El peligro de la intimidad
16 septiembre, 2012 § Dejar un comentario
Ira Sachs (dir.), Keep the Lights On [algo así como No apagues la luz], Thure Lindhardt (Erik), Zachary Booth (Paul), basada en la novela Portrait of an Addict as a Young Man [Retrato de un joven drogadicto] de Bill Clegg, adaptada por Ira Sachs y Mauricio Zacharias, Thimios Bakatakis (fotografía), Arthur Russel (música)Alarum Pictures, Estados Unidos, 2012, 98 mins.
Mauricio Zacharias, escritor del libreto de Keep the Lights On, tiene bastante experiencia en estos temas. Trabajó antes en una espléndida producción brasileña, Madame Satã, biografía del travesti brasileño João Francisco dos Santos (1900-1976).
Por su parte, el director y escritor de esta película, Ira Sachs, ha trabajado constantemente sobre el SIDA. Su película Last Adress, sobre un grupo de artistas neoyorkinos que murieron de SIDA, forma parte de las colecciones permanentes de los museos MoMA y Whitney Museum of American Art.
De ahí que su último trabajo haya sido esperado con cierta ansia. Y no le ha ido mal. Keep the Lights On ganó el premio a mejor libreto en el Outfest 2012 de los Estados Unidos, el ”Teddy Award” del Festival Internacional de Berlín y del Festival de Sundance, ambos otorgados a las mejores películas de temática gay.
La historia es simple: dos hombres jóvenes, Erik (Thure Lindhardt) y Paul (Zachary Booth) se conocen y, contra toda expectativa, se enamoran. Con una fuerte dosis autobiográfica, Sachs narra diez años de la vida en común de la pareja. Paul, abogado en una editorial, parece ser el más estable. Erik, cineasta en ciernes que trabaja sobre Avery Willard, un oscuro personaje del cine neoyorkino, es abiertamente gay desde adolescente y parece ser la parte débil de la pareja: es muy sensible y al mismo tiempo tiene inclinación por los encuentros casuales. Sin embargo, la adicción al crack de Paul marca la pauta de la relación.
Desde el primer momento en el que Erik muestra su adicción, la pareja queda envuelta en un velo negro de incertidumbre. Como esas enfermedades terminales que, si bien no matan inmediatamente, al mismo tiempo esconden la esperanza de sanar. Y agrega cada día más capas a la esperanza, dejándola inaccesible.
La historia no es sobre el amor explosivo, pasional y lleno de sexo nacida a primera vista. Tras las primeras escenas, se convierte en la historia del tiempo que estuvieron juntos. En ese sentido es una verdadera historia de amor, de su estabilidad. A pesar de ser la opción menos racional, Erik se mantiene al lado de Paul.
Salvo un par de detalles, Sachs no aborda las particularidades de la pareja gay. El problema sobre la aceptación de la sexualidad es despachado en dos frases para uno y otro personaje. La película trata llanamente sobre una pareja. Sin más.
Lo único que podría reprocharle es su excesiva pulcritud. Demasiado perfecto para ser verdad, dicen por ahí. Incluso nos ahorramos las escenas en las que Paul se droga. En esos momentos, el personaje desaparece durante algunos días y, en cambio, la cámara sigue a Erik en su angustia por saber dónde está su pareja. Una sola escena muestra esos fondos sórdidos de la droga. Tras encontrar a Paul encerrado en una lujosísima habitación de hotel, manteniendo una dieta de vodka, crack y prostitutos, Erik – con el rostro cansado de llorar, el alma hecha pedazos – decide no abandonarlo, e incluso matiene la mano de Paul entre las suyas, mientras un prostituto desquita la tarifa que recibió minutos antes.
En resumen, como escribe Michal Oleszczyk, con esta película Ira Sachs recupera su lugar como un observador privilegiado de los peligros de la intimidad.
Merecen mención aparte el fotógrafo griego Thimios Bakatakis, quien estuvo por primera vez en Nueva York para filmar esta peli, y la música del compositor Arthur Russel, de su álbum Sui Generis. Bakatakis logra tomas que evitan la típica estetización de Nueva York y se acercan a los cuerpos y a las reacciones de los personajes.
