admirar una copia

29 junio, 2010 § Dejar un comentario


Abbas Kiarostami (dir. y libreto), Copie Conforme (رونوشت برابر اصل ; Roonevesht barabare asl, persa; Copia conforme, esp.), Juliette Binoche (Ella), William Shimell (James Miller), Francia, Italia, Irán, MK2 Productions, 106 mins.

Una “Imitación de una obra ajena, con la pretensión de que parezca original” o “Obra de arte que reproduce fielmente un original” son copias. En la jerga jurídica, una copia conforme es el documento que reproduce en todos sus términos otro, considerado original. Aunque parezca extraño, este es el argumento de la última película del director de cine iraní Abbas Kiarostami, con Juliette Binoche en el papel principal.

El argumento es muy simple. Una vendedora de arte francesa (de copias, más precisamente) y un escritor inglés se conocen en Toscana. Es la primera vez que se ven, aunque ella sabe de él a través de sus libros. La patrona de un café en el que se detienen a platicar, los toma por marido y mujer, y ellos deciden aparentarlo, y seguir con la farsa, con la “copia conforme” de matrimonio. La historia que resulta revela muchos de sus miedos, de sus anhelos de la vida que tendrían o que quizás tienen e incluso todos los recuerdos, recuerdos de años, de toda una vida pasada. Como si de la nada hubiera surgido un par de vidas ligadas por el amor y que el tiempo fue acostumbrando a la rutina. Mientras el argumento se va desarrollando, sin mayores cambios hasta lo ahora dicho, la duda sobre si son marido y mujer crece en el espectador. Al inicio de la película la naturaleza de la relación parece clara pero poco a poco, la duda se instala. La única certeza que tenemos es que él debe tomar un tren, pero nada más nos dice cómo y cuándo va a acabar o acabó esa relación.

Podríamos decir que Kiarostami utiliza un método inverso al resto de las peliculas en su estrategia narrativa: en lugar de resolver las dudas, de aclarar la situación de los personajes o de llevar a un punto de tensión la historia que los involucra, decide ir borrando esa historia, hacerla confusa, lograr que el espectador dude de lo que él mismo ha visto y hacerle creer una actuación dentre de la actuación. Es como un juego de espejos en el que se reflejan los personajes y Kiarostami ofrece precisamente ese reflejo, y no la actuación en sí misma. No por nada la escena mas significativa, pero que al mismo tiempo revela menos, se desarrolla frente a un espejo.

Copia conforme de la historia de un matrimonio, de una relación de pareja. Otros detalles van reforzando la idea central del drama argumental. Al momento de pasear por Florencia, la cámara no realiza planos fijos de esta hermosísima ciudad. Sólo nos da una idea el reflejo en el parabrisas del automóvil. En él se distinguen las estrechas calles y los altos palacios e iglesias renacentistas toscanas.

A estas escenas, se agrega la tan celebrada atmósfera toscana, clara y llena de sol. Un último detalle lo agregan los actores al desarrollar sus diálogos en tres idomas, con la dificultad que esto implica: el inglés, el francés y el italiano, se alternan, dándole una sonoridad que sólo recuerdo haber sentido en Farinelli (Gerard Corbiau, 1994).

Este es un film para contemplar, en todas sus posibilidades. Los colores son intensos, como si fueran hechos de una sola pieza. Y la ambigüedad de la historia es un reto para los actores, del que salen excelentemente librados.

Copia de un matriomonio

Para ver los cortos, hacer click aquí.

…e l’ultima volta che vidi Firenze

23 octubre, 2009 § Dejar un comentario


La Plaza Santa Maria Novella, recién restaurada

La Plaza Santa Maria Novella, recién restaurada

El pasado 9 y 10 de octubre estuve otra vez en Florencia. Me obligaban a ir dos motivos: uno práctico (la cuenta bancaria en donde recibía mi beca debía ser cerrada) y otro académico (una Jornada de estudios en memoria de Yan Thomas). De la segunda me ocuparé otro día: volvamos a Florencia.

