Puerto Rico, una tierra sin consenso


Puerto Rico ¿una tierra sin consenso?
(lecciones del colonialismo americano)

Bandera de Puerto Rico
Bandera de Puerto Rico

Originalmente publicado en  Se Destetó Teté

1898 marca una fecha clave en la existencia de Puerto Rico, cuando deja de estar bajo la tutela española para estar desde entonces al abrigo de la tutela norteamericana. Una fecha que se traduce en grandes cambios socio-políticos, culturales, económicos e incluso psicológicos en el sentido en que desde su “incorporación” a los Estados Unidos, el pueblo puertorriqueño ha experimentado un dilema de identidad. Pueblo forzado a hablar el idioma inglés como su único “billete de acceso” a la zona VIP. La coerción en el sistema educativo para este propósito es legendaria así como la terquedad de los puertorriqueños por conservar el español como lengua materna. Pero el objetivo de ésta entrada es hacer un desglose y comprensión de las tres lógicas globales dominantes que enmarcan la colonización de Puerto Rico por los Estados Unidos: militar, simbólica y económica ¿Qué pasa una vez que estas lógicas comienzan a perder su importancia? ¿Cual es el paso a tomar para moldear un futuro adecuado a las necesidades y aspiraciones de los puertorriqueños?

Para entender a Puerto Rico, a su gente y a su cultura es necesario tener el contexto histórico de su adhesión a los Estados Unidos. Interaré entonces desarrollar los hechos histórico-politicos más sobresalientes destacando siempre los intereses norteamericanos en el contexto de las relaciones internacionales para llegar así a un mejor entendimiento de la realidad puertorriqueña en su perseverancia por “llegar a ser”.

Una colonización a la inglesa: Sobre cómo los americanos digirieron el muffin

Febrero 15 1898, un barco estadounidense estancado en la Habana explota de manera sorpresiva con 266 marinos a bordo – el “Maine”. Inmediatamente después del suceso, Roosevelt le declara la guerra a España. Lo qué pasó después, ya lo sabemos, a España se le obliga ceder los territorios de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas, sin duda una pérdida importante de las colonias españolas en el Caribe y el Pacifico (cf. Guerra Hispano-Americana, 1898). El proceso de transición que sufren estos territorios de una dominación española a una dominación americana no es fácil. En el caso especifico de Puerto Rico, Estados Unidos se muestra ansioso de romper los lazos que crearon los 400 años de dominación española.

Regresando a la invasión, la realidad es que los americanos ya lo venían planeando todo desde hace tiempo. El barco no explota por casualidad. Los Estados Unidos estaban interesados en lograr un dominio sobre ciertos territorios españoles y habría que ingeniárselas para obtenerlos. El que murieran unos cuantos norteamericanos era simplemente cosa de hacer creíble el cuento. Era tiempo de lanzar a España fuera del hemisferio y aportar un mayor peso a la hegemonía americana. La historia había enseñado a los americanos que el imperio británico colocaba bases militares en diferentes partes del mundo para lograr un control sobre los pasajes marítimos considerados clave dentro de una lógica de estrategia militar y de comercial.

Alfred Thayer Mahan en 1904
Alfred Thayer Mahan en 1904

La supremacía naval era, como podemos deducir, un elemento clave para los Estados Unidos y -en una época de barcos de vapor- esto implicaba centros de abastecimiento de carbón en lugares estratégicos. Una nueva concepción geopolítica se estaba desarrollando, basada en los brillantes y persuasivos escritos del Capitán Alfred Thayer Manhan.

Alfred Manhan era considerado como un gran teórico naval y favorecía la política expansionista. Postulaba que la grandeza nacional se encontraba en el poder naval. Se interesaba particularmente en el estudio del imperio británico para explicar cómo funcionaba y conocer cuáles eran sus estrategias globales a fin de aplicar estrategias similares en el naciente “imperio americano”. Escribía libros sobre las élites euro-americanas a finales del siglo XIX; trabajaba en una escuela naval de formación y estaba a cargo de diseñar las estrategias geopolíticas para el beneficio del imperio americano. Su obra más conocida es “The influence of sea power upon history, 1660-1783”.

Breve, Manhan hace un análisis profundo de todas estas “casualidades” territoriales de los británicos y es ahí que se da cuenta que es una desventaja el que las costas del Atlántico y del Pacífico estuviesen muy separadas la una de la otra. En caso de necesitar apoyo naval, las flotas del Pacifico tendrían que hacer un viaje de 60 días aproximadamente para poder llegar a las costas norteamericanas del Atlántico, contornando por completo el continente a través del Estrecho de Magallanes.

