Todo Napoleón


Jean Tulard, Napoléon Jean Tulard, Napoléon ou le mythe du saveur [Napoleón o el mito del salvador], Paris, Fayard, 1987, 512 pp.

En Se destetó Teté le hemos dedicado algunas publicaciones a la literatura sobre Napoleón: aquí, aquí, aquí y aquí. Para terminar nuestro “ciclo napoleónico” dediqué un buen tiempo a la biografía escrita por Jean Tulard. Y no me decepcionó. A pesar del número de páginas (512 con letra diminuta y renglones bien cerrados), se lee bastante más rápido de lo que uno pensaría. Solo en el metro o en el autobús le dediqué cerca de un mes. Y no porque sea un lector rápido, sino porque el libro esta estructurado de tal manera que permite avanzar rápido.

Jean Tulard dividió su obra en una introducción, cuatro partes que tienen entre cinco y diez capítulos, y una conclusión general. La narración es cronológica, salvo por la introducción, dedicada al regreso de Egipto de Napoleón: el 9 de octubre de 1799, y un mes después, el golpe de Estado para disolver el Directorio y sutituido por un triunvirato. Son muy interesantes las notas al final de cada capítulo. Se agradece que no estén señaladas por números. Los breves capítulos se leen de golpe, sin interrupciones. Las notas consisten en pequeñas bibliografías comentadas q las que Tulard agrega anotaciones que permiten saber su valor y su tendencia ideológica (a favor, en contra de Napoleón u objetivas). En seguida elabora pequeños “estados de la cuestión”, enumerando los debates relacionados.François Baron Gérard-Portrait de Napoléon Bonaparte 1er consul

El relato se concentra en la carrera política y militar de Bonaparte. A lo largo de todo el relato está presente la habilidad y la conciencia  que tenía del uso de la propaganda. Después de César, Napoleón es el primer político en comprender la fuerza del mensaje político: “no basta con ganar batallas, hay que rodearlas de un halo de leyenda” (p. 35). Su vida privada no es estudiada, sobre todo porque los datos con los que se cuentan provienen de fuentes poco parciales. Dichas fuentes coinciden en que Napoleón era un hombre con una gran capacidad para trabajar: para obtener lo que quería, por ejemplo, en la redacción de las leyes, fijaba la atención durante varias horas en el mismo tema hasta que, por cansancio, sus interlocutores cedían. A ello se agrega una memoria prodigiosa. Sin embargo, en los momentos más críticos era incapaz de tomar una decisión. Sus arranques de cólera también son célebres, llegando a degenerar en ataques cercanos a los epilépticos.

¿Cómo era un día de trabajo del Emperador (cuando lo fue)? A las siete de la mañana, el Mariscal de palacio Duroc lo despertaba y le leía los periódicos, los informes de la policía y las facturas de gastos. Enseguida, recibía a sus familiares. A las ocho de la mañana dictaba su correspondencia y los boletines policiacos. A las nueve se vestía y a las diez desayunaba en solo diez minutos. En su despacho examinaba expedientes y consultaba planos. A las trece horas se reúnía ya sea con el Consejo de Ministros, el Consejo de Estado o algún consejo de administración. Cenaba a las cinco de la tarde, frecuentemente a las siete. Enseguida, se reunía con la Emperatriz y con el bibliotecario. Después volvía a su gabinete para terminar su trabajo. A la media noche se dormía, para despertarse a las tres de la mañana y tomar las decisiones más delicadas mientras tomaba un baño caliente. A las cinco de la mañana volvía a la cama.

El estilo napoleónico

Napoleón tenía la costumbre de arrojar por la ventana de su coche los libros que no le Guéridon imitant La Table des maréchauxgustaban. Así de sencillo. Aunque fue el propietario de importantes bibliotecas, no fue el ávido lector que muchos creen. Su relación con el arte estaba condicionada sobre todo a sus planes políticos. Por ello, teatros y ópera recibieron grandes presupuestos y las piezas representadas eran manipuladas en favor del régimen. Era común alterar los libretos originales. También encarga creaciones musicales: en 1808 encarga al compositor napolitano Paisiello y a los escritores Esmenard y Jouy una ópera titulada Hernán Cortés o la conquista de México. Coincidente con la desastrosa campaña en España, que ser retirada de cartelera pues el libreto exaltaba el patriotismo español. Otro detalle curioso: el 24 de diciembre de 1800 Napoleón escapa por poco a un atentado con un explosivo. En ese momento se dirigía a la ópera a escuchar la Creación de Haydn.

