Arabia felix


Béatrice André-Salvini y Françoise Demange (curadoras), Routes d’Arabie. Archéologie et histoire du Royaume d’Arabie saoudite [Rutas de Arabia. Arqueología e historia del reino de Arabia Saudita], París, Museo del Louvre, del 14 de julio al 27 de septiembre de 2010

Es bastante inusual que el Museo del Louvre ofrezca una exposición de esta naturaleza. Lo es por dos motivos: hace mucho tiempo que la vocación del museo más importante de Francia ha quedado ratificada en el área de las artes plásticas y no en la arqueología, a pesar de la gran importancia que tiene este ramo en sus colecciones. La arqueología enriqueció y dio a conocer al Louvre sobre todo durante el período napoleónico y parte del XIX, cuando volvían las expediciones de Egipto y Medio Oriente. En segundo lugar, porque las culturas orientales, en especial las islámicas, siempre han tenido un déficit de representación. Cierto que la colección de arte oriental, que va desde las civilizaciones babilónicas hasta las artes aplicadas de Irán, Egipto y otros países, se cuentan entre las más numerosas; sin embargo, el agonizante modelo centroeuropeo continúa dominando la elección de las exposiciones: total, para eso está el Museo del Quai Branly.

La museografía es bastante atractiva. La disposición de las piezas, provenientes de colecciones públicas sauditas y francesas, permite recorrer la exposición con gran facilidad, no se hacen “embotellamientos” (también hay que decir que ésta no es una de las exposiciones más concurridas del año) y se pueden apreciar bastante bien gracias a la luz abundante. La ambientación incluye unas excelentes fotografías de principios de siglo del desierto árabe, de algunos oasis y de la ciudad de Medina. La exposición está organizada geográfica y cronológicamente. Tras una introducción general y un repaso del periodo antiguo, podemos apreciar las excavaciones arqueológicas en el Noreste de la península y luego en el noroeste. De aquí partimos para echar un vistazo a las rutas que recorrían las caravanas del incienso. Proseguimos con la zona suoeste y la aparición del Islam, las rutas de peregrinaje y un excelente apartado a los lugares sagrados.

Cruce natural de caminos entre oriente y occidente, norte y sur, este territorio albergó una multitud de civilizaciones que dejaron sus huellas y permanecen poco conocidas. En el litoral del Golfo Pérsico, en la zona noreste de la Península, los pescadores establecieron contactos con el mundo babilónico. Más al interior, impedidos por el clima para desarrollar una agricultura intensiva, los habitantes fundaron “ciudades de caravanas” que llegaron  a ser verdaderas Ciudades Estado y que gozaron de una riqueza que parece ser sólo concebible en la literatura: así la ciudad de Gherrha, célebre por contar con muros incrustados de perlas o Thaj, cuya necrópolis reveló fabulosas tumbas llenas de mobiliario y joyas con influencia helenística.

Rutas comerciales y religiosas a través la Península Arábiga

Estas ciudades recibían y expedían mercancías de y hacia Babilonia, Europa y el norte de África y se enriquecieron gracias a las rutas que la atravesaban, como la ruta del incienso. Con la llegada del Islam, a los comerciantes se unen los peregrinos y un nuevo impulso económico tiene lugar gracias a éstos últimos. Como las rutas comerciales, las rutas de peregrinación dejan ver la evolución de las distintas sociedades que se establecieron. Testigos de ello son las miles de estelas funerarias, en las que se pueden admirar los distintos estilos de escritura y su evolución a lo largo de cientos de años. Y alrededor de los lugares sagrados del Islam, los príncipes árabes construyeron palacios y templos cuya belleza sólo puede describirse al verlos. Es impresionante ver exhibida, entre estos ejemplos, la puerta de oro que el sultán del Imperio Otomano mandó hacer para la Kaba.

Botella en forma de dátil de Qaryat al-Faw (fin siglo I-principios siglo II d.C.)

Fue en la zona noroeste de la península, conocida como Hedjaz, donde se desarrollaron ciudades alrededor de los oasis, que consolidaron las rutas comerciales y religiosas bajo el Islam. En esa zona, rica en ríos subterráneos, se encuentran las ciudades de Medina y La Meca. Pero antes que éstas ciudades surgieran con su importancia religiosa, los oasis de Tayma, al’Ula o Hegra, competían por el control. Una de estas rutas fue la de incienso, que iba desde el sur de la península y desembocaba en los puertos de Gaza, para continuar rumbo a Europa.

En la sección dedicada a la aparición del Islam, uno de los temas mejor expuestos es el de la evolución de la escritura. Desde la antigüedad, la lengua árabe contaba con un alfabeto distinto al que ahora conocemos. Los documentos con los que se cuentan consisten principalmente en lápidas provenientes del cementerio de Al Mala. Los textos proporcionan la identidad del difunto, nombre, pertenencia a una tribu, su región natal, su oficio, la fecha de fallecimiento y, en algunos casos de tumbas de notables, la firma del escultor. Los estilos de escritura, muy  importantes en la religión islámica, van desde las escrituras angulares, hasta las kúficas del siglo IX hasta las llamadas cursivas del siglo XII.

Estela de al-Ghâliya, hija de ‘Abd al-Jabbâr.

Para ver el sitio de la exposición, hacer click aquí.
En el blog Chez Chiara, se encuentran transcritos los textos de la exposición (en francés) y una serie de excelentes fotos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s