El imperio de Acadia


El imperio de Acadia

Desde siglos atrás, las Ciudades-Estado sumerias se disputaban la supremacía en los territorios mesopotámicos. Hubo que esperar el reinado de Lugalzagesi para que la ciudad de Umma, finalmente victoriosa sobre Lagash, domine Baja Mesopotamia. El Dios Enlil atribuyó la realiza de Lugalzegesi al sur, pero al norte, el semita Sargón asumió el reto, fundó una ciudad y reunió un ejército.

La fundación del imperio: el rey Sargón (2334-2278 antes de JC)

El nacimiento del fundador de la dinastía de Acadia está revestido de leyendas. Sargón fue presentado ante todo como un usurpador. Habiendo partido de Kish, estableció su capital, Acadia, en las proximidades de Babilonia, ciudad nunca encontrada hasta la actualidad, pero saqueada en la Antigüedad. De todo el período de Acadia, primordial para la organización de Mesopotamia, ha quedado poca huella en los emplazamientos mismos. Sargón, a la cabeza de su ejército, se lanzó al sur para someter Mesopotamia, luego el norte de Siria, y Elam al este. Todas estas conquistas afirman la preeminencia del elemento semita del norte sobre el elemento sumerio del sur mesopotámico. El tema de la victoria es evocado a menudo en las estelas. El arte está al servicio de la gloria del soberano y la estatuaria privada desaparece casi completamente. Sargón importa la diorita (piedra negra) de Magán, y hace esculpir estelas que celebran estas victorias: en una de ellas, el rey barbudo está representado en un registro, seguido por un portador de sombrilla y por guerreros; por encima el él desfilan los prisioneros, con las manos atadas en la espalda; en otro fragmento de estela, un guerrero de Acadia (con un tocado en forma de “escudilla”) empuja a los vencidos; en un tercer fragmento, el artista ha utilizado el antiguo tema de los “prisioneros capturados en la red”, ya observado en la Estela de los Buitres; el rey dedica su victoria a la diosa guerrera Ishtar. Estas estelas fueron sin duda realizadas en serie, para ser repartidas en la totalidad de los territorios del Imperio. Es fàcil observar una gran diferencia de estilo con la época de las dinastías arcaicas: el artista trata con más libertad los temas antiguos y se esmera en subrayar la musculatura con mucho realismo. Pero todas estas escenas se mantienen estereotipadas siguiendo los criterios de un taller oficial, destinado a difundir la efigie real.

Los sucesores de Sargón: los reyes Rimoush (2278-2270 antes de JC) y Manishtusu (2269-2255 antes de JC)

Cinco reyes se sucedieron a la cabeza del imperio. Todos fueron reyes de Kish, pero no todos fueron “rey de Acadia”. El equilibrio del reino es cuestionado sin cesar por revueltas locales y los sucesores de Sargón continúan lanzando expediciones. Los países sometidos admiten con reticencia la nueva organización acadiana: los Estados sumerios mantienen a sus príncipes e instituciones, pero vigiladas pro funcionarios acadios; lo mismo sucede con otras regiones, salvo en el país de Acadia, directamente sometido a la autoridad del rey. El rey Rimoush es poco conocido. Su sucesor, Manishtusu, dirige sus campañas a Irán pasando por el Golfo Arabopérsico. De estas expediciones trae piedras, inexistentes en Mesopotamia. Varias estatuas de Manishtusu han sido esculpidas en la piedra negra o diorita pulida: hacen las veces de estela de victoria, magnificando la persona real.
El rey se presenta de pie, drapeado en un tejido fino como lino, ribeteado con una simbría con borlas; el vestido se entalla en la cintura con un chal enrollado cuyo extremo cae sobre la espalda. Un busto fragmentario del mismo rey nos muestra que la indumentaria cubre el hombro izquiero y que la musculatura ha sido extraordinariamente reproducida por el escultor. Se han reunido varios fragmentos de estatuas en posición sentada que muestran al soberano siempre con el mismo vestido, instalado en un asiento cúbico compuesto por fajinas de caña ligadas y entrecruzadas en tres filas. Una estatua de pie, de calcárea de Manishtusu, nos recuerda que estas obras salen de un taller imprerial que trabaja para celebrar la supremacía de la dinastía de Acadia; el rey pisa con los pies los cuerpos de los enemigos vencidos (los nombres de su ciudad de origen están grabados en sus cuerpos).
El aspecto monumental del arte de Acadia se revela particularmente en el obelisco de Manishtusu, cubierto por mil quinientas diecinueve casillas de escritura de un grafismo puro. El texto consigan compras de tierras realizadas por el rey en la región de Kish y que donó a sus oficiales para asegurar su fidelidad. Esta política de estímulo a la propiedad individual modificó profundamente la organización de Mesopotamia.

