Héroe de familia

14 febrero, 2015 § Deja un comentario


Ruben Östlund (dir.), Snow Therapy (Turist), Johannes Bah Kuhnke (Tomas), Lisa Loven Kongsli (Ebba), Clara Wettergren (Vera), Vincent Wettergren (Harry), Kristofer Hivju (Mats), Fanni Metelius (Fanni), Suecia, Plattform Produktion, 120 mins.

Östlund - 2014 - Force MajeureLos tiempos pasados siempre fueron mejores, diría mi abuela. ¿Qué fue de esos jefes de familia valientes, viriles, fuertes, exitosos, que a los cincuenta años siguen dando hijos a sus esposas sin el menor rastro de cansancio? No existen más. Las madres de familia tendrán que resignarse porque entre la liberación femenina, la liberación gay, los metrosexuales y la crisis, el macho alfa, fundador y pilar de la familia nuclear y moderna está en franca extinción.

Y con él, la familia como la conocemos…

Una decisión no meditada puede provocar consecuencias desastrosas. Son raras las personas que logran tomar las decisiones correctas o, para no meternos en los terrenos pantanosos de la moral, las decisiones adecuadas, en toda circunstancia. Los héroes, reales o ficticios, se reconocen sobre todo por esta característica: el momento llegado, por sorpresivo que éste sea, son capaces de tomar la decisión adecuada. Entre los seres humanos comunes y corrientes, aquéllos que no somos héroes, las reacciones son simplemente naturales, espontáneas.

En su última película (titulada en Francia Snow Therapy, nada que ver con el título original Turist ni con el título para su promoción internacional Force Majeure) el director sueco Ruben Östlund, plantea el problema del héroe que cae. La caída del héroe se puede originar en una reacción inadecuada. El problema se agrava si existe una desproporción entre la reacción y la expectativa de las personas que rodean al héroe. Ejemplo: durante sus vacaciones en una lujosa estación de esquí francesa, Tomas, su esposa Ebba, y sus hijos pequeños Vera y Harry, son testigos de una avalancha que, por un breve momento, amenaza con sepultar el restaurante desde donde la están mirando. La avalancha no pasa a mayores pero, como gran parte de los clientes, Tomas se refugia en el hotel. Pequeño problema, en su huída dejó atrás hijos y esposa. Su cobardía, pero sobre todo sus constantes negativas para admitirla, ponen en crisis su matrimonio y la confianza de sus hijos en él.

téléchargement

En el relato de Östlund, fuertemente inspirado en el trabajo del cineasta austriaco Michael Haneke, el conflicto que sigue se origina en la expectativa de Ebba y de sus hijos. Si Tomas hubiera sido desde el principio un cobarde o, si al contrario, hubiera seguido siendo el héroe, no habría historia. En consecuencia, esta película no es tanto sobre valentía o cobardía; es una crítica inteligente contra la estructura tradicional de la familia: precisamente aquélla en la que el padre es el guía incontestado. ¿Por qué el varón debe seguir siendo el macho alpha?, ¿por qué la mujer debe ser insumisa?

La tragedia de esta historia es que la fragilidad de Tomas no sólo desata el enojo de Ebba, sino que también revela su propia fragilidad: al exigir de su esposo una demostración de virilidad, al mismo tiempo afirma su lugar como “mujer de”, lugar contra el que miles de mujeres han luchado durante tanto tiempo por liberarse para dejar de ser ese miembro de la familia que sólo es tomado en cuenta después del padre y de los hijos varones.

snow therapy

Gregory Coutaut, en una crítica publicada por Film de culte, la película está resumida en una de las primeras escenas: al llegar a la estación de esquí, Tomas, Ebba y sus hijos, posan sin convicción para un fotógrafo turístico. Las poses kitch que les pide el fotógrafo no son más que el anuncio de lo que la familia pretende ser. Ése es el mensaje: la familia es sólo una postura, un papel por interpretar. Tras ser testigos de una avalancha, y creer durante unos segundos que serían también las víctimas, la pose de tarjeta postal se vuelve imposible.

force-majeure

La sutileza de Östlund se ve incluso en la música. A lo largo de la película se escucha, irónicamente, un extracto del Concierto n° 2 en sol menor, Op. 8, RV 315, de Vivaldi. Conocido también como El verano.