No olviden visitar el sitio oficial, que incluye un blog, noticias sobre Nueva York gay y sobre Avery Willard.
Tóxicos
8 agosto, 2012 § Dejar un comentario
David Lambert (dir.), Hors les murs [Tras los muros], Guillaume Gouix (Ilir), Matila Malliarakis (Paulo), David Salles (Édouard), Mélissa Désormeaux-Poulin (Anka), Francia, Bélgica, Canadá, Frakas Productions, 2011
Dicen por ahí que las grandes historias de amor terminan mal. Otras terminan en el olvido, perdidas, sin un momento concreto en el que pueda decirse que finalizan ahí, precisamente en tal o cual momento finalizan. Son relaciones extrañas, tristes por antonomasia.
Paulo e Ilir intentan rescatar algo de lo que tuvieron. El que más insiste es Ilir. Su historia tiene mucho de improbable. Surgió así, sin más, de la fragilidad de Paulo y de la franqueza de Ilir. Paulo, joven pianista, más bien mediocre, que se gana la vida tocando en proyecciones de cine mudo; ambiguo en todos los aspectos… Esconde bien su edad, entre niño y adulto, con rasgos femeninos y masculinos. Ilir, inmigrante albanés, bajista en un grupo local, que se gana la vida sirviendo en un bar. Su pasado no ha sido miel pero que pudo haber sido peor.
Una historia completamente banal, que pudo haber sido protagonizada por cualquier otra pareja heterosexual u homosexual. Paulo e Ilir tuvieron primero un encuentro sin compromisos y después se enamoraron. A tal grado que Paulo decide dejar a su novia, Anka, para mudarse con Ilir… sin avisar. A pesar de la resistencia inicial de Ilir, construyeron rápidamente una relación tóxica.
Los tonos románticos que constituyen el primer acto de la película dan paso al drama del segundo. Si en la primera parte se trata del nacimiento del amor, en el segundo ocurre su muerte. Tras un par de escenas, algunas de humor casi inocente, llega la ausencia, la sorpresa, el desenlace imprevisto: Ilir es condenado a 18 meses de cárcel. Inicia el tercer acto: un intento de resurrección. Los papeles se invierten. El Ilir dominante ya no existe y tras salir de la cárcel se encuentra con un Paulo diferente. El personaje inseguro ha encontrado refugio y confianza.
La película de David Lambert, su primera, tiene la virtud de las historias sencillas. El relieve de la película viene de los personajes, como en las obras de teatro. Paulo, parecido a un pichón caído del nido, con dificultades para aceptar su sexualidad, busca un protector. E Ilir, independiente y fuerte, aparentemente no busca nada ni nadie. Los papeles se invierten a lo largo de la película con gran realismo. Pero sobre todo, es la banalidad de la historia la que da una nota de nostalgia. El ambiente en el que está filmada la historia es otra metáfora. No hay nada seguro en ese cielo o en esa atmósfera azulada. La amenaza de la lluvia está siempre ahí, como el final de la relación.
Hay que subrayar la presencia de la actriz Mélissa Désormeaux-Poulin, a la que ya habíamos visto en Incendies en el papel de Jeanne, la hija de Nawal Marwan.
La película compitió en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, competencia paralela, en la que ganó el premio “El riel de oro”, otorgado por el Grupo de Ferrocarrileros Cinéfilos.
ritos y diferencias
15 abril, 2012 § Dejar un comentario
Andrew Haigh (dir.), Week-End [Fin de semana], Tom Cullen (Rusell), Chris New (Glen), Reino Unido, The Bureau, Glendale Picture Company, 97 mins.
En general, podríamos afirmar que los homosexuales tienen pocas representaciones cinematográficas similares a los dramas comunes y corrientes “heterosexuales”. Representaciones más realistas pueden encontrarse en películas como Philadelphia (1993) de Jonathan Demme y Broke Back Mountain (2005) de Ang Lee, las que quizás marcan un antes y un después en el cine comercial, por ser películas de temática gay muy comercializadas.
