piratería


El médico de los piratasCarmen Boullosa, El médico de los piratas. Bucaneros y filibusteros en el Caribe, Madrid, Editorial Siruela, 2002 (ed. orig. 1992), 130 pp.

La piratería (marina) tuvo su época de oro en América durante el siglo XVIII. La mayor parte de los relatos fantásticos que nos han llegado se forjaron en esta época. Tesoros escondidos, palas de pato, periquitos en el hombro, piratas despiadados, persecusiones entre barcos, bombardeos a puertos… Si bien estos relatos han sido aderezados con fuertes rasgos de heroísmo y aventuras, la violencia y la crueldad alcanzaban niveles atroces. Por sorprendente que parezca, algunos de esos hombres con parche en el ojo poseían vastísimos conocimientos. Tal es el caso de Alexandre-Olivier Exquemelin. Médico de profesión, se ve forzado al exilio por razones económicas y religiosas: una ordenanza del rey de Francia le prohibe ejercer a los protestantes el oficio de médico. Parte de su natal Holanda con rumbo a las plantaciones de la Compañía de Indias francesa, pero en el camino su barco es asaltado por piratas y él es vendido como esclavo. Tres años transcurren hasta que logra escaparse y convertirse primero en pirata y luego en corsario (pirata con patente, digamos) holandés. Se sabe realmente poco sobre su vida, pero lo suficiente para trazar esta semblanza y, además, cosa poco común, en 1678 escribió un libro titulado De Amerikaanse Zeerovers, traducido un año después al alemán bajo el título Americanische Seeräuber y, en 1684, la edición en español Piratas de la América. El título en francés, cuya edición corresponde al año de 1678 y es el más ilustrativo de todos: Histoire des Aventuriers, des Bucaniers et des Chambres des comptes établie dans les Indes (algo así como Historia de aventureros, bucaneros y de la Caja de cuentas establecida en las Indias), la que pone en evidencia la estrecha relación entre el poder colonial europeo y la guerra comercial que enfrentaba a las potencias del momento (principalmente la declinante España, Francia, Holanda e Inglaterra).

Continuación de Son vacas, somos puercos, Carmen Boullosa retrata algunas de las aventuras del médico Exquemelin. Imagino, por el estilo, que no se trata de una traducción. La historia se sitúa en uno de los puntos más importantes de la vida de Exquemelin, a punto de convertirse en uno de los miembros más importantes de la comunidad pirata de la isla de Tortuga. Desde el punto de vista de Exquemelin, Boullosa cuenta el liderazgo del pirata apodado l’Olonnais, cuya gran crueldad rebasaba cualquier límite. Por ejemplo, relata Boullosa por la boca de Exquemelin que

cuando l’Olonnais se embriagaba después de una victoria, pide le traigan a algún prisionero para torturarlo por puro gusto. Por gusto. Sin tratar de sacarle ninguna información.

El relato es muy veloz. Boullosa atrapa rápidamente la atención del lector y lo lleva rápidamente a través de acciones piratas relámpago. Una de los mejores momentos consiste en el asalto al puerto de Cartagena de Indias y la perdición de l’Olonnais. Además, la edición se presta a una lectura rápida puesto que los caracteres son muy grandes. El todo tiene algunas ilustraciones que ayudan a dar un ambiente al relato.

Mapa de la isla de Tortuga, al norte de Haití, refugio de Piratas
Mapa de la isla de Tortuga, al norte de Haití, refugio de Piratas, siglo XVII

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