tesoros, maravillas y colecciones


Romantisme Revue Krzystof Pomian, “Collection : une typologie historique”, Romantisme, vol. 31, no. 112, 2001, pp. 9-22.

Pomian es uno de los especialistas franceses en historia del arte y, más específicamente, en coleccionismo. Ha publicado varios trabajos a este respecto en la Maison des Sciences de l’homme de París desde los años ochenta. En este artículo publicado hace ocho años, hace un resumen de sus investigaciones a lo largo de veinte años.

Para empezar, Pomian ofrece una definición de colección: “conjunto de objetos naturales o artificiales, mantenido temporal o definitivamente fuera del circuito de las actividades económicas, sometido a una protección especial y expuesto a la vista en un lugar especialmente acondicionado” (p. 9). El origen de este conjunto de objetos que recibe un trato tan especial tiene su origen en otro tipo de intercambios: entre la sociedad y lo invisible.

Una primera manifestación de este intercambio entre la sociedad y lo invisble la constituye los “tesoros”. Es un tipo de colección conocido en Occidente desde el siglo VI d.C. Tanto la Iglesia como los príncipes reunían tesoros y contenían reliquias de santos (en sus respectivos relicarios), objetos de oro y plata, piedras preciosas, marfiles, sedas y otros objetos de lujosos. Pero lo más importante de los tesoros era su función: son la expresión de la protección divina sobre el propietario. Su poder y riqueza son el signo de esta protección. Por supuesto, más allá de esta función, frecuentemente los tesoros eran utilizados para pagar necesidades de los príncipes. Ejemplos de tesoros son los del rey Carlos V de Francia o del duque Juan de Berry. Podemos imaginarnos cuánto se enriquecieron los tesoros con las Cruzadas y especialmente con el saqueo de Constantinopla de 1204.

Cortile del Belvedere
El Jardín del Belvedere en el Vaticano hacia el siglo XV por Bramante

Hacia el siglo XII comienza otro tipo de coleccionismo. Gracias a la riqueza adquirida por los burgueses y comerciantes de objetos de lujo, un cierto Oliviero Forzetta (1300-1373) reunió en Venecia una colección de bronces, mármoles, monedas antiguas, dibujos y esculturas. Su trabajo duró cerca de treinta años y, junto con una biblioteca, su colección se enriqueció gracias al comercio que ejercía. Sin embargo, Forzetta no dejó una marca en la cultura de la época. No utilizó su colección ni para difundir los conocimientos que se podían obtener de ella ni para profundizar los que ya tenía. Es el célebre Petrarca (1304-1374) quien será imitado por los “humanistas”. Petrarca se inspiró en la obra del griego Plinio el Viejo para reunir una colección de pintura y de escultura.

Las colecciones particulares hacen totalmente su reaparición en el siglo XV. Ausentes desde la época del Imperio Romano, el papa Pablo II (1416-1471) pone de moda esta actividad en su corte de Roma. Al mismo tiempo, la familia Médici reúne otra de las colecciones más importantes en Florencia. Si el tesoro es la imagen de la riqueza y del poder de su propietario, la colección particular, además de ser señal de ésto, también es ejemplo del buen gusto y de la sabiduría del propietario.

Hacia mediados del siglo XV las colecciones experimentan un cambio decisivo: desde Holanda llegan las pinturas de pequeño formato. Al alcance de bolsillos más modestos que los de la realeza, los cuadros y en general la pintura que entra en las colecciones, inaugura una distinción entre dos tipos de colección: aquéllas que reúne objetos cuyo valor radica en la materia empleada y aquéllas cuyo valor radica en el trabajo empleado para ejecutar las piezas. Además, los viajes de exploración más allá del Atlántico señalan el inicio de las colecciones de objetos naturales, minerales y plantas. (p. 12)

Así, a lo largo de los siglos XVI y XVII comienza una época de oro para las colecciones particulares, que podían ser de cuatro tipos, según Pomian (p. 12):

1. Colecciones concentradas en el arte de la época o de la precedente. Estas colecciones contenían cuadros, esculturas, bronzes, “medallas modernas”, dibujos, gravados.