La construcción del Canal de Panamá (que abre sus puertas en 1914) no se trata entonces una mera coincidencia. Además de reducir significativamente el tiempo de viaje entre las costas americanas del Atlántico y del Pacífico, los Estados Unidos aprovecharon para hacer ganancias millonarias con la construcción de éste Canal y para colocar bases militares.

Alfred Mahan describe en “Lessons of the War with Spain, and Other Articles” la necesidad de negociar un protectorado con Cuba y Puerto Rico pensando precisamente en la importancia estratégica del Canal de Panamá. Para Manhan, Cuba y Puerto Rico eran para el imperio norteamericano lo que Malta fue para el imperio Británico (un lugar estratégico-militar en el mediterráneo que sirve de protección para el Canal de Suez).

Así que como una manera de asegurar la defensa del futuro canal, Manhan recomendó que antes de construirlo, Estados Unidos debía adquirir Hawaii y controlar militarmente las cuatro rutas marítimas caribeñas al noreste del canal.

Puerto Rico (Mapa)
Puerto Rico (Mapa)

Las cuatro rutas que él identificó fueron:

  • Paso de Yucatán (entre Cuba y México);
  • Paso de los Vientos (la principal ruta norteamericana de acceso al canal entre Cuba y Haití);
  • Paso de la Mona (entre Puerto Rico y la República Dominicana);
  • y Paso de Anegada (cerca de St. Thomas en las aguas orientales de Puerto Rico).

Las únicas islas que permitían acceso a las cuatro rutas marítimas mencionadas por Mahan eran Cuba y Puerto Rico. Controlando estas dos islas los Estados Unidos controlaban simultáneamente los cuatro pasajes marítimos que éste señalaba. Además, a fines del Siglo XIX, estas islas eran más vulnerables al control de una potencia extranjera que las repúblicas de Haití y la República Dominicana. Cuba y Puerto Rico eran colonias de un imperio en decadencia. Los Estados Unidos temían que otros imperios aprovecharan la debilidad del imperio español para tomar militarmente sus dos últimas colonias en las Américas. Esta creencia no era una fantasía en la época. Los alemanes tenían un plan para atacar militarmente a los Estados Unidos donde el primer paso era tomar a Puerto Rico (1).

El plan se llevó tal cual Mahan lo había planteado, incluso en el mismo orden. Puerto Rico representaba en esta primera fase una estratégica meramente militar.

Tutelaje colonial: el inicio de una amistad

Puerto Rico and US flags
Puerto Rico and US flags

Cuando los americanos se instalan finalmente en Puerto Rico, se encuentran con una sociedad fundamentalmente agrícola y en su mayoría, productora de café. Era una isla que tenía localizada su economía en las montañas, donde el café producido era exportado a Europa. Las poblaciones son completamente rurales, sobre todo en la cordillera. Las ciudades (notablemente Ponce y San Juan) eran lugares de administración de la colonia española, lugares de gestión militar y puertos para exportar e importar.

Ponce era una ciudad económicamente más importante que San Juan ya que todo el café se exportaba vía Ponce, además los grandes hacendados vivían allí. Con la llegada de los norteamericanos los hacendados -quienes son los que controlan la economía de la isla- asumen posiciones críticas conforme pierden los privilegios que tenían con los españoles. Protestan contra la presencia americana para preservar sus territorios y se ven obligados ya sea a mostrar su apoyo a la colonia española o a hacerse autonomistas independentistas. Estados Unidos exportaba café de Brasil y no le interesaba en lo absoluto el café de Puerto Rico. Como lo he estado haciendo notar a lo largo de este texto, el interés en la isla es fundamentalmente militar (aunque esta lógica cambia durante la Segunda Guerra Mundial).

La ocupación americana se llevó a cabo de manera pacífica. Una gran parte de la población estaba a favor de la separación del imperio español. Los puertorriqueños pensaron que los Estados Unidos iban a traer democracia y liberación y por esta razón las élites apoyaron la invasión americana, porque vieron en ella una salida a la opresión de los hacendados y sobre todo al del dominio español.

