La prisión


Sidney Lumet (dir.), The Hill [La colline des hommes perdus (fr.), La colina, (esp.)], Sean Connery (Joe Roberts), Harry Andrews (Sgt. Mayor Wilson), Ian Bannen (Harris), Alfred Lynch (George Stevens), Ossie Davies (Jacko King), Roy Kinnear (Monty Bartlett), Jack Watson (Jock McGrath), Ian Hendry (Sarg. Williams), Michael Redgrave (Médico),  Ray Rigby (libretista), Metro Goldwyn Mayer, Gran Bretaña, 1965, 123 mins.

El tema

Durante la Segunda Guerra Mundial, el  ejército británico construyó una prisión militar en medio del desierto de Libia. El campo estaba dominado por una colina artificial que había sido construida por los prisioneros. Todas las puertas de las barracas daban hacia ella. Para ir de un extremo del campamento al otro se la debía rodear.

La colina no impresionaba a primera vista. Tenía unos diez metros de altura. Podía escalarse por dos lados, mientras que los otros dos servían como muros de piedra. La trampa de la colina estaba en la inclinación de la pendiente y en el material con el que estaba construida: arena. Escalar la colina requería un esfuerzo doble pues las piernas se hundían hasta las rodillas. El castigo cotidiano, usado a discreción por los oficiales, consistía en obligar a los presos a escalar la colina con todo su material a cuestas.

La colina se transforma en un instrumento de tortura, omnipresente. La prisión se convierte en una especie de panóptico presidido por la colina. Todos ven quién está escalándola, como una constante advertencia. Sidney Lumet, el director, ponía mucha atención en la selección de sus escenarios al puntode afirmar que era otro personaje. El desierto libio ofrece un marco desolador: no hay a dónde escapar. El campo militar es una prisión dentro de una prisión.

La película La Colina, de Sidney Lumet, plantea un sistema hermético, organizado en torno al abuso y la tortura. Un sistema que parte del supuesto que ningún individuo, salvo los dirigentes, tiene derechos ni personalidad. Abusar impunemente es la regla. Se trata de un absurdo posible: la prisión es legal, pero lo que sucede en el interior está fuera de control. La aplicación de la ley, se convierte en una disciplina brutal fundada en el terror y la humillación, que busca mantener la imagen de orden y obediencia.

El rodaje

Ésta es quizás la película menos conocida de Sidney Lumet, fallecido en 2011. Fue escrita por Ray Rigby, quien participó en la Segunda Guerra Mundial y conoció una prisión militar, la que le sirvió de inspiración. Lumet dirigió más de cincuenta películas, sin contar su trabajo en la televisión. Entre las más conocidas están  12 hombres en pugna (1957), Serpico (1973) y Asesinato en el Expreso de Oriente (1974). Nunca dejó de trabajar, incluso el año de su muerte. La Colina es tan poco conocida, que ni siquiera la menciona The New York Times en la nota publicada tras su muerte el 9 de abril 2011.

El dato sorprende, porque el mismo periódico afirma que uno de los temas favoritos de Lumet fue la justicia. En su primera película, 12 hombres en pugna, trata el tema desde el punto de vista de un jurado. En Serpico, desde la perspectiva de la corrupción policiaca. Y en La Colina, desde el abuso del poder. De hecho, La Colina fue mal recibida por la crítica, pues Sean Connery era considerado un actor frívolo, apto para películas taquilleras como James Bond.

La película fue rodada en España, en cinco semanas, en condiciones muy difíciles: 45 grados, bajo los cuáles los actores debían subir la colina. Además, Lumet utiliza diferentes objetivos para hacer los acercamientos a los actores, para lograr un mayor dramatismo.

La historia

La historia se centra en cinco presos: Joe Roberts (Sean Connery), Jock MacGrath (Jack Watson), George Stevens (Alfred Lynch), Jacko King (Ossie Davies) y Monty Bartlett (Roy Kinnear). Joe Roberts era esperado con especial atención, por haber sido condenado tras haber rehusado cumplir órdenes en el frente de batalla y haber golpeado a sus superiores. Los cinco son sometidos a los sádicos castigos del responsable de la prisión, el sargento mayor Wilson, y del sargento Williams, en quien había delegado la responsabilidad.

Stevens, quien antes de ser condenado cumplía funciones de oficina, comienza a perder la razón como consecuencia del acoso del sargento Williams y de la falta de sueño.En una dramática escena, el sargento Williams entra en la celda y ordena  a los cinco presos tomar su equipo de campaña para ir a marchar a la colina por enésima ocasión. Stevens acaba de volver de un castigo en la colina y con los nervios destrozados implora a Roberts que lo defienda e impida que lo lleven de nuevo a la colina. Roberts no podrá hacer nada y Stevens morirá esa misma tarde, en medio de alucinaciones.

A partir de ese momento empieza una lucha de poder entre el sargento mayor Wilson, los sargentos Williams y Harris, el médico del campamento y, por supuesto, los cuatro prisioneros que acompañaban a Stevenes.

El sargento Williams niega su responsabilidad por la muerte de Stevens: él nunca lo golpeó ni lo tocó. Stevens murió por cualquier otra causa, no por la suya. El sargento mayor Wilson no quiere manchar sus 25 años de carrera al frente del campamento y presiona al médico para que expida un certificado de muerte falso. Pero el médico del campamento (Michel Redgrave) sabe que de aceptar, él tendrá que responder por la muerte de Stevens, pues el examen médico acredetiba a Stevens como apto para soportar los castigos de la prisión. A ellos se agrega el sargento Harris (Ian Bannen), quien critica abiertamente los excesos de Williams y la indiferencia de Wilson.

Los presos sólo deben obedecer. Wilson pretende “formar soldados a partir del barro”. Cuando Roberts cuestiona la disciplina militar, Wilson no está dispuesto a aceptar ninguna crítica, mucho menos de un preso. La obediencia, base de la organización del ejército, debe ser ciega. En el fondo, Roberts intenta demostrar que la obediencia ciega llevó a Stevens a la muerte y por eso considera justo rebelarse.

La única salida posible es la desobediencia. Jacko King y Roberts buscan ponerse fuera del alcance de este sistema, cada uno de distinta manera. King renuncia al ejército y declara ser un civil, fuera de la jurisdicción militar. Roberts emprende una estrategia más complicada. Acepta todos los castigos y todos los abusos hasta el punto de quedar imposibilitado físicamente: Williams le rompe el pie durante una golpiza. Es entonces que Harris y el médico deciden testificar contra Williams y Wilson. El final es más trágico aún… Habiendo logrado el apoyo del sargento Harris y del médico de la prisión (a pesar de que se le pueda encontrar responsable también), McGrath y King se vengan y matan a golpes a Williams, mientras Roberts, con un pie roto, les grita que no lo hagan.

3 comentarios en “La prisión

  1. Yo creo que esta película no pudo producirse en mejor momento. Piensen por ejemplo en la cantidad de soldados -hablo de estos que están a cargo de mantener el orden en la prisión- que tienen un comportamiento semejante al de muchos protagonistas Nazis tan escalofriante como el de Williams.

    Me parece que esa brutalidad humana que describe Lumet debió de haber sido muchísimo más sofocante para el público de ese entonces de lo que fue para mi.

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