revoluciones árabes


Plaza de la Liberación, en El Cairo. Vía The Big Pictures de The Boston Globe.

Observando las fotos de las protestas en Egipto y en algunos otros países árabes me doy cuenta de la desventaja que tenían los manifestantes frente al poder al que se enfrentaban. Lo que está sucediendo en esa región del planeta debe tomarse, en primer lugar, como una lección de valor y de toma de conciencia. El gesto es enorme: lo que inició con el inmolamiento de un vendedor en Túnez, ha desatado una guerra sin cuartel contra las dictaduras que llenan los países árabes. El caso de Túnez y de Egipto fueron muy dramáticos. Todavía falta mucho para que la revolución en aquéllos pueblos pueda considerarse terminada. Justo ahora el gobierno militar de transición en Egipto está teniendo muchos problemas ante la creciente presión del pueblo, que no deja de presionar para lograr las reformas tan ansiadas que permitan mejorar el nivel de vida. Pero el capítulo más duro quizás vaya a vivirse en Libia, donde gobierna Muamar Gadafi desde hace más de cuarenta años; un megalómano al que no le tiembla la mano para masacrar a sus propios gobernados. Así lo anunció su hijo en las primeras horas del levantamiento: un baño de sangre correría en Libia si los inconformes se atrevian a contestar el poder.

Pero por lo pronto, una gran parte de la lección ya ha sido dada. El gobierno del pueblo para el pueblo. Son pocas las revoluciones exitosas. Hasta 1989 la Revolución Francesa había sido la única, y eso tras más de cincuenta años de terminada. La importancia de estas movilizaciones en primer lugar radica, según mi opinión, en el hecho que la demostración callejera contína siendo un medio legítimo y efectivo para hacer valer los derechos del pueblo, y en segundo, en las nuevas formas de convocatoria y de movilización, vía las redes sociales. Mientras que la respuesta – la menos acertada- que el gobierno de Mubarak dio fue la de interrumpir internet, la reacción que obtuvo fue la de la organización por todos los medios.

La capacidad de organización y de improvisación de tunecinos, egipcios y del resto de los pueblos árabes inspira. En aquellas fotos se percibe la desigualdad de los medios a disposición de ambos lados. Mientras madres de familia, estudiantes, obreros que viven en la pobreza desde hace décadas se reunían para denunciar la corrupción y el hartazgo, enfrente se instalaban policías con todo su equipo completo. El papel que jugó el ejército fue ambiguo, pero al final crucial. El ejército egipcio goza de un gran prestigio en su país. No es extraño si nos ponemos a pensar que ese ejército mantuvo en jaque al israelita en la guerra de Yum Kippur y sólo fue superado por la ayuda estadounidense. La decisión de no tirar sobre los manifestantes ciertamente fue la mejor que pudieron haber tomado. Pero también se mantuvieron a la expectativa, quizás esperando la posibilidad que Mubarak pudiera mantenerse.

Blogueros egipcios en plenas manifestaciones en la Plaza de la Liberación. En El Cairo. Vía The Big Picture de The Boston Globe

Vistas desde Francia, las protestas adquieren una amplitud mayor. Una buena parte de la población francesa es de origen maguebrí u ostenta la doble nacionalidad. Junto con Alemania e Inglaterra, Francia alberga la población musulmana más numerosa de Europa. La mayor comunidad argelina fuera de Argelia está aquí y lo mismo sucede con los tunecinos. Los marroquíes y los egipcios no son pocos. Por lo tanto, todos los acontecimientos que sucedan en esos países tienen un reflejo inmediato. Las noticias al respecto se siguen con mucho interés porque además dos ministros franceses, entre los que se encuentran la de Relaciones Exteriores Michel Alliot Marie, eran cercanos al régimen del dictador tunecino. Y vistas desde México, sólo puedo constatar lo lejos que estamos de entender nuestra situación, tanto colectiva como individual. En el muro de Facebook de una amiga, uno de sus contactos que aparentemente vive (o vivía) en Egipto, se lamentaba de que ese hermoso país que es Egipto se viera tomado por “los nacos” que, como los lopezobradoristas habían tomado las calles. La revolución árabe sólo me recuerda las profundas divisiones que el gobierno mexicano ha logrado establecer en la sociedad. Es el régimen perfecto y se necesitará más que una revolución árabe para cambiar.

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