Cubitos de hielo en mi camino


Frozen River Frozen River [Río Congelado], Courtney Hunt (dir. y libr.), Melissa Leo (Ray Eddy), Misty Upham (Lila Littlehorse), Charlie McDermott (T.J.), James Reilly (Ricky), EUA, 97 min.

El Canadá y los Estados Unidos comparten una de las fronteras más largas del mundo: 8 893 km. Pocas noticias llegan desde allá: no es, por mucho, ni la frontera norte de México ni la de Palestina con Israel.

E pur, si muove…

Ray Eddy (Melissa Leo), madre de familia cuyo esposo acaba de escaparse con todos los ahorros familiares, tiene que buscar la manera de pagar la hipoteca de la casa, los estudios de sus dos hijos y dejar de desayunar, comer y cenar palomitas de maíz. En su camino se cruza Lila Littlehorse (Misty Upham), indígena mohawk residente en una reservación que se extiende a ambos lados de la frontera norte estadounidense. Ray tiene un automóvil cuya cajuela puede abrirse desde el interior: justo lo que Lila está buscando. ¿Qué tiene de especial? Es más discreto para cruzar ilegalmente inmigrantes desde el Canadá hasta los Estados Unidos a través de territorio mohawk. 600 dólares por persona. Basta con cruzar el lago congelado, esperando que el hielo no se rompa bajo el peso del automóvil o no ser detenidos por la policía. El negocio empieza tomar cierto ritmo que conviene a ambas mujeres. Pero después de un incidente con un bebé pakistaní, Lila decide retomar “el buen camino” e intentar reconstruir su vida al interior de la reservación. Asunto poco fácil para una madre soltera.

Frozen River es una historia bien contada sobre el mundo real. Sobre una región del mundo de la que pocos saben lo que ocurre más allá de la apariencia de orden. Toda la película está filmada en un tono realista: los actores utilizan poco o nada de maquillaje, los paisajes son desoladores, propios de una ciudad que apenas se dibuja entre casas prefabricadas y caminos medio trazados, y en pleno invierno, con lodo y nieve.

La historia plantea el problema ético entre el dinero fácil o quedarse en la calle. Entre los reclamos de su hijo mayor (T.J., Charlie McDermott), las ilusiones navideñas del menor (Ricky, James Reilly) y el orgullo herido por su marido, Ray descubre una solución a sus problemas en las carencias de los demás. La pobreza de unos es el lujo de los miserables y la única posibilidad para todos de seguir adelante. En ese sentido, es también una historia sobre las desigualdades y la mala repartición de la riqueza. Por otro lado, se muestra la posición ambigua de los indígenas mohawk frente a la sociedad norteamericana, entre la segregación y el goce de cierta autonomía.

En mi opinión, la fortaleza de esta cinta, por cierto nominada a dos Óscares (uno a la mejor actriz y otro al mejor guión), reside en la interesante combinación de los personajes con el escenario, bastante inesperado, en el que se desarrolla la historia.

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