la pesadilla americana


Stéphane Bron (dir.), Cleveland contre Wall Street [Cleveland contra Wall Street, esp.], Thomas J. Pokorny (el juez), Josh Cohen, Kathleen Engel, Mark Stanton (los abogados acusadores), Keith Fisher (el abogado defensor), Barbara Anderson, Robert Kole, Frederick Kushen, Keith Taylor, Tony Brancatelli, Kurtis Rodgers Kushen, Raymond Velez, Michael Osinski, Peter Wallison (los testigos), Irene Morroz, Alexis Flanagan Williams, Frederick Wilson, Jim Gallagher, Mohammed Ghrib, Angela Justin, Zenon Domanski, Barbara Simmons (los miembros del jurado), Francia, Suiza, Saga Productions, 98 mins.

La primera sorpresa sobre esta película, es que no se trata de una producción estadounidense: sorprendentemente se trata de un trabajo francosuizo de Jean-Stéphane Bron. La segunda sorpresa viene en el contenido. Bron presenta un docuficción (término que proponemos para el español, y que hemos tomado del francés docufiction) sobre la reciente crisis de las subprimes en la ciudad de Cleveland. Lo hemos querido catalogar como docuficción porque se trata de la puesta en escena de un juicio que no ha tenido lugar sobre un hecho real.

La pelicula pone en escena un juicio que aún no ha tenido lugar. Ante las constantes chicanas y estrategias para bloquear un juicio contra diversos bancos, Josh Cohen, abogado de la ciudad de Cleveland, decide recrear para el cine este juicio. La particularidad es que no hay actores. Todos los testigos, el jurado, los abogados y el juez, se toman en serio el evento y lo llevan a cabo como si se tratara de un juicio real. Después, el juicio es filmado, como si se tratara de un documental: el público asiste a las deposiciones de los testigos de la parte acusadora y de la parte defensora, para finalmente asistir a la deliberación del jurado y el veredicto final. Entre testimonio y testimonio se van intercalando pequeñas entrevistas fuera de la sala de juicio a algunos de los testigos y a los abogados, así como algunas escenas de la ciudad de Cleveland.

La cuestión a resolver es saber si los bancos que tienen sus sedes en Wall Street son o no responsables de los daños y perjuicios que han sufrido los deudores y la ciudad de Cleveland por la crisis de subprimes. Desde la década de los 90s, Cleveland, como otras zonas de los Estados Unidos y del mundo, se ha visto presa de una ola de evicciones y desalojos de propietarios de casas cuyas hipotecas ya no pueden pagar. A lo largo de los testimonios que se van presentando en la película, el mecanismo va quedando descubierto.

Los testimonios comienzan por ex propietarios que durante los días siguientes verán sus casas vendidas en subastas públicas. El juicio apenas comienza, el ambienta comienza a calentarse. Tal parece que se trata de errores de cálculo: propietarios que gozaron de un préstamo y que, pasado un tiempo, no pueden reembolsarlo, deben desocupar la casa que dieron en garantía. Tal parece que los propietarios irresponsablemente deciden tomar dos y hasta tres hipotecas sobre una misma casa. Pero después llega el testimonio, clave, de Keith Taylor, un broker. Este agente contratado por bancos de las cercanías de Cleveland, como otros cientos de agentes, ofrece préstamos a personas cuya situación financiera es precaria. A través de éstos préstamos, los agentes ofrecen reestructurar todas las deudas. El problema estriba en que el interés pactado es a veces del doble del interés ordinario: entre 8 y 15 por ciento, cuando en un préstamo ordinario la tasa de interés raramente rebasa el 4 %.

El agente en cuestión cuenta cómo son pactados estos préstamos: los contratantes raramente tienen el poder para pagar, pero también pertenecen a las clases más bajas, aquéllas que no tienen la

Keith Taylor, broker de Cleveland

información necesaria para contratar. Por otro lado, los bancos nunca revisan la exactitud de la información. Frecuentemente, los propietarios de las casas en cuestión son alentados a declarar ingresos superiores a los que realmente obtienen, y las agencias bancarias no hacen absolutamente nada. Así que, el argumento que busca hacer caer la responsabilidad en las personas que contratan no es sostenible, pues los bancos deliberadamente no revisan dichas declaraciones. Por últimos los agentes se llevan una tajada más jugosa si colocan en el mercado alguno de estos préstamos: casi el 1 %, que en algunos casos puede llegar a 7000 dólares por un sólo préstamo.

La acusación contra los bancos de Wall Street comienza a flotar. Pero ésta no comienza a materializarse más que poco después, cuando Michael Osinski rinde su testimonio. Osinski es un matemático contratado por el banco Lehman Brothers Inc. Él se encargó de desarrollar un programa para organizar la información de los deudores. El programa que desarrolló en los ochentas y noventas tiene un gran éxitos y lo venden a varios bancos norteamericanos, europeos y japoneses. Cuando el préstamo de subprimes surge, queda claro, gracias al programa de Osinski, su perversa “flexibilidad”, pues permite reestructurar toda la deuda y que los corredores y los bancos se lleven una tajada enorme.

¿Cuál es el fondo del problema? El software de Osinski deja en claro el abuso que se comete contra los deudores, pero no hay una regulación alrededor de dichos préstamos. Pero sobre todo, que los bancos de Wall Street están en el origen de esta “herramienta”. Todos los alegatos de los bancos giran en torno a la libertad del mercado, si los deudores adquirieron esas deudas libremente o no, a lo cuál responden que sí. Y si sólo nos quedáramos con esa parte del problema, parecería que tienen la razón: deudores irresponsables contratan créditos exhorbitantes y los bancos lo único que pueden hacer es ejecutar las garantías en el momento que la falta de pagos llega.

Sin embargo, observando más detenidamente, queda claro que los deudores son siempre personas que no van a poder pagar. Los bancos son conscientes que los deudores no podrán pagar los altos intereses, pero sobre todo, saben que debido a su situación desesperada y a su ignorancia, van a firmar. En resumidas cuentas, se trata del abuso de la ignorancia o de la difícil situación de pobreza en la que se encuentran y, como dice una de las protagonistas: los bonos de esos banqueros están indexados en su tragedia.

El veredicto, se los dejo, para no echarles a perder el resto de la trama.

La película la cierra una imagen de un Barack Obama, sonriente, prometiendo a los habitantes de Cleveland resolver su problema. Queda un sentimiento de injusticia muy grande, independientemente del resultado del juicio: el abuso sistemático de la ignorancia y de la situación precaria de miles de personas.

Barbara Anderson, una de las impulsoras de esta película y afectada de Cleveland

Para ver los cortos (en inglés, subtítulos en francés), hacer click aquí.
El sitio oficial de la película, aquí.

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