divina cosecha


Terrence Malick (dir.), Les Moissons du ciel (Days of Heaven, [Días en el paraíso, ingl.; Las cosechas del cielo, fr.]), Richard Gere (Bill), Brooke Adams (Amy), Linda Manz (Linda), Sam Shepard (el ranchero), Néstor Alemendros y Haskel Wezler (fotografía), Ennio Morricone (música), Estados Unidos, Paramount Pictures, 1978, 95 mins.

Por acá nos gustan las películas con tomas largas, colores intensos o, como nosotros nos los imaginamos, colores de una sola pieza. También nos gusta mucho si los diálogos son reducidos y se deja la mayor parte de la trama a la fotografía. Por eso nos gustó esta película.

En su reestreno en París, Days of Heaven causó cierta curiosidad, pero como en su estreno en 1978, no movilizó multitudes. Sin embargo, es otra de esas películas que nos llenaron la pupila, el corazón y el cerebro. La historia está situada a principios del siglo XX, en los campos del norte de Texas (otra vez Texas), en una zona conocida como la Panhandle (podría traducirse por algo así como Mango de la cacerola, pero evidentemente suena horrible en español). Bill (Richard Gere), obrero en una fundición de Boston, llega a esa zona con su novia Amy (Brooke Adams) y con su hermana Linda (Linda Manz). Los tres encuentran trabajo en el rancho de un rico texano (Sam Shepard), que sufre una enfermedad que no se especifica en la historia. Viendo una oportunidad de oro, Bill convence a su novia de enamorar al ranchero y se hacen pasar por hermanos también. Cuando Amy logran seducir al ranchero, los tres empiezan a gozar de los beneficios de formar  parte de su familia, pero Amy comienza a enamorarse. El desenlace se los dejo para que disfruten mejor la historia.

Lo que nos gustó de la película, como decía al principio de esta publicación, son las largas escenas. El director, Terrence Malick, al que no conocíamos, nos dejó un excelente sabor de boca. En su preocupación por no poder terminar con un buen trabajo y con cierta indecisión sobre el curso que debía tomar la película, decide hacer tomas lo más largas posible. De esa manera, podía posponer las decisiones y resolver los problemas en la sala de edición. Esto, en realidad, aunque resultó en un hermoso ensamble de escenas tranquilísimas, le causó problemas con los actores y con el equipo técnico. Malick fue duramente criticado, sobre todo por Richard Gere, y señalado como un tipo indeciso. Sin embargo, nosotros le agradecemos esos larguísimos silencios, sólo escuchando al viento mecer el trigo, o los grillos en la noche. De alguna manera nos recuerda la película de Carlos Reygadas, Luz silenciosa (2007), otra de nuestras favoritas.

Pero las tomas largas no son más que la forma. El contenido, el fondo, lo hace la fotografía. Y ahí también hay otra curiosidad y otra controversia en esta película. El fotógrafo original fue el español

Sam Sheppard, en el papel del ranchero adinerado

Néstor Almendros. Hacia la época de la grabación de Days of Heaven, Almendros estaba perdiendo la vista, así que uno de sus asistentes tomaba fotos polaroid que él examinaba cuidadosamente a través de gruesos lentes. Además, Alemendros decidió usar luz crepuscular, mejor conocida en inglés como Blue Hour, que es el momento del día en el que el sol acabó de esconderse, pero todavía hay luz. Ese momento no dura sesenta minutos, sino poco menos de treinta; podrán imaginarse los retrasos que surgieron en la grabación gracias a usar esta técnica. Al respecto, Almendros consideraba que si a principios del siglo XX no había luz eléctrica en los ranchos, las películas de época no debían usarla tampoco. Y siguió su dogma al pie de la letra: los interiores fueron grabados únicamente con la luz que entraba por las ventanas. La textura que adquieren las escenas es mágica, como si fuera ese momento en la mañana cuando todavía no acabamos de despertarnos.

El problema con la fotografía vino cuando Malick, tan cuidadoso como quería ser en su trabajo, comenzó a retrasar el calendario de filmación. Almendros debía partir a cumplir un contrato con el cineasta francés François Truffaut. La semana previa a su partida, el fotógrafo Haskel Wexler se unió al trabajo para asumir el estilo de Almendros. Sin embargo, una vez solo, no respetó completamente la propuesta de Almendros, y utilizó algunos métodos más ortodoxos. Wexler, que se sintió moralmente mal por ello (decía que era como violar a un colega), sólo fue reconocido en los créditos bajo el título “Fotografía adicional”, cuando en realidad había colaborado con poco menos de la mitad del rodaje. Lo peor llegó cuando la película se llevo el Óscar en este ramo y, por supuesto, Wexler no podía ser reconocido.

En fin, una película realmente para verse, verse, verse y verse. También para escucharse: la música fue compuesta por Ennio Morricone.

Richard Gere (Bill) y Brooke Adams (Amy)

Para ver los cortos, hacer click aquí.
Parte de la información la obtuvimos aquí y aquí.

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