¿Por qué ésto es arte?


ImageMatthew Akers (dir.), Marina Abramovic: The Artist is Present [Marina Abramovic: La artista está presente], HBO, Estados Unidos, 2012, 106 mins.

El performance es una de las expresiones artísticas que más auge ha tomado en los últimos años. Algunos entienden el performance como “arte en vivo”, o como una puesta en escena más o menos planeada, más o menos improvisada, con referencias estéticas más o menos claras. O como lo explica Marina Abramovic: en el teatro, hay un cuchillo y salsa catsup; en el performance, hay un cuchillo y sangre real.

Matthew Akers es el director de un hermoso y emotivo documental sobre la artista serbia Marina Abramovic, quien se considera a sí misma como la abuela del performance. Esta artista ha sido una de las más controvertidas pues no duda en pasar los límites que muchos otros no osan sobrepasar. Marina ha puesto en peligro su integridad física e incluso su vida. No lo hace de manera gratuita. Lo hace, me parece, desde el más puro espíritu artístico.

Sus investigaciones artísticas la han llevado a preguntarse sobre el papel de la conciencia en la creación artística. Por ejemplo: en 1974 Marina creó Ritmo 2. El performance estaba dividido en dos partes. En la primera, toma una píldora reservada a los enfermos de catatonia. Al no sufrir este síndrome, la píldora provoca una reacción muy violenta. Marina perdió el control de sus movimientos aunque siempre estuvo consciente. Pasados unos diez minutos y los efectos del compuesto, Marina ingirió otra píldora, está vez reservada a personas agresivas. El efecto era el de la inmovilidad absoluta. Este proyecto le permitió probar sus capacidades físicas y sobre todo preguntarse sobre la conexión entre la conciencia del artista y la obra creada. Por ello, cuando se desmayó durante el performance Ritmo 5 de ese mismo año, su sensación al despertar era de enojo, pues había concluido que la conciencia es indispensable para la creación: “cuando pierdes la conciencia ya no estás presente, ya no puedes actuar”.

Ese mismo año, creó Ritmo 0, que es la culminación de una serie de piezas llamadas Ritmo y numeradas desde el 10 hasta el 0. En este performance pone a prueba la relación entre el público, la obra de arte y el creador. Para ello utiliza su propio cuerpo como objeto de interacción. Marina puso a disposición del público una serie de objetos que el público podía usar como mejor le pareciera durante seis horas. Entre los objetos, había algunos para provocar placer y otros para provocar dolor: una rosa, un látigo, una pluma de ave, un tarro de miel, un revólver, una bala y un bisturí. La experiencia fue impactante. Al principio, el público se comportaba más bien tímido. Pero tras un cierto tiempo la situación se volvió peligrosa. Alguien llegó a cargar el revólver con la bala y apuntarle en la cabeza, le cortaron el cabello, la hirieron con las espinas de la rosa y otras tantas lindezas. Cuando pasaron las seis horas y Marina comenzó a moverse de nuevo, todos los espectadores salieron corriendo de la sala para evitar cualquier confrontación.

Prácticamente la mitad del documental está centrado en un performance realizado entre el 14 de mayo y el 31 de mayo 2010 en el Modern Museum of Art (MoMA) de Nueva York. En él, Marina continúa su exploración de la relación público-obra de arte-creador, La “puesta en escena” es muy sencilla: en una amplia sala del museo, Marina se encuentra sentada detrás de una mesa. El público no tiene permitido atravesar una línea marcada en el piso, como sucede en todo museo. Sólo se permite que una persona se siente del otro lado de la mesa en la silla vacía que se encuentra en ese lugar. Marina y una persona distinta quedan frente a frente, silenciosas, observándose. Siete horas y media al día, durante tres meses, Abramovic permaneció observando inmóvil a cientos – ¿quizás miles? – de personas.

El fotógrafo Marco Anelli creó un blog y un libro titulado "Portraits in the presence of Marina"
El fotógrafo Marco Anelli creó un blog y un libro titulado “Portraits in the presence of Marina”.

El título del performance no podía ser mejor: El artista está presente. Las diferentes reacciones del público son impresionantes. Algunas personas intentaban apropiarse del momento y llegaban disfrazadas o con algún objeto. Otras reaccionaban como si estuvieran frente a una estrella de rock. Pero otras lloraban en silencio. Quizás era el ambiente, una especie de predisposición de una parte del público. Pero las imágenes del documental dejan ver una confrontación entre dos personas desconocidas en un plano de igualdad. Sólo que sabemos que una de ellas es una artista y su presencia será constante durante el desenvolvimiento del performance. La constante opuesta es la variedad de personas que se sentarán frente a ella.

Al cabo de algunas semanas del performance, Marina decidió deshacerse de la mesa y dejar sólo las dos sillas. Este gesto parece que no tiene gran chiste, pero observando mejor, la mesa ofrecía un punto de interferencia entre ambas personas. Su ausencia deja a Marina en una situación precaria y frágil.

Ese performance fue llevado a cabo en el marco de una retrospectiva organizada por Klaus Biesenbach, director del MoMA. La exposición incluía otros trabajos de Abramomic, entre los cuales, sus 10 performances más conocidos. Para realizarlos, Marina reclutó a 30 jóvenes artistas. Parte de esos performances fueron creados por Marina durante los años setentas, cuando trabajaba con su pareja, el artista aléman llamado Ulay. La relación entre Ulay y Marina fue muy intensa, duradera y, sobre todo, prolífica. Juntos revolucionaron el arte y lograron llevar el perfomance a su mejor etapa. Lograron tener un tal grado de complicidad, que no podían crear el uno sin el otro. Sin embargo, su relación se deterioró y cuando se dieron cuenta que su vida en pareja no podía continuar, decidieron hacer un último perfomance. Así, cada uno recorrió la Muralla China, empezando desde el punto opuesto, Ulay en desierto de Gobi y Marina en el Mar Amarillo. Tras caminar 2,500 kilómetros y encontrarse a la mitad de la muralla simplemente se dijerón adiós y dieron por terminada su relacion.

Uno de los momentos más emotivos del documental ocurre cuando Ulay se siente frente a Marina. Cada vez que un visitante se iba, Marina cerraba los ojos y relajaba el cuello. Esto tenía dos funciones: una física, para evitar el cansancio, y otra psicológica, para hacer un corte entre la persona que se acababa de ir y la que llegaba. Cuando Marina abre los ojos y se encuentra con su antiguo amante, con el que había hecho un performance similar, sus ojos se llenan de lágrimas y no puede evitar llorar. Es el único momento en el que rompe con su rutina, extiende los brazos y toma las manos de su interlocutor.

Este tipo de arte puede ser muy controvertido, Alguien dice por ahí que sólo falta que disparar en la cara a alguien sea considerado estético y alguien tira volantes a la multitud llamando a Marina “gran prostituta de Babilonia”. Pero creo que antes de juzgar debemos adoptar una actitud más humilde y admitir que el contexto del creador puede ser la clave para entender. En una de las primeras escenas ella le pregunta a un reportero que la entrevista: ¿por qué ésto es arte? La clave, pienso yo, de la obra de Marina Abramovic se encuentra justamente en la exigencia hecha al público. La clave está en que haya sido la artista misma la que formule esa pregunta: ¿por qué ésto es arte?

Los cortos son por acá:

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