El peligro de la intimidad


Ira Sachs (dir.), Keep the Lights On [algo así como No apagues la luz], Thure Lindhardt (Erik), Zachary Booth (Paul), basada en la novela Portrait of an Addict as a Young Man [Retrato de un joven drogadicto] de Bill Clegg, adaptada por Ira Sachs y Mauricio Zacharias, Thimios Bakatakis (fotografía), Arthur Russel (música)Alarum Pictures, Estados Unidos, 2012, 98 mins.

Mauricio Zacharias, escritor del libreto de Keep the Lights On, tiene bastante experiencia en estos temas. Trabajó antes en una espléndida producción brasileña, Madame Satã, biografía del travesti brasileño João Francisco dos Santos (1900-1976).

Por su parte, el director y escritor de esta película, Ira Sachs, ha trabajado constantemente sobre el SIDA. Su película Last Adress, sobre un grupo de artistas neoyorkinos que murieron de SIDA, forma parte de las colecciones permanentes de los museos MoMA y Whitney Museum of American Art.

De ahí que su último trabajo haya sido esperado con cierta ansia. Y no le ha ido mal. Keep the Lights On ganó el premio a mejor libreto en el Outfest 2012 de los Estados Unidos, el “Teddy Award” del Festival Internacional de Berlín y del Festival de Sundance, ambos otorgados a las mejores películas de temática gay.

Thure Lindhardt y Zachary Booth

La historia es simple: dos hombres jóvenes, Erik (Thure Lindhardt) y Paul (Zachary Booth) se conocen y, contra toda expectativa, se enamoran. Con una fuerte dosis autobiográfica, Sachs narra diez años de la vida en común de la pareja. Paul, abogado en una editorial, parece ser el más estable. Erik, cineasta en ciernes que trabaja sobre Avery Willard, un oscuro personaje del cine neoyorkino, es abiertamente gay desde adolescente y parece ser la parte débil de la pareja: es muy sensible y al mismo tiempo tiene inclinación por los encuentros casuales. Sin embargo, la adicción al crack de Paul marca la pauta de la relación.

Desde el primer momento en el que Erik muestra su adicción, la pareja queda envuelta en un velo negro de incertidumbre. Como esas enfermedades terminales que, si bien no matan inmediatamente, al mismo tiempo esconden la esperanza de sanar. Y agrega cada día más capas a la esperanza, dejándola inaccesible.

La historia no es sobre el amor explosivo, pasional y lleno de sexo nacida a primera vista. Tras las primeras escenas, se convierte en la historia del tiempo que estuvieron juntos. En ese sentido es una verdadera historia de amor, de su estabilidad. A pesar de ser la opción menos racional, Erik se mantiene al lado de Paul.

Salvo un par de detalles, Sachs no aborda las particularidades de la pareja gay. El problema sobre la aceptación de la sexualidad es despachado en dos frases para uno y otro personaje. La película trata llanamente sobre una pareja. Sin más.

Lo único que podría reprocharle es su excesiva pulcritud. Demasiado perfecto para ser verdad, dicen por ahí. Incluso nos ahorramos las escenas en las que Paul se droga. En esos momentos, el personaje desaparece durante algunos días y, en cambio, la cámara sigue a Erik en su angustia por saber dónde está su pareja. Una sola escena muestra esos fondos sórdidos de la droga. Tras encontrar a Paul encerrado en una lujosísima habitación de hotel, manteniendo una dieta de vodka, crack y prostitutos, Erik – con el rostro cansado de llorar, el alma hecha pedazos – decide no abandonarlo, e incluso matiene la mano de Paul entre las suyas, mientras un prostituto desquita la tarifa que recibió minutos antes.

En resumen, como escribe Michal Oleszczyk, con esta película Ira Sachs recupera su lugar como un observador privilegiado de los peligros de la intimidad.

Merecen mención aparte el fotógrafo griego Thimios Bakatakis, quien estuvo por primera vez en Nueva York para filmar esta peli, y la música del compositor Arthur Russel, de su álbum Sui Generis. Bakatakis logra tomas que evitan la típica estetización de Nueva York y se acercan a los cuerpos y a las reacciones de los personajes.

No olviden visitar el sitio oficial, que incluye un blog, noticias sobre Nueva York gay y sobre Avery Willard. 

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