Tóxicos


David Lambert (dir.), Hors les murs [Tras los muros], Guillaume Gouix (Ilir), Matila Malliarakis (Paulo), David Salles (Édouard), Mélissa Désormeaux-Poulin (Anka), Francia, Bélgica, Canadá, Frakas Productions, 2011

Dicen por ahí que las grandes historias de amor terminan mal. Otras terminan en el olvido, perdidas, sin un momento concreto en el que pueda decirse que finalizan ahí, precisamente en tal o cual momento finalizan. Son relaciones extrañas, tristes por antonomasia.

Paulo e Ilir intentan rescatar algo de lo que tuvieron. El que más insiste es Ilir. Su historia tiene mucho de improbable. Surgió así, sin más, de la fragilidad de Paulo y de la franqueza de Ilir. Paulo, joven pianista, más bien mediocre, que se gana la vida tocando en proyecciones de cine mudo; ambiguo en todos los aspectos… Esconde bien su edad, entre niño y adulto, con rasgos femeninos y masculinos. Ilir, inmigrante albanés, bajista en un grupo local, que se gana la vida sirviendo en un bar. Su pasado no ha sido miel pero que pudo haber sido peor.

Una historia completamente banal, que pudo haber sido protagonizada por cualquier otra pareja heterosexual u homosexual. Paulo e Ilir tuvieron primero un encuentro sin compromisos y después se enamoraron. A tal grado que Paulo decide dejar a su novia, Anka, para mudarse con Ilir… sin avisar. A pesar de la resistencia inicial de Ilir, construyeron rápidamente una relación tóxica.

Los tonos románticos que constituyen el primer acto de la película dan paso al drama del segundo. Si en la primera parte se trata del nacimiento del amor, en el segundo ocurre su muerte. Tras un par de escenas, algunas de humor casi inocente, llega la ausencia, la sorpresa, el desenlace imprevisto: Ilir es condenado a 18 meses de cárcel. Inicia el tercer acto: un intento de resurrección. Los papeles se invierten. El Ilir dominante ya no existe y tras salir de la cárcel se encuentra con un Paulo diferente. El personaje inseguro ha encontrado refugio y confianza.

Guillaume Gouix (Ilir) y Matila Malliarakis (Paulo)

La película de David Lambert, su primera, tiene la virtud de las historias sencillas. El relieve de la película viene de los personajes, como en las obras de teatro. Paulo, parecido a un pichón caído del nido, con dificultades para aceptar su sexualidad, busca un protector. E Ilir, independiente y fuerte, aparentemente no busca nada ni nadie. Los papeles se invierten a lo largo de la película con gran realismo. Pero sobre todo, es la banalidad de la historia la que da una nota de nostalgia. El ambiente en el que está filmada la historia es otra metáfora. No hay nada seguro en ese cielo o en esa atmósfera azulada. La amenaza de la lluvia está siempre ahí, como el final de la relación.

Hay que subrayar la presencia de la actriz Mélissa Désormeaux-Poulin, a la que ya habíamos visto en Incendies en el papel de Jeanne, la hija de Nawal Marwan.

La película compitió en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, competencia paralela, en la que ganó el premio “El riel de oro”, otorgado por el Grupo de Ferrocarrileros Cinéfilos.

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