migrar


Cary Fukunaga (dir.), Sin nombre (Without name, inglés), Édgar Flores (Willy, el Casper), Paulina Gaitán (Sayra), Kristyan Ferrer (el Smiley), México-EUA, Canana Films, Creando Films, Primary Productions, 2009, 96 min.

El viaje que realizan los migrantes centroamericanos desde sus países de origen hasta los Estados Unidos no sólo es complicado por la distancia que se debe recorrer, sino por los peligros que representan las bandas criminales como la Mara Salvatrucha o la Mara 18 o los abusos de las autoridades mexicanas. A lo largo de su recorrido, los migrantes tienen que soportar durante semanas el acoso de policías y delincuents, además del clima.

El abuso por parte de las autoridades fronterizas mexicanas está bastante documentado gracias a la labor de muchas organizaciones humanitarias. Sin embargo, lo que concierne a las actividades de bandas criminales como la Mara Salvatrucha o la Mara 18 está todavía por documentarse, aunque se cuentan con infinidad de testimonios.

Es a este último aspecto que el director de origen sueconipón Cary Fukunaga le pone toda su atención en su más reciente película. Una familia hondureña, reunida a medias tras varios años, decide mudarse a los Estados Unidos. En su camino tendrán la mala suerte de conocer al “Casper” (Édgar Flores), marero caido en desgracia de su banda, la Mara Salvatrucha, que lo persigue para matarlo. Sayra (Paulina Gaitán), integrante de la familia, se enamora y decide seguir al marero.

Me parece sintomático que los productores sean mexicanos: Diego Luna y Gael García Bernal. Si bien, como dijimos, están bien documentadas las acciones que lleva a cabo el gobierno mexicano para disminuir los abusos en contra de los migrantes mexicanos en la frontera norte del país, en comparación lo que sucede en la frontera sur es poco conocido e igual o más trágico. En efecto, la película es voluntariamente violenta, buscando mostrar las pocas posibilidades que tiene la población centroamericana en sus países de origen y, más importante, el entorno tan banalmente violento que envuelve a los jóvenes enrolados en la Mara. En este sentido, algunas de las escenas están muy bien logradas, como el viaje en el techo de un tren o la rara ayuda que reciben los migrantes por parte de familias que viven al lado de las vías del tren. Otro detalle bastante bien trabajado, es el lenguaje utilizado. Parece ser Fukunaga, quien ha vivido en México, pasó un par de años viviendo entre migrantes y conociendo algunos mareros para conocer mejor ese ambiente.

Quizás la historia de amor que sirve de pretexto para la película ocupa demasiado espacio, pero sin ella la película sería un documental. Definitivamente a ver.

Para ver los cortos, hacer click aquí, y una entrevista acá.

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