El apogeo y el ocaso del imperio: el rey Naram-Sin (2255-2220 antes de JC)

El nieto de Sargón, Naram-Sin, reinó durante mucho tiempo en el país de los Dos Ríos, teniendo que afrontar numerosas revueltas, según los textos más recientes. Este héroe dio un nuevo impulso a la organización imperial y se convirtió en “rey de las Cuatro Regiones”: las cuatro regiones representan los cuatro puntos cardinales, es decir la totalidad del mundo; su nombre está precedido por el ideograma reservado a los dioses. El rey es deificado luego de su victoria. La estela de victoria de Naram-Sin, descubierta en Sus el 6 de abril de 1898 por Jacques de Morgan, sigue siendo el monumento más evocador del período de Acadia por su tema y por la manera de tratarlo en la composición y en el modelado. Es el tema del rey vencedor divinizado (los cuernos de su casco señalan lo divino), solo frente a la montaña, triunfando ante sus enemigos pisoteados y rematados por sus guerreros. El combate figura apenas: los soldados de Acadia, vestidos con un paño corto, llevan hachas, estandartes, arcos… y se oponen a los Lullubi, montañeses del este, vestidos con túnicas moteadas. Tres discos radiados (tal vez originalmente siete) dominan la escena, evocando sin duda el culto del dios. El pico, frente a Naram-Sin, simboliza “la montaña de los infiernos” desde donde el rey precipita a sus enemigos. Aparecen grabadas dos inscripciones: una original de Naram-Sin y otra del rey elamita del siglo XII antes de JC (este rey llevó a Susa las esculturas babilónicas como botín de guerra).

Los documentos escritos y la glíptica de Acadia

El acadio se convirtió progresivamente en la lengua de la cultura. Los escribas conservan los idiogramas sumerios para transcribir su lengua semítica con raíz trilítera (tres consonantes, soportes de vocales). La literatura escrita es escasa, pero numerosas son las inscripciones lapidarias que exaltan la gloria de los soberanos. Inversamente a los monumentos oficiales, la glíptica (o el arte de grabar las piedras) revela una inspiración religiosa. Vemos aparecer divinidades especializadas, caracterizadas por emblemas: el dios sol Shamash posee hombros flamígeros; el dios Ea está rodeado por mares que brotan; Ishtar, diosa del amor y de la guerra, enarbola armas sobre sus hombros. La simbología no es siempre fácil de rescatar. Toda esta estampería ilustra un politeísmo calcado del orden natural: los dioses deben garantizar el mantenimiento del orden del mundo. En los combates sangrientos, los vencedores personifican al sol ardiente del verano y los vencidos, a la vegetación.
El sello-cilindro del escriba Zagganita evoca sin duda una escena que se desarrolla durante la primavera, momento en que renace la vegetación y en que la inundación aporta sus beneficios. El sello-cilindro del escriba del rey Sharkalisharri pertenece más bien, por su temática, a la época precedente, pero por la calidad de su modelo, a la época de Acadia. Este arte inaugura de manera decisiva la tradición de Mesopotamia babilónica.

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