belleza tenebrosa


Tu n'aimeras pointHaim Tabakman (dir.), Tu n’aimeras point (עיניים פקוחות, Einayim Pkuhot, hebreo; Eyes Wide Open, inglés; Tu n’aimeras point, francés), Ran Danker (Ezri), Zohar Shtrauss (Aaron Fleischman), Ravit Rozen (Rivka), Tzahi Grad (Rabino Vaisben), Israel, Alemania y Francia, Arte, Filmförderung Hamburg Schleswig-Holstein, Israel Film Fund, 91 mins.

Dios no ha creado creaturas imperfectas. Dios no quiere que el hombre se mortifique.

Si no superamos una prueba, debemos seguir aspirando a ser llamados Justos. Quien sucumba ante el pecado, no debe desesperar. Dios le ofrecerá una nueva prueba. Cuando la supere, incluso su fracaso anterior será tomado en cuenta como un éxito.

En algún momento de sus reuniones en la escuela talmúdica, Aaron Fleischman escuchó, palabras más, palabras menos, este mensaje del rabino de su comunidad. Y seguramente prendió una mecha de múltiples sentimientos, contradictorios prácticamente todos. Aaron Fleischman (literalmente, el hombre de la carne) es carnicero en un barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. A sus poco más de cuarenta años, está casado y tiene cuatro hijos. Acaba de perder a su padre, por lo que ha dejado crecer una larga barba en señal de duelo. Y de su padre heredó el negocio de la carnicería. Es un hombre que se encarga de limpiar la carne que sus clientes van a comprarle. Debe cumplir el rito kasher y vaciarla de sangre. Es un hombre que está en contacto todos los días con lo puro y lo impuro.

Y Aaron, que ha seguido fielmente las enseñanzas de la religión y de la escritura, conoce a Ezri. Justo el día en el que la carnicería reabrió, Ezri se presentó, preguntando por una escuela talmúdica que ya no existe, en busca de trabajo y abrigo. Y Aaron, que buscaba un empleado, se los ofreció. Ezri tiene apenas una veintena de años. Y Aaron descubre que Ezri es tenebrosamente hermoso. Y los dos hombres se enamoran. La sociedad ultraortodoxa que los rodea descubre su relación y la reacción es rápida: la negación que implica la eliminación del mal y de sus causantes. Aaron se ve, de pronto, sumido en un conflicto: abandonar a su familia y su compromiso con su religión, o seguir y proteger a su amante. A Ezri no le da igual, y ya antes ha pasado por lo mismo. Aaron, por su parte, nunca pierde su sinceridad; ni con Ezri, ni con su mujer y sus hijos, a quienes no deja de amar, ni con su dios.

Siendo su primer filme, Haim Tabakman presenta un tema fuerte. Ciertamente, no es innovador. El tema de la homosexualidad en hombres casados ha sido profusamente abordado (baste señalar la mexicana El callejón de los milagros y para la especificidad judía Trembling Before G-D de Simcha Dubowski). Lo que me gustaría señalar es la sutilidad del trabajo de Tabakman: la insistencia en el uso de escenarios cerrados como referencia a la prohibición religiosa de la relación; los detalles que revelan las paradojas, como el apellido Fleischman o la hermosa cabellera de la esposa de Aaron, siempre oculta, salvo en una escena; el misterio que envuelve a Ezri…

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Para ver el corto (con subtítulos en francés) con una bella combinación con el Aria de las flores de Léo Délibes, hacer click aquí.

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