descubrimientos cinematográficos (tardíos)


fargo_film[1]the-big-lebowski-poster-c10119891Fargo, Ethan y Joel Coen (dirs. y libreto), Frances McDormand (Jefa de policía Marge Olmstead-Gunderson), William H. Macy (Jerry Lundegaard), Steve Buscemi (Carl Showalter), Peter Stormare (Gaear Grimsrud), Harve Presnell (Wade Gustafson), Carter Burwell (música), EUA, Gramercy Pictures, 1996, 98 min.

El gran Lebowski, Ethan y Joel Coen (dirs.), Ethan y Joel Coen (dirs. y libreto), Jeff Bridges (Jeffrey Lebowski “The Dude”), John Goodman (Walter Sobchak), Steve Buscemi (Theodore Donny Kerabatsos), David Huddleston (Jeffrey Lebowski “El Gran Lebowski”), Julianne Moore (Maude Lebowski), Carter Burwell (música), EUA, 1998, 118 min.

Alguna vez Yan Thomas me dijo que la oferta cinematográfica de París era la mejor del mundo, incluso mejor que la de Nueva York, que conocía bastante bien. No conozco Nueva York, pero sí conozco París y conocí a Yan Thomas y creo que muy probablemente tenía razón. No hay pretexto para no ver películas de todas las épocas y de todos los continentes. Algunos ejemplos de los que les hemos hablado los pueden encontrar aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y ¡uf!, aquí.

No sólo es posible encontrar películas en las salas de cine de grandes cadenas (como MK2, UGC, Pathé) o independientes (por ejemplo, todavía es posible ver en pantalla grande toda la obra de Pasolini en un cine del Barrio Latino), sino que infinidad de videoclubes gratuitos (como el de la casa de estudiantes de Argentina, en la Ciudad Universitaria), las universidades, los liceos o las bibliotecas municipales multiplican exponencialmente la oferta cinematográfica. Sólo con las películas que es posible ver podría hacerse un blog completo.

Y como en este blog raramente escribimos de cosas nuevas, sino de cosas que ya pasaron, pues he aquí nuestro último descubrimiento tardío: Fargo y El gran Lebowski. De la primera, recuerdo cuando fue premiada con varios óscares. Decidí rentarla y verla con mi mamá. Adolescente como era, poco acostumbrado al cine que no viniera de Hollywood, no entendí el humor negro del que está cargada la película y no terminé de verla. Me quedé con la errónea, muy errónea idea de que era una mala película. Cuál va siendo mi sorpresa, años después, que me encontraba disfrutando No Country for Old Men, esperando ansiosamente el estreno de Burn After Reading y ahora escribiendo sobre esas películas que en su tiempo no aprecié. De El gran Lebowski tampoco tenía gran idea. Algunos colegas me habían citado algunas frases, episodios, pero no había hecho gran caso.

Y ahora las veo y me parece una epifanía. Un retrato profundo de los sueños de los Estados Unidos. Antihéroes monumentales en historias tan alucinantes que rayan en la verdad. Lejos de los personajes de Burger King que anuncian la hamburguesa “Texican” con un gringo alto, rubio y fuerte y un mexicano pequeño, gordo y moreno, nada más común y corriente como una policía embarazada que, lentamente, con la carga de un niño en el vientre, resuelve un crimen (Fargo) o un Don Nadie obeso y en eternas bermudas, envuelto en un presunto crimen de miles de dólares (El gran Lebowski).

El cine de los hermanos Coen explora, según yo, en el imaginario estadounidense y lo aterriza violentamente en la realidad. Dicho de otro modo: los hermanos Coen buscan exponer personajes reales a situaciones fantásticas a través de un humor negro pesado y absurdamente cerebral. Los hermanos Coen se preguntan sobre cómo reaccionaria la gente ante una situación anormal, pero que en realidad se ha vuelto banal y al respecto, hacen una película. Lejos de obtener héroes titánicos o pillos estereotipados, obtenemos un asesino en serie peinado a la Anna Mouskouri (Javier Bardem en No Country…) o un personaje obeso y sin trabajo, tratando de verle la cara a delincuentes poderosos (El Gran Lebowski). Ni qué decir de un posible instructor deportivo que trata de timar a un ex agente de la CIA (Brad Pitt y John Malkovich en Burn After Reading). Podríamos concluir que, la estupidez cotidiana nunca deja de ser una buena historia (aunque a veces, sangrienta).

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