sobre por qué Homero Simpson no triunfó como artista plástico


Mortier, Roland, L'originalitéRoland Mortier, L’Originalité. Une nouvelle catégorie esthétique au Siècle des Lumières [La originalidad. Una nueva categoría estética durante el Siglo de las Luces], Ginebra, Librairie Droz, 1982, 218 pp.

En el capítulo 19 de la décima temporada de Los Simpsons, Homero es catapultado a la fama del medio de las artes plásticas. Una afortunada coincidencia lo pone en el camino de una galerista quien se muestra interesada en la “escultura ” ejecutada por Homero. La “escultura” es, como se podrá imaginar, un pedazo de basura derivado de la ineptitud de Homero para seguir unas instrucciones y un asador comprado unas horas antes. Homero comienza una meteórica carrera de escultor, con todo y muestra retrospectiva, obras que se cotizan en miles de dólares y seguidores que teorizan en torno a sus obras.

Se intuirá el problema planteado por el ca pítulo de Los Simpsons: ¿qué es y qué no es arte? Desde un punto de vista más académico, uno de los que han escrito al respecto ha sido Roland Mortier profesor belga de la Universidad Libre de Bruselas, que ha dedicado su vida académica a estudiar el siglo XVIII europeo, con mayor atención aFrancia. Mortier es considerado uno de los renovadores de los estudios del siglo XVIII, que hasta mediados del siglo XX estaban centrados sólo en la Revolución Francesa y en la vida y obra de filósofos y escritores. Mortier ha estudiado problemáticas artísticas, filosóficas y científicas desde el punto de vista socio cultural. Ahí radica la importancia y la innovación de sus trabajos.

homer_mom_and_pop_art_bbq

En este librito hace una especie de biografía del concepto de originalidad. El concepto en cuestión es particularmente confuso, porque desde sus orígnes tiene una doble connotación positiva y negativa. Hacia el siglo XVII, con la pala bra “original” se hacía referencia a las personas excéntricas, aquéllas que hacían cosas fuera de lugar o querían llamar la atención, pero también a aquello innovador. En español no existe la diferencia sutil entre originel y original del francés, que hace referencia precisamente a esta diferencia de calidad: mientras originel sirve para designar lo ridículo, original señala la creatividad (p. 32). El Dictionnaire somique, sqtyrique, critique, burlesque, libre et proverbial ([Dictionario cómico, satírico, crítico, burlesco, libre y proverbial], Ámsterdam, 1718) de Le Roux define así original:

Pour sot, ridicule, qui a des manières affectées et qui est bizarre et extravagant dans tout ce qu’il fait ; c’est proprement faire le petit maître

Estúpido, ridículo, que tiene modos manieristas y que es extraño y extravagante en todo lo que hace; es precisamente comportarse como petimetre

Rhinocéros Pompidour
¿Por qué un rinoceronte hecho de fibra de vidrio puede ser llamado "obra de arte" y ser exhibido en un museo?

Habrá que esperar hasta el siglo XIX para que el término tome su acepción positiva. Mientras tanto, la originalidad es discutida en torno a otro concepto importante para el arte: la imitación. El estudio de Mortier parte del análisis de la imitación y de las diferentes concepciones que surgen de ella para entender la originalidad. Porque según la concepción que se tenga de la imitación derivan diferentes formas de originalidad. El problema se plantea de diversas maneras: ¿qué es lo que debe imitarse, los clásicos o los contemporáneos?, ¿debe imitarse la obra o la manera de ejecutarla? y sobre todo, ¿se debe imitar a los clásicos porque éstos son insuperables o se debe innovar radicalmente?

Johann Winckelmann, uno de los iniciadores de la teoría del arte (con su obra Gedanken über die Nachahmung der Griechischen Werke in der Ñalerey und Bildhauerkunst, 1755), afirmaba que la originalidad es uno de los criterios principales para emitir un juicio sobre una obra de arte. Winckelmann abogaba por la imitación de los clásicos, pero en esta imitación debía discernirse qué parte había sido reflexión del artista y qué parte simple copia. Este precario equilibrio entre reflexión y copia se alcanza según los límites del buen gusto, noción clave de la estética, así como gracias al estudio de los clásicos. Se trata de una búsqueda interior del artista que, imitando a los clásicos, propone nuevos temas. De ahí que el arte tenga un papel educativo. Ejemplos de ello son Miguel Ángel, Rafael y Poussin (p. 47).