La forma de abordar el tema de la homosexualidad pasa por la lucha política, como en Harvey Milk (2008) de Gus Van Sant, biopic muy relevante sobre el influyente político californiano, o por la denuncia social, como en Boys Don’t Cry (1999) de Kimberly Peirce; por la psicología de los adolescentes, como en la inglesa Beautiful Thing (1996) de Hettie MacDonald, la belga Ma Vie en rose (1997) de Alain Berliner, o la argentina XXY (2007) de Lucía Puenzo; o por medio de tragicomedias como I Love You Philipp Morris (2009) de Glenn Ficarra y John Requa, Beginners (2010) de Mike Mills y más recientemente la francesa Tomboy (2011) de Céline Sciamma.
Andrew Haigh, por su parte, ofrece una historia más intimista. La mayoría de las películas que mencionamos arriba tienen una fuerte carga de lo que me gustaría llamar “responsabilidad pública”. Es decir, en las historias el aspecto de la publicidad tiene un peso muy grande y definen en todo o en parte el desenlace: una agresión, una campaña política, un barrio o un entorno homofóbico, una malformación genética… . En Week End el aspecto público de la sexualidad se da por sentado. Haigh no se interesa por los padres, la familia o los amigos de los personajes gays que se salen del clóset. Se interesa, en primer lugar, por la importancia que tiene para sus personajes ese “rito de iniciación” que consiste en decir: “Mamá, papá, familia, amigo, soy gay. Me gustan los chicos, no las chicas”.
En un fin de semana, la vida de Rusell y Glen va a quedar profundamente marcada. Ambos son homosexuales y, cada uno a su manera, busca su lugar en el mundo. Rusell de manera más bien discreta, sin darle mucha importancia a su homosexualidad. Glen con una militancia muy personal, sin caer en los estereotipos. Ambos son muy distintos: Rusell es deportista, vigilante en una piscina y muy detallista. Glen fuma, es artista y pragmático en la vida cotidiana.
Los dos se conocen durante una noche de copas, terminan haciendo el amor y la conversación del día siguiente – la que Glen quiere grabar en todos sus detalles para un “proyecto artístico” sin determinar” – los llevará a una relación de tan sólo dos días, pero tan intensa como si fuera de años. Llega un momento sorpresivamente difícil para ambos, el de la separación, en el que tienen que reconocer sus sentimientos a riesgo de negar sus propias convicciones, por distintas que ellas sean.
En palabras de Haigh, se trata de una historia simple, que busca encontrar una especie de inocencia entre dos personas que buscan el amor, de alguno u otra manera. Y lo encuentran precisamente en sus diferencias, como si el uno y el otro encontraran una parte que les hace falta en cada uno, precisamente en aquéllo que son diferentes. La primera mañana en la que despiertan juntos, Rusell le dice a Glen – quien está grabando su “entrevista” – : “Siento no haber estado a la altura de tus expectativas”. Es el momento en el que ambos hombres se dan cuenta de que sus expectativas están puestas en sí mismos, y no en el mundo exterior, aunque no lo admitan inmediatamente.
Y en mi opinión, una historia pequeñita, que dice tanto.
No olviden echarle un ojito al sitio oficial, que me parece muy, muy, muy, muy elegante, como la peli misma, que fue galardonada en hartos festivales. Y el trailer es por acá:
Postscriptum
Me quedé pensando toda la noche y todo el día de hoy en esta película. Platicando con Ratonet de algunos aspectos de la película, me di cuenta que me faltó hacer hincapié en la estabilidad. Me explico: los personajes, Glen y Rusell, buscan por vías distintas encontrar una relación estable. Quizás sea Glen el más recalcitrante a aceptarlo y Rusell parezca un romántico. Como sea, ambos buscan la estabilidad. Andrew Haigh no sólo lo pone en la boca de sus personajes, sino que también en la manera de filmar: la última escena donde Glen y Rusell hacen el amor, está filmada como cualquier otra escena de sexo heterosexual. En cualquier otra película sería “el camazo” de rigor, donde los protagonistas -heterosexuales- forzosamente tienen que tener relaciones sexuales. Pero en esta película, aunque a algunos les pueda parecer distinto por tratarse de una pareja homosexual, Haigh la presenta como si fuera una escena cualquiera entre las miles de escenas sexuales, más o menos explícitas, de las películas románticas de todo origen. En resumen: en su banalidad está su carácter excepcional, pues busca la estabilidad.
