parodias


David Teniers, Le jeu des singes dans le monde, siglo XVII
David Teniers, Le jeu des singes dans le monde, siglo XVII

Por su parecido con los seres humanos, sus actitudes grotescamente similares a las nuestras, sus expresiones faciales y la disposición de su cuerpo, los monos han servido bastante bien para parodiar al hombre. La forma en que se comportan puede ser vista como una caricatura del comportamiento humano.

Dos pintores de finales del siglo XVII y principios del XVIII ejecutaron algunos soberbios cuadros cuyo tema principal se inspira, precisamente, en esta parodia. David Teniers el Joven (Amberes, 1610-Bruselas, 1690) y Juan Bautista Simeón Chardin (París, 1699-1799) caricaturizaron algunos de los personajes de su época.

Entre los cuadros de Teniers, figura uno, exquisito, en el museo de Autin, titulado El juego de los monos en el mundo. En él se pueden ver dos macacos que sostienen un globo terrestre, ceñido con las insignias eclesiásticas, uno lleva un manto rojo y el otro una falda blanca con un bonete rojo. En el globo se pueden ver otros siete simios bailando, fumando, jugando cartas, tocando una trompeta. Es un mundo de monos dirigido por monos.

Juan Bautista Simeón, El mono pintor, ca. 1740
Juan Bautista Simeón, El mono pintor, ca. 1740

Por su parte, Chardin ejecutó algunos retratos. En el museo del Louvre, en París, se encuentran un Mono anticuario y un Mono pintor. En cada uno se ve a un macaco ejecutando acciones que, normalmente, sólo pueden hacer los seres humanos: rodeado de libros, el primero examina unas medallas antiguas, mientras que el segundo se encuentra en medio de la ardua labor del pintor, rodeado de bustos y demás herramientas del oficio.

Como Teniers, Chardin denuncia una parodia. La pintura y el coleccionismo de antigüedades se habían transformado en las actividades de petimetres (palabra que nos llega del francés petit maitre, que quiere decir maestrito), pedantes, arrivistas y que con sus torpezas destrozan esas disciplinas.

Después de la aprobación de los impuestos en la Cámara de diputados del Congreso mexicano, Teniers y Chardin hubieran encontrado mucha inspiración. Ante la gravísima crisis (ya ni siquiera es necesario aplicar un adjetivo, tan generalizada está la debacle del país) que atraviesa el país, en lugar de tomar las decisiones correctas para impulsar un cambio, prefirieron hundir a la población en deudas y cargas fiscales más graves.

Junto con los simios que dirigen el país, los macacos aulladores que llenan las curules del congreso hacen del ejercicio político una parodia.

Los primates de Teniers y de Chardin, aunque vestidos de dirigentes, pintores o coleccionistas, siguen pensando como simios, como lo que son. En otras palabras, no se dan cuenta que siguen siendo simios.

La tragedia del congreso mexicano es que esos “diputados” no se han dado cuenta que son diputados.

Juan Bautista Siméon, El mono anticuario, ca. 1740
Juan Bautista Siméon, El mono anticuario, ca. 1740

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