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Bibliotecas


Fernando Huarte Morton, ‘Las bibliotecas particulares españolas de la Edad Moderna’, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXI (1955), 555–576

Éste es un artículo viejo, sobre un proyecto que parece no vió la luz, por lo menos en la obra del autor. Fernando Huarte Morton presenta un “plan de investigación sobre las colecciones particulares” del siglo XVI al XVIII. Comienza por señalar los puntos más importantes que deben interrogarse durante una investigación de ese tipo y propone que los resultados sean utilizados para realizar “un estudio que recogiera los resultados de los trabajos monográficos publicados sobre diversas bibliotecas, y englobara en un catálogo universal la relación de todos los libros poseídos por particulares (p. 556)”. El estudio tomaría la forma de una gran base de datos en la que los libros fueran identificados y se precisara las bibliotecas particulares a las que pertenecieron y, si todavía existen, en dónde se encuentran (p. 556).

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La definición de biblioteca particular de Huarte Morton es muy sencilla: “aquélla ligada a una persona” (p. 556). Esta definición reposa completamete sobre la identidad del propietario, lo que tiene mucho sentido ya que, en la época estudiada, además de ser objetos de lujo, la censura hacía más difícil conseguir libros. De esta manera, como lo afirma Huarte Morton, la formación de una biblioteca puede ser estudiada como una declaración de principios o una toma de posición política, social o científica (p. 563). Además de los libros, nosotros deseamos ampliar el concepto a los objetos que la componen, decorativos o de trabajo, dándole especial importancia a éstos últimos.

Como puede suponerse, el estudio histórico de las bibliotecas particulares presenta dificultades particulares, la más evidente es su desaparición. Tras la muerte del propietario, la gran mayoría de las bibliotecas suelen ser dispersadas por los herederos y la información que queda de ellas es fragmentaria. A este respecto, Huarte Morton identifica cinco fuentes de información (p. 556-559):

  1. Hallazgos arqueológicos: raros descubrimientos de bibliotecas escondidas, perdidas o a las que el público no tenía acceso.
  2. Procedencia de las colecciones de bibliotecas actuales. En particular, las encuadernaciones pueden proporcionar mucha información. Al indagar sobre la procedencia de las colecciones se puede llegar a reconstituir partes faltantes. Las encuadernaciones también dan información sobre los propietarios, pues frecuentemente se identificaban con los escudos familiares.
  3. Catálogos de bibliotecas publicados.
  4. Catálogos de ventas de bibliotecas particulares publicados por libreros profesionales.
  5. Inventarios de libros realizados a la ocasión de un testamento o de un traslado. No suelen dar tanta información como los catálogos.

183El primer punto parece anecdótico y difícilmente aprovechable si no se tiene acceso inmediato al “descubrimiento arqueológico”, por lo que es posible descartarlo casi por completo. El segundo depende de cada proyecto y de una selección previa. De esta manera, según el esquema propuesto por Huarte, una investigación de este tipo puede desarrollarse en diez etapas:

  1. Identificación de los libros citados en las fuentes
  2. Reconstitución de las colecciones dispersadas
  3. Apreciación del valor cultural de las colecciones (p. 563):
    “En el siglo XVI, reunir una biblioteca era más difícil y costoso que ahora.” Por ello las bibliotecas representan particularmente bien la voluntad del propietario. “La calidad literaria, el mérito artístico, el valor científico de los libros, su estado de conservación y huellas materiales de uso o desuso son fieles síntomas de la condición de su dueño”. En otras palabras, reunir una biblioteca (el gesto de coleccionar libros y los objetos que la acompañan) es una declaración de principios.
  4. Clasificación los bibliófilos (p. 564-567)
    1. Reyes
    2. Nobles
    3. Eclesiásticos
    4. Eruditos
    5. Artistas
    6. Literatos
    7. Otros bibliófilos
  5. Análisis biblioteconómico (p. 568): “ordenación de los libros, catálogos, sus bibliotecarios privados”.
  6. Estudio de las encuadernaciones
  7. Estudio de las instalaciones (p. 570): mobiliario, decoración e instrumentos científicos o herramientas artísticas. “Característico de casi todas las bibliotecas éstas era el no limitarse a conservar libros, sino constituir un pequeño museo de obras de arte y antigüedades”. Esto es un aspecto que nos interesa en particular y en el que coincide con los artículos de Anna Maria Rao y Mark Weir (“Antiquaries and politicians in eighteenth-century Naples”), Arturo Fittipaldi (“Museums, safeguarding and artistic heritage in Naples”) y Maria Toscano (“The figure of the naturalist-antiquary in the Kingdom of Naples”).
  8. Estudio del régimen de funcionamiento de la biblioteca (p. 570-571): “Es un aspecto curioso del tema la mayor o menor liberalidad con que nuestros personajes encaraban la posibilidad, la necesidad de prestar sus libros a los amigos o a otras personas que los quisieran utilizar”.
  9. Análisis del origen (p. 572): ¿cómo se formaron las bibliotecas?, ¿por herencia?, ¿compras?, ¿donativos?
  10. Estudio del destino y del régimen de propiedad antes y sobre todo después de la muerte del propietario.

Desconozco si Huarte Morton llevó a cabo el estudio que propuso en este artículo, pero en los catálogos de diferentes bibliotecas no aparece ninguna monografía que parezca hacerlo.

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