Luis murió


Morir es, en cierto modo, una etapa de la vida. La última. Es la más desconocida. Junto al nacimiento, es el extremo. No hay nada después, al menos comprobado empíricamente. Morir está también en el centro de muchas religiones, reflexiones filosóficas, tradiciones, debates políticos.

Fuera de nuestro caso personal, morir es una acción más real cuando se trata de alguien de nuestra familia. Cuando alguien emparentado muy cercanamente con nosotros llega a morir, la imagen de la vida se vuelve más real. Incluso si esa persona que no estuvo presente en los últimos tiempos, o si no la conocimos tanto como otras más alejadas o sin nada que ver. Digamos que la conciencia de la vida es directamente proporcional al grado de parentezco con la persona fallecida.

En este caso, se trata de la desaparición de un hermano de mi padre, de aquél que naturalmente nombraba “Luis” o “mi tío Luis”. En ese apelativo se resumía buena parte de la historia de mi familia, paterna y materna. Hablar de “Luis” o de “mi tío Luis” o de “Luisón”, cuando quería distinguirlo del otro Luis, Luis Gerardo, hermano de mi mamá, invocaba inmediatamente el recuerdo de sus hijas, Iliana y Laura, de su ex esposa, Rosa Irene, de su esposa Rosy y de sus hijos menores Sergio y Roberto.

Si bien más alejado de mi historia en los últimos diez años, su muerte reanima todos aquellos recuerdos –pocos, es cierto, pero sorprendentemente claros– que dejó en mi niñez. Recuerdos a mi eterna compañera de vacaciones de infancia, Laura; a aquella que hacía de hermana mayor, Iliana; a talleres en una escuela de Matehuala en donde teníamos el privilegio de ver cómo funcionaban máquinas que jamás manipularíamos en otro lugar (tornos, sierras y otros artefactos misteriosos). Recuerdo una tarde en un balneario, creo que San Juan de Vanegas. En fin, las pocas veces que convivimos juntos fueron alegres y tienen mucho que ver con esa percepción del tiempo que ya no existe para mí: tardes largas, larguísimas, que me alcanzaban para hacer todo lo que quería; que me bastaban para jugar, estudiar, volver a jugar, dormir, comer, ver televisión y hojear un libro antes de la noche.

El resto de su vida, lo desconozco en gran medida. Pero siempre llegaban noticias suyas, buenas y malas, como todo ser humano. Metido en su trabajo, a pesar de todos sus defectos y gracias a todas sus virtudes, de repente tenía alguna idea genial que le confiaba a mi papá cuando se veían. Ese es otro rasgo que me queda claro de él: nunca dejó de ser el hermano de mi padre, ni dejó de comportarse así. Esa complicidad que de niños habían desarrollado subsistió, a pesar que muy pronto empezaron a tomar caminos distintos. Necesidad apremiaba, los dos varones más grandes de una familia numerosa debían sumarse provechosamente a los esfuerzos de la hermana mayor y de mis abuelos. Y esa complicidad, por qué no decirlo, años después fue también el dolor de cabeza de sus esposas.

La vida le pasó la factura, con grandes intereses, bajo el rubro de la salud. De esa deuda no pudo librarse y en unos cuantos días se extinguió, primero perdiendo todo contacto con nuestro mundo, finalmente abandonando su cuerpo. Ese lugar que deja entre mucha gente, sus amigos, su familia, es la señal de todo lo que Luis quiso ser y todo lo que fue. En otras palabras, sus defectos y sus virtudes nos recuerdan que nosotros también las tenemos; sus esperanzas y sus dolencias tienen las mismas dimensiones que las nuestras y nos recuerda que, nosotros también, somos como él fue.

Morir es recordar que, en el fondo, todos somos iguales aunque actuemos de manera distintas, pero nuestras vidas nunca serán las mismas.

5 comentarios en “Luis murió

  1. Echoes

    How is it like to miss someone you really loved? How is it like to have thoughts you can’t really share with him anymore? These two questions have been all over my head for the last weeks. I just can’t stop dreaming about him, I just can’t stop thinking about the possibility of him being alive. Radinito wrote about his uncle Luis. He says dying might be the end of everything as we don’t know what’s further. In my depths I hope dying is not the end. I have the hope that one day I can come across those I’ve left behind even if it is just for a couple of seconds.
    Today I think of my father. It’s been almost five years since he passed away and I’ve been to his grave only once, the day of his burial. I understand those who are in pain for the precious lost of their beloveds.

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  2. Cierto, morir es recordar. Esa muerte, la de mi hermano, me trajo muchos recuerdos… Todo pasó por mi mente: los días de infancia y adolecencia, con ellos: los de matehuala, los pequeños sobrinos : marmotín, ilitos, gaby; y por supuesto el poco tiempo compartido con Sergio (así le llamábamos en casa), el tiempo pasa, no se recupera, los recuerdos si…

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  3. No entendi lo del abismo. Si la publicacion sonò como un juicio sobre Luis, no quiso ser asi. Solo era la intencion recordarlo de una manera lo mas consoladora que se pudiera.

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