Erizos


Muriel Barbery, L’élégance du hérisson [La elegancia del erizo], París, Gallimard, 2006, 414 pp.

“Usted” en francés se traduce como “Vous” (pronúnciese casi con una efe: |fu|). Se usa en cualquier circunstancia. Es el trato que uno debe dar a una persona cuando se le conoce. A los desconocidos se les habla de vous. La mayoría de la publicidad está redactada con éste pronombre. Muchos amigos se hablan de usted entre ellos. Por supuesto, para los extranjeros como yo, esto le da un toque de frialdad a la interacción. Por éso, pasar al tuteo es algo serio. Cuando se pasa al tú, sólo hay dos posibilidades: un enfrentamiento o una confidencia.

Al final de la novela L’élégance du hérisson, de Muriel Barbery, una de las protagonistas, René, se despide de sus seres más queridos (dejaremos a los lectores descubrir por qué). Es uno de los capítulos más emotivos que he leído en una novela. René, que durante toda su vida habló de usted a su mejor amiga, Manuela Lopes, pasa al tuteo, como en una demostración de todo el cariño que se encontraba bajo la formalidad. Al pasar al tú, reafirma todos los años de compañía que se consagraron ambas mujeres.

L’élégance du hérisson fue la segunda novela de Barbery, por la que fue aclamada en Francia. Al año siguiente de su publicación, recibió el Prix des Libraires [Premio de los libreros] 2007, uno de los reconocimientos más importantes en el país.

El erizo es una metáfora que Barbery utiliza para describir a uno de los personajes principales: la conserje René. Lo hace por la boca de Paloma, otra protagonista. Paloma dice de René:

Mme Michel a l’élégance du hérisson : à l’extérieur, elle est bardée de piquants, une vraie forteresse, mais j’ai l’intuition qu’à l’intérieur, elle est aussi simplement raffinée que les hérissons, qui sont des bêtes faussement indolentes, farouchement solitaires et terriblement élégantes.

La Señora Michel posee la elegancia del erizo: por fuera, está armado con puntas, una verdadera fortaleza; pero tengo la intuición que por dentro, es tan sencillamente refinada como los erizos, que son animales falsamente indolentes, ferozmente solitarios y terriblemente elegantes.

Así, la historia se desarrolla a cuatro manos, René y Paloma alternándose en los capítulos de la novela.

Ambas poseen una visión crítica de lo que sucede a su alrededor, en particular de los habitantes del edificio en el que viven, en una zona adinerada del 6° distrito de París (7, rue de Grenelle). Son un par de inconformes, un par de erizos. Podría decirse que la única diferencia entre ambas es la edad: René tiene 54 años; Paloma tiene 12.

Paloma también es un erizo. Especialmente inteligente, a sus doce años es capaz de elaborar reflexiones filosóficas y juicios estéticos que su familia toma por extravíos mentales. Su mayor preocupación es encontrar un momento y un lugar pacíficos donde su creatividad pueda florecer. Pero decepcionada por la superficialidad que la rodea, planea suicidarse, no sin antes hacer una contribución mayor a la humanidad.

Erizos, entonces, observan desde su fortaleza. Si la novela trata sobre la amistad, la belleza y sobre todo, la soledad, la novela es otra variante del triunfo de los pequeños sobre los grandes; los jodidos sobre los favorecidos.

Como toda sociedad, la francesa está llena de clichés. Parte de la riqueza de La elegancia del erizo, radica en la explotación de esos clichés. Las familias ricas de París, que viven en grandes departamentos, las conserjes ignorantes y vulgares, las socialistas bien e instruidas, las estudiantes de filosofía, las sirvientas portuguesas; todos esos personajes pertenecen al imaginario parisino.

Al subvertir dos de ellos, la conserje y la hija de familia bien, Barbery logra una historia desequilibrada y, por ello, seductora. La novela habla directamente al lector, nos coloca del lado de los héroes, como lo señala Philippe Lançon en su crítica, y nos hace disfrutar de cada uno de los detalles. Es el secreto mantenido celosamente por René. Ella no es una conserje cualquiera. Es una conserje que aparenta ser conserje. René ama el arte, es unalectohólica, es curiosa por todas las expresiones de curiosidad y sobre todo, siente un profundo desprecio por aquéllos que pudiendo acercarse a la belleza, no lo hacen.