 

El sueño del árbol

24 enero, 2015 § Deja un comentario


Este post lo publicamos originalmente en nuestro otro blog de música, El concierto de mi viejo.

Salvador Dalí, Dos piezas de pan expresando el sentimiento de amor, 1940, óleo sobre tela, 81.3 x 100.3 cm

Mi padre estaba fascinado con la música electrónica. Ingeniero de profesión, creo que veía en este género lo mejor de los dos campos que más le interesaban. Los músicos con instrumentos más parecidos a máquinas de ingeniería seguramente lo hacían soñar.

En su colección de discos había dos que escuchaba frecuentemente: Thief Le Parc, ambos de Tangerine Dream. “Son alemanes”, decía con aire de catador de vinos, sosteniendo alguno entre las manos. “Son pioneros de la música electrónica”, remataba. Los escuchaba frecuentemente, pero no como lo hacía, por ejemplo, con Jean-Michel Jarre. No que despreciara a Jarre, estaba entre sus favoritos. Pero tengo la impresión que artistas como Tangerine Dream eran más íntimos para él. Podía – y lo hacía frecuentemente – compartir con cualquier persona Jarre, la Manheim Steamroller – muy de moda en aquélla época – o Vangelis. Pero no era extraño encontrarlo escuchando solo Tangerine Dream cuando volvíamos a casa y que él hubiera llegado antes que nosotros.

Hieronymus Bosch “El Bosco”, El jardín de las delicias, detalle, 1500-1505, óleo sobre tela, 220 cm × 389 cm

Hoy me entero de la muerte de Edgar Froese, el líder y fundador de Tangerine Dream, ocurrida ayer viernes 23 de enero. Durante 2013 y 2014 me puse a escuchar sistemáticamente una colección de 100 discos producida y distribuida por admiradores de ese grupo, que se hacen llamar tadreamears. Se trata del proyecto Tangerine Tree, que es una verdadera maravilla de lo que puede hacer la devoción por un artista. En Tangerine Tree se encuentran recopilada probablemente la totalidad de los conciertos de Tangerine Dream y algunas grabaciones de estudio menos o nada conocidas. Los tadreamers las recuperaron y remasterizaron a partir de viejos casettes, dictáfonos y quién sabe qué otros dinasaurios tecnológicos. Al escuchar de nuevo sus composiciones teniendo en mente la época en la que fueron escritas, el carácter revolucionario de las composiciones de Froese resalta . En los primeros discos hay un ambiente surrealista y envolvente más marcado, hasta llegar a obras más melódicas como Thief y Le Parc, con un grqn un toque psicodélico.

En el artículo de Le Monde, dónde leí la noticia de la muerte de Froese, descubro un par de características que me hacen sonreir: primero, Froese cumplía años el mismo día que yo, lo cual sólo ayuda a mi ego al pensar que mi padre estimaba un artista del mismo signo zodiacal que yo. Segundo, la anécdota sobre el momento decisivo en la carrera de Froese, que habría ocurrido en 1967 cuando Salvador Dalí lo invitó a tocar para él en su villa en Cataluña. En aquélla ocasión, Dalí le habría dicho: “En el arte todo es posible, a condición que creas firmemente en lo que haces”. Sería la frase que lo decidiría a fundar Tangerine Dream.

M.C. Escher, Mano con esfera reflejante, litografía, 31.8 cm × 21.3 cm

Lo sorprendente de esta anécdota, es que para mi viejo el Bosco, Escher, Gaudí y Dalí formaban una especie de santísimo cuarteto del arte. Si de Escher le atraían los patrones matemáticos repetidos hasta el infinito, de Gaudí los patrones vegetales descubiertos gracias a las matemáticas, del Bosco y de Dalí contemplaba el aparente caos y las desviaciones de la realidad. Pero entre la música de Tangerine Dream y las creaciones de esos cuatro artistas, lo que le hacía gozar eran las desviaciones de la imaginación.

