Las palabras laaaaaaaaaaaaaaaargas me excitan más


>L’Enfer à la bibliothèque. Eros au secret, exposición de la Bibliothèque Nationale de France, site François Mitterand, del 4 de diciembre de 2007 al 2 de marzo de 2008, entrada 7€, descuentos 5€.

El 28 de diciembre de 2007 estuvimos en la exposición, cuyo nombre en español podría ser El infierno de la biblioteca. Eros en secreto. Se trata de una exposición acerca de la literatura considerada pornográfica, o por lo menos, contraria a las buenas costumbres, que se encuentra resguardada en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y de documentos relacionados a este tema: fotografías, videos, grabados y estampas, y de la censura ejercida contra éstos a través de una sección de la BNF llamada precisamente “el Infierno” (l’Enfer).Los artífices de la puesta en escena de la exposición ofrecen al visitante dos recorridos posibles: uno temático-cronológico, en el que se exhiben algunas de las obras condenadas al Infierno a través del tiempo: más o menos desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XX; y otro, puramente cronológico, explica cómo, por qué y cuándo apareció, desapareció y reapareció el Infierno de la Biblioteca.La museografía es genial. La utilización de algunos lugares comunes de la pornografía permite una presentación lúdica y que ayuda a relajar al visitante, y no sentirse incómodo al dejar salir al voyeur que lleva dentro. Ya desde el exterior el ambiente se prepara con una enorme letra X, referencia a los filmes triple x, de color rojo, proyectada en una de las torres de la biblioteca. La sala de exhibición es pequeña, por lo que el recorrido no es cansado. Está iluminada en tonos rojos que, como saben algunos, es un color relacionado con los burdeles y otros antros del género. Pero lo más simpático de todo son los espejos que se encuentran por todos lados, como invitando al visitante a gozar de su reflejo, y del reflejo de los demás, cual motel que se respete al lado de la autopista o de una universidad privada.

 

Uno de los poquísimos inconvenientes son los “embotellamientos” que producen los videos exhibidos. Y ya que hablamos de videos, los que se exhiben son la adaptación de La Religieuse de Diderot, L’Atelier des filletes (?), viejísimo filme en el que las escenas no le piden nada a las películas actuales y una tercera cuyo título que por el momento no recordamos.

Otro elemento muy bien pensado es el “cuarto oscuro”. En el fondo de la sala, precisamente donde se exhibe el segundo video, unos paneles negros recrean estos sórdidos lugares de placer anónimo. Pero esta vez no podemos ver las sombras de cuerpos desnudos y sudorosos buscando el clímax del placer, sino piezas de biblioteca entre las que destaca el original medieval del Roman de la Rose, escrito en el siglo XIII por Guillaume de Lorris y completada por Jean de Meung, que inspirara a Umberto Eco su célebre novela El nombre de la rosa.

Por si todo esto fuera poco, algunas bocinas invitan a escuchar una voz masculina o femenina susurrar, muy cerquita, poemas eróticos de variedad de autores: por supuesto, pudimos disfrutar alguno fragmentos de Las flores del mal de Baudelaire. Casi al final de la exposición, unos documentos ingleses hacían las delicias de los concurrentes. Se trataban de impresiones del siglo XIX las cuales, tras prender una luz por detrás, dejaba ver alguna pareja escondida en plena cópula. Así, una inocente escena de campesinos disponiéndose a levantar un montón de paja, se transformaba en una pornográfica, pues detrás del pajar dos jóvenes se apresuran a vestirse para no ser descubiertos, no sin dejar claras las enormes virtudes masculinas del varón.

Una sección llama poderosamente la atención: los grabados japoneses del siglo XIX. Una colección que muestra a hombres con miembros descomunales sometiendo a mujeres ávidas de placer. Pero el asunto puede llegar a extremos desconcertantes, como por ejemplo en la escena en la que se observa a una mujer sometida por un… enorme can.

Bien documentada, ricamente ilustrada, en la muestra no se tocan temas, o se hace tangencialmente, como la homosexualidad masculina. Por el contrario, Safo está muy bien representada, así como la crítica por medio de la caricatura pornográfica contra la nobleza, el clero y algunas otras personalidades del medio cultural (como por ejemplo, la caricatura de Dumas padre, presumiendo su enorme miembro a una mujer). También podemos ver diferentes planchas con personajes de diferentes países, haciendo referencia a los hábitos eróticos propios de latitudes como Nápoles, España, Turquía y, por qué no, de la Polinesia Francesa.

Por último, una pieza sorprendente e inesperada: una ilustración que el mismísimo Salvador Dalí ejecutó en el menú de una cena que reunió a los admiradores del marqués de Sade.

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