Cine dadá

18 septiembre, 2012 § Dejar un comentario


Quentin Dupieux (dir.), Wrong [Mal], Jack Plotnick (Dolph Springer), Éric Judor (Víctor), Alexis Dziena (Emma), Steve Little (Detective), William Fitchner (el Maestro Chang), Regan Burns (Mike), Mark Burnham (Policía), Francia, Realitism Films, 94 mins.

Por ahí leí – creo que en el periódico Libération - que si David Lynch hubiera hecho comedias, seguramente hubiera filmado esta película. Sin embargo, el director es Quentin Dupieux. Hace dos años Dupieux presentó Rubber, una película inclasificable: es la historia de Robert, un neumático asesino en serie…  ¡con poderes telepáticos!

En esta ocasión se trata de Wrong. Tras la experiencia de Rubber llegamos a la conclusión que en el trabajo de Dupieux los adjetivos “absurdo” e “irracional” no son peyorativos. Todo lo contrario: Dupieux busca precisamente eso. Romper con toda formalidad narrativa.

Dolph Springer (Jack Plotnick), vecino normal de un suburbio normal, un buen día se da cuenta que su perro Paul desapareció. Dolph comienza la búsqueda de su mascota, mientras trata de mantener cierta normalidad en su vida. Por alguna extraña razón, la palma que estaba en su patio se transformó en pino. Entonces encarga a su jardinero Víctor (Eric Judor), que tiene un forzado acento francés, cambiar el pino por una palma. En su oficina llueve a cántaros – sí, al interior de la oficina – y aunque Dolph fue despedido hace tres meses, el sigue yendo, como si tal cosa.

Un extraño personaje, el Maestro Cheng (William Fichtner), lo contacta y le revela la razón de la desaparición de Paul: el Maestro Cheng se dedica a secuestrar mascotas para provocar que el amor de sus propietarios renazca. Pequeño problema del Maestro Cheng: Paul desapareció. Así que Dolph debe colaborar con un detective coprofílico (Steve Little) contratado por el Maestro Cheng para encontrarlo. A todos estos personajes se agregan Emma (Alexis Dziena), una cajera ninfómana, Mike (Regan Burns), vecino con síndrome de fuga y un policía (Mark Burnham) no exactamente en sus cinco sentidos.

La película no tiene un sentido preciso. Aunque tiene una historia más clara que en Rubber, no se trata precisamente de contar una. Quizás sea una metáfora de la búsqueda de sí mismo, siendo el perro Paul esa parte perdida de Dolph. O quizás sea una historia sobre la soledad, con todos los personajes que no se entienden realmente entre sí. O quizás no.

Película dadaísta, surrealista, factura de un director francés que además es DJ.

El sitio oficial está acá.

Los cortos por acá:

Y un video de Mr. Oizo, nombre con el que Dupieux es conocido en el mundo de los DJ:

Operación delicada

12 agosto, 2012 § Dejar un comentario


Marion Laine (dir.), À cœur ouvert [A corazón abierto], basada en la novela Remonter l’Orénoque de Mathias Énard, Juliette Binoche (Mila), Édgar Ramírez (Javier), Francia, MK2, 2012, 87 mins.

Mila (Juliette Binoche) y Javier (Édgar Ramírez) son dos cirujanos cardiacos. Trabajan en un hospital en una ciudad que parece ser Marsella. Javier es el cirujano estrella del hospital. Mila también es bastante respetada. Sin embargo, Javier tiene un problema de alcoholismo. Su reputación va dando paso a la alarma de los colegas que lo ven llegar medio ebrio a la sala de operaciones. Todos se dan cuenta. Todos, excepto Mila.

Marion Laine nos había entregado una estupenda adaptación de un cuento de Gustave Flaubert en 2008, con su película Un corazón simple (Un cœur simple). Marion tiene la costumbre de adaptar libremente obras literarias. Es decir, las novelas, cuentos u otros relatos son pretextos para filmar.

Con A corazón abierto, Laine aborda un tema interesante, pero que creemos que deja poco explotado. Por un lado, la relación entre Mila y Javier, tormentosa y animal, tiene un tufillo a cliché sobre el latinoamericano macho y bebedor. Las consecuencias de su alcoholismo se reducen a una suspensión en el trabajo. Por el otro, algunos factores externos que podrían haber enriquecido la historia caen rápidamente en el olvido: un viaje a Sudamérica es olvidado rápidamente, el nacimiento de un hijo es una anécdota final.

Las actuaciones de Binoche y de Ramírez son estupendas. Ramírez había hecho una espectacular aparición en la película Carlos, de Olivier Assayas, sobre el terrorista Ilich Ramírez Sánchez. De Juliette Binoche, no tenemos que aclarar nada, creo. El carácter violento de Javier y la negación de Mila son convincentes y juntos hacen una buena pareja. Una escena es especialmente hermosa: Mila está dormida en un sofá. Ella y el sofá están envueltos en un forro de plástico. Cuando llega Javier, la besa y Mila despierta.

Si no, es una lástima. No supimos bien a bien a dónde iba la historia y nos quedamos con la sensación que faltó algo.

Los cortos son por acá:

Tóxicos

8 agosto, 2012 § Dejar un comentario


David Lambert (dir.), Hors les murs [Tras los muros], Guillaume Gouix (Ilir), Matila Malliarakis (Paulo), David Salles (Édouard), Mélissa Désormeaux-Poulin (Anka), Francia, Bélgica, Canadá, Frakas Productions, 2011

Dicen por ahí que las grandes historias de amor terminan mal. Otras terminan en el olvido, perdidas, sin un momento concreto en el que pueda decirse que finalizan ahí, precisamente en tal o cual momento finalizan. Son relaciones extrañas, tristes por antonomasia.