En las artes decorativas Napoleón impone el estilo “Imperio”, acorde con sus ideas y con sus conquistas. Aparecen los muebles de gran tamaño, masivos, oscuros, con incrustaciones de maderas claras o de bronze, adornados con cariátides o garras de león. El vestido también se adecua a esta moda y, según el gusto de la corte napoleónica, se impone el uso de grandes túnicas, suntuosas, pesadas.

Napoleón innovador

En el campo del bienestar social, Napoleón llevó a cabo algunas innovaciones. Entre ellas la seguridad social. Sobre los salarios de los obreros decretó la retención del 2 % que se destinaría a mutuales aseguradoras.

Si bien la legislación puesta en vigor privilegiaba la propiedad privada, por primera vez se distinguia entre la propiedad de la superficie del terreno y la del subsuelo, que se le adjudicaba a la Nación (tal como hoy se reconoce en la constitución mexicana). Este detalle, sin embargo, añadido al desinterés en innovaciones tecnológicas (como la máquina de vapor de Fulton) ayudaron que la Revolución Industrial tuviera un menor impacto en Francia que en Inglaterra y, a la larga, que esta última consolidara su supremacía tecnológica, económica e imperial a lo largo del siglo XIX.

La reforma educativa también tuvo un lugar importante. Rehabilitando la universidad, coloca bajo su autoridad las escuelas eclesiásticas. Desgraciadamente para él, no tuvo el tiempo necesario para terminar su reforma. Las futuras generaciones dirigentes de Francia fueron influenciadas por la educación religiosa y no por el proyecto napoleónico, lo que a la larga influiría en su caída. Además, los decretos que colocaban las escuelas bajo la autoridad universitaria eran fácilmente incumplidos con la complicidad de las mismas autoridades Le Commandant Coutelle au siège de Mayence (1795)educativas.

Sorprendentemente, rechazó constantemente toda mejora tecnológica al ejército. Los globos aerostáticos de Coutelle fueron  rechazados aún cuando estos habían probado su efectividad durante la Revolución Francesa (Fleurus y Charleroi) o que el mismo ejército napoleónico haya sido víctima de ellos. El armamento empleado por los franceses es el mismo que el del Ancien Régime: lo mismo rechazó la máquina de vapor de Fulton, que el telégrafo de Jean Alexandre o las cohetes de Congreve (verdaderos abuelos de los misiles). Los fusiles de sus soldados databan de 1777 y no contaban con bayoneta (al contrario de los de los prusianos, lo que les permitía abrir rápidamente los cartuchos y tirar más rápido) y los cañones eran aún más antiguos. ¡Incluso decide dotar sus tropas con las armaduras que usaban los ejércitos de Louis XIV!

Tulard llama la atención sobre el hecho que no todas las innovaciones llegaron a oídas de Bonaparte. Algunas quedaron archivadas en las inmensidades burocráticas francesas. Así sucedió con las mejoras ideadas para las mirillas de los fusiles que eran fabricadas en fierro y se rompían fácilmente;

Napoleón estratega

Tulard cuestiona el célebre genio militar de Napoleón. No porque lo niegue, sino porque sus adversarios no fueron militares idiotas, a pesar del respeto que su sola presencia imponía. Rusos, austriacos y sus archienemigos prusianos e ingleses tenían también estrategas de altos vuelos, sobre todo los últimos.

Nicolas-Toussaint Charlet-Episode de la retraite de Russie, 1812¿En qué consistía el genio militar de Napoleón? En la rapidez. Según Tulard, Napoleón “distingue entre el dispositivo de marcha disperso y el dispositivo de batalla concentrado” (p. 196). En otras palabras, el ejército napoleónico se trasladaba de un lugar a otro en columnas dispersas, lo que lo hacía más veloz, y se concentraba rápidamente en el campo de batalla. Además, manteniendo en movimiento sus efectivos podía permitirse estancias más largas sin problemas de abastecimiento. Sus enemigos se mantenían compactos, asediados y rápidamente agotaban sus recursos. La batalla de Iena la perdieron los prusianos por esas razones: rodeados por los rápidos movimientos de los franceses, se vieron obligados a pelear por todos los frentes.