Por los mismos años, Lessing afirmaba que el arte no tenía un papel educativo, sino que está destinada a conmover. En realidad, Lessing se sitúa en una corriente que reacciona contra el barroco. La carga moral que hasta entonces había tenido el arte barroco es cuestionada. No se trata, como afirmaba Winckelmann, de encontrar la originalidad en el tema, sino en los medios de ejecutarla (p. 49).

Este es el caldo de cultivo para la discusión conocida como entre Antiguos y Modernos, entre aquellos que afirmaban que el arte había alcanzado su perfección en el mundo clásico latino y helénico, y entre aquéllos que afirmaban que se podía alcanzar de nuevo la perfección. Los primeros abogaban por una estética de la imitación (o mimesis) y los segundos por una estética de la intensidad. Y aunque esta discusión no tuvo el impacto tan profundo que algunos quisieran, sí inició la discusión en torno a los modelos contemporáneos y antiguos.

La gran discusión será impulsada por Edward Young, en 1759, con su obra Conjectures on original composition. El sentido de la obra literaria (y por extensión, de la obra artística), no se reduce a la gloria del artista, sino al servicio que ésta pueda dar a la humanidad. Young establece una distinción que, de paso, acaba con la discusión anterior e inaugura una nueva: los autores que imitan la naturaleza son autores originales, los que imitan a otros autores, son simples imitadores:

Imitations are or two kinds: one of naturem one of authors. The first we call originals, and confine the term imitation to the second.

752px-John_Henry_Fuseli_-_The_Nightmare
Un ejemplo de pintura Sturm und Drang. Henry Fuselli, La pesadilla

Aunque cuestiona a los grandes modelos clásicos debido a la fuerza asfixiante de su prestigio, reconoce la importancia del arte clásico. La originalidad consiste en buscar la perfección, como los antiguos, pero con diferentes medios (p. 79). La reacción en Europa de la obra de Young fue distinta. En Francia, el cuidado que tenían los autores por adherirse a una regla (normalmente la de la mimesis clásica griega) amortiguó el impacto de la obra de Young. Por su parte, en Alemania, su obra fue recibida con furor, pues ya desde años antes, autores como Lessing habían criticado la imitación de modelos clásicos y extranjeros. El movimiento literario conocido como Sturm und Drang tiene parte de sus orígenes aquí y en la obra de Herder, quien aboga por una literatura nacional alemana, sin influencias extranjeras. Sin embargo, pasados los años, Herder verá con decepción los excesos a los que se entregarían los jóvenes escritores del Sturm und Drang (p. 112).

En el caso francés, que es el que me interesa, Roland Mortier expone la teoría de la originalidad desde los escritos de Rousseau, Diderot y Madame de Staël. Para Rousseau, la originalidad no se encuentra en los conocimientos adquiridos, sino en la naturaleza conservada. Rousseau señala la importancia para el artista de convencer, testificar. El autor es testigo de la verdad de su obra. El artista debe privilegiar la diferencia, la verdad y la singularidad (p, 150-151).

Denis Diderto
Este retrato de Diderot ejecutado por Michel Van Loo, fue duramente criticado por el mismo Diderot

En Diderot, la originalidad se radicaliza. El editor de la Enciclopedia ve en ella un medio para denunciar una cultura hipócrita, llena de convencionalismos. Por ello, la originalidad en Diderot no es ni valor estético ni moral, sino una señal de la naturaleza en medio de la homogeneidad.

Madame de Staël señalará más tarde la relación de la originalidad con el espíritu de un pueblo. Por primera vez con tanta insistencia, una  escritora pone atención al carácter de una colectividad. Los desarrollos sucesivos que tendrá esta noción estarán referidos a la idea de literatura nacional.