Pieter Claesz, Nature morte

Pero el punto fuerte de la novela, creo, es el detalle con el que Barbery describe los sentimientos de los personajes. La soledad, la amistad, el amor y, sobre todo, el encuentro con la belleza. Hay, por momentos, verdaderos capítulos sobre la belleza y lo que representa en la vida. Aquí les va el capítulo 11, “Una existencia sin duración”:

¿Para qué sirve el Arte?  Para darnos la breve pero fulgurante ilusión de la camelia, al abrir en el tiempo una brecha emocional que parece irreductible a la lógica animal. ¿Cómo nace el Arte? Nace de la capacidad del espíritu de esculpir el reino sensorial. ¿Qué hace el Arte para nosotros? Les da forma y vuelve visibles nuestras emociones y, al hacerlo, las marca con ése sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, que sepa encarnar la universalidad de los afectos humanos.

El sello de la eternidad. ¿Qué vidas ausentes sugieren a nuestro corazón esos manjares, esas copas, esos tapices y esos vasos? Más allá de los límites del cuadro, sin duda, el tumulto y el tedio de la vida, esa incesante y vana competencia, cargada de proyectos – pero dentro de sus límites, la plenitud de un momento suspendido, arrancado a la codicia de los hombres. ¡La codicia de los hombres! No podemos dejar de desear y eso nos magnifica y nos aniquila al mismo tiempo. ¡El deseo! Nos sostiene y nos crucifica, conduciéndonos cada día al campo de batalla donde fuimos derrotados el día anterior, pero que, bajo el sol nos parece de nuevo un terreno de conquistas, nos hace construir, aunque fallezcamos al día siguiente, imperios destinados a convertirse en polvo, como si la certeza de saber su próxima caída no importara frente a la sed de edificarlos ahora; nos infunde la fuerza para querer otra vez lo que no podemos poseer y nos lanza al día siguiente sobre la hierba cubierta de cadáveres, proveyéndonos hasta nuestra muerte de proyectos tan pronto terminados tan pronto nacidos.

Pero es tan extenuente desear sin fin… Pronto aspiramos a un placer sin búsqueda; soñamos en un estado de felicidad que no inicie ni termine, donde la belleza no sea el final ni el proyecto, sino donde se convierta en la evidencia misma de nuestra naturaleza. Pues bien, este estado es el Arte. ¿Debía yo pintar ese cuadro? ¿Debía desear esos manjares para verlos? En algún lugar, en otro lado, alguien quiso esta comida, aspiró a esta transparencia mineral y buscó el placer de acariciar con su lengua el sedoso sabor salado de una almeja con limón. Fue necesario ese proyecto, engarzado en cien proyectos más, haciendo surgir mil más, esta intención de preparar y de saborear un ágape de mariscos – ese proyecto del otro, el verdadero, para que el cuadro tomara forma.

Pero cuando observamos una naturaleza muerta, cuando nos deleitamos sin haberla perseguido con esta belleza que se lleva con ella la magnífica e inmóvil figuración de las cosas, entonces disfrutamos de lo que no tuvimos que desear, contemplamos lo que no tuvimos que desear, amamos lo que no debimos desear. Mientras que la naturaleza muerta, puesto que representa una belleza que habla a nuestro deseo pero que nació del deseo de otro, puesto que se acomoda a nuestro placer sin haber formado parte de nuestros proyectos, puesto que se nos ofrece sin el esfuerzo de desearla, encarna la quintaescencia del Arte, esa certidumbre de lo intemporal. En la escena muda, sin vida ni movimiento, se incarna un tiempo exento de proyectos, una perfección arrancada a la duración y a su hastiada avidez – un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad.

Porque el Arte, es la emoción sin el deseo.

El sitio de la autora, abandonadito, está acá.

La novela tiene una adaptación al cine. Los cortos aquí:

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