ciudadano modelo


Michael Winterbottom (dir.), The Killer Inside Me, Cassey Affleck (Lou Ford), Jessica Alba (Joyce Lakeland), Kate Hudson (Amy Stanton), Estados Unidos, IFC Films, 109 mins.

En los años cincuentas, los Estados Unidos vivían una de sus mejores bonanzas económicas. El sueño americano se construía y alcanzaba a todos los habitantes del país. En el sur, más específicamente en Texas, la bonanza estaba impulsada por el petróleo, por los hallazgos de yacimientos petroleros y la consolidación de poderosos consorcios. En esta atmósfera, el ciudadano común y corriente ejercia un trabajo discreto, ya sea en una empresa privada o en el sector público. Era uno más de los ciudadanos. Sólo los delincuentes, en sus múltiples variantes, quedaban fuera. Cierto es que en este ambiente, negros y mujeres quedaban, en el mejor de los casos, marginados. El éxito estaba representado por el varón blanco que ejercía dia a día su trabajo.

En este remake de una película de 1976, Cassy Affleck interpreta a Lou Ford, sheriff de un pequeño pueblo texano, 29 años, bien parecido, con novia estable y conocido por sus vecinos: Lou encarna a la perfección al prototipo de ciudadano americano exitoso. Pero la realidad es que, lejos de formar parte de la sociedad americana, armoniosamente como parecen sugerir sus buenos modales, Ford es un criminal con impulsos irrefrenables y con una gran capacidad para escapar. Entre sus víctimas se encuentran una prostituta, Joyce (Jessica Alba), con la cual mantenía una relación sadomasoquista, su novia Amy (Kate Hudson), un adolescente amigo suyo y en una infancia oscura, una niña.

La película está basada en una novela de Jim Thompson, del mismo nombre, publicada en 1952. Está redactada en primera persona y es una auto descripción psicológica del personaje principal. Si bien la actuación de Cassey Affleck es de una gran calidad, la historia se pierde en los personajes. El hilo conductor que debería ser el personaje de Affleck se pierde cada vez que los demás actores deben justificar la existencia de sus papeles. En otras palabras, una especie de desorden reina en la narración, lo que, agregada a la duración, puede llegar a hacer tedioso todo el relato. Los momentos de violencia son bastante fuertes y pueden causar más de un malestar. Las golpizas brutales que Lou Ford propina a sus víctimas son, además, presentadas en primer plano y con acercamientos. La sensación que deja es, en la boca de muchos (y yo supongo que agregada la atmósfera puritana de la sociedad americana de los años cincuenta), la de una película de una gran misoginia.

Y en el fondo, creo que lo es. Ciertamente no se trata de una alabanza, pero la sociopatía expresada por Ford es producto de un ambiente específico y cuya existencia tuvo lugar, y desafortunadamente continúa teniéndolo en todo el mundo. La actuación de Affleck no deja lugar a dudas: se trata de un personaje complejo, capaz de asesinar a sangre fria, leer los clásicos mientras escucha ópera y con una gran pulcritud en sus maneras. La esquizofrenia que refleja no puede ser mejor alegoría sobre la sociedad profundamente misógina de los años cincuentas.

El trabajo de Michael Winterbottom es, por le demás, excelente. La ambientación, las tomas, la elección musical, el vestuario, dejan a la vista un gran trabajo.

Para ver los cortos (en inglés, subtítulos en francés), hacer click aquí.

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