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031337Panos H. Koutras (dir.), Xenia. Kostas Nikuli (Danny), Nikos Gelia (Odysseas), Aggelos Papadimitriu (Tassos), Feelgood Entertainment (Grecia), Pyramide Distribution (Francia), 2014, 128 mins.

Hubo un tiempo en el que la violación de la hospitalidad podía provocar una guerra. El mito clásico por excelencia sobre este tema es Troya, que terminó convertida en ruinas porque Paris, invitado en la casa del griego Menelao, abusó de la hospitalidad recibida y tuvo la simpática ocurrencia de raptar la esposa de su anfitrión. Ojo: no sólo la secuestró; la raptó, lo que implica que abusó de ella (aunque esto no queda muy claro, pues Elena parece ser que lo asumió).

En la antigua Grecia, la costumbre de recibir a los extranjeros era llamada Xenia (Ξενία, ξενία). Esta costumbre imponía al anfitrión y al huésped una relación de respeto y discreción. Violar esa relación era considerado una falta grave.

En la actual Grecia, poco o nada queda de esa costumbre. Sumida en una profunda crisis económica y social, varios demonios se han desatado: pobreza, racismo, xenofobia y homofobia. Con este marco, Panos Koutras cuenta el dramática historia de dos hermanos albaneses (Danny y Odysseas) nacidos en Grecia. Huérfanos de madre albanesa y abandonados por su padre griego, la única esperanza que tienen antes de convertirse en inmigrantes ilegales es conseguir el reconocimiento filial de su padre.

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Como muchas otras películas, la historia es sólo un pretexto para representar y de paso denunciar la situación griega actual: la historia de Danny y Odysseas es sólo una posibilidad entre otras, lo que importa es la situación en la que se encuentran sumergidos.

La elección de Koutras no es casual. Si en algunos momentos recuerda al trabajo de Ken Loach, es por su militantismo y su punto de vista desde el mismo nivel que Danny y Odysseas. Con los dos hermanos, Koutras no sólo mete el dedo en las llagas, la mano completa quizás, que se han vuelto la inmigración y la homosexualidad.

La Grecia mítica, aquélla que inventó la hospitalidad y el erotismo homosexual, hace mucho que dejó de existir. El recorrido de Odysseas y su hermano representa el terrible viaje de vuelta a la casa. Pero cuando lo encuentran, el destino es imposible: hijos bastardos de una familia hipócrita que nada quiere saber de ellos, no les queda otro remedio que partir. Pero se lo toman con humor, último recurso de los excluídos.

La complicada historia personal de los dos personajes principales encarna varios de los “demonios” de la extrema derecha europea. No son ciudadanos del país donde nacieron, pero dominan la lengua. Tampoco encajan en el país de su nacionalidad, porque no dominan la lengua y porque nuca han estado ahí. Danny es homosexual y no deja ninguna duda al respecto en su manera de vestir y de hablar. Huérfanos, sin trabajo, menores de edad…

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Durante el viaje, que va de Atenas a Creta y luego a Tesalónica, ambos perderán – ¿o encontrarán? -parte de sus personalidades. Odysseas saldrá de su expectación y de su confianza en un país que desde el principio no lo quiso. Dany perderá su niñez a punta de palizas homófobas y de recuerdos felices de una familia que ya no existe.

El aspecto kitch del trabajo sirve para expresar parte de los símbolos más importantes de la historia de Koutras: un conejo de peluche gigante y la inocencia de Dany, o un concurso de talentos para Oddy o la música de Patty Pravo y Rafaela Carrà, para reunir dos hermanos.

 

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