Folclor y engaño irlandés
11 diciembre, 2011 § Dejar un comentario
Seguramente de niños creyeron en hadas, monstruos debajo de la cama, duendes y tréboles de cuatro hojas. Recuerdo que mi tía María (ya saben lo que dicen, todos tenemos una María en la familia) tenía un jardín que cuidaba con mucho esmero y en él había tréboles. Siempre que íbamos a visitarla, lo primero que hacía era correr hacia el jardín para buscar el famoso trébol de cuatro hojas. A mi tía le encantaba ver esa inocencia de niño que se cree todo lo que lee en los cuentos pero no le gustaba que hurgase en sus plantas quizás por miedo a que se las maltratara, así que para defender a su jardín de las manos destructoras del sobrino, solía decir “El trébol trae suerte a su portador, pero para que funcione tiene que encontrarse accidentalmente o te lo tiene que dar en persona un duende irlandés” Al rato ya le hacía un poco de caso a la tía pero me paseaba a menudo por el pasto con la esperanza de “accidentalmente” tropezarme con la plantita.
Mi padre decía que los “duendes irlandeses” los hacían invisibles al ojo humano y que sólo si mirabas con mucha atención podrías encontrarlos. Así que de niño pensaba que si algún día iba a Irlanda, tendría la posibilidad de pedirle al duende que me regalase un trébol.
En marzo de 2009, justo ante de las celebraciones de San Patricio, tuve la oportunidad de ir a la isla por un par de días y me di cuenta de que mi tía María y mi mismísimo padre me habían tenido engañado toda mi infancia… los duendes no existen.

"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante." Oscar Wilde

Después de un viernes de borrachera (o lunes, o martes o miércoles...) hay máquinas limpiando los vómitos de las calles.
- Irish today, hangover tomorrow






