Antoní Gaudí, La Sagrada Familia, Barcelona, Source

En Soundcloud se encuentra multitud de remix de Tangerine Dream. Basta con hacer una búsqueda “Tangerine Dream remix” y se encuentran joyitas como ésta:

El escultor de Felipe II

23 enero, 2015 § Deja un comentario


Margarita Estella, « Pompeo Leoni. A Sculptor in the Service of the Court of Philip II ». In Leone and Pompeo Leoni. Faith and Fame, 24‑52. Madrid: Coll & Cortés, 2013.

La versión original de esta entrada la publicamos en nuestro blog en français, Lectoolique.

El Greco, Portrait supposé de Pompeo Leoni, huile sur toile, 94x87 cms., collection privée. Source

El Greco, Portrait supposé de Pompeo Leoni, huile sur toile, 94×87 cms., collection privée. Source

En la historiografía especializada, la obra de Pompeo Leoni es frecuentemente considerada como menor, al lado de la de su padre Leone. En este ensayo, Margarita Estella propone revalorar su trabajo mostrando las particularidades de la biografía de Pompeo y los ejemplos más importantes de su obra, casi toda realizada en España (p. 24). El trabajo de Estella es rico en detalles y muy técnico. Sin embargo, la autora da mucho espacio a las relaciones maritales de Pompeo, quizás para subrayar el parecido con su padre, Leone, quien protagonizó numerosos escándalos.

Pompeo_leoni,_medaglia_di_don_carlos_infante_di_spagna

Pompeo Leoni, Médaille de l’Infante don Carlos d’Espagne. Source

Así las cosas, nos enteramos que Pompo mantuvo durante mucho tiempo varias relaciones sin casarse. Al mismo tiempo mantuvo relaciones con dos viudas: doña Estefanía Pérez de Mora, originaria de Sigüenza y viuda de un italiano llamado Francisco. Probablemente se conocieron en Milán. De su primer matrimonio, doña Estefanía tuvo dos hijas: Catalina y Brígida, a las que Pompeo pudo arreglar sus matrimonios más tarde [p. 26]. Pompeo se casó efectivamente con doña Estefanía y tendrá tres hijos: Giovanni Battista (n 1564), Alfonsina Diamante Vitoria (bap. 1571) y Miguel Ángel  (bap. ca. 1573), con quien Pompeo tendra una profunda relación padre-hijo [p. 26]. Por otro lado, Pompeo tuvo otra relación con doña Mariana de Sotomayor. De este romance nació Pedro Leoni de Soto, minusválido (p. 27). Finalmente, deben mencionarse también dos niños nacidos de una relación con una tal Ginesa Villa : Teodora y Pompeo (p. 27).

No se conoce la fecha de nacimiento de Pompeo, pero se calcula que debió haber nacido hacia 1530. Murió en Madrid, el  9 de octubre de 1608. Se conoce muy poco sobre su madre, doña Diamante, mencionada en algunos documentos, como el testamento de Leone y los concernientes a un encargo de retrato al pintor Antonio Moro (p. 25).

Parecería que Pompeo aprendió su oficio en el taller de su padre. En 1549, viajó junto a su padre para trabajar en la corte imperial de Carlos V, en Bruselas (p. 28). Es una lástima que Estella no explique las razones por las cuáles fue persiguido a instancias del Inquisidor General don Fernando Valdés, juzgado en seguida por la Inquisición y condenado a la reclusión en un monasterio en 1558. El emperador Carlos en persona debió intervenir para liberarlo (p. 28).

A pesar de todos esos problemas, Pompeo comenzó lo que puede llamarse su carrera independiente. Se hizo cargo de una serie de retratdos de la familia imperia ya comenzada por su padre (p. 28). De hecho, desde 1557, la princesa Juana, regente de España en la ausencia de su hermano Felipe II, había establecido en un decreto que Pompeo quedaría al servicio de la corte (p. 28).