Hasta nuetros días, la noción de originalidad es evocada en términos más bien positivos y que exaltan la personalidad del artista. En aras de la originalidad se ha llegado a lo que Mortier llama un “terrorismo de la originalidad”. La paradoja radica en que las formas singulares de la creación son innumerables veces impuestas como única manera de creatividad. Esta utilización de la noción de “originalidad” pierde vista el papel de la tradición como agente integrador de los elementos nuevos y viejos y subestima la relación entre la innovación y las reglas estéticas. De ahí que, cuando entramos a un museo de arte moderno, nos sea tan difícil comprender por qué ciertas obras están ahí y otras no.

El capítulo de Los Simpsons termina con una reflexión en este sentido. En el sorprendente museo de Springfield, en el que se encuentran pinturas de Botticelli, Picasso, Kandinsky, Liechtenstein, Warhol y otros monstruos de las artes plásticas, Marge enseña a Homero que, para llegar a ser un gran artista, no se debe ser negligente con el pasado. En cierta forma, cada artista es heredero de la tradición que le sigue. Cuando Homero repite sus obras con diferentes objetos, su público queda convencido de que no tiene tema. Sus obras, por parecidas, podrían ser todas meritorias de un museo, pero reunidas, es evidente la falta de originalidad. Marge pone el clavo en el ataúd artístico de su esposo, porque sabe que, además de la falta de originalidad de temas, tampoco tiene la originalidad de los medios, pues no conoce a ningún artista occidental.

Anécdota sobre los Simpsons: en la versión original de este capítulo la voz de la galerista de arte fue prestada por Isabella Rossellini.

2 comentarios en “sobre por qué Homero Simpson no triunfó como artista plástico

  1. Gracias por tu comentario Roberto Javier.

    Efectivamente, Homero no tiene concepción alguna del arte. Simplemente se pone a imitar a otros artistas que presentan piezas que no parecen, por lo menos a priori, obras de arte (estoy pensando en “Fuente” de Deschamps). No es que Homero no haya hecho algo distinto a los otros artistas, sino que no fue ni original, en el sentido del libro de Roland Mortier que reseñamos aquí, ni trae consigo ningún bagaje estético o cultural, que es precisamente el cuestionamiento de Marge.

    Si recuerdas, en algún momento del capítulo (me parece que cerca del final), Marge lleva a Homero al museo de Springfield y en las paredes cuelgan obras maestras del siglo XX (hay unos Dalís, unos Mondrian, me parece y otros artistas que improbablemente se encontrarían en un museo de ese calibre). Eso sí es original y artístico (las obras que cuelgan de las paredes).

    Me gusta

  2. Os felicito por tan buena discusión sobre el arte y su naturaleza.

    Si algo me gusta de esta discusión, si hay algo que me parece peculiar, es el hecho de que parte de una preocupación más contemporánea, en este caso, de un capítulo de Los Simpsons.

    Creo que esta forma de discusion de materias intelectuales, artísticas y académicas, partiendo de las preocupaciones más actuales, de las preocupaciones manifestadas en los medios de comunicación, que tanta injerencia tienen en nuestras vidas hoy día, debe servir de ejemplo para todos los intelectuales y académicos a la hora de impartir o enseñar materias humanísticas y filosóficas a las nuevas generaciones de estudiantes universitarios.

    Ahora, volviendo al centro del debate, creo que el problema es que Homero Simpson no tiene la más mínima concepción de arte.

    He visto este episodio varias veces, pues soy entusiasta televidente de Los Simpsons. Homero quiere ensamblar una parrilla para hacer hamburguesas y salchichas. Sin embargo, su falta de paciencia y de entendimiento, le impiden montar la parrilla, lo que produce en Homero más frustración y rabia, así que se desahoga en golpes contra la pobre parrila. Se lleva la parrilla para botarla. En la carretera, se le desprende la parrilla del coche, que termina estrellándose contra un carro ajeno.

    Homero regresa a su casa, sin saber que allí aparecería la conductora del coche dañado por su parrilla. En vez de reclamarle por los daños, ella se interesa por la parrilla, porque la considera una obra de arte. Y la expone en su Galería de Arte, siendo el multimillonario Sr. Burns quien la compra.

    En el episodio en cuestión, Marge cuestiona a Homero, por el hecho de que éste no tiene concepción artística, y le lleva al Museo para que se haga un concepto del arte, a partir de las obras de los grandes pintores.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s