no existen héroes heroicos


Kelly Reichardt, (dir.) La dernière piste [Meek’s Cuttof (en.), El atajo de Meek (esp.)], Michelle Williams (Emily Tetherow), Bruce Greenwood (Stephen Meek), Will Patton (Soloman Tetherow), Zoe Kazan (Millie Gately), Paul Dano (Thomas Gately), Shirley Henderson (Glory White), Neal Huff (William White), Tommy Nelson (Jimmy White), Rod Rondeaux (el indio), EUA, Evenstar Films, 104 mins.

Caminar, caminar. Caminar durante días, semanas, quizás meses. Miles de personas han recorrido miles de kilómetros por diferentes motivos en todas las épocas de la historia. Y las caminatas han hecho la historia de muchos pueblos. La identidad israelita está fundada, en parte, en el mito de la caminata en el desierto durante 40 años. La historia mexicana tiene como mito fundador la caminata de los aztecas desde un lugar llamado Aztlán hasta el Valle de México. Más recientemente, la Gran Marcha constituye uno de los referentes históricos del régimen comunista chino.

La conquista del Lejano Oeste, en la historia de los Estados Unidos, se ha convertido en un mito fundador. Tras compras y guerras, la consolidación del proyecto expansionista debía seguir con el establecimiento de colonos. Esta período dio origen a todo un imaginario que aún hoy, nutre no sólo juegos infantiles, sino novelas, piezas teatrales y películas.

Pero el western sigue vivo. En los últimos dos o tres años hemos visto en el cine varios western, unos mejores que los otros: True Grit, de los hermanos Coen; la psicológica El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de Andrew Dominik, el remake 3 10 para Yuma de James Mangold, cómo no, el “nouilles western” del coreano Kim Ji-woon El bueno, el malo y el locoasí como la sublime There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson.

Durante varios años el cine hollywoodense se encargó de construir todo un universo de héroes del lejano oeste. Sólo las geniales producciones del “spaghetti western” italiano durante los años sesenta (y en menor medida el de otros países europeos), se dieron a la tarea de ofrecer otra versión de esas narraciones. Muchas de las películas de este género tienen una estructura similar. Están pobladas de personajes planos, que son o muy villanos (bandoleros, mexicanos o indios) o muy heroicos (un sheriff o un buen colono blanco), y el héroe termina por imponerse, la heroína rescatada, el malo ajusticiado.

Algunos de los directores que mencionamos arriba ya han entregado versiones bien elaboradas de este género. Kelly Reichardt se suma a esta lista con un western ubicado en 1845, un poco a lo Carlos Reygadas o a lo Terrence Malick, como ustedes prefieran: tomas lentas y largas, diálogos cortos, sonido ambiente privilegiado. A estas características de formato se agrega un tratamiento muy particular de los personajes. Como bien dicen en algunas críticas, en este western no hay héroes, la historia niega a los personajes el estatuto de héroe. No hay conquista feliz. El mito de los peregrinos que cantan y bailan mientras matan a tiros indios y búfalos está en las antípodas de este western.

Aquí se trata del cansancio, del sentimiento de estar perdidos, de la mugre y los accidentes por todos lados, y la angustia de encontrar a un hombre de otra cultura, un indio, que no pertenece en ningún aspecto a la misma cultura. Toda la trama se balancea entre la fragilidad humana de cara a las terribles distancias, a una naturaleza poco hospitalaria, y al hambre y a la sed. Cada día que pasa, cada hora que se consume, los personajes tienen menos oportunidades de sobrevivir.

El hecho que Reichardt sea capaz de contar una historia que representa un evento tan grande con tan pocos elementos en la puesta en escena, habla de la calidad de esta directora. Se puede apreciar una gran meticulosidad y casi una declaración de principios. Ella misma afirmó en una entrevista haber usado deliberadamente un formato cuadrado (1:33), lo que impide tomas amplias y centran la atención en el objeto de la toma. El efecto es realmente de intimidad.

En esta película la épica del western queda desposeída de su heroísmo fantástico y se convierte en una fiel recreación de uno de los momentos más fascinantes de la historia moderna. En fin, un gran trabajo para no perderlo en las salas.

Los cortos aquí.
El sitio oficial de la película, acá.

2 comentarios en “no existen héroes heroicos

  1. hola amigos, acabo de llegar a paris, os doy las gracias porque durante mucho tiempo me habeis ayudado a conocer mejor esta ciudad. Un abrazo, nos leemos.

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