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Buste de Philippe II, roi d’Espagne. Source

Tras la instación definitiva de la corte real española en Madrid, Pompeo también se instala. Participa activamente a la vida artística de la corte y, en 1570, contribuyó a la deocración de la entrada triunfal de la reina Ana, cuarta esposa de Felipe II (p. 30). Es el comienzo de una serie de comandas reales que constituirán gran parte de su catálogo. Así, en 1571, recibió la comanda de un pedestal para el arco del relicario de san Eugenio en Toledo (p. 30). En 1574, Pompeo ejecuta el monumento funerario de la princesa Juana de Austra, la única mujer jesuita de la historia (p. 32). Siguen las comandas para la tumba de don Fernando Valdés – el mismo que lo había perseguido en la Inquisición – y la de los padres de éste en 1576 ; la tumba del obispo de Plasencia, la tumba del Canciller de Castilla, don Diego de Espinosa, en 1577 (p. 33-34), etc.

Sus trabajos en El Escorial forman parte de la última etapa de la construcción ordenada por Carlos V en 1563, y comenzada en 1567 (p. 34). En 1573, el arquitecto Juan de Herrera present[o al emperador los planos para el altar principal de la iglesia, en el que serían colocados los bronzes encargados a Leone Leoni. En 1579, Pompeo firmó el contrato de colaboración con Jacome Trezzo y Juan Bautista Comane, para la construcción del altar (p. 35). A pesar del desacuerdo de Trezzo, el contrato estipulaba que las obras serían ejecutadas fuera de España, a falta de materiales y de artistas capaces. También estaba establecido que serían presentados al rey los modelos de los bronzes para pedirle su acuerdo (p. 35). Un documento datado en 1580, especifica que Jacoño Trezzo estaría encargado de la ejecución del tabernáculo de la iglesia, Leoni de los bronzes y Comane de los bronzes y de los mármoles (p. 35).

El trabajo para el altar de la iglesia se retrasó cuatro años debido a las numerosas comandas que Pompeo recibió mientras trabajaba para el proyecto de El Escorial. En 1582, Pompeo volvió a Milán para supervisar los trabajos para el altar (p. 34). Su padre, Leone, en desacuerdo con los términos del contrato, rehusó trabajar con Pompeo. Por esta razón debió ejecutar prácticamente solo las figuras en bronce, con la única ayuda del artista Adrian de Vries, conocido en España como Adrián de Frías (p. 36). Para complicar las cosas, Trezzo fallece en 1589 y al año siguiente el padre de Pompeo (p. 41). Pompeo no terminaría su trabajo que en 1592.

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Juan Pantoja de la Cruz, Esculturas orantes de Carlos V y su familia (par Pompeo Leoni). Source

En 1597, Pompeo terminó el cenotafio de Carlos V y recibió una nueva comanda para realizar el de Felipe II. Felipe II no alcanza a ver terminado su cenotafio, pues muere en septiembre de ese año y Pompeo termina su trabajo en diciembre. Esas dos obras fueron trabajadas en los talleres de Jacopo Trezzo debido a la urgenica en la fecha de entrega. Pompeo tuvo que trabajar con otros artistas como el sobrino de Jacopo Trezzo, Trezzo el joven, Miguel Ángel Leoni, su propio hijo, Milán Bimercado, Baltasar Mariano, Antón de Morales o Juan de Arfe (¿o Arce?) (p. 44).

Los hijos de las Luces

14 enero, 2015 § Deja un comentario


Me encontré con este hermoso texto de la filósofa Corine Pelluchon, a propósito de lo que viene después de los atentados en Charlie Hebdo. Es un llamado emocionado e inteligente:

Somos los hijos del Siglo de las Luces, orgullosos y audaces

FRANCE-ATTACKS-CHARLIE-HEBDO-DEMOTras el terremoto provocado el 7 de enero de 2015 por la masacre de Charlie Hebdo, y poco después por la toma de rehenes en Dammartin-en-Goële y en el supermercado kosher de la Puerta de Vincennes, incontables personas manifestaron su apego a los principios cardinales de la República, en particular al pluralismo político, que reposa sobre la afirmación de la igualdad moral de los individuos, cuya vida y valor personal son protegidos y que requiere tanto la aceptación de la diversidad como del debate pacífico.

