El que con niños se acuesta… mojado amanece


> Gone baby, gone, dir. Ben Affleck, con Casey Affleck (Patrick Kenzie), Michelle Monaghan (Angie Gennaro), Morgan Freeman (Jack Doyle), Ed Harris (Remy Broussard), John Aston (Nick) y Amy Madigan (Beatrice). Walt Disney Studios, EUA, duración: 1h. 55 min. Basada en la novela de Dennis Lehane, Gone baby, gone.

La historia

Una pareja que se dedica a localizar personas con deudas es contratada por los tíos de una niña desaparecida. Muy pronto se sumergen en una red de tráfico de drogas, pederastia y corrupción. A lo largo de su investigación deben colaborar con un grupo de policías dispuestos a usar su cargo para llevar a cabo su propia cruzada contra los violadores de menores y aplicar justicia por propia mano.

Una película cruda, larga, con una tonalidad oscura y buenas actuaciones. La historia retoma algunos de los fantasmas de la sociedad estadounidense. El por todos sabido dicho que la “sociedad estadounidense es ultra conservadora” es retomado por Casey Affleck no sólo de parte de “los malos” de la película, sino también del lado de los héroes.

La investigación realizada por los detectives privados Patrick Kenzie (Casey Affleck) y Michelle Monaghan (Angie Gennaro) los obliga no sólo a tomar partido a favor de la justicia, sino también de la ley. Varias veces se repite esta situación ambigua: o bien cumplir la ley y causar un mal a un inocente, o bien violar la ley y remediar alguna situación personal. La concepción personal de la justicia se enfrenta con la aceptación de la ley. Al final, más allá de la reflexión sobre la hipocresía que envuelve el uso de drogas y armas, la corrupción de la policía, la siembra de pruebas o incluso los ideales ultraconservadores (pena de muerte, justicia por propia mano), la película deja una interesante reflexión sobre la correcta o debida aplicación de la ley y sus consecuencias.

La propuesta de Affleck (o lo que creemos que es su propuesta)

Es un principio de derecho que a todo delito debe corresponder una pena. De alguna manera puede decirse que la base de la historia es la aplicación de la ley y de la pena prevista en ella. Pero Affleck reflexiona también sobre las consecuencias de un acto justo, pues los delitos y los crímenes no serían, desde su punto de vista, los únicos actos que engendrarían una responsabilidad, ya sea jurídica, ya sea ética, o ya sea de otro tipo. En este sentido, al lado de las consecuencias deseadas e indeseadas, actuar bien también engendra responsabilidades por las que se deben responder.

Quizás podemos distiguir dos momentos de una discusión que podrían haber entablado por un lado, el personaje de Casey Affleck, y por el otro, los personajes de su novia y los policías: la justicia de una ley y la justicia de su aplicación. El personaje de Affleck no discute la unidad de ambos momentos, asunto al que sí entran los personajes de su novia y de los policías. De esa manera, si bien los policías no aclaran si la ley que deben cumplir es justa o injusta, sí reconocen que su aplicación es injusta, lo que se aplica para el personaje de Angie Gennaro. Esta interpretación los lleva a cometer actos que según ellos son justos, pues obtienen justicia a secas, lo que la aplicación de la ley es incapaz de obtener. En cambio, el personaje de C. Affleck no discute sobre la justicia de la aplicación de la ley. Para él, la unidad entre la ley y su aplicación es clara, y no solo se impone como justa, sino como un deber. Es decir, la justicia radica en el cumplimiento del deber.

Estamos acostumbrados a pensar en términos de la responsabilidad de los actos ilícitos. Pero en este caso se trata de reflexionar también sobre la responsabilidad de los actos lícitos. Asumir las consecuencias de un acto ilícito está marcado en la ley. A cada delito le corresponde una pena. Pero ¿qué pasa si cumplimos con la ley? ¿Qué tipo de responsabilidad se genera? y, sí la hay, ¿cómo asumir esas consecuencias que pueden ser tan difíciles como las de una pena por un acto ilícito? Ahí radica, entre otras cosas, la falacia de aquellas que personas que queriendo obrar bien, no asumen la responsabilidad de su acto, escondiendo una interpretación abusiva de la ley o, una venganza personal.

Coincidencias

Hay por lo menos dos coincidencias que llaman la atención y que ponen en evidencia la actualidad del tema de la película y, al mismo tiempo, lo añejo ya. La primera de ellas es el parecido de la película de los hermanos Affleck con la película de Cleant Eastwood, Río místico (Mystic River). Quizás esto se deba a que ambas películas están basadas en dos novelas del mismo autor, Dennis Lehane: Mystic River (2001) y Gone, baby, gone (1998). La segunda, más dramática, es el parecido con el caso de la vida real de la pequeñita Madeleine McCann, secuestrada en Portugal y cuya una de las tesis de investigación de los servicios policiacos portugueses apunta hacia los mismos padres. Esta última coincidencia obligó a posponer el estreno de la película en el Reino Unido hasta el 18 de abril de 2008 (Illimité. Le Magazine des cinémas UGC, décembre 2007, n° 162, p. 34)


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