mayas en París



Orchestre de Paris, La Nuit des MayasLa Nuit des Mayas
; concierto de la Orquesta de París, Kristijan Järvi (dir.), Yamandú Costa (guitarra de siete cuerdas), Richard Galliano (bandoneón); obras de Alberto Ginastera, Mauricio Carrilho, Astor Piazolla y Silvestre Revueltas, Teatro del Chatelet, París, 27 de octubre 2009

Como en Europa, en América Latina la música llamada clásica es abundante, innovadora y colorida. Desde la época de la colonia ha habido compositores en varios géneros musicales, desde la ópera (por ejemplo, La Púrpura de la Rosa, con música de Pedro Torrejón y Velasco y libreto de Pedro Calderón de la Barca, o la Ópera perdida de San Ignacio, música de Domenico Zippoli y libreto de Martin Schmid, por nombrar los ejemplos más célebres) hasta la música de salón, tan apreciada durante el siglo XIX. Todo ese abundantísimo repertorio es menos conocido del público en general, frente a la producción comercial y, dentro del universo de la música clásica, frente a los monstruos europeos: los ultra manoseados Bach, Mozart, Beethoven que formarían una especie de primerísima línea, en seguida de los cuáles vienen otros casi tan manoseados como ellos, casi todos del siglo XVIII o  del XIX: Haendel, Vivaldi, Haydn, Berlioz, Liszt, Brahms, Wagner, Puccini, Ravel, Albéniz, Rodrigo, Chaikovski o la generación Strauss. Todo completado por algunos menos “taquilleros” o extra europeos, pero bastante divulgados. Se me vienen a la cabeza el finlandés Sibellius, el estadounidense Aaron Copland o el japonés Toru Takemitsu.

Más allá de el eurocentrismo musical, Latinoamérica también tiene sus monstruos. Y como este es el blog de las noticias viejas o atrasadas, es hora de hacer saber que el 27 de octubre pasado tuvimos la oportunidad de asistir a un concierto dedicado in toto a la buyanguera música clásica escrita al sur del río Bravo. El escenario: el hermosísimo y poco funcional teatro del Chatelet de París. La orquesta: la Nacional de París, bajo la dirección del carismático Kristjan Järvi. En el programa dos argentinos, un brasileño y un mexicano.

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Sala de conciertos del Teatro del Chatelet

A las ocho en punto de la noche, una vez todos acomodados en sus lugares (tuvimos la buena suerte de tener primera fila en el segundo balcón, es decir, podíamos ver tres cuartas partes del escenario), Kristijan Järvi hizo su aparición y sin más preámbulo, la emprendió con las cuatro danzas de Estancia, del argentino Alberto Ginastera (Buenos Aires, 1916-Ginebra, 1983). Ginastera es considerado el Berlioz de América Latina. Durante su vida profesional, se dedicó a investigar la música de su país y la incorporó en sus creaciones. En el caso de Estancia se trata de un ballet compuesto por 4 números a lo largo de los cuáles se abordan diferentes ritmos musicales argentinos. Cada una de las danzas es un cuadro de la vida campestre argentina y los títulos son muy gráficos: “Los trabajadores agrícolas”, “Danza del trigo”, “Los peones de la hacienda” y la “Danza final (malambo)” cuyo ritmo es infernal. En este último número, la orquesta repite incansablemente el mismo motivo, haciendo breves transiciones melódicas que dan lugar a nuevas variaciones del mismo tema. Las percusiones (xilófonos y bombos) marcan una cadencia que producen unas ganas de bailar que difícilmente pueden retenerse. Euforia hecha música.

En seguida, una de las sorpresas musicales más grandes de mi vida: el guitarrista Yamandú Costa (Passo Fundo, 1980) interpretando la Suite para guitarra de siete cuerdas del brasileño Mauricio Carrilho (Río de Janeiro, 1967). Carrilho tiene una carrera atípica. Compositor de un género musical muy viejo en Brasil, el choro, la suite para siete cuerdas es su primera creación para orquesta. Sin embargo, Carrilho tiene una gran presencia en la música orquestal brasileña contemporánea. Desde pequño, su vida ha estado llena de choro y más tarde, en 1979, forma parte de la Camerata Carioca. A partir de ahí comienza una fecunda carrera de composición e interpretación. Yamandú Costa, a quien está dedicada esta suite, se encargó de ejecutarla. Vestido completamente de blanco, se confundía con la luz del proyector. A sus 28 años parece tener la maestría de todas las edades del mundo en la guitarra, que va acompañando por su voz. Pellizca, azota, palmea, jala su guitarra. La música de Carrilho y Costa se parece al mar. Elegante.

Y no contento con eso, Yamandú salió en tres ocasiones a tocar.