Volver fue una experiencia nostálgica. La ciudad que tanto detesté se mostró con una peculiar faz. Descubrí que la extrañaba, pero que al mismo tiempo, no estaría fácilmente dispuesto a vivir de nuevo en ella. Esa ciudad rehén del turismo, abandonada de sus habitantes que paradójicamente aún viven en ella, ese otro de los innumerables cadávares de Italia (Agamben dixit), como que quiso mostrarme el acuerdo al que nunca llegamos. Y me pareció lejanamente bella. Como una combinación entre el sentimiento amargo que despiertan en mí los recuerdos, la gente con alas en la espalda que se cruzó en mi camino y ese otro sentimiento (creo que lo llaman experiencia histórica) de tristeza y curiosidad sobre la grandeza que sabemos tuvo lugar en esa ciudad.

Calles, plazas, iglesias, puentes, palacios… Todo lo vi un poco más familiar y en una especie de cámara lenta. Los problemas agudizados, pero el ambiente más dulce que de costumbre. Hubo otras circunstancias que volvieron esta visita así de peculiar. La primera, tuvo lugar en Roma. Cuando tomé el tren en la estación Termini, tuve una impresión muy parecida a la primera vez que llegué ahí en diciembre de 2002: mucha gente, mucha mucha gente caminando sin sentido por todos lados; turistas perdidos, romanosapresurados, pedigüeños, policías y trabajadores se atropellaban y se cortaban el paso. Ahora que me iba por penúltima vez de Roma, de nuevo ese mar de gente, ese rumor ensordecedor de tantas personas hablando, gritando y cantando al mismo tiempo, como coro desafinado.

La segunda circunstancia consistió en reencontrarme con todos esos sitios que frecuenté en Florencia. Recordar que recordaba. Cuando en 2008 llegué con mis padres a la estación Santa María Novella, recordé mi primera visita a Florencia en 2002. En esta ocasión, cuando volví a salir de la estación, recordé que cuando en 2008 llegué con mis padres, recordé mi primera visita a Florencia en 2002. Como si estuviera ante un cuadro cuyo cristal protector me refleja, pero es la tercera vez que veo el cuadro, en un lapso de siete años. Y caminar por la derruida Florencia, por ese cadáver hermoso. Por esas calles que se abren cada día más y que azotan los automóviles cuando pasan sobre ellas. A través de los regimientos de japoneses y las hordas de gringos en la Plaza de la Señoría.

Una buena noticia sí hubo. Los arreglos enfrente de la iglesia de Santa María Novella, del otro lado de la estación, ya terminaron. Y, curiosamente, Spiegel im Spiegel, la vi como estaba la primera vez.

firenze un’ultima volta

7 mayo, 2009 § Dejar un comentario


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Los frescos en el interior de San Donato in Polverosa. Les fresques à l'intérieur de San Donato in Polverosa

La primera vez que visité Florencia, en el que comienza a ser el lejano año de 2002, me llevé una impresión de una ciudad fría y señorial. Me gustaba compararla a una gran dama elegante y frívola. Nunca imaginé que viviría en ella, aunque sea una corta temporada. Seis años después regresé, con el ánimo en todo lo alto, dispuesto a pasar un año. Con la ayuda de mis padres, un departamente amplio en la bolsa y una hermosa ciudad alrededor, supuse que sería un año de recuerdos maravillosos.

E purtroppo no… Me voy de Italia con un amargo sabor de boca. Descubrir la Italia profunda, fuera de las visitas turísticas, es una experiencia agridulce. Ser testigo del racismo, del desorden, de la corrupción y de la indolencia que azotan a esta hermosa región de Europa me deja más dudas que nunca sobre los parámetros para medir un país de primer mundo y uno en vías de desarrollo. Tengo que conceder que mi impresión se debe a un malestar laboral, en primerísimo lugar, y en segundo lugar, como lo pude ir confirmando poco a poco, a un gobierno municipal descuidado. Salir de Florencia y visitar algunas de las ciudades vecinas confirma que la única actividad propia de la ciudad es el turismo. Que los florentinos viven bajo la bendición de la temporada alta mientras pavimento, edificios públicos, parques y basureros se caen a pedazos. Cuando la gente me envidiaba mi estancia florentina, dentro de mi cabeza confirmaba el poder y la influencia de la celebridad fotogénica de la ciudad.