Si en cambio, el enemigo avanzaba en columnas separadas, Napoleón introducía entre ellas líneas más pequeñas cuya función consistía en retrasar su avance. Al mismo tiempo, lanzaba el grueso de su ejército contra una columna, para luego volverse contra otra. Como si fueran hilos, podía “jalar” las líneas de su ejército para cerrarlas o abrirlas, y así crear las condiciones de la victoria. A todo ello se agrega su capacidad de observación y de reacción frente a los errores enemigos, dejando siempre una columna de reserva para atacar sorpresivamente.

Europa aprende rápido la táctica de Bonaparte y la superan: su ejército no está preparado para la guerra de guerrillas (España, Portugal y Rusia) ni para la de trincheras (batalla de Eylau y de Waterloo). La internacionalización de su ejército hace más lenta la comunicación (campaña de Alemania y Rusia en 1812). Entonces buscó superar a su enemigo a través de gigantescas cargas de infantería y de caballería, y las batallas se convirtieron en carnicerías (Eylau y Essling). Para evaluar en su justa medida la estrategia napoleónica se debe saber también que Bonaparte ignoraba la geografía: ello explica las derrotas en Rusia, España y el Caribe, países de los que ignoraba por completo las condiciones metereológicas y el campo donde sus ejércitos debían batirse.

Napoleón e InglaterraLa contrebande au temps du blocus continental

A las campañas militares se agregaron estrategias económicas para asfixiar el comercio inglés. Tras perder su última oportunidad de  competir en el mar contra Inglaterra, Napoleón decide atacarla donde más le duele, uniendo en un solo bloque los mercados continentales europeos contra el poderío comercial británico. Para muchos industriales en Francia el bloqueo significó una época de bonanza y riqueza, a pesar de la escasez de materias primas, gracias a la creciente demanda de productos a medida que nuevos mercados pasaban bajo control francés. Los obreros, mayoritariamente reclutados en el ejército, vieron sus salarios aumentar. Sin embargo, los grandes puertos cayeron en la ruina, pues Inglaterra respondió al bloqueo con el contrabando, además que la flota francesa estaba reconstruyéndose. Muy pronto el contrabando reguló todas las relaciones comerciales en los paises dominados por Napoleón y los países neutrales fueron afectados enormemente.

Un efecto inesperado fue el control sobre las colonias europeas en todo el mundo. Al mismo tiempo que impedía a la flota inglesa ingresar a los puertos continentales, invadía la península ibérica y humillaba a los reyes españoles (por desrpeciables que fueran, el pueblo español lo vio como una humillación nacional), también abría a los británicos las puertas de América y de Asia.

Así, para muchos, la época napoleónica representó una “edad de oro” gracias a los altos precios alcanzados por los productores y los salarios de los obreros. Algunos especialistas consideran que el crecimiento económico de Francia se debe menos a Napoleón que a la recuperación tras la guerra civil. Esto quiere decir que todo crecimiento económico necesariamente debía ser positivo pues la Revolución había dejado la exhausta economía francesa (François Crouzet en Souvenir napoléonien, 1971 y Pierre Chaunu, La Civilisation de l’Europe classique, 1965).

Napoleón derrotado

Napoleón, llegado desde Córcega, a penas hablando francés, fue derrotado por la pérdida del apoyo de la burguesía. La creación de una nobleza entre sus parientes, así como la actitud que François Bouchot, d'après Ferri Gaetano, Napoléon signe son abdication a Fontainebleau, 4 avril 1814asume a partir de la campaña en España, le dan los argumentos necesarios para oponerse abiertamente. La economía inglesa, prácticamente extenuada por el bloqueo, se recuperó gracias a la intervención francesa en España. Y después, vino la terrible campaña de Rusia cuyas malas noticias no puede evitar que lleguen hasta París.