Tras el descanso (merecido), Astor Piazolla y su Concierto para bandoneón y orquesta, Aconcagua, con el bandoneonista Richard Galliano (Le Cannet, 1950). ¿Qué podríamos agregar sobre el archi conocido Piazzola? Hay un peligro cuando se toca un concierto de Piazolla, que viene de la fama tan grande de la que goza. Piazolla es quizás uno de los compositores latinoamericanos contemporáneos más manoseados. Sus piezas se utilizan para todas las situaciones, para todas las escenas. A momentos la orquesta tapaba el bandoneón de Galliano, como si éste estuviera cansado. No que tocara mal; técnicamente, impecable. ¿Qué podríamos esperar de un gran músico como Galliano, quien cuenta con una discografía impresionante y es uno de los grandes especialistas del compositor argentino. Sin embargo, algo de manido y constante me dejaron una sensación de déjà vu. Piazolla se ha vuelto el indispensable de la música latinoamericana. Quizá demasiado.

Y después, encore con Yamandú Costa. Dueto impresionante de improvisaciones.

Yamandu Costa
Yamandú CostaRichard Galliano

El final, reservado para una de las partituras más exigentes y con la mayor cantidad de músicos. Casi 100 músicos, de los cuales, poco menos de 20 en las percusiones. La partitura de La Noche de las mayas, pensada par la película del mismo nombre del director Chano Urueta. Por si alguno no lo sabe, la película cuenta una historia de estilo Romeo y Julieta. Pero a diferencia de Ginastera, donde el final es apoteósico y voluntariamente optimista, en la historia de Urueta y de Revueltas el final es trágico. Durante toda la partitura, y especialmente en el último movimiento, la tensión va subiendo, el público se mantiene al filo de la butaca escuchando cómo la violencia va tomando cada uno de los lugares. El primer movimiento “Noche de los mayas” con un Molto sostenuto, sirve de introducción; haciendo uso de un dramatismo sobrecogedor (violines en tensión, a los que les responden metales graves), propone un tema melódico que será retomado solo hasta el gran final, para recordar que la tragedia que se desarrolló estaba anunciada desde el principio. En el segundo movimiento, “Noche de Jaranas”, es una fiesta de pueblo, donde todos bailan, comen y se divierten, por ello usa la forma musical Scherzo, que en italiano quiere decir broma. “Noche de Yucatán”, el enamoramiento fatídico, el origen de todas las desgracias.

Pero el último movimiento, “Noche de encantamiento”, es un verdadero concierto para percusiones. Tras una breve introducción que propone la perplejidad, el presentimiento de que algo malo va a suceder. Un caracol, instrumento de guerra por excelencia de las culturas prehispánicas, marca la entrada de las percusiones, que ponen en alerta al escucha. El ritmo empieza a aumentar, y un obsesivo tantán tantán tantán de los xilófonos mantiene la adrenalina. Silencio. De nuevo las percusiones, más rápido, más tensas; el tantán se transforma en un tan tan tan tan tan tan alucinante, que subraya las trompetas y los violines. El caracol sigue llamando a las armas. El ciclo se repite dos, tres y hasta cuatro veces. Cuando la audiencia cree que el desenlace está por llegar, la persecución (porque es una persecución) reinicia, con más furia. La adrenalina está a tope y ni siquiera el silencio de la orquesta logra calmar el miedo, porque si el silencio llega, quiere decir que no hubo escapatoria. Cuando Revueltas compuso el último movimiento de La Noche de los mayas, quizás tenía en mente a Bernal Díaz del Castillo. Bernal cuenta que durante el tiempo que duró el sitio de México Tenochtitlan, durante todo el día y toda la noche se escuchaban los tambores de guerra. Después del asalto final, entre el mar de sangre y los amasijos de tripas y miembros de los soldados aztecas, tlaxcaltecas y españoles y los civiles que ejecutaban, lo más impresionante era el silencio tras los tres meses que había durado el sitio.

Si quiren ver la grabación del concierto completo (¡maravilla!), hagan click aquí.

4 comentarios en “mayas en París

  1. Gracias por tu comentario Martha. Desgraciadamente; el video ya no està en lînea. El concierto tuvo lugar en octubre de 2009; supongo que el Teatro del Châtelet los retira pasado un perîodo.

    De nuevo gracias y esperamos seguir leyendo tus comentarios.

    R.

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  2. me encantaria ver el video de la noche de los mayas que es maravillosa dirigida por el direrctor kristjan jarvi pero desgraciadamente no se por que no esta.
    La forma de describir esta sinfonia me parece genial los felicito

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  3. Hola,
    Me parece muy interesante la manera de narrar que tiene usted.
    la verdad soy una persona que no conoce mucho sobre musica y menos la
    clasica, pero lo que si se es que en ocasiones cuando la escucho, no se quien es,
    ni si es sinfonia. Solo se que me transporta a otros lugares y sobre todo sentimientos
    intensos. Es creo que es la fuicion de la musica en general.
    En fin siga escribiendo, para seguirlo leyendo.
    Un saludo cordial.

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