No se trata simplemente de valores, es decir, de concepciones morales subjetivas que una comunidad restringida comparta o considere que tengan una dimensión universal. Expresarse de esta manera, confiando el edificio político a la moral, es demasiado frágil y algunos, al interior o fuera de los límites, no se cansan de denunciar el falso universalismo de los derechos del hombre o de relativizar la separación de la Iglesia y del Estado. Hablar de principios significa, por el contrario, elegir ciertas categorías éticas como fundamentos de una construcción política que no puede prescindir de ellos de la misma manera que una casa no puede prescindir de sus cimientos.

Tal acercamiento significa también que no puede darse nada por ganado y que no basta proclamar la libertad de expresión para garantizarla, ni aclamar la reunión en nuestro país de cerca de 4 millones de personas para instituir el bien común. Pensar la República es construirla, es decir, organizar las instituciones y los debates en función de un principio que pueda orientar el futuro de tal suerte que ese futuro sea mejor. Dicho de otro modo, si la libertad de expresión, el respeto a las diferencias y el amor a la diversidad se imponen como los pilares de este edificio que es la República, es porque antes, después y con nosotros, mujeres y hombres han reconocido que nadie, ningún tirano, ningún sabio, ningún dios, puede arrogarse el derecho de decir la verdad en nombre del resto de los seres humanos. La certeza de que no sabemos todo y que el poder debe compartise para evitar la dominación y la miseria es el corazón de la República.

Las limitaciones de nuestra razón y nuestro fracaso compartido por conocer lo absoluto explican, como decían Voltaire y Mill, que todas las religiones tengan su lugar propio, a condición que cada una renuncie a considerarse como la única expresión de la verdad divina. Así mismo, nuestra incapacidad para saber por adelantado lo que es justo y la imprevisibilidad de las cosas humanas, su complejidad, exigen que el escepticismo, a falta de ser coronado como una virtud privada, nos inicie a todo en lo que es el alma de la República, a saber, la deliberación.

Al preceder la decisión, la deliberación es la disposición para sopesar las razones a favor y en contra; para argumentar, apoyando el entendimiento personal sobre el de los demás, proveyendo los medios para descubrir el pensamiento propio, adueñarse de él y algunas veces cambiar de opinión. A falta de ese principio, es la guerra y el caos. Sin embargo, la fundación de la República es la conservación de sí mismo y la opción en favor de la paz. No es la creencia ilusoria en una bondad original de los hombres deseando la paz perpetua, sino la elección de la paz en razón del conocimiento penetrante y probado del mal; de la realidad de las guerras, grandes y pequeñas, tanto las guerras entre naciones como las de guerrillas; de la constante tendencia de los hombres a dividirse y a pensar su libertad contra la de los otros.

Un mundo común por instituir

Dicho de otro modo, a priori no hay un mundo común, ni comunidad política duradera derivada de un sentimiento previo de pertenencia. Todos los sentimientos de pertenencia son frágiles e invitan a la exclusión, o a designar los otros como enemigos. El mundo común es un a posteriori, está por instituirse. Ese es el sentido del contrato social y de todo lo que permite emprender una reconstrucción política.

El bien común también se instituye paso a paso, debate tras debate, exigiendo de aquéllos que acepten comprometerse en el espacio público que se dirijan a la inteligencia de los otros en lugar de usar una retórica plebiscitaria que transforme la palabra en arma de guerra y no mobilizar sólamente pasiones tristes, como el miedo, el resentimiento, la envidia, que el mercadeo político y el juego de promesas y recompensas no son suficientes ni siquiera para calmar.

Por otro lado, los desafíos globales a los que nos enfrentamos, ya sean el cambio climático o el terrorismo, pero también la posibilidad de intercambiar informaciones vía internet con personas del otro lado del mundo, invitan a los individos y a las naciones a cambiar de escala y a integrar también el punto de vista cosmopolítico. Éste último no hace referencia a un Estado mundial ni a una ideología común, sino que se trata de un cosmopolitismo metodológico: aceptamos integrar la escala mundial en el bien propio, es decir, en el bien individual y en el bien de la propia nación. La cosmopolitización, que es un hecho, afirmaba Ulrich Beck recientemente fallecido, nos invita a pensar varias escalas de responsabilidad y, por lo tanto, a cambiar de punto de vista, pues el cosmpolitismo es una cuestión de perspectiva y no una realidad.