Paulo e Ilir intentan rescatar algo de lo que tuvieron. El que más insiste es Ilir. Su historia tiene mucho de improbable. Surgió así, sin más, de la fragilidad de Paulo y de la franqueza de Ilir. Paulo, joven pianista, más bien mediocre, que se gana la vida tocando en proyecciones de cine mudo; ambiguo en todos los aspectos… Esconde bien su edad, entre niño y adulto, con rasgos femeninos y masculinos. Ilir, inmigrante albanés, bajista en un grupo local, que se gana la vida sirviendo en un bar. Su pasado no ha sido miel pero que pudo haber sido peor.

Una historia completamente banal, que pudo haber sido protagonizada por cualquier otra pareja heterosexual u homosexual. Paulo e Ilir tuvieron primero un encuentro sin compromisos y después se enamoraron. A tal grado que Paulo decide dejar a su novia, Anka, para mudarse con Ilir… sin avisar. A pesar de la resistencia inicial de Ilir, construyeron rápidamente una relación tóxica.

Los tonos románticos que constituyen el primer acto de la película dan paso al drama del segundo. Si en la primera parte se trata del nacimiento del amor, en el segundo ocurre su muerte. Tras un par de escenas, algunas de humor casi inocente, llega la ausencia, la sorpresa, el desenlace imprevisto: Ilir es condenado a 18 meses de cárcel. Inicia el tercer acto: un intento de resurrección. Los papeles se invierten. El Ilir dominante ya no existe y tras salir de la cárcel se encuentra con un Paulo diferente. El personaje inseguro ha encontrado refugio y confianza.

Guillaume Gouix (Ilir) y Matila Malliarakis (Paulo)

La película de David Lambert, su primera, tiene la virtud de las historias sencillas. El relieve de la película viene de los personajes, como en las obras de teatro. Paulo, parecido a un pichón caído del nido, con dificultades para aceptar su sexualidad, busca un protector. E Ilir, independiente y fuerte, aparentemente no busca nada ni nadie. Los papeles se invierten a lo largo de la película con gran realismo. Pero sobre todo, es la banalidad de la historia la que da una nota de nostalgia. El ambiente en el que está filmada la historia es otra metáfora. No hay nada seguro en ese cielo o en esa atmósfera azulada. La amenaza de la lluvia está siempre ahí, como el final de la relación.

Hay que subrayar la presencia de la actriz Mélissa Désormeaux-Poulin, a la que ya habíamos visto en Incendies en el papel de Jeanne, la hija de Nawal Marwan.

La película compitió en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, competencia paralela, en la que ganó el premio “El riel de oro”, otorgado por el Grupo de Ferrocarrileros Cinéfilos.

Burn, burn…

28 mayo, 2012 § Dejar un comentario


Walter Salles (dir.), On The Road, basada en la obra de Jack Kerouac “On the Road”, Sam Riley (Sal Paradise), Kristen Stewart (Lu-Anne Henderson), Garret Hedlund (Dean Moriarty), Tom Sturridge (Carlo Marx), Francia, Canadá, Brasil, MK2 Productions, Nomadic Pictures, VideoFilmes, 140 mins.

No puedo juzgar de la historia original porque, como muchas otras, no he leído el libro en el que se basa. Quizás este sea uno de los objetivos de las adaptaciones cinematográficas. Querido o no por el director o el productor, la obra original es difundida.

Jack Kerouac nació en 1922 y murió en 1969. Es considerado el padre de la generación beat, en la literatura norteamericana. Su obra más conocida es On the Road. En ella narra de manera autobiográfica una etapa de su vida que él mismo llamó como el título de su novela. Junto con Neal Cassady cruzó varias veces los Estados Unidos, desde Nueva York hasta San Francisco y de regreso.

Tras su presentación en el festival de Cannes, la adaptación de Walter Salles ha provocado opiniones encontradas. Hasta cierto punto es normal. Las adaptaciones al cine pocas veces provocan una opinión favorable generalizada. La cosa se pone más difícil para el director cuando se trata de una obra considerada “fundadora”.

La historia: Sal Paradise (Sam Riley), poco después de la muerte de su padre, conoce a Dean Moriarty (Garret Hedlund). Jóvenes escritores, amantes de las drogas, del sexo y de la literatura, parten en compañía de Lu-Anne (Kristen Stewart) a la búsqueda de un ideal de vida, siempre en movimiento, sin lazos materiales. Tras varios viajes, entre Nueva York y California, la que parecía una amistad a toda prueba, comienza poco a poco a fragmentarse.

Garret Hedlund (Dean Moriarty), Kristen Stewart (Lu-Anne Henderson) y Sam Riley (Sal Paradise)

Sin juzgar de la fidelidad entre la obra literaria y la cinematográfica, lo primero que hay que decir es que Walter Salles hizo un magnífico trabajo de cámara. Las locaciones son muy hermosas, estupendamente fotografiadas. En la ficha técnica de la Wikipedia en inglés, nos enteramos que las locaciones estuvieron no sólo en los Estados Unidos y Canadá, sino también en México, Argentina y Chile.

