el rosa Tiépolo


Calasso, El Rosa Tiépolo

Roberto Calasso, El rosa Tiépolo, Edgardo Dobry (trad.), Barcelona, Editorial Anagrama, 2009, 310 pp. (de la edición original Il rosa Tiepolo, Milán, Adelphi Edizioni, 2006)

Hay artistas que han dejado una huella profunda en el arte y no lo sabemos. Hay artistas que han dejado una gran obra, en muchas ciudades, en muchos palacios y en muchos formatos, y su vida nos es completamente desconocida. Esos artistas son frecuentemente incomprendidos, no sólo por sus contemporáneos, sino también mucho tiempo después. Las interpretaciones sobre su trabajo suelen estar influenciadas por la falta de conocimiento sobre su vida.

Este es el caso de Giambatista Tiépolo (Venecia, 5 de marzo 1696-Madrid, 27 de marzo 1770). Údine, Venecia, Würzburg y Madrid conservan preciosos frescos autoría de Tiépolo. Sus obras de formatos más pequeños se conservan en algunos de los museos más prestigiosos de Europa. Casi toda su obra está catalogada. Su técnica, así como los temas que escogía para sus pinturas siguen desconcertando a los especialistas.

Roberto Calasso, fundador del prestigioso sello editorial italiano Adelphi, presenta en este libro una reflexión sobre el trabajo de Tiépolo. De hecho, este volumen es el último de una serie de cinco que se centran en la imaginación de los artistas. Los primeros cuatro tienen títulos tan sugestivos como éste: El loco impuro, Las bodas de Cadmos y de Harmonia, La ruina de Kasch, Ka y K.Tiepolo

Calasso sondea en el alimento creativo del artista, se fija en las repeticiones, los patrones y les da una interpretación que busca aclarar las dudas y los prejuicios. El segundo capítulo, sin duda el más interesante, se centra en una de las producciones más extrañas del pintor veneciano: los Scherzi y los Caprichos. Diez caprichos y treinta y tres scherzi, grabados que repiten la misma disposición del espacio así como los personajes. Algunos los han interpretado como series que representan aquelarres y pactos con el diablo, pero para Calasso se trata de metáforas del acto de mirar. El mirar que genera dudas y produce respuestas.

Aunque fue muy famoso en su época, el tiempo le destino el olvido. Quizás molestaba su técnica: trazos rápidos y repeticiones de modelos. Pero también su ironía. En el palacio de Würzburg del príncipe obispo Carlos Felipe de Greiffenclau existe una sala decorada por Tiépolo con el tema de la apoteosis del príncipe en cuestión. De las cuatro esquinas del techo aparecen alegorías de los cuatro continentes. En medio de toda la escena, un grifo sostiene el retrato del obispo y, justamente, con una de sus patas (Greiffenclau significa Garra de grifo) lo sostiene y desgarra al mismo tiempo.

En el mismo fresco, en la esquina que le corresponde a América, se observa una escena donde unos naturales están preparando todo lo necesario para cometer canibalismo. Justo abajo de esta escena un pintor, pulcramente vestido, está tratando de encaramarse al cuadro, como si hubiera caído por azar ahí. “El peor lugar para caer”, observa Calasso. Se trata del mejor retrato de toda una civilización. Ese pintor es Occidente, “el único ser tan curioso e inconsciente como para meterse en problemas tan lejanosm y siempre con la convicción de realizar una buena empresa”.

Un ensayo por mucho, interesante e ilustrativo. Lástima de la edición, que decidió suprimir las llamadas al pie de página y exilió dichas notas al final del libro, sin mayor indicación.

america-tiepolo

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