vieja fórmula


Olivier Nakache y Éric Toledano (dirs.), Intouchables [Intocables], François Cluzet (Philippe), Omar Sy (Driss), Francia, Quad Productions, 2011, 112 mins.

Cuando uno vive en un país en el que la reglamentación es de tanta importancia, uno puede entender por qué Intouchables ha tenido tanto éxito. Es cierto: bajo casi cualquier circunstancia, en todo lugar y en cualquier hora se puede (y se debe) apelar a la norma prevista, al reglamento establecido. Cuando el francés promedio no conoce la respuesta a una pregunta que tiene que ver con el deber o el poder hacer, invoca “le règlement”, el reglamento, y asunto acabado.

Otro asunto es que el reglamento se siga efectivamente o que éste sea eficaz…

Intouchables está rompiendo todos los récords en el cine francés. En solo cuatro semanas, diez millones de personas han pagado su boleto para verla. Basada en una historia real, Intouchables cuenta la historia de la amistad entre Philippe (François Cluzet) y Driss (Omar Sy). Philippe es un millonario tetrapléjico que contrata a Driss como su enfermero a domicilio. Driss, de origen senegalés, viene a penas de salir de una condena de seis meses de prisión. El punto de toda la historia es la amistad que se forma entre ambos personajes, provenientes de medios tan distintos y en situaciones tan diferentes. Efectivamente, cada uno está limitado por su situación: Philippe, quien perdió toda capacidad para mover su cuerpo del cuello para abajo, y Driss, cuya familia se encuentra atrapada en un círculo vicioso de pobreza, violencia y desempleo en una zona conurbada de París.

La historia es contada en un tono cómico, a petición de los personajes reales Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Yasmin Sellou. Por su parte, Cluzet y Sy son viejos conocidos del cine de esta parte del mundo: Cluzet inició su carrera en 1979 y Sy es uno de los actores principales de la serie de televisión cómica Service après vente [que podría traducirse algo así como “Servicio al cliente”]. La fórmula de la historia no es nueva, aunque bien contada, y lo que ha hecho de ella un éxito son las actuaciones. Los personajes no son complicados, pero creíbles, y toca algunos de los fantas franceses: el racismo, el clasismo y, un tema muy querido para Francia, el sueño de salvar por medio de la educación.

Cluzet tiene la tarea difícil, limitado como estaba para actuar. Y el papel de Sy hace el contrapeso a un hombre sofisticado y con una gran educación. Los arranques de cólera y las bromas vulgares del personaje de Sy hacen reír abiertamente.

Es un poco exagerado decir que Intouchables sea la mejor película francesa de todos los tiempos, como dicen algunas críticas por aquí, pero sí estoy de acuerdo en decir que está muy dirigida, actuada y filmada, y eso hace de una fórmula vieja y más o menos gastada, una buena historia.

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