En segundo lugar, las actuaciones. El contexto histórico en el que Kerouac escribió su novela fue uno de los más interesantes. La sociedad norteamericana estaba claramente dividida en dos. Por un lado, el maccarthismo hacía estragos. Las pocas oportunidades que la izquierda estadounidense tuvo de florecer, fueron destruidas en este período. Por el otro, toda una generación de jóvenes artistas, filósofos y escritores, que buscaba experimentar nuevas técnicas creativas, nuevas drogas, nuevas relaciones. Para ello, todos los medios disponibles eran usados: sexo, música, drogas, literatura. Un grupo que el mismo Kerouac describiría así:

The only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones that never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes “Awww!”

Las únicas personas que contaban para mí eran los locos, aquéllos que están locos por vivir, locos por hablar, locos por redimirse, deseosos de todo al mismo tiempo, que nunca bostezan o dicen un lugar común, que arden, arden, arden como fabulosos cirios romanos chisporroteando a través de las estrellas y que en medio percibes el centro azul estallando y todo el mundo grita “¡Awww!”

En una escena, los dos personajes principales se encuentran en una fiesta. La música es jazz, bebop, que también inspiraría profundamente la técnica de escritura de Kerouac. Dean baila como poseído, sacudiendo todo el cuerpo, en una mezcla frenética de exorcismo, excitación sexual, convulsiones y éxtasis.

La actuación de Garret Hedlund es excepcional. Su personaje Dean Moriarty, es bastante complicado. Cuando Kerouac escribió su novela, para construirlo se basó en la personalidad de Neal Cassady. Cassady influyó a Kerouac y a muchos otros escritores de la generación beat. Según los biógrafos de Kerouac, fue la inspiración directa de la técnica de escritura “automática” utilizada y difundida por Kerouac. En todo caso, Cassady fue un seductor, muy inteligente y guapo, pero sobre todo disponía de una gran energía: durante varios días asistía a fiestas con amigos, visitaba a su novia y amante, y durante algún tiempo invertía tiempo en alguna que otra relación homosexual, escribía y discutía. Solía hacer viajes de Nueva York a San Francisco sólo deteniéndose a cargar gasolina. Un tipo hipnótico que también tenía un gran ego, lo que alejó de Kerouac.

Quizás la escena de “no retorno” tiene lugar en la Ciudad de México. Sal y Dean descubren la Ciudad de México, sus bares, su comida, sus prostitutas. Pero Sal cae muy enfermo. En menos de cinco minutos, Dean dinamita su relación con él.

Cassady y Kerouac en 1952

En conclusión, me tendré que leer la novela para poder aportar más. Lo que no será mañana (tengo una tesis que redactar), pero prometo que lo haré antes de irme de este mundo. Y en mi muy humilde opinión, si una película causa división, quiere decir que vale la pena amarla u odiarla.

Por cierto que esta novela lleva varios intentos fallidos de adaptación. El mismo Kerouac escribió a Marlon Brando en 1957 sugiriéndoselo. Francis Ford Coppola compró los derechos de la novela en 1979 y a lo largo de todo este tiempo estuvo ensayando algunos libretos. Incluso probó a Brad Pitt y Colin Farrell en el papel de Sal Paradise y de Dean Moriarty, pero nunco concretó nada. Gus Van Sant también estuvo coqueteando con el proyecto pero finalmente no lo hizo. Finalmente, Copola contrató a Salles debido a su experiencia con la película Diarios de motocicleta.

También, antes de que se nos olvide, hay que mencionar la aparición de Vigo Mortenssen y la excelente actuación de Tom Sturridge (Carlo Marx), cuyo personaje, fundamental en la historia, sufre la injusticia de aparecer poco.

Aquí el sitio oficial de la peli.
Los cortos son por acá:

la vie étudiante à Paris

4 marzo, 2012 § 2 comentarios


Malgorzata Szumowska (dir.), Elles (Ellas, esp.; Sponsoring, en polaco), Juliette Binoche (Anne), Anaïs Demoustier (Charlotte), Joanna Kulig (Alicja), Francia, Polonia, Alemania, Cofinova 7, Shot-Szumowski, Slot Machine, Zentropa, 99 mins.

En torno a París hay toda una mitología: el arte, la cocina, el turismo, el patrimonio artístico… París es quizás el destino turístico más importante en el mundo: alguna vez escuché que ocho millones de personas visitan la ciudad cada año. Es muy probable. Todos los días hay turistas en el metro; es muy común cruzarse con alguna persona con un mapa en la mano y una cámara fotográfica en la otra; los monumentos nacionales están siempre llenos de grupos de turistas… Pero París también es una de los destinos más solicitados para los estudiantes. Algunas de las universidades más viejas y más reputadas del mundo se encuentran aquí: la Sorbona (y todas sus derivaciones), la EHESS, la facultad de Sciences Politiques, el Conservatorio Nacional, el Ballet de la Ópera de París, etc., etc., etc. Miles de estudiantes de Francia y de todo el mundo vienen a completar sus estudios con programas como Erasmus Mundus, Marie Curie o intercambios entre sus universidades o gobiernos.

Además de tener que superar la arbitraria y rígida administración francesa, hay que encontrar un departamento dónde vivir. Si está amueblado (y en buenas condiciones), hay que llenar el refri. Para llenar el refri hay que transportarse. Y todo eso, si no se tiene una buena beca, la generosa ayuda de los padres o un trabajo ideal que permita estudiar y ganar bien, no es nada fácil. Costos para obtener la visa estudiante: 50 euros anuales. Renta: 500 euros mensuales (sin cargas incluídas). Refri: 30 euros semanales. Transporte: 62 euros mensuales. Salario medio tiempo: 800 euros (bien pagado). Hagan sus cuentas.