Acompañar un proceso y orientarlo

Dirigirse a la inteligencia de cada uno; pedirle ser más grande que si mismo; exigir que no tenga sólo en cuenta su punto de vista, sino también el de los demás; que logre la separación entre ser y ser, que es el privilegio de la razón filosófica, una razón habitada por los grandes textos, por las humanidades y por
el deseo constante de comprender; tal es la ambición de la Ilustración. El texto de Kant, Respuesta la pregunta: ¿qué es la Ilustración? , redactado en 1784, no ha envejecido nada. Todavía es actual, todavía es joven, porque se dirige a nuestra autonomía, que es nuestra juventud, lo que mantiene nuestro deseo de vivir, de intercambiar, de ser sorprendido, lo que nos evita envejecer antes de edad, feos y cansados de ser superados, amargados, reaccionarios…

¡Aquéllos que afirman que ya no existe ni el arte, ni la cultura, ni las mujeres ni los hombres políticos, ni los intelectuales, deberían mirarse a sí mismos! ¡Que nos vean, a nosotros, los hijos del Siglo de las Luces, promotores orgullosos y audaces de nuevas Luces! Ya es tiempo de proponer las bases que permitan no sólo comprender este mundo, sino también orientarlo mientras dirigimos ciertos fenómenos que pueden ser vistos como los signos anunciadores del progreso deseado, es decir, del progreso cuya realización nos está confiada, sin importar los obstáculos que encontremos en nuestro camino. El deseo de muchas personas de vivir mejor, sin necesariamente consumir más; de comprometerse fuera de las grandes citas electorales; de ayudarse, porque tienen necesidad de sentir su existencia e inscribirla en las relaciones con el mundo común, ese que los recibe cuando nacen y les sobrevivirá; la creatividad de la sociedad civil en varios dominios son, para los filósofos de mi generación, “los todavía cuarentones”, los signos anunciadores de que esa renovación es posible, incluso esperada, incluso si no se parece en nada a lo que los ideólogos del siglo XX anunciaban. Ni comunismo ni capitalismo. Ni holismo ni cada uno para sí mismo. La autonomía no como egoísmo, sino como exigencia, la exigencia como inteligencia, la inteligencia como arte de recibir la pluralidad, la pluralidad como condición de la armonía y de la belleza, la belleza como diversiad y biodiversidad.

“En el corazón de nuestras tinieblas, no hay espacio para la Belleza. Todo el espacio es para la Belleza”.
René Char, Feuillets d’Hypnos

Publicado originalmente en el periódico Libération.

Todo queda perdonado

13 enero, 2015 § Deja un comentario


Tras el horror, el duelo. Miles de personas, de todos los orígenes, salieron a las calles durante varios días a expresar su tristeza e indignación. El domingo fueron millones de personas que, al llamado de François Hollande, llenaron las calles de varias ciudades de Francia.

Mañana, con la salida del nuevo número de Charlie Hebdo, inicia una nueva etapa para ese periódico y, seguramente, para todo el país. La nueva portada ya ha circulado en internet y, es por decir lo menos, conmovedora: Mahoma, el personaje creado por Luz, sostiene un cartel con el lema de la manifestación “Je suis Charlie”. En letras grandes, los sobrevivientes del semanario hacen su profesión de principio: “Tout est pardonné”, “Todo queda perdonado”.

Desde hace dos años Francia ha vivido un ambiente de radicalización que sólo ha traído violencia. Los heraldos de la homofobia, representados por la Manif pour tous, las victorias electorales del partido xenófobo de extrema derecha dirigido por Marine Le Pen y poco antes la derecha “sin complejos” de Sarkozy, pusieron a Francia en el camino del odio, de la discriminación, de la confrontación. No olvidemos los ataques a la obra de teatro de Romeo Castellucci, la polémica por la expulsión de Leonarda, o, lo más grave de todo, las manifestaciones contra el matrimonio gay…

Ahora fue otro extremismo el que pegó. Pero no es distinto, en su brutalidad, ignorancia o ceguera, al que sacudió a Noruega en 2012. Fuera de toda razón, los discursos hasta ahora “sin complejos” o, como Le Pen quiere llamar astuta y maliciosamente “libres”, siembran muerte junto con los iluminados armados.