Sacar a todos los obreros de las cárceles españolas, fue lo primero que hicieron los americanos y prometieron libertad de huelga, de sindicatos, de prensa; pero la realidad es que estas libertades llegaron solo con las luchas del movimiento puertorriqueño: “Esos gringos” se habían aprovechado de la ingenuidad boricua.

El primer gran paso que dio el pueblo boricua hacia la democracia fue en 1917, cuando el Congreso norteamericano aprobó el Acta Jones, que era una carta que otorgaba a los puertorriqueños la ciudadanía americana. Si analizamos las cosas desde el punto de vista cultural, la ciudadanía representaba en realidad una forma de asegurar la lealtad de la isla en tiempos de tempestad más allá de ser una concesión a la lucha liberal. Esto no mejoró el estatus colonial de la isla, ni mucho menos abrió la posibilidad en ese entonces de tener el mismo trato que recibían los blancos europeos establecidos en la metrópoli. La división étnico-racial estaba a flor de piel. Puertorriqueños y afroamericanos ocuparon la producción de mano barata en los centros metropolitanos. La Constitución americana reconocía solamente derechos de igualdad para las poblaciones blancas, lo que permitía una discriminación completamente legal de las minorías. No fue sino hasta 1964 que se pasa una encomienda de los derechos civiles de las minorías y se reconoce la igualdad ciudadana de todos los americanos.

En cuanto a los aspectos legales y económicos de la relación colonial, estos fueron solidificados hasta después de la Segunda Guerra mundial, cuando la presencia militar se incrementó dramáticamente en el territorio por medio de la construcción de bases militares acompañada de un masivo reclutamiento de puertorriqueños en las fuerzas armadas norteamericanas.

Es dentro de este contexto que Puerto Rico se convierte en un protectorado de los Estados Unidos y que más tarde se transforma en lo que actualmente conocemos como Estado Libre Asociado (ELA), calificado por muchos como un tipo de “neo-colonialismo”.

Desde que los Estados Unidos toma posesión de Puerto Rico, en la isla se vive a la “americana” pero en versión español. Durante los años 10 y 20 se llevaron a cabo reformas educativas severas con el fin de americanizar los valores, los principios y las maneras de pensar de los profesores y de los estudiantes. Se enviaron profesores de lengua materna inglesa y se trató de usar los mismos métodos de enseñanza que en Estados Unidos. Este proceso duró más de 40 años. Incluso el idioma inglés fue impuesto como idioma oficial por algún tiempo y no fue sino hasta 1998 que se volvió a adoptar el español como lengua oficial en Puerto Rico junto con el idioma inglés, considerándose este último como lengua imprescindible en las “sanas relaciones” con metrópoli

El por qué pese a que después de 100 años de dominación americana se siga hablando español en Puerto Rico, es un poco complejo. Pero se puede entender que en una isla donde para 1910 el 80% de la población era rural, los métodos americanos eran totalmente inadecuados para la realidad puertorriqueña. En los métodos había un ingrediente implícito de colonialismo y de superioridad de todo lo que era y debería ser “americano”. Mientras unos cuantos puertorriqueños aceptaron esto como una nuevo “manifest destiny”, muchos otros reaccionaron de manera apasionada contra el “estigma”. Su respuesta fue sencillamente abrazarse a sus morales, valores, percepciones y actitudes como koalas a un árbol . Y es así hasta el día de hoy, el inglés sigue luchando por “entrar y dominar” y el resultado de esto es lo que conocemos como “Spanglish”.

La adquisición de Puerto Rico respondió efectivamente al proceso de expansión imperialista que iba requiriendo la economía de los países “desarrollados” capitalistas de entonces, pero ya se veía que el proceso de asimilación cultural no era sencillo.

Hasta aquí, la importancia estratégico-militar que Puerto Rico tenía para los norteamericanos se llega extender hasta finales de la Segunda Guerra mundial. Incluso, gran parte de su administración puertorriqueña estuvo bajo el cargo del Deparment of War de los Estados Unidos hasta 1934. El departamento de guerra se ocupaba de todos los asuntos domésticos de la colonia.

Puerto Rico durante la Guerra Fría

Agricultural Workers on a sugar population near Ponce
Agricultural Workers on a sugar population near Ponce

Después de la Segunda Guerra mundial y en un contexto de Guerra Fría, Puerto Rico se convierte en pieza clave de la batalla simbólica entre la doctrina Truman y la doctrina Jdanov. Es decir que toma el rol de una “vitrina” simbólica del modelo capitalista de desarrollo que los Estados Unidos promovió en el “Tercer Mundo” como alternativa al modelo soviético (cf. Grosfoguel).