2. Colecciones de antigüedades, compuestas de estatuas antiguas o fragmentos de éstas, “medallas antiguas”, inscripciones vasos, pidras gravadas, lámparas, urnas, etc.

3. Colecciones de minerales, conchas, huesos, esqueletos, fósiles, plantas secas, frutos, máquinas o instrumentos científicos, producciones exóticas, vestidos y armas de pueblos salvajes y otras “maravillas”.

4. Colecciones de plantas vivas.

Wunderkammern
Portada del libro de Basilio Besler, Fasiculus Rariorum, 1616, con un Gabinete de curiosidades. Nótense la cantidad de animales marinos

Estas colecciones tenían sus respectivos espacios arquitectónicos: podían estar reúnidas en galerias, en el caso de estatuas y cuadros, en gabinetes, estudios o studioli en el caso de pequeños objetos y “maravillas” o en un jardín para las plantas vivas y algunas esculturas. Así nacen las Wunderkammern o Kunstammern, términos alemanes para “Gabinete de curiosidades” y “Gabinete de arte”. Los coleccionistas de estas Wunderkammern intentaban hacer una explicación global del mundo a través de la reunión de ejemplos de toda la realidad. Estaban pensadas de manera enciclopédica, es decir, su aspiración era a la universalidad del conocimiento (p. 13).

Cuando, hacia el siglo XVIII, estas colecciones comienzan a ser reunidas por escritores, filósofos y demás integrantes de la República de letras, el sentido del mensaje cambia. Los príncipes, si bien habían reunido sus Wunderkammern con el fin de expresar sus conocimientos y su buen gusto, los sabios lo hacían para estudiar. Las colecciones estaban subordinadas al estudio y no ponían especial atención en hacerlas agradables al público que las visitaba eventualmente, sino que privilegiaban el valor histórico. Obviamente, las transformaciones en los criterios de la República de Letras influyen directamente en los cambios en el contenido de las colecciones, porque los príncipes también se rodeaban de filósofos y artistas.

De esta manera, el siglo XVIII, el Siglo de las Luces, ve pasar de moda las Wunderkammern. Una de las preguntas que empiezan a ser planteadas tiene que ver con el origen de los pueblos. Si hasta el siglo XVII las colecciones lo explicaban a través de la relación de cada pueblo con los griegos o los romanos, a partir del XVIII nacen las “Antigüedades nacionales”. Cada nación s interesa en un pueblo “mítico”: los galos de Francia, los etruscos de Toscana,  los celtíberos de España, los británicos de Inglaterra y los germanos para los alemanes darán origen a un patrimonio y un pasado “nacional”.

Todas estas colecciones, situadas en un punto histórico preciso de la historia de cada pueblo, ciomienzan a ser “restituidas” al pueblo al que pertenecían. En principio, las colecciones de los príncipes  pertenecían a éstos, como la de Carlos Estuardo, por ejemplo. Pero en algunos casos pertenecían más bien a la corona, como lo había ya establecido Francisco I de Francia. Otros soberanos no tenían problemas en hablar de “restitución al pueblo”, como Sixto IV, cuando coloca en el Capitolio las esculturas que tenía en Letrán. Más tarde son las universidades (Pisa en 1543, Basilea en 1661, Oxford en 1737) las que haran adquisiciones de colecciones importantes. La característica importante es que el público tiene acceso a esas colecciones.

Finalmente, el siglo XIX y el XX es el siglo de los museos. Las colecciones privadas permanecen con buena salud, pero cada vez más raras y, sobre todo, costosas. Sin embargo, muchos coleccionistas se dan cuenta de la  importancia de mantener el acceso al público y no es raro encontrarse con colecciones particulares que fueron donadas al Estado o que han sido mantenidas abiertas desde la muerte del propietario (por ejemplo, la colección de Rosemary Matthews, de la que ya les hemos ablado aquí).

En fin, en esta historia sumarísima de las colecciones, Krzystof Pomian retrata de manera general las colecciones y su evolución. No olvidemos que, por raras, excéntricas o caras que sean, las colecciones son una muestra del conocimiento y del gusto artístico de la época y, más importante, de la clasificación de este conocimiento.

Berlin, Gemäldegalerie
La Gemäldegalerie de Berlín

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