las playas de Malta


rondeaud En la edición del 26 de marzo pasado de Le Monde, Daniel Rondeau, embajador de Francia en Malta, publica un testimonio sobre la inmigración ilegal hacia Europa a través de esa pequeña isla. El relato es conmovedor, lleno de gran lirismo, y no es para menos, pues Rondeau es un conocido escritor contemporáneo francés. Autor de más de veinte novelas, Rondeau ha centrado una buena parte de su trabajo en la descripción de ciudades del Mediterráneo como Tanger, Istanbul, Alejandría y Cartago.

En su artículo de Le Monde titulado “Boatpeople d’aujourd’hui [Mojados de hoy]”, Rondeau cuenta su llegada a Malta. No hay muchos africanos en Malta, y sin embargo, decenas de embarcaciones, muy frágiles, llegan todas las semanas. Malta sólo es un puerto de paso. De ahí partirán rumbo a Europa, en busca de lo que la mayoría de los inmigrantes en todos los rincones del mundo: esperanzas de mejorar su calidad de vida, trabajo, sustento, escapar del Sida.

En los periódicos y en los noticiarios malteses, Rondeau sigue las noticias de las lanchas interceptadas por las fuerzas maltesas. Además, una agencia europea, Frontex, coordina diferentes fuerzas navales civilies y militares para reunir información sobre los flujos de inmigrantes: puertos de salida, puertos de llegada, rutas, estimaciones cuantitativas, y Rondeau logra asistir a una misión de la unidad desplegada en Malta. Durante el vuelo, logran localizar en medio del mar una lancha de pesca, en dirección de Lampedusa, Malta, con unas cincuenta personas en la cubierta, y bien podría haber otras tantas bajo cubierta, todas de origen africano. Seguramente venían de Libia y ya llevaban unas treinta horas de viaje. Amontonados unos contra otros, algunas mujeres con sus niños en brazos, habían soportado las inclemencias del tiempo y el vaivén del mar a cielo abierto.

Las misiones de Frontex no tienen poderes para detener y remolcar esos barcos. El f13340752cba6dbcf7a9f8e5e42cda76m1procedimiento es simple: un aviso a las autoridades  que se encargan de remolcarlos al puerto más cercano, interrogarlos y alojarlos en un campo de refugiados, a la espera de una repatración incierta. Según Rondeau, el número de inmigrantes ilegales en Malta durante el 2008 fue de 2,522, apenas mil más que en 2007. Una cantidad muy pequeña en comparación al resto de la migración hacia Europa. Si bien se conoce el número de los que llegan a Malta, el dato terrible es el número de los que no llegan. Después de conocer a la tripulación francesa de la misión Frontex en Malta, Rondeau contacta con un sacerdote jesuita, Joseph Cassar, encargado de una organización internacional dé recepción a los migrantes. Cassar, preguntando a los supervivientes  o a los migrantes que llegan a su centro buscando a sus familiares, estima que entre 600 y 1200 personas mueren ahogadas en el Mediterráneo cada año, intentando llegar a algún puerto maltés. Es un número enorme y muy inestable, pero que refleja apenas la tragedia que se vive. Sin embargo, Cassar conserva algunas esperanzas, y relata cómo muchos barcos de diferentes nacionalidades, continuamente prestan sus auxilios a náufragos a la deriva.

Malta

Para ilustrarlo mejor, he traducido tres párrafos del relato de Daniel Rondeau. Creo que son los más dramáticos de todo el texto y que muestran bien la situación:

El barco se distinguía sobre el sombrío fondo azul del mar y avanzaba con crestas de espuma bajo un cielo límpido. El cielo tan claro y el mar sereno no eran para esta multitud de hombres golpeados por el sol de septiembre mas que una sucesión de abismos. Una tormenta, una avería, y su imposible barca, un viejo bote de pesca en el límite del hundimiento, podría convertirse en su tumba. En otras ocasiones, estos barcos eran reparados durante el invierno y dejados como nuevos. Hoy, restos mal apuntalados, susceptibles de múltiples averías, son vendidos a precio de oro y permiten a los traficantes jugosas ganancias. Más pasajeros que en los dinghys, más seguridad, facilidad para repararlos entre dos viajes, piezas de recambio abundantes en todo el Magreb. Dicho esto, ningún pescador jamás se embarcaría en tales bañeras. Damos vueltas a su alrededor a baja altitud, Marie-Odile toma fotos que envía inmediatamente con la posición del navío al Centro de Control y de Investigación en Roma. La mayoría de los pasajeros no nos miran. Somnolientos, abrumados por el calor, enfermos quizás. Y los que nos miran no expresan nada.
Hoy, la mayoría de los migrantes provienen de Somalia, de Eritrea, en menor medida de Mali, de Costa de Marfil, de Níger o de Nigeria. Todos están dispuestos a morir con tal de vivir en Europa. Cada época ha tenido sus viajes infernales. El siglo XX no inventó ni el odio ni la indiferencia, pero precipitó a decenas de millones de hombres y mujeres hacia la muerte y la deportación. Cada uno sabe cómo las políticas criminales que desolan África, mortalmente enferma de Sida, ahora lanzan poblaciones enteras al exilio. Este exilio sin embargo no es el único sufrimiento de estos hombres sin raíces, condenados a avanzar hacia el Mediterráneo por caminos sin ley.
La esperanza es un camino muy largo, que puede durar meses, quizás años. En su camino sólo encuentran el desprecio por el extranjero, Obligados a trabajar para pagar su viaje, siempre robados, frecuentemente engañados, a veces abandonados a una muerte segura en medio del Sahara, y sometidos en cada etapa a aberrantes derechos de paso, golpeados por todo mundo, policías, oficiales de aduana, comerciantes, transformados en esclavos o en prostitutas, extorsionados, secuestrados, sometidos a las peores humillaciones, hombres como mujeres, y los niños también; son hombres exsangües moralmente que llegan a las playas libias (Trípoli, Zuwarah o Al Khums, Misratá o Zlitán), de donde podrán, quizás, tras humillaciones ulteriores y haber pagado 1000 dólares, embarcarse al fin (frecuentemente ya han desembolsado entre 1000 y 1500 dólares por su viaje por tierra).

El artículo de Daniel Rondeau fue publicado en la edición de Le Monde del jueves 26 de marzo de 2009.

Para saber más de Rondeau, pueden visitarse los sitios: www.ambafrance-mt.org o el artículo dedicado a él en la Wikipedia (sólo en francés): http://fr.wikipedia.org/wiki/Daniel_Rondeau

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