Por último, la psicología de los personajes es importante también. En ningún momento de la historia los personajes se dicen “Te amo”, aunque parece que estén a punto de hacerlo (lo siento por el spoiler). Ya dijimos que parecen complementarios, lo cuál sería muy sencillo para la historia. En cambio, la separación es un hecho fatal, en el sentido de que es inevitable y el hecho de haberse conocido es más bien doloroso, dado el momento en el que sus caminos se cruzaron. En dos días Glen debe partir para instalarse en los Estados Unidos, y no sabe si volverá a Inglaterra. Pero además, la situación de cada uno está definida por su pasado. Rusell no ha tenido el “rito de iniciación gay” que consiste en salirse del clóset frente a su familia, por la sencilla razón de que es huérfano. Su entorno laboral, profundamente machista, lo obliga a ser más o menos discreto. De ahí que no tenga un grupo de amigos gays y sus experiencias sexuales las plasme en un diario íntimo, que nadie más que él – y más tarde Glen – conoce.
Por el contrario, Glen, quien sí se salió del clóset, gozó de una educación más o menos privilegiada y sus conocimientos le permiten asumir una actitud cínica frente al ambiente gay. Para él, los gays no son distintos a los heterosexuales: son exactamente los mismos cretinos e hipócritas. La única diferencia es que bailan más. Su búsqueda de estabilidad, al contrario de las apariencias es más sentimental que la de Rusell, sólo que la enmascara en un halo de intelectualidad y actitud artística. De ahí su misterioso proyecto que consiste en entrevistar a sus compañeros sexuales la mañana siguiente. No sabe qué hará con estas entrevistas, pero el siente la importancia de recopilar sus experiencias.
La – un poco larga – discusión que mantienen a media película, los lleva a la misma conclusión por medios distintos. Rusell desea la normalidad de las relaciones homosexuales mediante la armonización de la sociedad, por la aceptación pacífica de unos y otros. Glen la desea mediante el militantismo y el reconocimiento del pecado machista de la sociedad en general, y de la superficialidad del mundo gay. Detrás de ambos discursos se encuentra, simplemente, la soledad empedernida de uno y las heridas pasadas de otro.
Be whatever you wish to be
28 junio, 2010 § Dejar un comentario
The Gay Pride Festival is an international celebration of diversity and a whole lot of fun. The event is focusing on the human rights of gay people around the world. It allows people to express their individuality. It shows the great diversity of the LGTB (lesbian, gay, bisexual, and transgender) with people of all ages, ethnicities and economic backgrounds marching in support of gay pride and gay rights.
The Paris Gay Pride is probably one of the biggest festivals in the world, where anything goes and frequently everything goes. It’s definitely the most colorful, glamorous and fabulous gay pride I’ve ever seen.
In many countries, being homosexual is worse than being a common criminal. This year there was a group raising awareness about the hate crimes that continue to take place against gays and lesbians – many of which have gone unsolved. This group was walking for those who no longer can walk.
The gay pride festival is much more than saying “I’m gay”, it’s about the struggle for social acceptance and legal protection. It’s saying yes to fairness, yes to justice and yes to civil rights.
Today I saw people from a great number of nations and just in case you’re wondering, “yes” most of the people in this parade are gay but they point out that they are also your family, your friends, your coworkers, and your neighbors. They are “like everybody else”, however they don’t bare the same rights. If you just look out your window you’ll find out that we’re not all the same. Because if we are all born the same why are you not also gay? Let’s not pretend gay people don’t exist. I mean, I haven’t seen this many gay couples in Paris since… mmm what time is it?
Say yes to peace, love and equality. Support gay rights.
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hola. soy harvey milk y estoy aquí para movilizarlos…
6 abril, 2009 § 2 comentarios
Milk, Gus Van Sant (dir.), Dustin Lance Black (libreto), Sean Penn (Harvey Milk), Emile Hirsch (Cleve Jones), Josh Brolin (Dan White), Diego Luna (Jack Lira), James Franco (Scott Smith), Alison Pill (Anne Kronenberg), Victor Garber (alcalde Moscone), Estados Unidos, Focus Features, 128 min.