La razón sólo puede responder de una manera, y el ejemplo lo han dado brillantemente los supervivientes de Charlie Hebdo. Esgrimiendo uno de los valores que los más religiosos no se atreven a asumir: el perdón.

Ya los líderes europeos dan pruebas de su alejamiento de ese pueblo que salió a gritar. Proclaman “Patriots Acts” que no lo son.

Mientras tanto, toda mi admiración a los supervivientes.

Todo queda perdonado.

11 enero, 2015 § Deja un comentario


Este video es ahora un documento histórico. En 2006, The New York Times documentó el trabajo de Charlie Hebdo durante la polémica de la publicación en Dinamarca de caricaturas de Mahoma.

 

Charlie Hebdo, Before the Massacre from The New York Times – Video on Vimeo.

La unidad nacional es lo contrario de Francia para los franceses

10 enero, 2015 § Deja un comentario


Me encontré con esta traducción de El País de un artículo de Bernard Henry-Levy. Sus palabras son las mías también:

El instante churchilliano de la V República

Doce rostros. Doce nombres, algunos de los cuales pronunciaron para identificarles específicamente antes de ejecutarles. Doce símbolos, llorados en todo el mundo, de la libertad de reír y de pensar, ahora asesinada. Por esos 12, a Charb, Cabu, Wolinski, Tignousa, a Bernard Maris, por esos mártires del humor que tantas veces nos hicieron morir de risa y que por ella han muerto, por ellos tenemos la obligación, como mínimo y sin la más mínima duda, de estar a la altura de su compromiso, su valor y, hoy, su legado.

Las autoridades de la nación tienen ahora el deber de sopesar un conflicto que no deseaban pero que los periodistas de Charlie —esos cronistas y caricaturistas que eran, ahora lo sabemos, corresponsales de guerra— estaban librando desde hacía muchos años, y en primera línea. Estamos ante el instante churchilliano de la V República. Es el momento de cumplir con el deber de atenernos a una verdad implacable ante una prueba que se anuncia larga y terrible. Es el momento de que rompamos con los discursos apaciguadores que nos sirven desde hace tanto tiempo los tontos útiles de un islamismo soluble en la sociología de la miseria. Y es el momento, ahora o nunca, de hacer gala de una sangre fría republicana que hará que no nos abandonemos a las funestas facilidades del Estado de excepción.

Un antiterrorismo sin poderes especiales. Francia puede —y debe— levantar unos diques que no sean los muros de una fortaleza asediada. Francia debe —y puede— poner en práctica un antiterrorismo sin poderes especiales, un patriotismo sin Patriot Act, una forma de gobernar que no caiga en ninguna de las trampas en las que estuvo a punto de perderse Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001. ¿No nos invitan de manera implícita a ello las palabras de John Kerry, hace 10 años adversario desafortunado pero honorable del mediocre apóstol del antiterrorismo que fue George W. Bush? ¿Acaso no tuvo el homenaje que rindió en francés a las 12 víctimas, su Je suis Charlie recuperado en el mismo francés que el conmovedor discurso pronunciado por el presidente Roosevelt en las ondas de Radio Londres el 8 de noviembre de 1942, la doble virtud de subrayar la dimensión histórica del suceso y al mismo tiempo dirigir a la nación hermana una discreta advertencia contra la tentación, siempre posible, de la biopolítica liberticida?

Nosotros, los ciudadanos, tenemos el deber de vencer el miedo, de no responder al terror con el espanto y de armarnos contra esa obsesión con el otro y esa ley de la sospecha generalizada que acaban siendo, siempre o casi siempre, la consecuencia de sacudidas como esta. En el instante de escribir estas líneas, la prudencia republicana parece haber predominado. El Je suis Charlie inventado de forma simultánea y como con una sola voz en las grandes ciudades de Francia marca el nacimiento de un espíritu de resistencia a la altura de lo mejor de la historia. Y los incendiarios de almas que predican sin descanso la división entre los franceses de origen y los que los son porque lo dicen sus papeles, los provocadores de disturbios que, en el Frente Nacional, veían estas 12 ejecuciones como una nueva sorpresa divina que demuestra el avance inexorable del “gran reemplazo” y nuestro cobarde sometimiento a los profetas de la “Sumisión”, se han quedado con dos palmos de narices.

