Retrato_de_Hernán_Cortés

Compañías y compañeros


David Brading, “Conquerors and chroniclers”, The First America. The Spanish Monarchy, Creole Patriots, and the Liberal State 1492-1867. Cambridge: Cambridge University Press, 1991, pp. 25-58

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Anónimo, Retrato de Hernán Cortés, ca. s. XVIII. Fuente

Esta historia empezó aquí.

En este capítulo, David Brading examina siete de las crónicas de la conquista de América más importantes. Brading comienza con las Cartas de relación de Hernán Cortés, que constituyen quizas el testimonio más importante de la conquista de México. Como tantos otros historiadores, Brading subraya la habilidad de Cortés para utilizar los rudimentos jurídicos que había adquirido quizás en la Universidad de Salamanca, para justificar sus decisiones. Es un aspecto importante, ya que la obra de Cortés – tanto literaria como militar – abrió el debate sobre la teoría de la translatio imperii y, de manera más general, el debate sobre la legitimidad de las revendicaciones españolas en América. Según Cortés, Moctezuma en persona había aceptado la soberanía de Carlos V y había declarado que los aztecas eran recién llegados en esas tierras. En consecuencia, Moctezuma sólo era un regente a la espera del verdadero soberano. Cortés interpretó la embajada y los regalos de Moctezuma como una acptación explícita y formal de la soberanía española. Así, el imperio azteca fue conquistado gracias a una pacífica cesión de soberanía. Desde esta perspectiva, la rebelión de la nobleza azteca fue en realidad una rebelión contra Carlos V (p. 27).

 

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Aimable Paul Coutan, Retrato de Francisco Pizarro, 1835. Fuente

Hernán Cortés recibió títulos y tierras en recompensa. Sin embargo, tras la conquista del Perú, la opinión pública se volvió contra los conquistadores, Cortés incluído. La conquista del Perú fue mucho menos heroica que la de Tenochtitlán y dio lugar a una sangrienta guerra civil. Diego de Almagro y Francisco Pizarro, los conquistadores más importantes, murieron el primero ejecutado y el segundo asesinado. Francisco de Jerez intentó escribir una crónica para celebrar la campaña militar peruana, la Verdadera relación de la conquista de Perú, pero no tuvo ni el nivel literario ni la aceptación de las Cartas de relación de Cortés. A la larga Cortés se quedaría con la fama caballeresca, pero la compensación económica de los soldados españoles en México fue minúscula en comparación de lo que habían obtenido sus contemporáneos en Perú: los 169 soldados que llegaron hasta la ciudad inca de Cajamarca ganaron un millón de pesos por división, es decir, 8,000 pesos de oro y 362 marcos de plata por caballero y la mitad por soldado a pie. Los hermanos Pizarro enviaron a España 153,000 pesos de oro y 5,058 marcos de plata. Desde ese momento, Perú se convirtió en un imán para todo conquistador a la búsqueda de fortuna.

La organización de las expediciones de conquista parece haber influido en el origen del patriotismo criollo. Al principio de la exploración, la Corona financiaba algunas de las expediciones, por ejemplo las destinadas a la Isla de la Española o al Darién; el resto fue financiado por los conquistadores. Las expediciones se organizaban en “compañías” y tenían como objetivo buscar botín. Los miembros se llamaban “compañeros” y obedecían a un capitán o caudillo. Ese modelo era similar al de los ejércitos ingleses que operaban en Francia durante la Guerra de los Cien Años (1337-1453) (vid. Mario Góngora, Studies in the colonial History of Spanish America, Richard Sothern (trad.), Cambridge, 1975). Más tarde, las crónicas destacaron las acciones individuales, permitiendo la formación de un sentimiento de orgullo propia a las primeras generaciones de conquistadores.

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Portada de la Historia general de las Indias, de Fernández de Oviedo. Fuente

El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo escribió su Historia general y natural de las Indias en cinco volúmenes. Ése relato va de la llegada de los españoles a América y termina en la guerra civil del Perú. Oviedo no hace una crítica histórica, sino que se limita a presentar una colección de anécdotas y experiencias personales, así como una descrpción detallada de la naturaleza y de la geografía americana. De la misma manera que Colón, Oviedo se inspira de la tradición medieval y a pesar de denunciar los excesos cometidos por los conquistadores, no dejó de celebrar sus hazañas. También fue uno de los primeros en criticar a los religiosos que “convertían” a los indígenas por centenas, incluso si consideraban que el carácter de los indígenas era indicativo de su disposición a la sumisión.

Por su parte, Francisco López de Gómara escribió su Historia de la conquista de México, probablmente a petición de Hernán Cortés. La influencia de la obra de Gómara fue inmediata: Las Casas lo critica insistentemente y otros cronista como Cervantes de Salazar o Antonio de Herrera lo retomaron extensivamente en sus obras. Gómara coloca a Cortés como el principal responsable del resultado de la conquista. A esta obra reaccionó Bernal Díaz del Castillo, quien escribió y publicó su Historia verdadera de la conquista de México, en la que Cortés aparece como un soldado más. En el texto de Díaz, las decisiones importantes eran tomadas colectivamente. Se trata más bien de una revendicación de los compañeros de Cortés, casi todos muertos o en la pobreza, mientras que Cortés se había enriquecido y ennoblecido. Sin sus compañeros de armas, afirma Díaz, Cortés no hubiera llegado a ningún lado.

Brading cierra su capítulo con el Antijovio de Gonzalo Jiménez de Quesada y La Araucana de José de Ercilla. Sobre esta última, es necesario señalar que con ella comienza una nueva concepción del indígena que no tiene lugar en otra parte del continente. En ese poema épico, Ercilla describe los araucanos segun un ideal caballeresco propio del Renacimiento: dignos enemigos de los españoles. Incluso llega a comparar el sentimiento de independencia de los guerreros araucanos con el republicanismo romano y el honor español, y la conducta de las mujeres con la castidad y la devoción históricas romanas: “Araucanians were portrayed as endowed with the virtues of classical repbulicanism, impelled by their love of liberty and country to wage unremitting war against the Spanish invaders” (p. 57).

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Alonso de Ercilla, La Araucana. Fuente

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