Y eso sin contar las posibles pérdidas por abusos, distracciones o una cosa aparentemente sencilla: la comunicación. No dominar el idioma expone a muchos estudiantes a abusos, no sólo de parte de particulares, sino de compañías. Conozco de primera mano algunos casos en los que las compañías telefónicas imponen los contratos más caros a los estudiantes que abren por primera vez sus líneas telefónicas.

Esta situación tan precaria a orillado a muchos estudiantes (chicas y chicos), a tomar trabajos no sólo ilegales, sino riesgosos. La prostitución es uno de ellos. Algunos reportajes afirman que de los dos millones de estudiantes en Francia (franceses y extranjeros), cerca de 23 mil chicas ejercen la prostitución. Algo así como el  1%. Y ni hablar de la prostitución masculina. Hay pocas estadísticas sobre este asunto. Poco se sabe sobre la identidad, nacionalidad y condiciones de estas chicas y chicos que ejercen la prostitución para costearse sus estudios.

Anaïs Demoustier interpretando a Charlotte

Malgorzata Szumowska, directora de cine polaca, presentó este año una película en la que denuncia esta situación. Es significativo que sea precisamente una extranjera la que aborde el tema en Francia. Da a qué pensar sobre la falta de atención que recibe este sector por parte de las autoridades francesas, y sobre la discriminación que sufren los estudiantes extranjeros (me refiero al endurecimiento de las medidas para obtener el permiso de residencia en Francia como estudiante, impuesto por el gobierno de Sarkozy a través de su ministro del interior, Claude Guéant).

Szumowska ofrece una historia que se acerca a un docuficción. Una periodista, Anne (Juliette Binoche), intenta escribir un artículo sobre este tema. Para ello se entrevista con dos estudiantes. Una de ellas, Charlotte (Anaïs Demoustier) es francesa y la otra, Alicja (Joanna Kulig) polaca. A través de flashbacks, somos testigos de los servicios que ofrecen, el tipo de clientela que aceptan, pero lo que es más sobrecogedor, el cinismo con el que enfrentan su papel de prostitutas (escorts, dicen ellas), para poder sobrellevar psicológicamente su situación: Charlotte le confía que lo más difícil de su situación es mentir, pero mantiene dos teléfonos, uno para los clientes y otro para su novio y su familia. Alicja, por su parte, a la pregunta de si le gusta el sentimiento de ser dominada le contesta con otra pregunta: “¿A usted no le gusta éso?”. Varias escenas fuertes, quizás un poco largas, dan cuenta de las prácticas a las que son sometidas, incluso en su contra: sodomizaciones, violaciones con botellas, recibir orines y felaciones sin condón, se cuentan entre las gentilezas a las que son sometidas.

Joanna Kulig, en el papel de Alicja

Por su parte, Anne va tomando conciencia no sólo de la situación de las chicas, sino de la de ella misma. Esposa y madre de dos hijos varones, un adolescente y un pequeño de 12 años, comienza a reflexionar sobre el machismo que aún se encuentra muy impregnado en la sociedad francesa y europea. La sordidez de la vida de Charlotte y Alicja es muy comparable a la superficialidad de la vida de su familia. Su pequeño mundo confortable se reduce a un marido machista completamente desconectado de ella y de sus hijos (“Una puta es una puta”, le dice durante una discusión), un adolescente que no es capaz de asumir ninguna responsabilidad ni de reconocer sus privilegios (“¿De qué me hablas?”, le dice entre risas, cuando Anne intenta hacerle ver que no ha merecido nada y tiene todo) y un pequeño adicto a los videojuegos de masacres.

Durante una de las mejores escenas de la película, Anne descubre que los amigos de su marido, su jefe y sus colegas, son de la misma calaña que los pervertidos clientes de Charlotte y Alicja. Su pseudo intelectualismo la harta y huye por una noche, para sufrir, suponemos, lo que sus entrevistadas han sufrido. Pero lo más dramático llega al día siguiente: la normalidad, el desayuno en familia, un buenos días como cualquier otro día.

No recomendable para corazones sensibles.

Los cortos, aquí.

vieja fórmula

4 diciembre, 2011 § Dejar un comentario


Olivier Nakache y Éric Toledano (dirs.), Intouchables [Intocables], François Cluzet (Philippe), Omar Sy (Driss), Francia, Quad Productions, 2011, 112 mins.

Cuando uno vive en un país en el que la reglamentación es de tanta importancia, uno puede entender por qué Intouchables ha tenido tanto éxito. Es cierto: bajo casi cualquier circunstancia, en todo lugar y en cualquier hora se puede (y se debe) apelar a la norma prevista, al reglamento establecido. Cuando el francés promedio no conoce la respuesta a una pregunta que tiene que ver con el deber o el poder hacer, invoca “le règlement”, el reglamento, y asunto acabado.