La unidad nacional es lo contrario de “Francia para los franceses”. No obstante, hay que preguntarse: ¿hasta cuándo? Y es fundamental que, cuando pase el tiempo de las emociones, sigamos respondiendo al lema de “Francia para los franceses” de la señora Le Pen con la unidad nacional de los republicanos de todas las tendencias políticas y todas las procedencias que, en las horas siguientes a la matanza, salieron con valentía a la calle. Porque la unidad nacional es lo contrario de Francia para los franceses. La unidad nacional es, desde Catón el Viejo hasta los teóricos del contrato social moderno, un bello concepto que, emparentado como está con el arte de la guerra justa, no se equivoca jamás de enemigo. La unidad nacional es la idea que hace que los franceses hayan comprendido que los asesinos de Charlie no son los musulmanes, sino una ínfima fracción de los musulmanes, compuesta por quienes confunden el Corán con un manual de torturas. Y es obligatorio que esa idea sobreviva a este increíble sobresalto ciudadano.

Aquellos que tienen por religión el islam tienen el deber de proclamar en voz muy alta, y de forma muy multitudinaria, su rechazo a esta forma pervertida de la pasión teológico-política. No es cierto, como se dice demasiado a menudo, que a los musulmanes de Francia se les conmine a justificarse; más bien —y es exactamente lo contrario— se les convoca a manifestar que se sienten hermanos de sus conciudadanos asesinados y, de esa manera, a erradicar de una vez por todas la mentira de que existe una comunidad de espíritu entre su fe y la de los autores de la matanza.

No en nuestro nombre. Ellos tienen la importante responsabilidad, ante la Historia y ante sí mismos, de gritar el Not in our name de los musulmanes británicos, que quisieron así refutar toda posibilidad de asociación con quienes habían decapitado a James Foley; pero tienen también la responsabilidad, aún más imperiosa, de declinar su nombre, su verdadero nombre, como hijos de un islam de tolerancia, paz y bondad. Hay que liberar al islam del islamismo. Es necesario repetir que asesinar en nombre de Dios es convertir a Dios en un asesino por poderes. Esperamos, no solo de los expertos en religión como el imán de Drancy Chalghoumi, sino también de la inmensa muchedumbre que constituyen sus fieles, la valiente modernización que permita enunciar, por fin, que el culto a lo sagrado es, en democracia, un atentado contra la libertad de pensamiento; que las religiones, a ojos de la ley, son unos regímenes de creencias ni más ni menos respetables que las ideologías profanas; y que el derecho a reírse de ellas o a discutirlas es un derecho de todas las personas.

Este es el camino difícil, pero tan liberador, que seguían algunas conciencias del Islam que tuve el honor de conocer en Bangladesh, Bosnia, Afganistán y los países de la Primavera Árabe y cuyos nombres quiero repetir aquí: Mujibur Rahman, Izetbegovic, Massud, los héroes y heroínas caídos en Bengasi, como Salwa Bugaighis, bajo el fuego o los cuchillos de los hermanos de barbarie de quienes han asesinado a Charb, Cabu, Tignous y Wolinski. Es su mensaje el que debemos escuchar. Es su testamento traicionado el que debemos hacer nuestro sin más tardar.

Ellos son, incluso después de muertos, la prueba de que el islam no está condenado a sufrir esta enfermedad diagnosticada por Abdelwahab Meddeb, el que más cruelmente vamos a echar de menos, de todos nuestros poetas y filósofos, en los tiempos sombríos que se avecinan. Islam contra Islam. Luces contra yihad. La civilización plural de Ibn Arabi y Rumi contra los nihilistas del Estado Islámico y sus emisarios franceses. Ese es el combate que nos aguarda y que, todos juntos, vamos a tener que librar.

Bernard-Henri Lévy

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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