Como suele suceder, el último día se valora más lo que se pierde. Mientras viajaba en el autobús rumbo a la estación Santa María Novella, para tomar el tren que me traería a París, observaba la calle y descubría pequeños negocios y rincones que no había visto. “¡Aquí había una farmacia”, “Qué lindo café se ve aquél”. O como la iglesia de San Donato in Polverosa, insignificante al lado del resto de las iglesias del centro, que nunca había visitado porque me parecía de poca importancia, pero que conserva frescos interesantísimos del siglo XIV, y nunca tiene turistas. Sólo para abundar un poco en las celebridades olvidadas de Florencia, una leyende quiere que el verdadero origen de la ciudad se encuentre en esta iglesia. Bajo ella estaría enterrada una cierta princesa pagana que trajera a los primeros religiosos cristianos a la diminuta ciudad de Florencia. Algunos cientos de años después, el 2 de febreo de 1188, el arzobispo de Ravena vestía con la cruz a la tercera expedición cruzada. El ejército recibió la bendición en esta iglesia, hoy rodeada de feos condominios.

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El parque delle Cascine-Le parc delle Cascine

Me quedo con la gente. Me quedo con Mario, por ejemplo, quien me vendió una bicicleta e inmediatamente se gravó mi nombre. Sólo nos hablamos en tres ocasiones (cuando me vendió la bicicleta, cuando volví para comprarle un candado y cuando volví por segunda vez para pedirle una pequeña reparación) y la última vez me despidió emocionado, deseándome un buen viaje. Me quedo con la patrona del café frente a mi edificio, que en la última semana prácticamente me adoptó y sólo de verme me tenía listo un caffé lungo, como me gusta: “ti mancherà questo baretto”, vas a extrañar este baresito, me sentenció con una sonrisota. Me queda con las patronas de la panadería bajo mi edificio, que sorprendidas de lo rápido que había pasado mi estancia, me preguntaron ci veddriamo un giorno ?, ¿nos veremos otra vez?

Me fui de Florencia, en fin, contento y triste al mismo tiempo. Enojado con las istituciones, por el tiempo que perdí y las bibliotecas que no visité (y que se arruinan cada día más). Enternecido por la espontaneidad de la gente y su capacidad para emocionarse.

Florencia es un cadáver perfumado. Si he de volver, espero no sea para vivir ahí. La Florencia que conocí en el 2002 nunca fue o ya no existe más.

firenze un’ultima volta

7 mayo, 2009 § Dejar un comentario


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La Via di Novoli. Florence n'est juste art de la Rennaissance, elle est aussi le monde réel. Florencia no es sólo arte renacentista, también es el mundo real

La première fois que je suis allé à Florence, en l’année de plus en plus lointaine du 2002, j’ai eu l’impression d’une ville froide et majestueuse. Je m’amusait à la comparer à une grande dame élégante et frivole. J’avais jamais songé à y habiter, même une courte saison. Six ans après je suis revenu, avec l’esprit haut, avec toute la disposition d’y séjourner une année. Avec l’aide de mes parents, un appartement ample empoché et une très belle villes autour, je pensait à une année à des souvenirs merveilleux.

E purtroppo no… Je quitte l’Italie avec une impression amère. Découvrir l’Italie profonde, au delà des visites touristiques, est une expérience aigre-douce. Être le témoin du racisme, de la désorganisation, de la corruption et de l’indolence qui s’abbatent sur cette belle région de l’Europe me font réfléchir à propos des critères pour qualifier un pays du premier monde et du tiers. Je dois accepter que ma mauvaise impression est due à l’origine à une malaise laborale et, en suite, comme je l’ai pu confirmer peu à peu après, à un gouvernement municipal peu soucieux. Sortir de Florence et voir les villes voisines confirme que la seule activité généralisée dans la ville consiste dans le tourisme; que les florentins vivent sous la bendition de la haut-saison tandis que le pavée, les édifices publics, les parques et les poubelles tombent en morceaux. Quand les gens enviaient mon séjour florentin, dans ma tête je confirmait le pouvoir et l’influence de la célébrité photogénique de la ville.