Otro asunto es que el reglamento se siga efectivamente o que éste sea eficaz…

Intouchables está rompiendo todos los récords en el cine francés. En solo cuatro semanas, diez millones de personas han pagado su boleto para verla. Basada en una historia real, Intouchables cuenta la historia de la amistad entre Philippe (François Cluzet) y Driss (Omar Sy). Philippe es un millonario tetrapléjico que contrata a Driss como su enfermero a domicilio. Driss, de origen senegalés, viene a penas de salir de una condena de seis meses de prisión. El punto de toda la historia es la amistad que se forma entre ambos personajes, provenientes de medios tan distintos y en situaciones tan diferentes. Efectivamente, cada uno está limitado por su situación: Philippe, quien perdió toda capacidad para mover su cuerpo del cuello para abajo, y Driss, cuya familia se encuentra atrapada en un círculo vicioso de pobreza, violencia y desempleo en una zona conurbada de París.

La historia es contada en un tono cómico, a petición de los personajes reales Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Yasmin Sellou. Por su parte, Cluzet y Sy son viejos conocidos del cine de esta parte del mundo: Cluzet inició su carrera en 1979 y Sy es uno de los actores principales de la serie de televisión cómica Service après vente [que podría traducirse algo así como "Servicio al cliente"]. La fórmula de la historia no es nueva, aunque bien contada, y lo que ha hecho de ella un éxito son las actuaciones. Los personajes no son complicados, pero creíbles, y toca algunos de los fantas franceses: el racismo, el clasismo y, un tema muy querido para Francia, el sueño de salvar por medio de la educación.

Cluzet tiene la tarea difícil, limitado como estaba para actuar. Y el papel de Sy hace el contrapeso a un hombre sofisticado y con una gran educación. Los arranques de cólera y las bromas vulgares del personaje de Sy hacen reír abiertamente.

Es un poco exagerado decir que Intouchables sea la mejor película francesa de todos los tiempos, como dicen algunas críticas por aquí, pero sí estoy de acuerdo en decir que está muy dirigida, actuada y filmada, y eso hace de una fórmula vieja y más o menos gastada, una buena historia.

sincronización

30 noviembre, 2011 § Dejar un comentario


Michel Hazavinicius, The Artist [El artista], Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), John Goodman (Al Zimmer), Francia, Canal +, 100 mins.

La belleza tiene que ser sencilla, simple. No recuerdo quién hizo esta afirmación, pero así lo creo yo. Si alguien sabe ésto o lo contrario, que me lo diga. No es que crea que las elaboraciones complicadas no puedan se también hermosas, pero la simpleza tiene alguna ventaja. Una historia simple, bien contada, se convierte en una gran historia. Una broma, bien contada, se convierte en una cascada de risas. Una tragedia, bien contada, se convierte en la razón de una profunda melancolía.

El director francés Michel Hazavinicius estrenó, el verano pasado, una de las películas más hermosas que he visto. El artista no es una película que conmueva hasta las lágrimas con una historia pretendida o logradamente profunda. Lo que cautiva son las actuaciones y sobre todo, la técnica de la fimlación. El artista es una película en blanco y negro, muda y fue producida en 2011.

Como dije, una historia simple que se desarrolla a finales de los años veinte del siglo XX: la gran estrella de cine mudo George Valentin (Jean Dujardin) y Peppy Miller (Bérénice Bejo), una simple admiradora que posteriormente se convertirá ella misma en artista, se conocen y se enamoran. No se declaran inmediatamente su amor, lo que implica que primero tienen que pasar una serie de pruebas para que triunfen. Pero la cuestión no está en la historia. La narración de la película es un elemento más, otra manera de homenajear a la primera época dorada del cine.

El punto, con toda humildad creo, está en las referencias que pomposamente llamaré “extra narrativas”. Me refiero a esos cuantos guiños que Hazavinicius introduce en el relato para conectar el público contemporáneo con el cine de hace un siglo. La escena que me interesa es la siguiente:

Tras negarse a participar en las cada vez más populares películas habladas, George Valentin regresa a su camerino. De pronto, ya no puede escuchar. Nosotros, el público, lo sabemos porque la música se detuvo y el sonido ambiente se introduce en la cinta. Ese no es el ruido al que está acostumbrado Valentin. Como si estuviera en una pesadilla, todos los objetos a su alrededor adquieren los sonidos que, para nosotros, normalmente tendrían. Valentin se da cuenta que su mundo está terminando, está a punto de desaparecer.

Pasado y presente se sincronizan. El entendimiento que surge entre el público y el personaje de Dujardin es uno de los puntos más dramáticos que un autor o un director haya logrado en un relato. Si la novela policiaca perfecta sería aquélla en la que el lector es el asesino, en este caso el protagonista se niega a entrar en el mundo del público.

Grande Hazavinicius. Grande Dujardin. Grande Bejo. No es de extrañar que la película ya esté sonando al Óscar. Así de simple.

Por supuesto, hay que mencionar la música, compuesta por Ludovic Bource, y que echa mano de compositores como Alberto Ginastera, Red Nichols o Duke Ellington.

sin papa

11 octubre, 2011 § 1 comentario


Nanni Moretti (dir.), Habemus Papam, Francesco Piccolo (Cardenal Melville), Nanni Moretti (el psicoanalista), Renato Scarpa (Cardenal Gergori), Jerzy Stuhr (portavoz del Vaticano), Francia, Italia, Sacher Film, Fandango, Le Pacte, France 3 Cinéma, Rai Cinema, 102 mins.

Pocas cosas deben ser comparables – por lo complicado, exigente y la enorme responsabilidad que contrae – a la de ser jefe de un Estado tan poderoso como la Santa Sede. Además de tener un cargo político, el Papa también es responsable de una iglesia enorme. El hombre que ocupa ese puesto tiene una gran influencia en los asuntos terrenos y los de la fe de millones de personas.

