El padre elegido


Eugène Green (dir.), Le Fils de Joseph [El hijo de José], Victor Ezenfis (Victor), Natacha Régnier (Marie), Fabrizio Rongione (Joseph), Mathieu Amalric (Oscar Pormenor), Francia, Bélgica, Les Films du Losange, 2016

Eugène Green es, con mucha seguridad, el director francés más barroco del momento. Como especialista de la declamación barroca, en su juventud Green fundó el Théâtre de la Sapience, con el objetivo de investigar y reconstruir la declamación barroca. Su última película titulada Le Fils de Joseph es la historia de un adolescente que busca a su padre biológico y encuentra a su padre espiritual.

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Para esta película, Green se inspiró en el mito del sacrificio de Abraham. La película está organizada en cinco episodios: “El sacrificio de Abraham”, “El becerro de oro”, “El sacrificio de Isaac”, “El carpintero” y “La huída a Egipto”, todos referencias bíblicas – con las que juega – y que sirven de referencia cultural en el universo de Green.

La pintura de Caravaggio sobre este mito sirve de leitmotiv: en ella se ve un ángel deteniendo el brazo de Abraham, listo para sacrificar Isaac. La composición forma un triángulo que va de la mirada del ángel, a los ojos de Abraham y a los de Isaac. Podríamos decir que forma un cuadrilátero, porque Isaac mira directamente a los ojos del espectador, como pidiendo ayuda. El público queda involucrado en la escena, al mismo nivel que lo hace el ángel, lo cuál no es un detalle sin importancia, porque quiere decir que la intervención divina se realiza al mismo nivel que el del hombre.

Caravage, Le sacrifice d'Abraham

Vincent recorre el camino para volver a la vida, pero no gracias a su padre biológico, un editor cínico, megalómano y desagradable, sino a un padre que él mismo elige. Green satiriza el medio literario en el que se desenvuelve Oscar Pormenor, el padre de Vincent, y lo transforma en una extensión de la personalidad del personaje: atmósfera frívola y grotesca donde los egos compiten por la declaración más estrafalaria o el comportamiento más ridículo. Este personaje no logra redimirse, pero alcanza a entender, al final del relato, que dejó ir su vida en asuntos sin importancia.

En cambio, su madre Marie es el exacto opuesto. Había decidido educar sola a su hijo y ocultarle la identidad de su padre. Corría el riesgo de ganarse la incomprensión de Vincent, y que de hecho es el punto de partida de la historia. Vincent no comprende el amor y el secreto con el que Marie lo educó y esa incomprensión se transforma en cólera. Para calmar esa cólera, será necesario recorrer su propio camino y hallar a su padre donde no espera encontrarlo.

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Cuando Vincent conoce a su nuevo padre, la revelación se lleva a cabo al mismo tiempo que París se revela a Vincent como una ciudad amable y secreta. El arte sirve de puente entre los dos: ambos estrechan su relación precisamente durante una visita al museo del Louvre y una visita a la iglesia de San Roque donde escuchan una pieza musical de Domenico Mazzocchi. Green afirma que él no concibe el arte de otra manera: el arte debe ser vital, reveladora, transformadora de la vida. Así, aunque Vincent no entiende la letra de la música de Mazzochi – “La lamentación de la madre de Eurialo, del Diálogo de Nysus y Eurialo, que habla sobre el dolor de una madre tras haber perdido un hijo -, se siente transformado por la emoción.

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Eugène Green es de los pocos directores que continúan rodando con película y se niega a rodar en digital: “La digitalización es el caballo de Troya de los bárbaros”, afirmó en una entrevista para el periódico Libération. Esta elección obliga a Eugène Green a medir su presupuesto. Si el presupuesto de esta película es ligeramente mayor al de su anterior producción (La Sapienza, con 1 millón de euros), los 1,4 millones con los que contó tuvieron que ser medidos a cuentagotas. Pero Green se empeña en el procedimiento artesanal porque, según él, el cine se trata de descubrir la realidad: “Es justamente la genialidad del cine poder descubrir la realidad escondida de los seres al filmar la realidad aparente”.

Por ello, los actores que intervienen en sus películas no actúan: se limitan a recitar los textos, algunas veces incluso mirando fijamente a la cámara, dando la impresión que miran directamente a los ojos del espectador. Cada quién le da el sentido que quiera; cada quién escucha el mensaje que mejor le acomode.

Así, Eugène Green en Caravaggio moderno, hace que los personajes de su cuadro nos miren directamente a los ojos, haciendo que nosotros, espectadores, intervengamos al mismo nivel que lo hace el ángel de Dios.

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