masacrad al prójimo


Roman Polanski (dir.), Carnage [Masacre, esp.), basada en Le dieu du Carnage de Yasmina Reza, Jodie Foster (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christohp Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet), Estados Unidos, Sony Pictures Classics, 120 mins.

Está muy bien tratar de solucionar un diferendo de la manera más cordial y civilizada posible. Uno debe guardar las buenas maneras, el trato gentil y delicado para evitar una confrontación visceral. Hay que evitar a toda costa la violencia verbal (ni hablar de la física). Porque es muy fácil caer en la provocación, en el insulto.

Es lo que hace la gente bien, ¿no? Nice people. Aquella que tiene la conciencia tranquila, que tiene un buen trabajo, una casa propia, una buena educación en una buena universidad. Se preocupa por lo que pasa en África y al mismo tiempo se cultiva en el arte. Pero también está esa gente bien que trabaja en un gran despacho, de abogados en la ocurrencia. Es gente bien porque gana bien, viste bien, se conduce bien. Tiene muchos asuntos que atender: el teléfono en la oreja es de rigor, interrumpiendo una y otra vez la conversación.

Aquella gente exitosa (que lee la Biblia y libros cuyo título no recuerdo ahora), líder y que “ocupa posiciones de alta jerarquía”, que posee “un alto nivel de académico”, cuenta “con una trayectoria activa y exitosa”, es una “persona enterada y consciente de la realidad nacional y mundial”, “competidor, ambicioso, innovador y creativo” y, lo mejor, “buscar el éxito y la trascendencia”…

Pero a pesar de todos estos esfuerzos aparentes, en el fondo queda una violencia reprimida, lista a aflorar en cuanto la paciencia se agote. Lo que los hijos – los verdaderos protagonistas del problema – pueden resolver simplemente continuando su vida normal, los adultos lo resuelven en un mar de agresiones verbales disfrazadas de las más cordiales y burguesas mentadas de madre.

Roman Polanski adaptó la obra de teatro Les dieux du Carnage, de Yasmina Reza, para su última película, que tituló simplemente Carnage. En la obra original, la historia se desarrolla en París. Un matrimonio visita a otro, en su departamento chick, para hablar de la pelea que los hijos de ambos matrimonios tuvieron y por la que uno de ellos salió “gravemente” herido (que perdonen las buenas conciencias a aquéllos que duden de la brutalidad del ataque). Los originalmente civilizados padres de familia entran en una espiral de violencia verbal gracias a su desprecio e hipocresía.

Christoph Waltz y Kate Winslet interpretando los Cowan

Los cuatro personajes son el reflejo de esa clase acomodada que se encuentra en casi cualquier ciudad de occidente. Un grupo social aislado del resto del mundo, que se preocupa por las causas políticamente correctas para sentirse bien. Se les encuentra en todo el mundo: París, Nueva York, poco importa el contexto geográfico, los valores y la politesse son primero… Es decir, antes que la masacre. Uno a uno, los personajes se destrozan entre ellos, golpeando en su hipocresía, su cinismo y sus buenas maneras.

En algún momento, todos muestran su lado más débil, salvajemente frágil: un vómito, la descompostura de un aparato, el daño de un objeto precioso, el sometimiento… Los Longstreet (Jodie Foster y John C. Reilly), tan racionales, tan mundanos y sociales, tan abiertos al diálogo,  tan aprobatorios como censuradores; los Cowan (Kate Winslet y Christoph Waltz) tan refinados, tan elegantes; ellos tan machistas; ellas tan dependientes…

En resumen, la lectura que hice es que se trata de una sátira no sólo de la clase media alta, sino de una cierta parte de esta clase (quizá la gran mayoría de ella) que se mueve en lo políticamente correcto, con posiciones políticas y sociales basadas en la moral o movilizadas por el cinismo. Una oda a la hipocresía, vamos.

En lo que concierne a la forma, la verdad es que me divertí mucho durante la película (primero encontrando similitudes entre gente que conozco y los personajes, luego entendiendo que el mensaje de Reza/Polanski aplica a todos, incluído yo). Hay algunos momentos en los que la secuencia parece quedar pendiendo en un hilo, pero las actuaciones de Christoph Waltz y Jodie Foster (sin quitarle mérito a las de Kate Winslet y John C. Reilly) son el plato fuerte de la película.

Una película para pensar en la anatomía y en la genética de nuestra sociedad capitalista.

El sitio oficial en francés, aquí.
El sitio oficial en inglés, acá.
Escenas de la puesta en escena estadounidense, acullá.

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