La cabeza de la Iglesia Católica, el Papa, es elegida por un colegio de cardenales llamado Cónclave. El Cónclave se reúne cada vez que se da una “sede vacante”, es decir, cuando ya no hay nadie que ejerza las funciones de Papa. Sólo hay dos casos en los que un Papa puede dejar de serlo: por su muerte o por su abdicación. El nuevo Papa es elegido por una mayoría de dos tercios de los votos de los cardenales reunidos en Cónclave. Los votos son emitidos de manera secreta, y una vez que se obtiene un ganador, las papeletas usadas son quemadas con paja seca, lo que produce humo blanco que sale por el techo de la Capilla Sixtina. El humo blanco es la señal de que un nuevo Papa ha sido electo.

Pero toda esta responsabilidad, toda esta carga, ¿cómo la recibe aquél que es nombrado Papa? Porque el título está hueco sin un ser humano que lo ostente. Moretti plantea un escenario interesante: ¿qué pasaría si el recién electo Papa, después de haber sido electo, no asume el cargo? Es decir, ¿no renuncia a ser Papa, pero no inicia su pontificado?

Moretti imagina una historia que podría ser bastante provocadora. El cardenal Melville (Michel Piccoli), es electo Papa a pesar de sus oraciones. De hecho, las escenas que ilustran la elección, seguro quedarán como una referencia: los cardenales reunidos rezan en silencio pidiendo a Dios no ser electos para el cargo. Cuando finalmente Melville es nombrado vencedor, éste, estupefacto, no atina a decir nada. Como en trance y sin poder creerlo, se deja llevar por los otros cardenales y personal al servicio de la Santa Sede, para vestirse de blanco y prepararse a saludar a la muchedumbre que lo espera ansiosa en la Plaza de San Pedro. El nuevo Papa toma conciencia de su cargo cuando, vestido con los hábitos de su cargo, se encuentra de nuevo con el resto de los cardenales y éstos, en signo de obediencia, ejecutan una reverencia al unísono.

Entonces llega la ruptura: agobiado y en un grito de desesperación, rehusa salir al balcón a dar la tradicional primera bendición. La Santa Sede se encuentra ante un hecho inédito: hay un Papa pero ésto no ha podido ser anunciado. Establecida la historia, llega su primer giro: los cardenales acuerdan llamar a un psicoanalista (el propio Nanni Moretti). La sola posibilidad de que un papa consulte a un psicoanalista resulta en sí misma genial y subversiva. Los primeros momentos de este encuentro ficticio prometen mucho. Sin embargo, Moretti decide tomar otro camino… … que enfría horriblemente todo el cuadro.

Imagen del sitio oficial de la película

La mayoría de los críticos coinciden – y yo con ellos -, en decir que el escenario tipo El discurso de un rey establecido por Moretti se desvanece sin motivo aparente. Puestos a saborear un encuentro entre un improbable tutor – el psicoanalista – y el no menos improbable discípulo – el Papa -, para vencer los mayores temores del segundo, Moretti lanza a las calles de Roma a un Pontífice histérico que busca reivindicar sus deseos de juventud de lanzarse a la actuación, y en cambio encarcela en el Vaticano a un psicólogo que muestra sus dotes como organizador de torneos de balonmano. Y ya.

De verdad es una pena que el intercambio entre ambos personajes se haya reducido a unos cuantos minutos en los que se vislumbraba una historia rica e incendiaria. En cambio, Moretti decide, incomprensiblemente, romper el contacto entre ambos. Una escena rescatable de esta segunda parte tiene lugar en un autobús, donde el cardenal prófugo intenta articular en voz alta sus miedos y aprehensiones. Los pasajeros alrededor, que no tienen la mínima sospecha de quien se trata, lo toman por uno de tantos locos que se encuentran en la calle.

La pérdida de intensidad de la historia se hace más fuerte en el contexto político y social actual. Con una Italia sumida en la más profunda crisis de los últimos veinte años, las alusiones al poder terreno se hacen más que evidentes en la figura de Berlusconi: ¿qué responsabilidad se le puede exigir a alguien que no ve ninguna en su puesto? Y por el otro, la Iglesia Católica, con su jerarquía que se empecina en alejarse de la realidad de sus creyentes y la crisis de credibilidad que se agudiza día a día, tiene una excelente caricatura de ella en la historia de Moretti, por lo menos en la intención.

Vale mancionar el escenario, totalmente recreado en los famosísimos estudios Cinecittà de Roma, que recrean incluso los jardines.

Los cortos los pueden ver haciendo click aquí (en italiano con subtítulos en francés y en ¿flamenco? ¿holandés? ¿…?).
Como suele acostumbrarse, existe un sitio oficial, que se puede ver pinchando aquí.
Pueden leer más sobre esta película aquí, aquí, acá, también acá e incluso acullá.

joven poeta

8 noviembre, 2010 § 3 comentarios


Jane Campion (dir.), Bright Star, Ben Whishaw (John Keats), Abbie Cornish (Fanny Brawne), Paul Schneider (Mr. Brown), Kerry Fox (Mrs. Brawne), RUGB, Australia, Francia, BBC Films, Screen Australia, Pathé, 2009, 1h. 59 mins.

