el mar japonés


Ponyo sur la falaise Hayao Miyazaki (dir.), Ponyo sur la falaise (francés), 崖の上のポニョ (Gake no ue no Ponyo, japonés) [Ponyo en el acantilado], Japón, Studios Ghibli, 2008, 100 min.

Un niño que creció en medio de un país devastado por la Segunda Guerra Mundial, escuchando los relatos de guerra de sus padres y hermanos, pasados los años, al volverse adulto, desarrolla una inmensa capacidad para contar historias, dibujarlas y presentarlas en forma de películas. Es Hayao Miyazaki, nacido en 1941 y creador de filmes como El viaje de Chihiro, El castillo volador y Mi vecino Totoro. Pertenece a una generación de directores de cine conocida como “los directores traumatizados”, pues en su trabajo se pueden ver referencias a la guerra. En sus películas, Miyazaki presenta obsesivamente los temas de la guerra y la destrucción masiva. Sin embargo, su infancia también lo relacionó con los aviones, gracias a una empresa de su hermano, y a la naturaleza. Además, en la mayoría de sus películas está presente un personaje infantil que ocupa el papel protagónico.

Ponyo en el acantilado es su última creación. En palabras del propio Miyazaki, por muchos motivos este fue un trabajo especial. Miyazaki en gran parte abandonó la computadora y lo sustituyó por trabajo a mano. La historia, cuyo escenario principal es el océano, requirió miles de dibujos ejecutados por el propio MIyazaki. Los detalles del océano, las olas, la marea, la espuma, los peces y el resto de los seres que viven ahí fueron hechos completamente a mano.

Algunos críticos de cine ven en Ponyo en el acantilado una versión de La SIrenita. Sin duda, hay similitudes. Pero el mensaje ecologista es más grande. Además, el papel de los niños es mucho más amplio y Ponyo, la heroína de la historia, puede adquirir varias actitudes.  A todo ello se agrega el arte de Miyazaki, intimista y detallista. Muchas escenas muestran un cuidado preciosista en los objetos más pequeños. Una simple sopa, por ejemplo, se convierte en una experiencia visual inigualable. La escena inicial, un ballet de medusas, es también un festival de colores sólo posible gracias a la gran técnica personal de Miyazaki.h_4_ill_1175708_ponyo-falaise-bis

Sosuke, un niño de cinco años, rescata a un pez payaso atrapado en una botella, a quien decide llamar Ponyo. Rápidamente surge una relación afectiva muy fuerte entre ambos. Sin embargo, Ponyo, que en realidad se llama Brunhilde, es llevada a la fuerza a casa por su padre, Fujimoto. Ahí, Ponyo vuelve a escapar y, gracias a sus poderes mágicos, convertirse en ser humano, pues se ha enamorado de  Sosuke. Sin embargo, el precio que habrá de pagar es el de desequilibrar las fuerzas de la naturaleza, pues previamente derramó toda el Agua de la Vida que su padre, quien había sido un ser humano y ahora es un mago que vive en el fondo del mar, prepara para salvar la tierra de la contaminación humana. Para volver a la normalidad, Ponyo y Sosuke deben pasar una prueba.

Quizás uno de los personajes más significativos y de los que menos se habla, porque aparece muy poco en la película, es Fujimoto, el padre de Ponyo. Es un hechicero que renunció a su condición de ser humano. Decide irse a vivir al fondo del océano para tratar de eliminar toda la contaminación que producen los seres humanos. Sabe que Ponyo tiene un don especial, aunque nunca se revela cuál, y por eso la vigila celosamente. Mientras tanto, prepara una poción para volver la Tierra al estado primitivo de la vida, en la época en la que casi la totalidad del planeta estaba cubierto por el océano. Cuando Ponyo escape y provoque el desequilibrio de la vida, los animales que se verán pertenecen al cuaternario.

Sin embargo, haciendo justicia a nuestro sentimiento, la historia, que se quiere simple, no alcanza las mismas alturas que, por ejemplo, en El viaje de Chihiro o en El Castillo ambulante. Tenemos la impresión de que quedan algunas cosas sin explicar. Por ejemplo, el don tan especial de Ponyo. Otra duda que nos asalta es por qué se desencadena tal desequilibro. Por supuesto, ambas dudas están relacionadas. Tenemos el sentimiento de habernos perdido de algún simbolismo del unvierso de Miyazaki…

Por cierto que tuvimos la oportunidad de ver en el mismo día la versión con sonido original en japonés subtitulada en francés y la versión doblada al francés y el trabajo de los actores franceses fue no sólo grato, sino superior a los subtítulos de la versión en japonés. Si algún buen día aprendemos japonés, les diremos si la versión original nos hizo reír tanto como la versión doblada.

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