En San Francisco se vive una sensible discusión entre la Unión Soviética y los Estados Unidos sobre los modos imperialistas que prevalecen en cada uno de ellos. Es una discusión que tiene por objetivo la de desprestigiarse el uno al otro, de acusarse entre sí de ser países imperialistas y/o colonialistas. Estados Unidos alegaba en su favor que su interés no era la de explotar ni dominar a nadie, sino la de ayudar a los países subdesarrollados a alcanzar mejores económicos y político-sociales.

La URSS utiliza entonces a Puerto Rico como ejemplo claro del colonialismo americano. Esto tiene un fuerte impacto porque Estados Unidos se ve obligado -en tanto que miembro de la ONU- a reformar sus lazos coloniales con la isla, cosa que no le tiene nada contento. El resultado de esta discusión es la creación en 1952 del Estado Libre Asociado de Puerto Rico (Commonwealth of Porto Rico), que consiente entre algunas otras cosas un cierto grado de autonomía al territorio así como el derecho de elegir a su propio gobernador y mantener una representación sin derecho a voto en la cámara de senadores de los Estados Unidos de Norteamérica. Se incluyó a Puerto Rico en los programas federales de la posguerra como si fuera un Estado americano. El Estado providencial (Welfare State) fue extendió a la isla.

Antes de los años 50 Puerto Rico era uno de los países más pobres de América Latina, e incluso más pobre de lo que hoy es Haití. La nueva configuración bipolar en el mundo a mediados de los años 40 obliga a los Estados Unidos a transformar su estrategia militar en la isla y a convertirla en un lugar ideológico y simbólico de la Guerra Fría. El plan era hacer de Puerto Rico una especie de laboratorio desarrollista, utilizando una estrategia de industrialización que hoy se conoce como maquiladoras, muy similares a las que existen en México. De esta forma se pretendía demostrar al mundo las ventajas del capitalismo. Se implantaron centros de entrenamiento donde se invitaba a observadores internacionales a aprender las nuevas tecnologías industriales con el objetivo de ser exportadas. Es decir que se venía a Puerto Rico a ver el modelo en acción3.

De esta forma, el fin de la Segunda Guerra mundial marca la consolidación del proceso de industrialización periférica, donde ahora la producción industrial ya no será concentrada en los países del “primer mundo”, sino que se extenderá a los países del “tercer mundo”. Sin embargo, la producción industrial seguirá siendo controlada por las empresas de primer mundo.

El programa tuvo mucho éxito, y los Estados Unidos le dan una vuelta a la dimensión de los intereses “simbólico-capitalistas” (si es que puedo llamarlo así, sino digamos simplemente “intereses simbólicos”) que ahora representa Puerto Rico y comienzan a considerarlo dentro de la esfera de la producción económica. Efectivamente, Puerto Rico se estaba convirtiendo en una verdadera vitrina del desarrollo.

El programa había logrado atraer flujos importantes de inversiones norteamericanas, particularmente en las industrias a fuerte mano de obra. De 1948 a 1972 el PNB real de Puerto Rico aumentó a una tasa anual promedio del 6% (cuando la tasa anual promedio en Estados Unidos era de 3,7 %). Al mismo tiempo, la economía de la isla paso del sector agrícola tradicional al de la fabricación de materias primas. El empleo aumento de 55.000 puestos en 1950 a 142.000 puestos en 19724. En efecto, el programa era ya un éxito entre 1950 – 1960 y Puerto Rico recibía el merecido apodo de “el milagro económico del Caribe”.

Si bien es cierto que se logró elevar el nivel de vida de los puertorriqueños y su nivel de alfabetizacion sobre cualquier otro país de América Latina entre los periodos de 1950 y 1970, no debemos descartar que a lo largo de esos años también hubo una campaña de promoción de migraciones masivas de Puerto Rico hacia los Estados Unidos, a fin de satisfacer la necesidad de mano de obra barata en la metrópoli, lo cual ayudó a la exportación de la pobreza puertorriqueña y a consolidar así el éxito del programa de desarrollo implantado en los años 50. Es evidente que los Estados Unidos no mencionaban esto en su discurso, decían que era porque las empresas americanas se habían establecido en la isla y mostraban siempre cifras alentadoras como las que les presente hace un momento.