La campaña de 1812 en Rusia ha originado uno de los debates más apasionados de la historiografía francesa y europea. Por supuesto, dependiendo del lado en el que se escriba, la responsabilidad se carga de uno u otro lado. Los historiadores rusos afirman que las acciones de los partisanos fueron decisiva (Davidov, Est-ce que le gel a détruit l’armée française en 1812 ?). Durante los primeros veinticinco días de la invasión, solo hubo tres días de heladas, y sin embargo 65 mil hombres murieron. El número total de muertos es aún discutido. Los conteos más seguros arrojan cifras entre los 325 mil y los 500 mil muertos, es decir, una proporción de 50 % entre los oficiales y 90 % entre los soldados rasos. Una parte de la historiografía francesa afirma que fue el invierno, el peor en varios años, el que hizo más estragos que el ejército ruso.

En cualquier caso, la derrota de Napoleón no significó necesariamente una buena noticia para Luis XVIII : al aceptar la invasión de Paul Delaroche, Napoléon abdiquant à Fontainebleau en 1814 Francia por los ejércitos ruso, prusiano, austriaco e inglés, su restauración quedaba a merced de las potencias invasoras. Las condiciones impuestas eran percibidas como humillantes, pues se perdían las conquistas logradas. Si bien la burguesía no impediría su retorno, tampoco impediría su caída. Los ciens días de Napoleón (desde su regreso hasta la batalla de Waterloo), sería el fruto de un movimiento popular.

Y al final de todo, llegan Waterloo y Santa Elena. El destierro en la isla de Elba solo había representado un paréntesis. Son los dos últimos eventos los que construirán su leyenda. Napoleón ganará la última batalla, la de la propaganda, a través de la imagen que quiso construirse con publicaciones dictadas por él mismo y que servirían de inspiración para cientos de autores románticos durante el siglo XIX.

Como conclusión

Hubiera sido posible seguir hablando de cientos de aspectos de Napoleón Bonaparte. Quedan para mejor ocasión temas como su relación con el papa, sus orígenes corsos, su alianza política con Robespierre, la campaña en Egipto, su ambición de conquistar Constantinopla y la India, la batalla de Trafalgar, las grandes obras públicas en París y en todo el territorio francés, la unificación italiana, la creación del reino de Roma, etc., etc.

Muchos han querido ver en Napoleón el precursor de las ideologías fascistas del siglo XX. Esto es falso, pues el régimen napoleónico no estuvo basado ni en una teoría de la raza ni en administraciones totalitarias. Napoleón no solo cambió el mapa de Europa. Su intervención, directa o indCharles Steuben-Les huit époques de Napoléon Ier ou Vie de Napoléon en huit chapeauxirecta, se extiende hasta las colonias holandesas en el pacífico, las colonias españolas en América:

En cuanto a las colonias españolas (Perú, México, Argentina…), al destronar a los Borbones, Napoleón las abría a los ingleses. En 1806, cuando el almirante Popham, que había capturado desde enero el Cabo de Buena Esperanza, territorio holandés, había querido atacar Buenos Aires, un francés, Jacques de Liniers había rechazado, con el apoyo de la población, el ataque británico. Tras la intervención francesa en España, los colonos, organizados en cabildos, rehusaron reconocer a José [Bonaparte], pidieron ayuda a Londres y fusilaron a Liniers. Los ingleses casi se habían amparado del Brasil, a donde una escuadra había transportado, en 1808, la familia reinante de Braganza que huía de[l general] Junot. Del otro lado, derechos de aduana muy ventajosos habían sido consentidos a los negociantes británicos. La América española ofrecía un mercado no menos vasto, con la complicidad involuntaria de Napoleón. Pero el movimiento insurgente, imprudentemente desatado, ganaba, entre abril y julio de 1810, Caracas, Buenos Aires, Santa Fe de Bogotá y Santiago de Chile, bajo el impulso de jefes enérgicos, el mexicano Hidalgo, el venuezeliano Miranda, quien había sido general de la República Francesa en 1792, Bolívar, quien aseguran que asistió a la coronación de Napoleón, San Martín y muchos más. (p. 403)

Napoléon à Sainte-Hélène 

En internet existe una página de la Fundación Napoleón (Fondation Napoléon), organización dedicada al estudio de los dos períodos imperiales de Francia, de donde además bajé algunas de las imágenes son: http://www.napoleon.org/fr/home.asp

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