En su momento, habíamos perdido la oportunidad de ver esta película, que se nos antojaba enormemente. Pocos diálogos, muchas escenas, como nos gustan las películas. Y la espera valió la pena, pues Bright Star, de la conocidísima Jane Campion (El Piano, 1993, Palma de Oro del Festival de Cannes), nos sumerge en el mundo trágico y romántico de John Keats (1795-1821). John Keats es una de las figuras más importantes del movimiento romántico en Inglaterra. A pesar de la corta edad a la que murió (25 años), su influencia creció tras su muerte. Durante su vida, sus obras fueron recibidas fríamente. Hoy en día es considerado uno de los autores más importantes de la lengua inglesa y de la literatura universal. Su vida estuvo marcada por un sólo amor, que no se realizaría completamente. A los ocho años de edad, el padre de John muere al caer de un caballo. A los 14, su madre fallece víctima de tuberculosis. El otoño siguiente, John se muda a vivir con un farmacista de nombre Thomas Hammond, amigo de la familia, con quien trabaja como aprendiz. Según Cowden Clarke, amigo de John Keats, ésta fue su época más feliz.

A pesar de ser un estudiante de medicina bastante exitoso, John cultiva su amor por la literatura. En 1816 recibe su licencia como cirujano, pero renuncia a una carrera en el campo de la medicina con tal de dedicar cada vez más tiempo al estudio de la literatura. Su hermano George será testigo de sus constantes depresiones ante el temor de no convertirse en un gran poeta. Sin embargo, en 1816, la prestigiosa revista The Examiner publica uno de sus poemas, lo que confirma la ambición del joven poeta. En octubre de ese mismo año, conoce al editor Hunt, amigo de Byron y de Shelley, gracias a quien logra publicar su primer volumen de poesía, Poems. Aunque la crítica lo recibió muy mal, el libro de Keats fue defendido por su editor a capa y espada. Su salud empieza a declinar a finales de 1818 y sus hermanos George y Tom lo albergan y cuidan. A la larga, ambos hermanos morirán de tuberculosis, uno en los Estados Unidos, donde había emigrado, y el segundo mientras cuidaba a John de… tuberculosis. John decide entonces mudarse a la casa de su amigo Charles A. Brown, en Hampstead Heath.

Es en este momento de la vida de John Keats que comienza la historia. En 1819, Fanny Brawne y su madre se mudan a la casa donde Keats y su amigo Brown vivían, compartiendo la mitad de la casa. A pesar de que John había conocido a Isabella Jones, por la cuál también desarrolló una gran pasión, John y Fanny se enamoran tras compartir lecturas. Pero la salud de John se deteriora cada vez más y a raíz de un viaje que John debe hacer a Londres en medio de una tormenta, su tuberculosis se agudiza. Los amigos más próximos del enfermo deciden financiar un viaje a Italia para que pase en mejores condiciones el siguiente invierno. Tras un penoso viaje, John llega a Roma, vía Nápoles, el 14 de noviembre de 1820, pero el 23 de febrero siguiente fallece. La relación con Fanny estuvo dividida entre lo que pudo ser y lo que no fue. Es decir, viendo que el éxito no llegaba y la deteriorada salud de John, las probabilidades de que esa relación se tradujeran en un matrimonio estable eran mínimas, y así lo entendía la madre de Fanny. Pero al mismo tiempo, los sentimientos de John se muestran sinceros y sin ninguna pretensión, y en esto también está de acuerdo la madre de Fanny. Cuando finalmente les da su bendición para casarse, ciertamente lo hace con la esperanza de que su hija se casará con un poeta que está ganando reconocimiento, pero con la angustia de lo que puede pasarle.

Estas convenciones sociales son, en realidad, únicamente la parte visible de la relación entre John y Fanny, porque en las cartas que intercambian, no hay el más mínimo rastro de aceptarlas. En sus cartas hay una muestra de ternura, cariño y temor por la muerte. Son textos que expresan la distancia, que buscan desesperadamente el contacto físico que hasta entonces no han logrado tener.

My Dearest Lady, I’m now to a very pleasant cottige window looking onto a beautifull hilly country, with a view at the sea. The morning is very fine. I do not know how elastic my spirit might be, what pleasure i might have in living here if the remembrance of you did not weigh so upon me. Ask yourself my love whether you are not very cruel to have entrammelled me, so destroyed my freedom. for myself i know not how to express my devotion to so fair a form: i want a brighter word than bright, a fairer word than fair. i almost wish we were butterflies and liv’d but three summer days – three such days with you i could fill with more delight than fifty common years could ever contain. will you confess this in the letter you must write immediately and do all you can to console me in it – make it rich as a draught of poppies to intoxicate me – write the softest words and kiss them that i may at least touch my lips where yours have been. (…) I have two luxuries to brood over in my walks, your loveliness and the hour of my death. O that I could have possession of them both in the same minute. I never knew before what such a love as you have made me feel was. I did not believe in it. But if you will fully love me, though there may be some fire, it will not be more than we can bear when moistened and bedewed with pleasures My Dear Mr. Keats, Thank you for your letter. Lately I have felt so nervous and ill that I have to stay five days in bed. Having received your letter, I am up again, walking our paths on the heath. I’ve begun a butterfly farm in my bedroom in honor of us. Sammy and Toots are catching them for me. Samuel has made a science of it and is collecting both caterpillars and chrysalises so we may have them fluttering about us a week or more.

