voces, voces, voces


Para empezar con la colección que le da origen a este blog, qué mejor que empezar con una de las manifestaciones más fantásticas del ser humano, a mi parecer: la voz. Cuando llegamos a este mundo, muchos anunciamos nuestra llegada con un sonoro grito. Otros quizás no lloraron y quizás tras salir del seno de su madre se mantuvieron silenciosos. Pero en ambos casos, es la voz – o su ausencia – la que marcó nuestra llegada. Cuando nos vayamos, la voz – o su ausencia – será de nuevo una señal.

Para la voz, como instrumento musical, el hombre construyó templos: iglesias o salas de concierto que gracias al ingenio de los arquitectos puede embellecer el canto, hacerlo más hermoso, vibrante y hermoso. La voz ha sido el instrumento privilegiado del ser humano. Difícilmente hay música sin ella. Ya se trate de un canto monódico o de una polifonía de voz, cuando es bien ejecutada, la música para voz puede – y normalmente lo hace – conmover hasta lo más hondo.

Las ganas de descubrir y explorar no empezaron en España o Portugal, antes de toparse con el Nuevo Mundo. Ya los músicos habían enfilado hacia nuevas latitudes. Crearon, para ello, verdaderas naves gigantescas en las que diez, quince, veinte voces se unían en una sola partitura. Willem Ceuleers, músico belga nacido en 1965, retomó este camino y escribió una partitura para treinta y cinco voces ¡Treinta y cinco voces, cada una con su propia línea melódica! Es, si no, una catedral. Se trata de la pieza Nomen mortis infame (Es espantoso el nombre de la muerte).

Nomen mortis infame mortalium fecit infirmitas. Si quid animi virlumve inesset, nichilo plus terroris esset in morte auqm in ceteris, que per naturam fiunt. Quid enim magis mori timeas auqm nasci, adolescere, senescere, esurire, sitire, vigilare, consopiri? Quod ultimum plane simillimum morti est, atque ideo somnum, alli consanguineum, alii vero mortis imaginem, dixere. Neve seu poeticus lepos extimetur, seu philosophicum acumen, ipsa veritas amici mortem somnum dixit. Et semei facere metuis, quo quotidie delectaris?

Es la debilidad de los mortales la que hace terrible el nombre de la muerte. Si tuvieran alguna fortaleza de alma, no encontrarían en la muerte más horror que el que encuentran en los demás objetos de la naturaleza. ¿Por qué temes más morir que nacer, crecer, envejecer, tener sed, velar o dormir? Éste último es idéntico en todos sentidos a la muerte, es por ello que algunos lo consideran su pariente próximo, otros su imagen verdadera. Y no se trata de elegancia poética o fineza filosófica, sino la verdad pura cuando se dice que la muerte es sueño. ¿Y temes hacer una sola vez aquello a lo que te entregas todos los días con delicia?

Esta obra fue compuesta para celebrar los 35 años de la fundación por parte de Paul van Nevel, del coro Huelgas Ensemble. Ceuleer convirtió en notas las letras del grupo (H = si, U = do, E = mi, L = la, G = sol, A = la y S = si), con las que compuso un tema que se repite un total de 35 veces sobre un texto de Petrarca.

A la obra, intemporal, de Ceuleer, le siguen ocho piezas, estas sí, del Renacimiento, todas polifónicas. Prácticamente todas las piezas deberían obtener una ovación de pie, pero aquí solo mencionaremos unas cuantas. Qui habitat (Aquél que habita) de Josquin Desprez (ca. 1450-1521) para 24 voces, es el resultado de la combinación de cuatro coros de seis voces en un canon perfecto. Inicia el coro de sorpanos, luego los tenores agudos, siguen los tenores y se agregan por último los bajos. Como lo mencionan en el texto del libreto, el efecto logrado es el de una campana que va y viene, lo que se logra gracias a una delicadísima arquitectura sonora. La comparación atribuída a Cosimo Bartali (Ragionamenti accademici, Venecia, 1567), de que Josquin Desprez es a la música lo que Miguel Ángel a la pintura, me parece más que justa.

Finalmente, el compositor inglés Thomas Tallis (1505 – 1585) dejó una partitura para 40 voces. Es el motete Spem in alium (Esperanza en otro), que probablemente haya sido compuesto a petición del duque de Norfolk. Quizás también haya influido la poderosísima obra del italiano Striggio Ecce beatam lucem (He aquí la sagrada luz) que también utiliza 40 voces. Tallis comienza con una entrada uniforme de todas las voces y poco a poco empieza a separar en ocho coros distintos, hasta que en el momento de mayor intensidad los vuelve a reunir.

Todo en este disco es un testimonio de la grandeza de la música para coro. Independientemente de su carácter religioso, la belleza y la luminosidad con la que llena el ambiente esta música lo reconcilian a uno con el mundo y sobre todo, consigo mismo.


Huelgas Ensemble, Paul Van Nevel (dir.). 40 voix. CD. Les sommets de la polyphonie. Harmonia Mundi, 2006, 62’02”.


Lista de pistas:

  1. Willem Ceuleers (n. 1962). Nomen mortis infame para 35 voces.
  2. Juan Bautista Comes (1568-1643). Gloria para 12 voces.
  3. Josquin Desprez (ca. 1440-1521). Qui habitat para 24 voces.
  4. Robert Wylkynson (ca. 1450-1515). Jesus autem/Credo in Deum para 13 voces.
  5. Alessandro Striggio Sr. (ca. 1540-1592). Ecce beatam lucem para 40 voces.
  6. Pieter Maessins (ca. 1505-1563). En venant de Lyon para 16 voces.
  7. João Lourenço Rebelo (1610-1661). Lauda Jerusalem para 16 voces.
  8. Giovanni Gabrieli (ca. 1555-1612). Exaudi me Domine para 16 voces.
  9. Thomas Tallis (ca. 1505-1585). Spem in alium para 40 voces.


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