Ciertos personajes han marcado la vida de millones de personas, aunque estas no lo sepan. Algunas situaciones personales trascienden el ámbito de lo privado y se vuelven una lucha social. A pesar de la ignorancia que podamos tener (iba a escribir sufrir, pues más que tener, la ignorancia se sufre) de la vida de estos personajes o de las luchas sociales que encarnamos, sin darnos cuenta nosotros mismos somos parte de sus triunfos o de sus derrotas. Hoy quiero escribir sobre uno de los triunfos.
Harvey Milk fue consejero en la alcaldía de San Francisco en los años setentas. Fue asesinado antes de terminar con su primer encargo por Dan White, minutos después de que el alcalde Moscone había muerto también asesinado. Al parecer, su asesinato no tuvo otro móvil que la venganza profesional, pero según parece la sentencia que su asesino recibió estuvo atemperada por una cierta actitud homofóbica de parte de sus juzgadores: Dan White fue declarado culpable de asesinato involuntario y recibió cinco años de prisión. Porque Harvey Milk fue el primer funcionario de elección popular abiertamente homosexual de los Estados Unidos. Su elección tiene como antecedente una larga campaña política que lo llevó cuatro veces a proponerse como candidato hasta lograr ser electo. Su llegada a la alcaldía, con un discurso que abogaba abiertamente por los derechos de los homsexuales, conmocionó a una gran parte de la sociedad norteamericana de su tiempo. Al mismo tiempo que él y su equipo trabajaban en San Francisco, en otras ciudades estadounidenses diversas propuestas eran presentadas y aprobadas para retirar los derechos civiles y políticos de los homosexuales.

Harvey Milk en 1978
Los homosexuales eran vistos, en esas propuestas, como un peligro para la sociedad, violadores seguros de niños, desintegradores de la sociedad, y demás encarnaciones de Satán, Belcebú y Thalía juntos. Los despidos estaban justificados, así como la prohibición de votar y ser votado.
Sean Penn encarna a Harvey Milk en una notable actuación de un grande como él. El argumento de la película está centrado en la carrera política de Milk, sus campañas y finalmente el trabajo político en la alcaldía de San Francisco. Ahí, debe enfrentarse a una feroz oposición conservadora local y nacional. También se pone gran atención a su papel como promotor social de la comunidad gay de San Francisco, su labor de concientización entre los heterosexuales y la importancia de su obra en la toma de conciencia de una identidad entre la minoría gay. El todo está aderezado con la narración de su vida íntima en torno a sus dos últimas relaciones (una de las cuáles es encarnada por Diego Luna; actuación que no nos gustó).
Harvey Milk seguramente no fue el único ni el más importante de la lucha por los derechos de los homosexuales, porque en causas como estas no hay personajes ni más ni menos importantes. Pero sí fue uno de los más grandes. Su obra política y social es de aquéllas que nos marcan, aunque no lo sepamos. La aceptación y la libertad en la que hoy vivimos muchos homosexuales en algunos países y en algunas familias, es, en parte, resultado de luchas que encabezaron gente como Harvey Milk, y muchos otros que, en diferente escala, hicieron algo al respecto. Detrás de todos esos Harvey Milk hay millones de personas que se escondieron (y todavía queda una gran cantidad) por miedo no sólo a ser objeto de burlas, sino a ser heridos físicamente, sino asesinados. Porque nos dijeron que somos una anomalía de la naturaleza, que el placer sólo es posible entre hombre y mujer y está destinado a la procreación, porque los homosexuales son una degeneración y es pecado y porque Dios nos odia.
Ni escondite, ni burlas, ni heridas, ni asesinatos, ni anomalías, ni castrados, ni degenerados, ni pecadores, ni odiados de Dios. A esas personas que hicieron algo por nosotros, en el ámbito social, familiar o personal, hubo algo o alguien que los movilizó, como cada vez que Milk iniciaba sus discursos:
Hola. Soy Harvey Milk y estoy aquí para movilizarlos