Comme il arrive souvent, on estime mieux le dernier jour ce que nous allons perdre. Lors de mon parcours vers la station Santa Maria Novella, afin de prendre le train qui m’amenerait à Paris, j’observait la rue et découvrait des petits négoces et recoins que je n’avais pas vu. “Voilà une pharmacie”, “Il est beau ce café”. Ou par exemple, l’église de San Donato in Polverosa, insignifiante à côté du rest des églises du centre historique, que j’avais jamais visitée car moi-même la considérait de très peu d’importance, mais qui garde des fresques qui remontent jusqu’au XIVè siècle, et qui n’a jamais des touristes. Juste pour abonder un peu sur les célébrités oubliées de Florence, une légende veut que le véritable origine de la ville se trouve lié à cette église. En sous serait inhumée une certaine princesse païenne qui aurait fait venir les premiers religieux chrétiens à la minuscule ville de Florence. Quelques centaines d’années après, le 2 février 1188, l’archevêque de Ravenne donnait la croix à la troisième armée croisée. L’armée reçut la bendition dans cette église, aujourd’hui entourée d’horribles HLMs.

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L'église de San Donato in Polverosa-La iglesia de San Donato in Polverosa

Je garderai le souvenir des gens. Ce de Mario, par exemple, qui m’a vendu un vélo et il a instantanément apris mon nom. On a parlé juste en trois occasions (quand il m’a vendu le vélo, quand je lui ai acheté un cadenas et quand je suis allé de nouveau pour une petite réparation) et la dernière fois il m’a dit au revoir émotionné, en me souhaitant un bon voyage. Ce de la patronne du café en face chez moi, qui dans la dernière semaine m’avais tout-à-fait adopté, et juste me voir elle préparait mon caffé lungo, juste comme il me falait : “ti mancherà questo baretto”, ce petit bar va te manquer, elle m’affirmait avec une grande sourire. Ce des patronnes de la boulangerie en bas mon édifice, qui surprises pour la vitesse dont mon séjour avait finit, elles m’ont demandé ci veddriamo un giorno ?, on va se revoir ? Et surtout, je reste avec le souvenir de mes amis à Milan, de leur goût pour la vie, de leur intérêt pour tout.

J’ai quitté Florence, en fin, content et triste au même temps. Faché contre les institutions pour le temps perdu et les bibliothèques que je ne suis pas visité (et que jour après jour s’abîment de plus en plus). Attendrit de la spontanéité des gens et leur capacité de s’émouvoir.

Florence est un cadavre perfumé. Si jamais je doit revenir, j’espère cela ne sera pas pour y habiter. La Florence que j’avais visité en 2002 n’a jamais été ou elle n’existe plus.

Navidad en Florencia

25 diciembre, 2008 § Dejar un comentario


Ayer fue Noche Vieja y la ciudad de Florencia se llenó de neblina. Era una neblina espesa pero agradable. Hacía frío pero no demasiado. Poco a poco, mientras avanzaba la noche, la neblina descendía más cerca del piso y envolvía los edificios más altos de la ciudad: el campanario del Giotto y la catedral. Sobre el río, la presencia de la neblina era prácticamente total. El Puente Viejo estaba completamente escondido y sólo se veían las luces de las joyerías que se encuentran sobre él.

Las fotos que pudimos hacer (más bien que hizo Siúl con su súper cámara Olympus) lo explican mejor. Verlo en vivo fue una de las maneras más curiosas de celebrar la Navidad.

La Catedral de Florencia y el Campanario de frente El Campanario del GiottoEl Campanario visto desde atrás

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