Je suis Charlie


Je suis Charlie

“Rien n’est plus facile que d’émouvoir avec des images…”

Elie-Pierre Sabbag, L’Ombre d’une ville, 1993

He intentado tomar un poco de distancia con la masacre de Charlie Hebdo; he reflexionado para intentar escribir y decir algo medianamente inteligente. Ante el horror, es imposible. Me hiela la sangre la idea de matar a alguien por una caricatura.

Inmediatamente después de que la noticia se dio a conocer, pude constatar la emoción y la tristeza de amigos y colegas, franceses o extranjeros. El ambiente quedó impregnado por una nata de incredulidad ante la violencia, la sangre fría y, sobre todo, la impotencia…

Entre las víctimas se encuentran algunos de los caricaturistas considerados entre los mejores representantes del género: Stéphane Charbonnier “Charb”, Jean Cabut “Cabu”, Philippe Honoré “Honoré”, Bernard Verlhac “Tignous” y Georges Wolinski. También fueron víctimas el economista Bernard Maris, que trabajaba para Charlie y para la radio; el corrector Mustapha Ourad; la psicoanalista Elsa Cayat; Frédéric Boisseau, conserje; Michel Renaud, invitado del periódico, y los policías Ahmed Merabet y Franck Brinsolaro. Además un gran número de personas resultó herido: Philippe Lançon, Fabrice Niccolino, Simon Fieschi, el dibujante Riss, otro empleado de la concerjería, policías y una mujer que fue atropellada.

Las muestras de solidaridad se generalizaron rápidamente. El mismo día de la masacre se organizó una manifestación en la que se propagó el lema Je suis CharlieYo soy Charlie.

El profundo arraigo de la BD (Bandes dessinésTiras cómicas), y de la caricatura política, explica en parte el impacto que ha tenido el atentado. Charlie Hebdo, para quien a estas alturas aún no lo sepa, Charlie Hebdo es un semanario satírico que publicaba principalmente caricaturas de políticos, religiosos y otras personalidades públicas francesas. Los caricaturistas no tenían ningún miramiento con los temas ni las personas representadas: ya podía ser el presidente francés, un jerarca religioso. Todo pasaba por el filtro del humor astringente y crítico. Tampoco importaba el posicionamento ideológico: aunque el periódico es identificado con la izquierda, las publicaciones son igualmente críticas.

Al momento que escribo, la policía tiene rodeada una imprenta en las afueras de París, y en el interior se encuentran los terroristas de Charlie Hebdo. En el sur de París, otro tiroteo enfrenta a la policía con otros dos delincuentes, presuntamente ligados al atentado del miércoles. Pero lo más inquietante está por venir: no sabemos aún todas las consecuencias ni su alcance.

La consecuencia inmediata, por supuesto, es lo que los franceses llaman “amalgama”, es decir, la identificación de todos los musulmanes con los autores de este atentado. La primera en hacerlo, no faltaba más, fue Marine Le Pen, del partido de extrema derecha Front National. Para ella, la guerra contra el Islam radical está abierta. Salvo que, pequeño detalle, para Le Pen y su partido extremista, Islam radical quiere decir migración del Maghreb.

Robert Badinter, ex ministro de Justicia durante el gobierno de Mitterrand, señala que justamente esa es la trampa política que los terroristas tienden a Francia: tras el ataque a la libertad de expresión, la siguiente víctima será la libertad religiosa. Pero esta última a manos de los extremistas domésticos. Lo mejor que podría pasarles a los criminales es que la ira y el repudio se vuelva contra aquéllos que piensan representar, los franceses y europeos musulmanes. El deber de justicia de cualquier Estado, no sólo el francés, no se limita a detener y juzgar a los culpables de este acto, también se expresa en la necesidad de mantener la igualdad entre ciudadanos de diferentes credos u origen.

Actualización

Minutos antes de terminar de escribir esta nota tuvieron fin, sangriento, las tomas de rehenes. Varias personas han muerto, entre ellas, los tres terroristas. Pero la atmósfera de París sigue pesada, como en un velo negro de pesimismo. Han sido dos días terribles, en los que el miedo ha ido ocupando rincones en los que antes no estaba.

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