las paces con Italia


Siena, Trattoria La Torre de Siena 3 Hay cosas que me reconcilian con Italia. La que me presenta los argumentos más convincentes es la comida. Un lugar común dice que una de las cocinas más ricas y que se enseñan como si fueran una materia independiente en las academias de gastronomía, es la comida italiana. No sé si sea cierto, pero no lo creo. No pienso que sea así por la simple razón que, cuando se piensa en cocina italiana la mayoría de la gente se remite inmediatamente a las pastas, las pizzas y algunos más a los postres. Sin embargo, como supongo que ocurrirá en todas las cocinas de todo el mundo (ya lo he comprobado en el caso mexicano y en el francés), las variedades regionales de eso que llamamos “cocina italiana” son tan variadas, casi infitinas, que no veo cómo pueda reducirse una gastronomía tan rica a un curso de un par de años. No creo que exista algo así como Pastas I y Pastas II, o que reprobar Prosciuto I sea un impedimento para asistir a las clases de Prosciuto II.

Sin embargo, algo que sí puede admitirse es la superioridad de los ingredientes diarios en la cocina italiana. En este país golpeado por el sol, el desorden y el racismo, existe un savoir faire con los alimentos que es, desde mi personal punto de vista, insuperable del otro lado de los Alpes. Acudir a un simple súpermercado se convierte una delicia. En las panaderías, donde además se venden jamones y quesos, los alimentos son manipulados con un cuidado que raya en el amor.

Y en los restaurantes no es la excepción. Aunque los precios suelen estar cercanos a los franceses, la calidad y la cantidad es mayor. Por ello, en ese rubro, Italia sale ganando en precio y calidad. La semana pasada, el 26 de marzo para ser más preciso, asistí a un curso de historia en la Universidad de Siena. Buscando un lugar para comer, di con un precioso restaurante llamado “La Torre de Siena” al lado de la Plaza del Campo. Ahí tuve una revelación: los mejores filetes de ternera que jamás haya probado los tuve ahí. Antes, un buen minestrone (sopa de verduras) y luego esa ternera inolvidable. La preparación era simplísima: tres rebanadas preparadas en aceite y el milagro estaba hecho: por un momento me reconcilié con Italia. Al lado, una copa de vino tinto de la casa, una ración de espinacas a la plancha (los esfuerzos de mi madre por hacerme comer espinacas hubieran sido más fáciles en este país) para intensificar el sabor. Fruta de postre, un café alto (que no era de la casa, pero va bé…).

El local es diminuto, familiar (atiende el abuelo, frente a los retratos de todos sus nietos que cuelgan en la pared), sólo 8 mesas para cuatro personas cada una, con la cocina a la vista (de hecho hay que atravesarla para entrar), un mesero-cocinero (que decide el menú por el cliente), una ayudante de cocina y basta. Las paces con Italia.

Siena, Trattoria La Torre de Siena Siena, Trattoria La Torre de Siena 2

Un comentario en “las paces con Italia

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s