante ordinaria. Todos los escnearios, que deberían ser sueños, parecen sacados de la realidad.Estando dentro de un sueño, los personajes podrían tomar alguna de las características de ellos; sin embargo Nolan prefiero usar la fórmula eterna de los buenos trabajando en equipo: el especialista en tecnología, el incomprendido social pero imprescindible, el imprescindible pero leal, el inútil pero necesario y que en cierta manera es el jefe, y la mujer que, ella sola, tiene la sensibilidad para notar el problema que nubla la mente del héroe. Demasiado ordinario para ser ese lugar llamado la mente.

Y después, un detalle poderoso que me causó un terrible efecto: la música. En este caso se trata de Hans Zimmer, quizás uno de los más importantes compositores de Hollywood de todos los tiempos con 8 premios Óscar en su haber. Zimmer es responsable, entre otras, de las partituras de La fuerza de uno [The Power of One, 1992], Gladiador [Gladiator, 2000], El rey león [The Lion Kingm 1994] y un larguísimo etcétera. En esta ocasión, su música ocupa un largo lapso y un espacio bastante grande. Dada la complejidad del argumento, Nolan ensambla una serie de escenas donde los diálogos no paran. Son alrededor de 20 minutos en los que cada personaje explica, con un aire muy profesional, cuál es su papel en la historia. Duante todo ese tiempo, Zimmer hace sonar una sola nota grave: pummmmmmm, pummmmmmm, pummmmmm, sin parar. Como si se tratara de la respiración de un monstruo, constante y sin interrupción. Cualquiera puede salir aturdido tras un tratamiento así.

En conclusión: en palabras de A. O. Dollan de The New York Times, lejos de ser la obra maestra que una gran parte de la crítica anuncia, Inception es una gran hazaña tecnológica y no una de esas películas sobre la cuál uno discutiría con su psicólogo.

Para ver los cortos, hacer click aquí.

no sé qué tiene Tetro

2 agosto, 2010 § Dejar un comentario


Francis Ford Coppola (dir.), Tetro,  Vincent Gallo (Tetro), Alden Ehrenreich (Bennie), Maribel Verdú (Miranda), Estados Unidos, American Zoetrope, Alta Films, 2009, 127 mins.

Las películas en blanco y negro siempre me han gustado y algunas me impresionan, más si se trata de producciones recientes. Entre estas últimas, la que más recuerdo es La lista de Schindler de Steven Spielberg, y sus detalles en rojo, que aumentaban el dramatismo y la tristeza de la película. Usar blanco y negro en el cine, es como usar blanco y negro en la fotografía. No sólo se debe poseer una buena técnica, sino que también se debe tener un buen pretexto, un buen tema. En medio de la moda “revival”, es muy fácil encontrar charlatanes que se proclaman innovadores artistas consumados y hacen “obras de arte” con técnicas que se suponen olvidadas.

Charlatán no creo que se le pueda llamar a Francis Ford Coppola. Su última entrega, Tetro, es una pieza que inmediatamente impresiona, interesa y cuyo DVD no dudaremos en comprar cuando nos lo encontremos. Vista a la distancia (ésta es otra de las películas que tenía olvidadas en el cajón de Teté), Tetro me gusta, volvería a verla, la recomendaría como una película ahora imprescindible en la historia del cine estadounidense, en fin, le aplaudaría sin dudarlo. Pero hay algo que me incomoda respecto a ella, y no sé qué es.

Planear esta entrada me costó una semana de darle vueltas al asunto. No encontraba cómo iniciar, no podía escribir sobre las virtudes del filme. Y sin embargo, éstas son patentes: la susodicha técnica blanco y negro proporciona una atmósfera a la vez asfixiante y abierta. Buenos Aires es una ciudad de sueño para filmar: proporciona todo lo que un espectador como yo busca en una película. La historia es interesante la mayor parte del tiempo, y tiene giros dramáticos excelentes.

Quizás lo único que le reprocharía a Coppola son meros detalles. Que me perdone, pero Vincent Gallo se queda pequeño en su papel. No lo hace mal, nada mal. Estoy siendo muy remilgoso con algo tan pequeño, pero, ¿no podía tomar unas clasesitas extra de español? Es decir, Gallo es un profesional. Es un actor que está encarnando un personaje que lleva viviendo cerca de 10 años en Argentina, tras abandonar su familia estadounidense. Tetro, su personaje, claramente tiene toda la intención de no volver a ver a sus hermanos, padres y hermano. ¿¿¿Y no es capaz de pronunciar una sola frase en español sin parecer turista que viaja a Acapulco por la primera vez??? Está bien, estoy exagerando. Yo mismo vivo en Francia y cuando hablo francés mi acento no es el mejor. Pero hay mucha gente, entre la que quiero incluirme, que por lo menos hace un esfuerzo por copiar la tonadita. ¿No se dió cuenta Tetro, durante diez años, que el acento argentino tiene una musicalidad particular? No, parece que no. Y sigue hablando español como gringo regateando artesanía.

Otra cosa que me molesta es la belleza leonardocapriana de Alden Ehrenreich. Todos conocemos la historia, Coppola lo descubre gracias a Spielberg, quien lo había visto en un filme casero proyectado durante un Bat Mitzvá. Bennie, su personaje, parece haber vivido una existencia muy aburguesada, a pesar de toda la historia trágica que se va desenvolviendo durante la historia. Tiene 18 años, y no se ve un rasgo de sufrimiento ni en sus actitudes, ni en su cara. Lo que es más: parece haber salido de un capullo protector, pues su descubrimiento del sexo (todo parece indicar que es un descubrimiento) es explosivo.

En fin, el resto de la película es brillante, pero no quiero ser repetitivo de lo que en muchísimos lados ya se ha dicho. La historia, aunque repite por enésima vez el tema de la tragedia familiar (desde la tragedia griega hasta Esposas desesperadas), no cansa, salvo en la última parte, que hay una especie de prolongación un poco fastidiosa.

Para ver los cortos, hacer click aquí.
El sitio oficial de la película, aquí.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con Cine estadounidense en Se destetó Teté.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 97 seguidores

%d bloggers like this: