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La catástrofe que viene


 François Hartog. “Vers une nouvelle condition historique”. Le Débat. Histoire, politique, société, núm. 188 (2016): 169–80.

François Hartog vuelve sobre la noción del régimen de historicidad, esta vez desde el punto de vista de la crisis del presentismo. En su libro Regímenes de historicidad, ya había abordado algunos aspectos de dicha crisis, pero aquí toma un giro más oscuro y casi existencialista a la luz de los conceptos de catástrofe, apocalipsis y de la profecía.

Francois Hartog
François Hartog por Bruno Levy (Fuente)

Hartog vacía el concepto de “Historia” de cualquier elemento subjetivo o ideológico. Así, se convierte en un “receptáculo de varios estratos temporales” en el que se reúnen “las tres dimensiones del pasado, del presente y del futuro” (p. 173). La historia reúne siempre estas tres temporalidades sin las cuales no es posible hablar de historia. Cuando alguna de dichas temporalidades toma la preeminencia en la concepción histórica del hombre, se constituyen distintos “régimenes de historicidad”. De esta manera, hay tres posibilidades: el régimen antiguo mira hacia el pasado y hace de la historia una “maestra de la vida”, una fuente de ejemplos y la inspiración para imitarlos; el régimen moderno mira hacia el futuro, hacia ese “horizonte insuperable”, tal como lo propuso el marxismo (p. 173); y el el presentismo, cuya característica principal es la inmediatez.

Este régimen ha tomado un giro particular a lo largo del siglo XX, del que se puede deducir la anulación de los otros estratos temporales. Del pasado, un lugar cada vez más lejano, si bien es cierto que han existido numerosos usos, actualmente se han multiplicado hasta el punto que resulta imposible mencionarlos todos. A este respecto, Hartog señala el reciente libro de Serge Gruzinski, L’Histoire pour quoi faire ?, especie de inventario de usos del pasado (véase también el artículo de Stephen Palmié y Charles Steward, “The Varieties of Historical Experience”). Frente a la gran variedad de formas de estudiar la historia, Europa teorizó e impuso la suya alrededor del mundo, dando como resultado, entre otros, el establecimiento de la historia como disciplina bajo la forma de una historia nacional (p. 178). Este modelo sería reproducido incansablemente durante el siglo XIX y XX, hasta la llegada de métodos críticos que ponen su atención en la dimensión local o periférica.

Respecto al futuro, el diagnóstico no es muy luminoso: “el tiempo de las catástrofes tiende a imponerse hoy como el horizonte de nuestra experiencia histórica” (p. 176). La crisis del régimen presentista se origina en la crisis del régimen moderno: el futuro ya no es el del progreso, sino el de las guerras que han sacudido al mundo a lo largo del siglo XX. El camino entre el presente y el futuro queda sembrado con los cuerpos de las millones de víctimas de las catástrofes de la humanidad tras la instauración de la industria de la muerte, incluso borrando a los muertos de la historia. Una de las expresiones más conocidas de esta visión del futuro es la de Walter Banjamin al interpretar el cuadro Angelus novus de Paul Klee, en sus Tesis sobre la historia. En estas condiciones, la pregunta que se impone es ¿cómo hacer historia y dar sentido a la experiencia histórica? Quizás no haya una respuesta concreta, pero la actitud predominante ha sido “encerrarnos en el presente” (p. 172).

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Paul Klee, Angelus Novus (Fuente)

La singularidad del régimen presentista es que ni el pasado ni el futuro son referencias para el presente: todo son reacciones a lo urgente, al tiempo real, a la simultaneidad. La historia se acelera. Es lo que Hartog llama la “condicion digital” (p. 180), la que se anuncia como la nueva condición histórica. El presentismo contemporáneo se transforma en la historia “de lo instantáneo y de lo simultáneo” (p. 178). El régimen antiguo, con sus lecciones y sus monumentos, entra en crisis: síntoma de esta crisis, la noción de “patrimonio” se multiplica con la esperanza de conservar las referencias del pasado que sirvan para explicar el presente (p. 176). Además, junto a la globalización, la historia se extiende en un nuevo “espacio-mundo”, buscando simetrías, renunciado al eurocentrismo y dando lugar a la “Historia Global” (p. 178).

Al encerrarse en el presente, la humanidad cree cerrarle el paso al Apocalipsis que presagia todo régimen antiguo o moderno. El Apocalipsis es un futuro entre otros y su carácter único y permanente le permitiría establecerse como estrato temporal. Sin embargo, si acaso el presentismo le cierra la puerta al Apocalipsis, en cambio la abre a la catástrofe, repetitiva y establecida como la medida de la experiencia histórica (p. 176), obligando a pensar la historia moderna en nuevos términos. A medida que surge la conciencia que el rasgo en común entre todas las catástrofes somos nosotros mismos, los especialistas del pasado (historiadores, arqueólogos, palonteólogos) se ponen de acuerdo en hablar sobre el “Antropoceno”, es decir, la era geológica en la que la huella del hombre es más visible (p. 176). Cada vez queda más claro que el futuro catastrófico – es decir, la repetición de la catástrofe presente – es generado por la serie de las acciones o de las omisiones humanas (p. 173).

Para saber más:

  • BONNEUIL, Christophe et Jean-Baptiste Fressoz, L’événement anthropocène. La Terre, l’histoire et nous, Paris, Seuil, 2013
  • CERTEAU, Michel de, L’Écriture de l’histoire, Paris, Gallimard, 1975
  • FOGEL, Jean-François et Bruno Pattino, La condition numérique, Paris, Grasset
  • GAUCHET, Marcel, La condition historique, Paris, Stock, 2003
  • GRUZINSKI, Serge, L’Histoire, pour quoi faire ?, Paris, Fayard, 2015
  • PALMIÉ, Stephan et Charles Stewart, “The Varieties of Historical Experience”
  • RICŒUR, Paul, La Mémoire, l’Histoire, l’Oubli, Paris, Seuil, 2000
  • SOGNER, Solvi (éd.), Making Sense of Global History, Universtiteksforlaget, Oslo, 2001
  • SUBRAHMANYAM, Sanjay, Aux origines de l’histoire globale. Leçon inaugurale au Collège de France, 2013, http://books.openedition.org/cdf/3606

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