Invierno


winter_sleeplNuri Bilge Ceylan (dir.), Winter Sleep (Kış Uykusu), Haluk Bilginer (Aydin), Melisa Soezen (Nihal), Demet Akgağ (Necla), Turquía, Alemania, Francia, Zeynofilm, 196 mins.

Este año en Cannes estuvieron todos revueltos por culpa de Gilles Jacob, director del festival, Xavier Dolan, nuevo enfant terrible del cine francófono, y Nuri Bilge Ceylan, director turco, último en la lista del más prestigioso premio de cine.

Resulta que es el último año de Jacob, y los reproches le están lloviendo: poca innovación, pocas directoras y mucho cine sacado del manual. Luego, desde Canadá, llegó Dolan (J’ai tué ma mère (2009), Les Amours imaginaires (2010), Laurence anyways (2012), Tom à la ferme (2013) y este amo Mommy), conquistó a todo mundo, pero no le dieron la Palma de Oro. Y por último Ceylan, que ya estaba ahí, quien es un gran director de cine, y que se llevó la Palma de Oro de este año, pero que no presentó nada que no se hubiera visto antes.

Porque ese es el gran reproche que se le hace a Ceylan. A este autor ya lo habíamos visto antes, con una curiosa película titulada Érase une vez en Anatolia (Il était une fois en Anatolie). Un extraño relato policíaco en el que un detective de la policía busca resolver un homicidio mientras las escenas más absurdas suceden a sus espaldas (como un ladrón de sandías haciendo lo suyo en plena reconstrucción de la escena del crimen, por ejemplo). Pero también lo conocemos por Nubes de mayo (1999), Uzak (2002), Los climas (2006) y sobre todo Tres monos (2009), una historia ácida sobre la corrupción de los políticos.

En todas esas películas se respira la realidad fuertemente mezclada con un romanticismo casi del siglo XIX. El cine de Ceylan es como una anacronía en la que vemos desfilar situaciones muy familiares con personajes a los que podríamos identificarnos fácilmente.

La decisión de darle la Palma de Oro a Ceylan reveindica la seguridad del clasicismo del cine. El último director turco que ganó la Palma de Oro fue Yilmaz Guney, en 1982. Sin embargo, como afirma Joachim Lepastier con bastante razón en Les Cahiers du cinéma (n° 702, julio-agosto 2014, p. 57), Ceylan ha decidido tomar la ruta de la monumentalidad y, en el camino perder las epifanías que animaban su obra anterior. El cine de Dolan es muy innovador y hubiera sido más emblemático despedir a Gilles Jacob como un descubridor coronando al canadiense.

winter-sleep-movie

Quizás también caló en la crítica francesa el hecho que Ceylan se haya arropado en Chejov (en quien está basada la historia de esta película), Bergman y Antonioni. Quizás los padrinos le quedaron demasiado grandes. Y, como señala Lepastier, está el problema del tratamiento académico a las preguntas planteadas por el film: si Ceylan hace las preguntas correctas — sobre la moralidad de la riqueza y la inmoralidad de la pobreza; sobre las expectativas no realizadas; sobre el amor entre generaciones– las respuestas parecen demasiado simples.

No que la última película de Ceylan no merezca ser premiada. Sueño de invierno es un gran monumento. Pero para la crítica actual, ése es el problema con esta película. Ceylan, es verdad, no tiene la culpa de que le hayan dado la Palma de Oro. Su película, muy larga (3 horas y pico), es una gran pieza por donde se le mire: la técnica, la trama, las actuaciones. Paisajes espléndidos pero desoladores — que Ceylan voluntariamente no muestra demasiado –; la fotografía parece más bien pintura; las actuaciones convincentes…

Pero quizás la edad de la revolución ya haya pasado. Basada en las novelas cortas de Chejov, Sueño de invierno es la historia de un terratenient Anatolio. Cerca de los sesenta años, es un hombre que le gusta describirse a sí mismo como alguien que hace todo como debe hacerse. Poco a poco el espectador descubre que prácticamente todas las personas que lo rodean tienen algún motivo para odiarlo: sus arrendatarios, su hermana y, sobre todo, su joven esposa. Durante las discusiones entre los personajes — discusiones intensas, detalladas, largas –, emergen otros detalles del contexto de los personajes. Una familia “bien”, que tiene la posibilidad de instalarse en la provincia (Anatolia) porque ya no soporta la ciudad (Estambul), que puede permitirse cultivarse y dedicarse a la reflexión, aunque sea de manera hipócrita.

O quizás ese tiempo esté aún ahí, latente. En su discurso de aceptación del premio, Ceylan lo dedicó a los jóvenes que siguen protestando desde hace ya más de un año y a los 300 trabajadores que murieron durante la tragedia de la mina de Soma (Xan Brooks, “Cannes festival ready for shut-eye after Winter Sleep wins Palme d’Or”, The Guardian, 24 de mayo de 2014). Cuando trabaja en una película Ceylan no piensa en la situación actual, porque considera que el trabajo de director de cine no es el de un reportero. Quizás en tres años, afirmó durante una conferencia de prensa, hará una película sobre la situación actual en Turquía (Andrew Pulver, “Cannes 2014: Nuri Bilge Ceylan criticises Turkish government over mine disaster”, 17 de mayo 2014).

Quizás habría que quedarse con el rasgo casi claustrofóbico de la película, consistente en una naturaleza bella, pero sin suntuosidad, que cumple la función de una gigantesca caja en la que los personajes se preparan a dormir durante un largo invierno.

858053-actrice-melisa-sozen-realisateur-nuri

Los cortos son por acá:

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s