La industria maquiladora se hunde en los años 70 porque, entre muchas otras razones, una de las principales es que los otros países que implementaron este modelo de desarrollo comenzaron a ofrecer una mano de obra más barata, y esto se traduce en competencia.

Farmacéuticas en Puerto Rico
Farmacéuticas en Puerto Rico

La nueva lógica fue la de establecer industrias intensivas de capital, aunque altamente contaminantes (pero esto ya no es el tema de nuestro estudio). Lo que puedo resumir es que esta vez se establecen en Puerto Rico las industrias que costarían una fortuna mantener en la metrópoli (tal es el caso de las petroleoquímicas, que después abren paso a la industria farmacéutica). Este tipo de empresas se encuentran en la incapacidad de absorber el número de desempleo que se crea cuando las maquiladoras cierran en Puerto Rico. Aunque se siguen haciendo esfuerzos por parte del gobierno norteamericano (entre otros por medio del envío de fondos federales a Puerto Rico), los empleos que se ofrecen son pocos porque estas empresas son intensivas en capital y no en mano de obra. Como consecuencia de este brusco cambio en la economía puertorriqueña, las migraciones no han dejado de fluir hacia los Estados Unidos. De hecho se calcula que el número de puertorriqueños en la metrópoli rebasa hoy el número de puerriqueños en la isla.

Aunado a esto, en el plano de las relaciones internacionales, la caída del muro de Berlín, el derrumbe de los sistemas comunistas y particularmente el enfrentamiento que había marcado las relaciones Estados Unidos – Unión Soviética desde el fin de la Segunda Guerra mundial, son fenómenos que cambiaran radicalmente no solo al mundo, sino que dejaron una marca contundente en el futuro incierto de Puerto Rico. Vimos ya como los intereses militares fueron desplazados por otras lógicas dominantes, y ahora Puerto Rico pierde el rol simbólico y económico que alguna vez representó para los Estados Unidos.

Statehood! (First class citizens now)
Statehood! (First class citizens now)

Es muy probable que a estas alturas los Estados Unidos estén dispuestos a dar cualquier cosa por darle su independencia a Puerto Rico como una forma de sacarse los gastos que conlleva el Estado Libre Asociado, la neo-colonia. Pero todo mundo en Puerto Rico sabe lo que significa una independencia neo-colonial. No quieren perder la distribución de la riqueza que existe ahora, ni los programas de ayuda federales. No quieren perder su derecho a la nacionalidad americana aunque eso implique el riesgo de seguir siendo explotados por los Estados Unidos.

La independencia para la gran parte de los boricuas representa pues una pérdida y no una ganancia. De incorporase Puerto Rico como el Estado número 51 de la Unión, se convertiría en el primer Estado federal donde el inglés no es la lengua dominante y sería el primero en constituir la base territorial de una minoría lingüística y cultural. Para algunos conservadores de la extrema derecha, un Puerto Rico incorporado seria la encarnación de un multiculturalismo inaceptable5. Por otro lado, Bill Cliton alguna vez dijo que negarle a Puerto Rico su integración a la Unión por razones ligadas al idioma o a la cultura, sería “incorrecto”.

¿Qué somos y quiénes somos? Los puertorriqueños pertenecen pero no son parte de los Estados Unidos. Esto se me hace una burla, me hace sentir como un “ciudadano americano de segunda categoría”. No es concebible pertenecer y no pertenecer a ningún lado. ¿Hasta qué punto somos capaces de trazar nuestro propio destino?

Tal parece que que una vez que Estados Unidos “pierde sus intereses” en Puerto Rico porque colonialmente ya no le representa un beneficio, el reto esta ahora en diseñar las políticas apropiadas para acentuar las fortalezas del pueblo.

Bibliografía

Bureau of Economic Analysis, U.S. Department of Commerce, “Regional Economic Accounts,” Disponible en línea en http://www.bea.gov/index.htm.

COHEN, James. 1999, “Consensus introuvable à Puerto Rico” Le monde diplomatique, Avril

GROSFOGUEL Ramón, « Los limites del nacionalismo: lógicas globales y colonialismo norteamericano en Puerto Rico », in Jorge Enrique González Editor, Nación y nacionalismo en América Latina, Buenos Aires: CLACSO, 2007) p. 92-136

MORALES Carrion, Arturo, Puerto Rico: a political and cultural history. NY, Norton,1983.

MORALES, Ed, Living in Spanglish. The search for Latino identity in America. NY, St. Martin’s Griffin, 2002

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