Este tipo de películas, de género histórico, tienen un gran peligro que tiene que ver con la exactitud de la representación, las anacronismos y sobre todo, la capacidad de los actores de dominar la época en la que sus personajes vivieron, sobre todo tratándose de personajes reales. Y otro gran peligro al que se enfrenta Jane Campion, es el academismo que rodea a un poeta como Keats. Descifrar un poema y un poeta, como dice Fanny Brawne, es un gran esfuerzo. Pero Campion es una experta en realizar este tipo de desciframientos: lo demostró enormemente con su afamada El Piano y confía en dos actores poco conocidos. Quizás ese sea el otro punto fuerte de la película, pues Whishaw y Cornish se mueven con gran naturalidad, como jugando (como en la escena cuando pasean con la hermanita de Fanny y juegan a las estatuas encantadas con ella).

Hay varias escenas de un enorme sentimiento o, como dicen otros, lirismo. En una de ellas, Fanny y su hermana menor se encierran en su cuarto para liberar las decenas de mariposas que habían cazado. Fanny se encuentra en un momento de gran tristeza por la partida de John, y según su hermanita, sólo las mariposas que revolotean por todo el cuarto, lograrían animarla. En otra escena, una reunión de amigos escucha una “orquesta humana” que canta la Serenata en Si bemol menor (K 361) de Mozart. Toda la pantalla se llena con las voces de la orquesta. Por cierto, otro punto fuerte de la película es la música, compuesta por Mark Bradshaw.

Para ver los cortos, hacer click aquí.

perros

18 octubre, 2010 § Dejar un comentario


Kim Chapiron (dir.), Dog Pound (La Perrera), Adam Butcher (Butch), Shane Kippel (Davis), Mateo Morales (Angel), Francia, Partizan, 2010, 91 mins.

Entre los pendientes que tenemos de hace meses, está esta otra película. Es realmente difícil seguirle el paso a la cartelera francesa: París es, sin duda alguna, una de las vitrinas más importantes de cine, y se pueden encontrar películas de TODO el mundo; por ejemplo, como les hablamos hace ya algún tiempo, en nuestra antigua casa, de Corea del Norte, de Sri Lanka o sobre westerns sudcoreanos. Así que, en lugar de hablarles sobre el premio Nóbel de literatura de Mario Vargas Llosa, les hablaremos de una película que vimos hace varios meses.

Esta película tiene varias cosas que deben resaltarse. En primer lugar, el tema, en muchas ocasiones abordado en el cine, sobre la cárcel para delincuentes menores de edad. Es un tema muy rico y que da para muchas reflexiones. Sobre la cárcel en general, recuerdo la ambigua película brasileña Carandirú (2003),  con su festiva primera parte y su terriblemente violento final; la cómica I Love You Philip Morris (2009), la impresionante Hunger (2008), de la cuál tuvimos la oportunidad de hablarles y, cómo no, la inolvidable Dancer in the Dark (2000), de Lars von Trier, con Björk. Por supuesto, la declinación sobre la delincuencia juvenil abre todo un mundo de posibilidades, y se pueden citar varias más, entre las que destacan la brasileña Pixote (1981) o la británica Scum (1979). Desgraciadamente para Chapiron, narrativamente hablando su película no aporta nada. Prácticamente todas las películas cuyo tema es la cárcel tienen la misma estructura: presentación de los héroes, normalmente introducidos como víctimas de la sociedad; primer enfrentamiento con las autoridades de la cárcel y/o con los líderes de los presos; secuencia de sometimiento; venganza de los héroes. Y Chapiron no es la excepción. Sí logra una buena producción, necesariamente violenta e impresionante, pero no rompe los moldes. La película habla sobre la llegada de tres jóvenes delincuentes a la prisión juvenil de Enola Vale, de los Estados Unidos. Ahí Butch (Adam Butcher), Davis (Shane Kippel) y Angel (Mateo Morales), se conocen y traban amistad. Juntos hacen una especie de grupo de defensa frente a los abusivos de la prisión y los policías.

 

Mateo Morales, Shane Kippel y Adam Butcher en el papel de Angel, Davis y Butch, al llegar a la prisión

 

Lo que sí hay que señalar son los actores y su trabajo. A través de ellos, Chapiron presenta personajes con pocos estereotipos. Se agradece que se olvide de la banda de blancos, latinos o negros que se juran lealtad por el color de la piel. Aunque sí señala el racismo que existe al interior de la cárcel (entre prisioneros y de parte de los policías), es más interesante su representación de los internos rechazados por todos: no sólo los extranjeros, sino también los deformes, los demasiado débiles, los obesos. Además, Chapiro recurre a la actuación de algunos ex detenidos, como Taylor Poulin (Banks), o a actores amateurs, que no tienen aún ningún vicio. El director mismo, al no tener mucha experiencia (es apenas su segundo trabajo, después de la película de horror Sheitan, 2006), gracias a estos recursos puede montar un escenario con lujo de detalles. El ambiente, las instalaciones de la cárcel, los objetos y el resto de los personajes secundarios son de una gran riqueza y realismo: desde los trabajos de limpieza hasta el papel de los policías.

Así, una de las escenas mejor logradas se desarrolla en los dormitorios, cuando Davis (Shane Kippel), cuenta a todos los detenidos, quienes se encuentran por dormir, sobre una aventura sexual imaginaria. Mientras va contando su fantasía, el resto de los detenidos exclama, se emociona, escucha con atención. Para Davis es como un triunfo, logra la atención de todos sus compañeros y que lo sigan en su relato.

 

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